This file was last updated on July 25, 2001.
ACTO TERCERO
Sale BATRICIO pensativo BATRICIO: Celos, reloj de cuidado, que a todas las horas dais tormentos con que matáis, aunque andéis desconcertado; celos, del vivir desprecios con que ignorancias hacéis, pues todo lo que tenéis de ricos, tenéis de necios. Dejadme de atormentar, pues es cosa tan sabida, que cuando Amor me da vida, la muerte me queréis dar. ¿Qué me queréis, caballero, que me atormentáis ansí? Bien dije, cuando le vi en mis bodas: "Mal agüero". ¿No es bueno que se sentó a cenar con mi mujer, y a mí en el plato meter la mano no me dejó? Pues cada vez que quería meterla, la desvïaba, diciendo a cuanto tomaba: "Grosería, grosería". [No se apartó de su lado hasta cenar, de manera que todos pensaban que era yo padrino, él desposado. Y si decirle quería algo a mi esposa, gruñendo me la apartaba, diciendo: "Grosería, grosería".] Pues llegándome a quejar a algunos me respondían, y con risa me decían: "No tenéis de qué os quejar. Eso no es cosa que importe, no tenéis de qué temer, callad, que debe de ser uso de allá [en] la corte". ¡Buen uso, trato extremado! ¡Más no se usara en Sodoma; que otro con la novia coma, y que ayune el desposado! Pues el otro bellacón, a cuanto comer quería, "¿Esto no come?", decía. "No tenéis, señor, razón". Y de delante, al momento me lo quitaba, corrido. ¡Esto bien sé yo que ha sido culebra, y no casamiento! Ya no se puede sufrir ni entre cristianos pasar; y acabando de cenar con los dos, ¿mas que a dormir se ha de ir también, si porfía, con nosotros, y ha de ser el llegar yo a mi mujer "Grosería, grosería?" Ya viene, no me resisto, aquí me quiero esconder, pero ya no puede ser, que imagino que me ha visto.Sale don JUAN Tenorio JUAN: Batricio. BATRICIO: Su señoría, ¿qué manda? JUAN: Haceros saber... BATRICIO: (¡Mas que ha de venir a ser Aparte alguna desdicha mía!) JUAN: ...que ha muchos días, Batricio, que a Aminta el alma le di, y he gozado... BATRICIO: ¿Su honor? JUAN: Sí. BATRICIO: Manifiesto y claro indicio de lo que he llegado a ver; que si bien no le quisiera, nunca a su casa viniera; al fin, al fin es mujer. JUAN: Al fin, Aminta celosa, o quizá desesperada de verse de mí olvidada, y de ajeno dueño esposa, esta carta me escribió enviándome a llamar, y yo prometí gozar lo que el alma prometió. Esto pasa de esta suerte, dad a vuestra vida un medio, que le daré sin remedio, a quien lo impida la muerte. BATRICIO: Si tú en mi elección lo pones, tu gusto pretendo hacer, que el honor y la mujer son males en opiniones. La mujer en opinión, siempre más pierde que gana, que son como la campana que se estima por el son, y ansí es cosa averiguada, que opinión viene a perder, cuando cualquiera mujer suena a campana quebrada. No quiero, pues me reduces el bien que mi amor ordena, mujer entre mala y buena, que es moneda entre dos luces. Gózala, señor, mil años, que yo quiero resistir, desengañar y morir, y no vivir con engaños.Vase BATRICIO JUAN: Con el honor le vencí, porque siempre los villanos tienen su honor en las manos, y siempre miran por sí; que por tantas variedades, es bien que se entienda y crea, que el honor se fue al aldea huyendo de las ciudades. Pero antes de hacer el daño le pretendo reparar. A su padre voy a hablar, para autorizar mi engaño. Bien lo supe