CRUZ: La de Dios encierre en ésta
tanta ventura, que sea
la jornada alegre y presta,
sin que en tormenta se vea
ni en la calma que molesta.
ANTONIO: Si viere allá a la persona...
TELLO: ¿De quién?
ANTONIO: De la Salmerona,
encájele un besapiés
de mi parte, y dos o tres
buces, a modo de mona.
PRIOR: Fray Antonio, ¿cómo es esto?
¿Cómo delante de mí
se muestra tan descompuesto?
ANTONIO: Ocurrióseme esto aquí,
y vase el señor tan presto,
que temí que me faltara
lugar do le encomendara
estos y otros besamanos:
que poder ser cortesanos
los frailes es cosa clara.
PRIOR: ¡Calle, y a vernos después!
TELLO: Por cierto, que no merece
castigo por ser cortés.
PRIOR: Cierta enfermedad padece
en la lengua.
ANTONIO: Ello así es;
pero nunca hablo cosa
que toque en escandalosa;
que hablo a la vizcaína.
PRIOR: Yo hablaré a la diciplina,
lengua breve y compendiosa.
TELLO: Déme su paternidad
licencia, y aqueste enojo
no toque en riguridad.
ANTONIO: Si conociera al Patojo,
hiciérame caridad
de saludalle también
de mi parte. Aunque me den
diciplina porque calle,
no puedo no encomendalle
aquello que me está bien.
PRIOR: Vuesa merced vaya en paz,
que a cólera no me mueve
plática que da solaz,
y éste, por mozo, se atreve,
y él de suyo se es locuaz;
y sean estos abrazos
muestra de los santos lazos
con que caridad nos liga.
Abraza a los dos
[TELLO]: Mi amor, padre Cruz, le obliga
a que apriete más los brazos,
y veisme que me enternezco.
CRUZ: Dios te guíe, señor mío,
que a su protección te ofrezco.
TELLO: Que me dará yo confío,
por vos, más bien que merezco.
Vase TELLO
PRIOR: Venga, fray Antonio, venga.
CRUZ: Déjele que se detenga
conmigo, padre, aquí un poco.
[PRIOR]: En buen hora; y, si está loco,
haga cómo [s]eso tenga.
Vase el PRIOR
CRUZ: ¿Que es posible, fray Antonio,
que ha de caer en tal mengua,
que consienta que su lengua
se la gobierne el demonio?
Cierto que pone mancilla
ver que el demonio maldito
le trae las ollas de Egipto
en lo que dejó en Sevilla.
De las cosas ya pasadas,
mal hechas, se ha de acordar,
no para se deleitar,
sino para ser lloradas;
de aquella gente perdida
no debe acordarse más,
ni del Compás, si hay compás
do se vive sin medida.
Sólo dé gracias a Dios,
que, por su santa clemencia,
nos dio de la penitencia
la estrecha tabla a los dos,
para que, de la tormenta
y naufragar casi cierto,
de la religión el puerto
tocásemos sin afrenta.
ANTONIO: Yo miraré lo que hablo
de aquí adelante más cuerdo,
pues conozco lo que pierdo,
y sé lo que gana el diablo.
Ruéguele, padre, al prïor
que en su furia se mitigue,
y no al peso me castigue
de mi descuidado error.
CRUZ: Vamos, que yo le daré
bastantísima disculpa
de su yerro, y por su culpa
y las mías rezaré.
[Vanse todos]. Sale una dama llamada Doña ANA Treviño, un MÉDICO
y dos CRIADOS. (Todo esto es verdad de la historia)
MÉDICO: Vuesa merced sepa cierto
que aquesta su enfermedad
es de muy ruin calidad;
hablo en ella como experto.
Mi oficio obliga a decillo,
cause o no cause pasión:
que entre razón y razón
pondrá la Parca el cuchillo.
Hablando se ha de quedar
muerta; y aquesto le digo
como médico y amigo
que no la quiere engañar.
