ZAHARA: Sin duda has acertado, ¡ay, Silvia mía!
¿Quién es este enemigo de mi gloria?
¿Es caballero, o rústico villano?
Que todo lo parece en su apostura
y dura condición: el talle ilustre,
de la ciudad; la condición, del monte.
SILVIA: A mí, pobre escudero me parece,
según en la galera se trataba;
que de su hacienda no sé más, señora.
ZAHARA: Ni yo sé qué te diga, ¡oh Silvia, Silvia!,
sino que a tal estremo soy venida,
que le tengo de amar, sea quien se fuere.
Sólo te ruego que procures, Silvia,
de ablandar esta tigre y fiera hircana,
y atraerla con dulces sentimientos
a que sienta la pena que padece
esta mísera esclava de su esclavo;
y si esto, Silvia, haces, yo te juro
por todo el Alcorán de buscar modo
cómo con brevedad alegre vuelvas
al patrio dulce suelo deseado.
SILVIA: Deja, señora, al cargo a Silvia dello,
que tu verás lo que mi industria hac[e]
por gusto tuyo y por provecho mío.
[Vanse ZAHARA y SILVIA y sale] AURELIO, solo
[AURELIO]: ¡Oh sancta edad, por nuestro mal pasada,
a quien nuestros antiguos le pusieron
el dulce nombre de la Edad dorada!
¡Cuán seguros y libres discurrieron
la redondez del suelo los que en ella
la caduca mortal vida vivieron!
No sonaba en los aires la querella
del mísero cautivo, cuando alzaba
la voz a mal[decir su] dura estrella.
Entonces libert[ad d]ulce reinaba
y el nombre odioso de la servidumb[r]e
en ningunos oídos resonaba.
Pero, después que sin razón, sin lumbre,
ciegos de la avaricia, los mortales,
cargados de terrena pesadumbre,
descubrieron los rubi[o]s minerales
del oro que en la tierra se escondía,
ocasión principal de nuestros males,
éste que menos oro poseía,
envidioso de aquél que, con más maña,
más riquezas en uno recogía,
sembró la [c]ruda y la mortal cizaña
del robo, de la fraude y del engaño,
del cambio injusto y trato con maraña.
Mas con ninguno hizo mayor daño
que con la hambrienta, despiadada guerra,
que al natural destruye y al estraño.
ésta consume, abrasa, y echa por tierra,
los reinos, los imperios populosos,
y la paz hermosísima destierra,
y sus fieros ministros, codiciosos
más del rubio metal que de otra cosa,
turban nuestros contentos y reposos.
Y, en la sangrienta guerra peligrosa,
pudiendo con el filo de la espada
acabar nuestra vida temerosa,
la guardan de prisiones rod[e]ada,
por ver si prometemos por libralla
nuestra pobre riqueza mal lograda.
Y así, puede el que es pobre y que se halla
puesto entre esta canalla al daño cierto
su libertad a Dios encomendalla,
o contarse, viviendo, ya por muerto,
como el que en rota nave y mar airado
se halla solo, sin saber dó hay puerto.
Y no tengo por menos desdichado
al que tiene [co]n qué y el modo ignora
[có]mo llegar al punto deseado,
porque esta gente, do bondad no mora,
no dio jamás palabra que cumpliese,
como falsa, sin ley, sin fe y traidora.
Guardará por su dios al interese,
y do éste no i[nt]erviene, no se espere
que por sol[a vir]tud bondad hiciese.
Aquí en diverso traje veo que muere
el ministro de Dios, y por su oficio
más abatido es, peor se quiere,
y el mancebo cristiano al torpe vicio
es dedicado desta gente perra,
do consiste su gloria y ejercicio.
¡Oh cielo santo! ¡Oh dulce, amada tierra!
¡Oh Silvia! ¡Oh gloria de mi pensamiento!
¿Quién de tu alegre vista me destierra?
Pero, si no me engaño, pasos siento.
Yzuf, mi amo, es éste que aquí viene.
¡Cuán ajeno de síle trae el tormento!
[Sale YZUF]
YZUF: Quien con amor amargo se entretiene,
y al duro yugo de su servidumbre
el flaco cuello ya inclinado tiene,
si del cielo no viene nueva lumbre
que aquella ceguedad de los sentidos
con claros rayos de razón alumbre,
todos estos remedios son perdidos;
que al fin irán por tierra derribados
los amigos consejos más sabidos.
Más viejos y más pláticos soldados
tiene el rey a su mando y su servicio;
déjeme a mí, que tengo otros cuidados;
mejor será que el trabajoso oficio
de reparar los fosos y muralla
entregue al que de Amor aún es novic[io];
que yo más cruda y más fiera batalla
espero a cada paso, ¡ay suerte dura!,
que teme el alma y ha de atropellalla.
¡Oh Silvia, reina de la hermosura!,
por vos a los oficios doy de mano
que pudieran honrarme y dar ven[tura].
Pero, ¿qué es lo que he dicho? ¡Oh ciego insano!
¿No vale más gozar de aquellos ojos,
que ser señor del áureo suelo hispano?
Tu beldad, Silvia, adoro aquí de hinojo[s].
AURELIO vuelve, y, hallándole de rodillas, le
dice
[AURELIO]: ¿Son éstos los despojos, señor mío,
que el gran cuidado mío te procura?
Por cierto que es locura averiguada
mostrar tan derribada la esperanza.
Ten, señor, confianza; espera un poco,
que das muestras de loco en lo que ha[ces].
YZUF: Poco me satisfaces y contentas,
si consolarme tientas con razones.
¿Has visto las faciones de mi diosa?
AURELIO: Señor, no he visto cosa. ¿Es ya venida?
Si lo es, retraída está allá dentro.
YZUF: Sí está, y aun en el centro de mi pe[cho].
AURELIO: Ten cierto tu provecho desde hoy más.
YZUF: Vamos, y verla has, y ten cuidado
de lo que te he rogado, Aur[elio amigo].
AURELIO: El cielo será dello [buen testigo].
Vanse, y sale FÁTIMA sola
[FÁTIMA]: El esperado punto es ya llegado
que pide la no vista hechicería
para poder domar el no domado
pecho, que domará la ciencia mía.
por la región del cielo, el estrellado
carro lleva la noche obscura y fría,
y la ocasión me llama do haré cosas
horrendas, estupendas, espantosas.
El cabello dorado al aire suelto
tiene de estar, y el cuerpo desceñido,
descalzo el pie derecho, el rostro vuelto
al mar adonde el sol se ha zabullido;
al brazo este sartal será revuelto
de las piedras preñadas que en el nido
del águila se hallan, y esta cuerda
con mi intención la virtud suya acuerda.
Aquestas cinco cañas, que cortadas
fueron en luna llena por mi mano,
en esta mesma forma acomodadas,
lo que quiero harán fácil y llano;
también estas cabezas, arrancadas
del jáculo, serpiente, en el verano
ardiente allá en la Libia, me aprovechan,
y aun estos granos si en el suelo se echan.
Esta carne, quitada de la frente
del ternecillo potro cuando nace,
cuya virtud rarísima, excelente,
en todo a mi deseo satisface,
envuelta en esta yerba, a quien el diente
tocó del corderillo cuando pace,
hará que Aurelio venga cual cordero
mansísimo y humilde a lo que quiero.
Esta figura, que de cera es hecha,
en el nombre de Aurelio fabricada,
será con blanda mano y dura flecha,
por medio el corazón atravesada.
Quedará luego Zahara satisfecha
de aquella voluntad desordenada,
y el helado cristiano vendrá luego
ardiendo en amoroso y dulce fuego.
[A vosotros, ¡oh] justos Radamanto
[y Minos!, que con leyes inmutables]
en los escuros reinos del espanto
regís las almas tristes miserables;
si acaso tiene fuerza el ronco canto
o mormurio de versos detestables,
por ellos os conjuro, ruego y pido
ablandéis este pecho endurecido.
¡Rápida, Ronca, Run, Raspe, Riforme,
Gandulandín, Clifet, Pantasilonte,
ladrante tragador, falso triforme,
herbárico pastífero del monte,
Herebo, engendrador del rostro inorme
de todo fiero dios, a punto ponte
y ven sin detenerte a mi presencia,
si no desprecias la zoroastra ciencia!
Sale un DEMONIO y dice
[DEMONIO]: La fuerza incontrastable de tus versos
y mormurios perversos me han traído
del reino del olvido a obedecerte;
mas, ¡oh mora!, quel verte en esta empresa
infinito me pesa, porque entiendo
que es ir tiempo perdiendo.
FÁTIMA: ¿Por qué causa?
DEMONIO: Pon al conjuro pausa, y al momento
satisfaré tu intento en lo que pides,
si acaso tú te mides y acomodas
a mis palabras todas y consejos.
Todos tus aparejos son en vano,
porque un pecho cristiano, que se ar[r]ima
a Cristo, en poco [esti]ma hechicerías.
Por muy diversas vías te con[v]iene
atraerle a que pene por tu amiga.
FÁTIMA: ¿Ansí questa fatiga no aprovecha?
DEMONIO: En balde ha sido hecha. Mas escucha,
que con presteza mucha y sin rodeo
cumplirás tu de[se]o [e]n este modo:
en el infierno [todo n]o hay quien haga
más cruda y fiera [pl]aga entre cristianos,
aunque muestren más sanos corazones
y limpias intenciones, que es la dura
necesidad que apura la paciencia;
no tiene resistencia esta pasión;
la otra es la ocasión. Si estas dos vien[en]
y con Aurelio tienen estrecheza,
verás a su braveza der[r]ibada
y en blandura tornada, y con sosiego,
[reg]alarse en el fuego d[e Cup]ido.
FÁTIMA: [Pues esas dos te pido que me invíes],
y que no te desvíes desta empresa.
[DEMONIO:] Tu mandado se hará con toda priesa.
Vanse
FIN DE LA SEGUNDA JORNADA
Trato de Argel, part 7
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