negociar; gozarla esta noche espero, la noche camina, y quiero su viejo padre llamar. ¡Estrellas que me alumbráis, dadme en este engaño suerte, si el galardón en la muerte, tan largo me lo guardáis!Vase don JUAN. Salen AMINTA y BELISA BELISA: Mira que vendrá tu esposo. Entra a desnudarte, Aminta. AMINTA: De estas infelices bodas no sé qué siento, Belisa. Todo hoy mi Batricio ha estado bañando en melancolía, todo en confusión y celos. ¡Mirad qué grande desdicha! Di, ¿qué caballero es éste que de mi esposo me priva? ¡La desvergüenza en España se ha hecho caballería! [Déjame, que estoy sin seso,] déjame, que estoy corrida. ¡Mal hubiese el caballero que mis contentos me quita! BELISA: Calla, que pienso que viene; que nadie en la casa pisa de un desposado tan recio. AMINTA: Queda a Dios, Belisa mía. BELISA: Desenójale en los brazos. AMINTA: Plega a los cielos que sirvan mis suspiros de requiebros, mis lágrimas de caricias.Vanse AMINTA y BELISA. Salen don JUAN, CATALINÓN y GASENO JUAN: Gaseno, quedad con Dios. GASENO: Acompañaros querría por darle de esta ventura el parabién a mi hija. JUAN: Tiempo mañana nos queda. GASENO: Bien decís, el alma mía en la muchacha os ofrezco. JUAN: Mi esposa decid.Vase GASENO Ensilla, Catalinón. CATALINÓN: ¿Para cuándo? JUAN: Para el alba, que, de risa muerta, ha de salir mañana de este engaño. CATALINÓN: Allá en Lebrija, señor, nos está aguardando otra boda. Por tu vida que despaches presto en ésta. JUAN: La burla más escogida de todas ha de ser ésta. CATALINÓN: Que saliésemos querría de todas bien. JUAN: Si es mi padre el dueño de la justicia, y es la privanza del rey, ¿qué temes? CATALINÓN: De los que privan suele Dios tomar venganza, si delitos no castigan, y se suelen en el juego perder también los que miran. Yo he sido mirón del tuyo y por mirón no querría que me cogiese algún rayo, y me trocase en cecina. JUAN: Vete, ensilla, que mañana he de dormir en Sevilla. CATALINÓN: ¿En Sevilla? JUAN: Sí. CATALINÓN: ¿Qué dices? Mira lo que has hecho, y mira que hasta la muerte, señor, es corta la mayor vida; y que hay tras la muerte imperio. JUAN: Si tan largo me lo fías, ¡vengan engaños! CATALINÓN: ¡Señor! JUAN: Vete, que ya me amohinas con tus temores extraños. CATALINÓN: (Fuerza al turco, fuerza al scita, Aparte al persa, y al caramanto, al gallego, al troglodita, al alemán y al Japón, al sastre con la agujita de oro en la mano, imitando continuo a la blanca niña.)Vase CATALINÓN JUAN: La noche en negro silencio se extiende, y ya las cabrillas entre racimos de estrellas el polo más alto pisan. Yo quiero poner mi engaño por obra, el amor me guía a mi inclinación, de quien no hay hombre que se resista. Quiero llegar a la cama. ¡Aminta!Sale AMINTA, como que está acostada AMINTA: ¿Quién llama a Aminta? ¿Es mi Batricio? JUAN: No soy tu Batricio. AMINTA: Pues, ¿quién? JUAN: Mira de espacio, Aminta, quién soy. AMINTA: ¡Ay de mí! Yo soy perdida. ¿En mi aposento a estas horas? JUAN: Éstas son las obras mías. AMINTA: Volvéos, que daré voces, no excedáis la cortesía que a mi Batricio se debe, ved que hay romanas Emilias en Dos Hermanas también, y hay Lucrecias vengativas. JUAN: Escúchame dos palabras, y esconde de las mejillas en el corazón la grana, por ti más preciosa y rica. AMINTA: Vete, que vendrá mi esposo. JUAN: Yo lo soy. ¿De qué te admiras? AMINTA: ¿Desde cuándo? JUAN: Desde agora. AMINTA: ¿Quién lo ha tratado? JUAN: Mi dicha. AMINTA: ¿Y quién nos casó? JUAN: Tus ojos. AMINTA: ¿Con qué poder? JUAN: Con la vista. AMINTA: ¿Sábelo Batricio? JUAN: Sí, que te olvida. AMINTA: ¿Que me olvida? JUAN: Sí, que yo te adoro. AMINTA: ¿Cómo? JUAN: Con mis dos brazos. AMINTA: Desvía. JUAN: ¿Cómo puedo, si es verdad que muero? AMINTA: ¡Qué gran mentira! JUAN: Aminta, escucha y sabrás, si quieres que te lo diga, la verdad, que las mujeres sois de verdades amigas. Yo soy noble caballero, cabeza de la familia de los Tenorios antiguos, ganadores de Sevilla. Mi padre, después del rey, se reverencia y se estima, y, en la corte, de sus labios pende la muertes o la vida. Corriendo el camino acaso, llegué a verte, que Amor guía tal vez las cosas de suerte que él mismo de ellas se olvida. Víte, adoréte, abraséme, tanto que tu amor me obliga a que contigo me case. Mira qué acción tan precisa. Y aunque lo murmure el [reino], y aunque el rey lo contradiga, y aunque mi padre enojado con amenazas lo impida, tu esposo tengo de ser, [dando en tus ojos envidia a los que viere en su sangre la venganza que imagina. Ya Batricio ha desistido de su acción, y aquí me envía tu padre a darte la mano.] ¿Qué dices? AMINTA: No sé qué diga, que se encubren tus verdades con retóricas mentiras. Porque si estoy desposada, como es cosa conocida, con Batricio, el matrimonio no se absuelve, aunque él desista. JUAN: En no siendo [consumado], por engaño o por malicia puede anularse. AMINTA: [Es verdad; mas ¡ay Dios!, que no querría que me dejases burlada, cuando mi esposo me quitas.] JUAN: Ahora bien, dame esa mano, y esta voluntad confirma con ella. AMINTA: ¿Que no me engañas? JUAN: Mío el engaño sería. AMINTA: Pues jura que cumplirás la palabra prometida. JUAN: Juro a esta mano, señora, infierno de nieve fría, de cumplirte la palabra. AMINTA: Jura a Dios, que te maldiga si no la cumples. JUAN: Si acaso la palabra y la fe mía te faltare, ruego a Dios que a traición y a alevosía, me dé muerte un hombre muerto. (Que vivo, Dios no permita). Aparte AMINTA: Pues con ese juramento soy tu esposa. JUAN: El alma mía entre los brazos te ofrezco. AMINTA: Tuya es el alma y la vida. JUAN: ¡Ay, Aminta de mis ojos!, mañana sobre virillas de tersa plata, estrellada con clavos de oro de Tíbar, pondrás los hermosos pies, y en prisión de gargantillas la alabastrina garganta, y los dedos en sortijas en cuyo engaste parezcan [estrellas las amatistas; y en tus orejas pondrás] transparentes perlas finas. AMINTA: A tu voluntad, esposo, la mía desde hoy se inclina. Tuya soy. JUAN: (¡Qué mal conoces Aparte al burlador de Sevilla!)Vanse don JUAN y AMINTA. Salen ISABELA y FABIO, de camino ISABELA: ¡Que me robase el dueño la prenda que estimaba, y más quería! ¡Oh, riguroso empeño de la verdad! ¡Oh, máscara del día! ¡Noche al fin tenebrosa, antípoda del sol, del sueño esposa! FABIO: ¿De qué sirve, Isabela, el amor en el alma y en los ojos, si Amor todo es cautela y en campos de desdenes causa enojos, y el que se ríe agora, en breve espacio desventuras llora? El mar está alterado, y en grave temporal, tiempoo socorre; el abrigo han tomado las galeras, duquesa, de la torre que esta playa corona. ISABELA: ¿Adónde estamos, [Fabio]? FABIO: En Tarragona. [Y] de aquí a poco espacio