D. [ANA]: Pues a mí no me parece
que estoy tan mala. ¿Qué es esto?
¿Cómo me anuncia tan presto
la muerte?
MÉDICO: El pulso me ofrece,
los ojos y la color,
esta verdad a la clara.
D. [ANA]: En los ojos de mi cara
suele mirarse el Amor.
MÉDICO: Vuesa merced se confiese,
y quédense aparte burlas.
CRIADO 1: Señor, si es que no te burlas,
recio mandamiento es ése.
MÉDICO: No me suelo yo burlar
en casos deste jaez.
D. [ANA]: Podrá su merced esta vez,
si quisiere, perdonar,
que ni quiero confesarme,
ni hacer cosa que me diga.
MÉDICO: A más mi oficio me obliga,
y adiós.
D. [ANA]: Él querrá ayudarme.
Vase el MÉDICO
Pesado médico y necio,
siempre cansa y amohína.
CRIADO 2: Crió Dios la medicina,
y hase de tener en precio.
D. [ANA]: La medicina yo alabo,
pero los médicos no,
porque ninguno llegó
con lo que es la ciencia al cabo.
Algo fatigada estoy.
CRIADO 1: Procura desenfadarte,
esparcerte y alegrarte.
D. [ANA]: Al campo pienso de ir hoy.
Parece que están templando
una guitarra allí fuera.
CRIADO 1: ¿Será Ambrosio?
D. [ANA]: Sea quienquiera;
escuchad, que va cantando.
Cantan dentro
[MÚSICO]: "Muerte y vida me dan pena;
no sé qué remedio escoja:
que si la vida me enoja,
tampoco la muerte es buena.
Con todo, es mejor vivir:
que, en los casos desiguales,
el mayor mal de los males
se sabe que es el morir.
Calle el que canta, que atierra
oír tratar de la muerte:
que no hay tesoro de suerte
en tal espacio de tierra.
La muerte y la mocedad
hacen dura compañía,
como la noche y el día,
la salud y enfermedad;
y edad poca y mal dad mucha,
y voz de muerte a deshora,
¡ay del alma pecadora
que impenitente la escucha!"
CRIADO 1: No me contenta mi ama;
nunca la he visto peor:
fuego es ya, no es resplandor
el que en su vista derrama.
[Vanse] todos. Sale el padre fray ANTONIO
ANTONIO: Mientras el fraile no llega
a ser sacerdote, pasa
vida pobre, estrecha, escasa,
de quien a veces reniega.
Tiene allá el predicador
sus devotas y sus botas,
y el presentado echa gotas
y suda con el prïor;
mas el novicio y corista
en el coro y en la escoba
sus apetitos adoba,
diciendo con el Salmista:
Et potum meum cum fletu miscebam.
Pero bien será callar,
pues sé que muchos convienen
en que las paredes tienen
oídos para escuchar.
La celda del padre Cruz
está abierta, ciertamente;
ver quiero este penitente,
que está a escuras y es de luz.
Abre la celda; parece el padre CRUZ, arrobado, hincado de rodillas, con un
crucifijo en la mano
¡Mirad qué postura aquella
del bravo rufián divino,
y si hallará camino
Satanás para rompella!
Arrobado está, y es cierto
que, en tanto que él está así,
los sentidos tiene en sí
tan muertos como de un muerto.
Suenan desde lejos guitarras y sonajas, y vocería de regocijo. (Todo esto
desta máscara y visión fue verdad, que así lo cuenta la historia del
santo)
Pero, ¿qué música es ésta?
¿Qué guitarras y sonajas,
pues los frailes se hacen rajas?
¿Mañana es alguna fiesta?
Aunque música a tal hora
no es decente en el convento.
Miedo de escuchalla siento;
¡válgame Nuestra Señora!
Suena más cerca
¡Padre nuestro, despierte,
que se hunde el mundo todo
de música! No hallo modo
bueno alguno con que acierte.
La música no es divina
porque, según voy notando,
al modo vienen cantando
rufo y de jacarandina.
[Salen] a este instante seis con sus máscaras, vestidos como ninfas,
lascivamente, y los que han de cantar y tañer, con máscaras de demonios
vestidos a lo antiguo, y hacen su danza. (Todo esto fue así, que no es
visión supuesta, apócrifa ni mentirosa). Cantan
[MÚSICOS]: "No hay cosa que sea gustosa
sin Venus blanda, amorosa.
No hay comida que así agrade,
ni que sea tan sabrosa,
como la que guisa Venus,
en todos gustos curiosa.
Ella el verde amargo jugo
de la amarga hiel sazona,
y de los más tristes tiempos
vuelve muy dulces las horas;
quien con ella trata, ríe,
y quien no la trata, llora.
Pasa cual sombra en la vida,
sin dejar de sí memoria,
ni se eterniza en los hijos,
y es como el árbol sin hojas,
sin flor ni fruto, que el suelo
con ninguna cosa adorna.
Y por esto, en cuanto el sol
ciñe y el ancho mar moja,
no hay cosa que sea gustosa
sin Venus blanda, amorosa."
El padre CRUZ, sin abrir los ojos, dice
CRUZ: No hay cosa que sea gustosa
sin la dura cruz preciosa.
Si por esta senda estrecha
que la cruz señala y forma
no pone el pie el que camina
a la patria venturosa,
cuando menos lo pensare,
de improviso y a deshora,
cairá de un despeñadero
del abismo en las mazmorras.
Torpeza y honestidad
nunca las manos se toman,
ni pueden caminar juntas
por esta senda fragosa.
Y yo [sé] que en todo el cielo,
ni en la tierra, aunque espaciosa,
no hay cosa que sea gustosa
sin la dura cruz preciosa.
MÚSICOS: "¡Dulces días, dulces ratos
los que en Sevilla se gozan;
y dulces comodidades
de aquella ciudad famosa,
do la libertad campea,
y en sucinta y amorosa
manera Venus camina
y a todos se ofrece toda,
y risueño el Amor canta
con mil pasajes de gloria:
No hay cosa que sea gustosa
sin Venus blanda, amorosa."
CRUZ: Vade retro!, Sa[ta]nás,
que para mi gusto ahora
no hay cosa que sea gustosa
sin la dura cruz preciosa.
Vanse los demonios, gritando
ANTONIO: Hacerme quiero mil cruces;
he visto lo que aún no creo.
Afuera el temor, pues veo
que viene gente con luces.
CRUZ: ¿Qué hace aquí, fray Antonio?
ANTONIO: Estaba mirando atento
una danza de quien siento
que la guïaba el demonio.
CRUZ: Debía de estar durmiendo,
y soñaba.
ANTONIO: No, a fe mía,
padre Cruz, yo no dormía.
[Salen], a este punto, dos CIUDADANOS, con sus lanternas, y el
PRIOR
CIUDADANO 1: Señor, como voy diciendo,
pone gran lástima oílla:
que no hay razón de provecho
para enternecerle el pecho
ni de su error divertilla;
y, pues habemos venido
a tal hora a este convento
por remedio, es argumento
que es el daño muy crecido.
PRIOR: Que diga que Dios no puede
perdonalla, caso extraño;
es ése el mayor engaño
que al pecador le sucede.
Fray Cristóbal de la Cruz
está en pie, quizá adivino
que ha de hacer este camino,
y en él dar a este alma luz.
Padre, su paternidad
con estos señores vaya,
y cuanto pueda la raya
suba de su caridad,
que anda muy listo el demonio
con un alma pecadora.
Vaya con el padre.
ANTONIO: ¿Ahora?
PRIOR: No replique, fray Antonio.
El rufián dichoso, part 6
Return to the "home page" for COMEDIA
James T. Abraham, dh62258@goodnet.com or Vern G. Williamsen, vwilliam@u.arizona.edu