daremos en Valencia, ciudad bella, del mismo sol palacio, divertiráse algunos días en ella; y después a Sevilla irás a ver la octava maravilla. Que si a Octavio perdiste más galán es don Juan, y de [notorio] solar. ¿De qué estás triste? Conde dicen que es ya don Juan Tenorio, el rey con él te casa, y el padre es la privanza de su casa. ISABELA: No nace mi tristeza de ser esposa de don Juan, que el mundo conoce su nobleza; en la esparcida voz mi agravio fundo, que esta opinión perdida he de llorar mientras tuviere vida. FABIO: Allí una pescadora tiernamente suspira y se lamenta, y dulcemente llora. Acá viene sin duda, y verte intenta. Mientras llamo tu gente, lamentaréis las dos más dulcemente.Vase FABIO, y sale TISBEA TISBEA: Robusto mar de España, ondas de fuego, fugitivas ondas, Troya de mi cabaña, que ya el fuego por mares y por ondas en sus abismos fragua y [ya] el mar forma por las llamas de agua. ¡Maldito el leño sea que a tu amargo cristal halló [camino], antojo de Medea, tu cáñamo primero, o primer lino aspado de los vientos, para telas de engaños e instrumentos! ISABELA: ¿Por qué del mar te quejas tan tiernamente, hermosa pescadora? TISBEA: Al mar formo mil quejas. ¡Dichosa vos, que en su tormento agora de él os estáis riendo! ISABELA: También quejas del mar estoy haciendo. ¿De dónde sois? TISBEA: De aquellas cabañas que miráis del viento heridas, tan victoriosoa entre ellas, cuyas pobres paredes desparcidas van en pedazos graves, dándole mil graznidos a las aves. En sus pajas me dieron corazón de fortísimo diamante, mas las obras me hicieron de este monstruo que ves tan arrogante ablandarme, de suerte que al sol la cera es más robusta y fuerte. ¿Sois vos la Europa hermosa, que esos toros os llevan? ISABELA: [A Sevilla] llévanme a ser esposa contra mi voluntad. TISBEA: Si mi mancilla a lástima os provoca, y si injurias del mar os tienen loca, en vuestra compañía para serviros como humilde esclava me llevad, que querría, si el dolor o la afrenta no me acaba, pedir al rey justicia de un engaño crüel, de una malicia. Del agua derrotado a esta tierra llegó don Juan Tenorio difunto y anegado; amparéle, hospedéle, en tan notorio peligro, y el vil huésped víbora fue a mi planta el tierno césped. Con palabra de esposo, la que de nuestra costa burla hacía, se rindió al engañoso. ¡Mal haya la mujer que en hombres fía! Fuése al fin y dejóme, mira si es justo que venganza tome. ISABELA: ¡Calla, mujer maldita! ¡Vete de mi presencia, que me has muerto! Mas, si el dolor te incita no tienes culpa tú. Prosigue, [¿es cierto?] TISBEA: ¡La dicha furia mía! ISABELA: ¡Mal haya la mujer que en hombres fía! [Pero sin duda el cielo a ver estas cabañas me ha traído, y de ti mi consuelo en tan grave pasión ha renacido para venganza mía. ¡Mal haya la mujer que en hombres fía! TISBEA: ¡Que me llevéis os ruego con vos, señora, a mí y a un viejo padre, porque de aqueste fuego la venganza me dé que más me cuadre, y al rey pida justicia de este engaño y traición, de esta malicia! Anfriso, en cuyos brazos me pensé ver en tálamo dichoso, dándole eternos lazos, conmigo ha de ir, que quiere ser mi esposo.] ISABELA: Ven en mi compañía. TISBEA: ¡Mal haya la mujer que en hombres fía!Vanse ISABELA y TISBEA. Salen don JUAN y CATALINÓN
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu