LUGO: Digo, en fin, que es tal el fuego
que a este amante abrasa y fuerza,
que quiere usar de la fuerza
en cambio y lugar del ruego.
Robar quiere a vuestra esposa,
ayudado de otra gente
como yo, desta valiente,
atrevida y licenciosa.
Hame dado cuenta dello,
casi como a principal
desta canalla mortal,
que en hacer mal echa el sello.
Yo, aunque soy mozo arriscado,
de los de campo través,
ni mato por interés,
ni de ruindades me agrado.
De ayudalle he prometido,
con intento de avisaros;
que es fácil el repararos,
estando así prevenido.
MARIDO: ¿Soy hombre yo de amenazas?
Tengo valor, ciño espada.
LUGO: No hay valor que pueda nada
contra las traidoras trazas.
MARIDO: En fin: ¿mi consorte ignora
todo este cuento?
LUGO: Así ella
os ofende, como aquella
cubierta y buena señora.
Por el cielo santo os juro
que no sabe nada desto.
MARIDO: De ausentarla estoy dispuesto.
LUGO: Eso es lo que yo procuro.
MARIDO: Yo la pondré donde el viento
apenas pueda tocalla.
LUGO: En el recato se halla
buen fin del dudoso intento.
Retiradla, que la ausencia
hace, pasando los días,
volver las entrañas frías
que abrasaba la presencia;
y nunca en la poca edad
tiene firme asiento amor,
y siempre el mozo amador
huye la dificultad.
MARIDO: El aviso os agradezco,
señor Lugo, y algún día
sabréis de mi cortesía
si vuestra amistad merezco.
El nombre saber quisiera
dese galán que me acosa.
LUGO: Eso es pedirme una cosa
que de quien soy no se espera.
Basta que vais avisado
de lo que más os conviene,
y este negocio no tiene
más de lo que os he contado.
Vuestra consorte, inocente
está de todo este hecho;
vos, con esto satisfecho,
haced como hombre prudente.
MARIDO: Casa fuerte y heredad
tengo en no pequeña aldea,
y llaves, que harán que sea
grande la dificultad
que se oponga al mal intento
dese atrevido mancebo.
Quedaos, que en el alma llevo
más de un vario pensamiento.
Vase el MARIDO
DAMA: Entre los dientes ya estaba
el alma para dejarme;
quise, y no pude mudarme,
aunque más lo procuraba.
¡Mucho esfuerzo ha menester
quien, con traidora conciencia,
no se alborota en presencia
de aquel que quiere ofender!
LUGO: Y más si la ofensa es hecha
de la mujer al marido.
DAMA: El nublado ya se ha ido;
hazme agora satisfecha,
contándome qué querías
a mi esclavo y mi señor.
LUGO: Hanme hecho corredor
de no sé qué mercancías.
Díjele, si las quería,
que fuésemos luego a vellas.
DAMA: ¿De qué calidad son ellas?
LUGO: De la mayor cuantía;
que le importa, estoy pensando,
comprallas, honor y hacienda.
DAMA: ¿Cómo haré yo que él entienda
esa importancia?
LUGO: Callando.
Calla y vete, y así harás
muy segura su ganancia.
DAMA: ¿Pues qué traza de importancia
en lo de gozarnos das?
LUGO: Ninguna que sea de gusto;
por hoy, a lo menos.
DAMA: Pues,
¿cuándo la darás, si es
que gustas de lo que gusto?
LUGO: Yo haré por verme contigo.
Vete en paz.
DAMA: Con ella queda,
y el amor contigo pueda
todo aquello que conmigo.
[Vase la DAMA]
LUGO: Como de rayo del cielo,
como en el mar de tormenta,
como de improviso afrenta
y terremoto del suelo;
como de fiera indignada,
del vulgo insolente y libre,
pediré a Dios que me libre
de mujer determinada.
[Vase] Lugo. Sale el licenciado TELLO de Sandoval, amo de
Cristóbal de Lugo, y el ALGUACIL que salió primero
TELLO: ¿Pasan de mocedades?
ALGUACIL: Es de modo
que, si no se remedia, a buen seguro
que ha de escandalizar [al] pueblo todo.
Como cristiano, a vuesa merced juro
que piensa y hace tales travesuras,
que nadie dél se tiene por seguro.
TELLO: ¿Es ladrón?
ALGUACIL: No, por cierto.
TELLO: ¿Quita a escuras
las capas en poblado?
ALGUACIL: No, tampoco.
TELLO: ¿Qué hace, pues?
ALGUACIL: Otras cien mil diabluras.
Esto de valentón le vuelve loco:
aquí riñe, allí hiere, allí se arroja,
y es en el trato airado el rey y el coco;
con una daga que le sirve de hoja,
y un broquel que pendiente tray al lado,
sale con lo que quiere o se le antoja.
Es de toda la hampa respetado,
averigua pendencias y las hace,
estafa, y es señor de lo guisado;
entre rufos, él hace y él deshace,
el corral de los Olmos le da parias,
y en el dar cantaletas se complace.
Por tres heridas de personas varias,
tres mandamientos traigo y no ejecuto,
y otros dos tiene el alguacil Pedro Arias.
Muchas veces he estado resoluto
de aventurallo todo y de prendelle,
o ya a la clara, o ya con modo astuto;
pero, viendo que da en favorecelle
tanto vuesa merced, aun no me atrevo
a miralle, tocalle ni ofendelle.
TELLO: Esa deuda conozco que la debo.
Y la pagaré algún día,
y procuraré que Lugo
use de más cortesía,
o le seré yo verdugo,
por vida del alma mía.
Mas lo mejor es quitalle
de aquesta tierra y llevalle
a Méjico, donde voy,
no obstante que puesto estoy
en reñille y castigalle.
Vuesa merced en buen hora
vaya, que yo le agradezco
el aviso, y desde agora
todo por suyo me ofrezco.
ALGUACIL: Ya adivino su mejora
sacándole de Sevilla,
que es tierra do la semilla
holgazana se levanta
sobre cualquiera otra planta
que por virtud maravilla.
[Vase] el ALGUACIL
TELLO: ¡Que aqueste mozo me engañe,
y que tan a suelta rienda
a mi honor y su alma dañe!
Pues yo haré, si no se enmienda,
que de mi favor se extrañe:
que, viéndose sin ayuda,
será posible que acuda
a la enmienda de su error;
que a la sombra del favor
crecen los vicios, sin duda.
[Vase] TELLO. Salen dos MÚSICOS con guitarras, y
Cristóbal [de LUGO] con su broquel y daga de ganchos
LUGO: Toquen, que ésta es la casa, y al seguro
que presto llegue el bramo a los oídos
de la ninfa, que he dicho, jerezana,
cuya vida y milagros en mi lengua
viene cifrada en verso correntío.
A la jácara toquen, pues comienzo.
MÚSICO 1: ¿Quieres que le rompamos las ventanas
antes de comenzar, porque esté atenta?
LUGO: Acabada la música, andaremos
aquestas estaciones. Vaya agora
el guitarresco son, y el aquelindo.
Tocan
MÚSICOS: "Escucha, la que veniste
de la jerezana tierra
a hacer a Sevilla guerra
en cueros, como valiente;
la que llama su pariente
al gran Miramamolín;
la que se precia de ruin,
como otras de generosas;
la que tiene cuatro cosas,
y aun cuatro mil, que son malas;
la que pasea sin alas
los aires en noche escura;
la que tiene a gran ventura
ser amiga de un lacayo;
la que tiene un papagayo
que siempre la llama puta;
la que en vieja y en astuta
da quinao a Celestina;
la que, como golondrina,
muda tierras y sazones;
la que a pares, y aun a nones,
ha ganado lo que tiene;
la que no se desaviene
por poco que se le dé;
la que su palabra y fe
que diese jamás guardó;
la que en darse a sí excedió
a las godeñas más francas;
la que echa por cinco blancas
las habas y el cedacillo."
Asómase a la ventana un [SASTRE] medio desnudo, con un
paño de tocar y un candil
[SASTRE]: ¿Están en sí, señores? ¿No dan cata
que no los oye nadie en esta casa?
MÚSICO 1: ¿Cómo así, tajamoco?
[SASTRE]:: Porque el dueño
ha que está ya a la sombra cuatro días.
MÚSICO 2: Convaleciente, di: ¿cómo, a la sombra?
[SASTRE]: En la cárcel; ¿no entrevan?
LUGO: ¿En la cárcel?
Pues, ¿por qué la llevaron?
[SASTRE]: Por amiga
de aquel Pierres Papín, el de los naipes.
MÚSICO 1: ¿Aquel francés giboso?
[SASTRE]: Aquese mismo,
que en la cal de la Sierpe tiene tienda.
LUGO: ¡Éntrate, bodegón almidonado!
MÚSICO 2: ¡Zabúllete, fantasma antojadiza!
MÚSICO 1: ¡Escóndete, podenco cuartanario!
[SASTRE]: Éntrome, ladroncitos en cuadrilla;
zabúllome, cernícalos rateros;
escóndome, corchetes a lo Caco.
LUGO: ¡Vive Dios, que es de humor el hideputa!
[SASTRE]: No tire nadie; estén las manos quedas,
y anden las lenguas.
MÚSICO 1: ¿Quién te tira, sucio?
[SASTRE]: ¿Hay más? ¡Si no me abajo, cuál me paran!
¡Mancebitos, adiós!; que no soy pera,
que me han de derribar a terronazos.
[Vase
LUGO: ¿Han visto los melindres del bellaco?
No le tiran, y quéjase.
MÚSICO 2: Éste es un sastre
remendón muy donoso.
MÚSICO 1: ¿Qué haremos?
LUGO: Vamos a dar asalto al pastelero
que está aquí cerca.
MÚSICO 2: Vamos, que ya es hora
que esté haciendo pasteles; que este ciego
que viene aquí nos da a entender cuán cerca
[Sale] un CIEGO
viene ya el día.
CIEGO: No he madrugado mucho,
pues que ya suena gente por la calle.
Hoy quiero comenzar por este sastre.
LUGO: ¡Hola, ciego, buen hombre!
CIEGO: ¿Quién me llama?
LUGO: Tomad aqueste real, y diez y siete
oraciones decid, una tras otra,
por las almas que están en purgatorio.
CIEGO: Que me place, señor, y haré mis fuerzas
por decirlas devota y claramente.
LUGO: No me las engulláis, ni me echéis sisa
en ellas.
CIEGO: No, señor; ni por semejas.
A las Gradas me voy, y allí, sentado,
las diré poco a poco.
LUGO: ¡Dios os guíe!
Vase el CIEGO
MÚSICO 1: ¿Quédate para vino, Lugo amigo?
LUGO: Ni aun un solo cornado.
MÚSICO 2: ¡Vive Roque,
que tienes condición extraordinaria!
Muchas veces te he visto dar limosna
al tiempo que la lengua se nos pega
al paladar, y sin dejar siquiera
para comprar un polvo de Cazalla.
LUGO: Las ánimas me llevan cuanto tengo;
mas yo tengo esperanza que algún día
lo tienen de volver ciento por uno.
MÚSICO 2: ¡A la larga lo tomas!
LUGO: Y a lo corto;
que al bien hacer jamás le falta premio.
Suena dentro como que hacen pasteles, y canta un [PASTELERO] dentro
lo siguiente
[PASTELERO]: "¡Afuera, consejos vanos,
que despertáis mi dolor!
No me toquen vuestras manos;
que, en los consejos de amor,
los que matan son los sanos."
MÚSICO 1: ¡Hola! Cantando está el pastelerazo,
y, por lo menos, los "consejos vanos".
¿Tienes pasteles, cangilón con tetas?
PASTELERO: ¡Músico de mohatra sincopado!
LUGO: Pastelero de riego, ¿no respondes?
PASTELERO: Pasteles tengo, mancebitos hampos;
mas no son para ellos, corchapines.
LUGO: ¡Abre, socarra, y danos de tu obra!
PASTELERO: ¡No quiero, socarrones! ¡A otra puerta,
que no se abre aquésta por agora!
LUGO: ¡Por Dios, que a puntapiés la haga leña
si acaso no nos abres, buenos vinos!
PASTELERO: ¡Por Dios, que no he de abrir, malos vinagres!
LUGO: "¡Agora lo veredes!", dijo Agrajes.
MÚSICO 1: ¡Paso, no la derribes! ¡Lugo, tente!
Da de coces a la puerta; sale el PASTELERO y sus secuaces con palas y
barrederos y asadores
PASTELERO: ¡Bellacos, no hay aquí Agrajes que valgan;
que, si tocan historias, tocaremos
palas y chuzos!
MÚSICO 2: ¡Enciérrate, capacho!
LUGO: ¿Quieres que te derribe aquesas muelas,
remero de Carón el chamuscado?
PASTELERO: ¡Cuerpo de mí! ¿Es Cristóbal el de Tello?
MÚSICO 1: Él es. ¿Por qué lo dices, zangomango?
PASTELERO: Dígolo porque yo le soy amigo
y muy su servidor, y para cuatro
o para seis pasteles no tenía
para qué romper puertas ni ventanas,
ni darme cantaletas ni matracas.
Entre Cristóbal, sus amigos entren,
y allánese la tienda por el suelo.
LUGO: ¡Vive Dios, que eres príncipe entre príncipes,
y que esa sumisión te ha de hacer franco
de todo mi rigor y mal talante!
Enváinense la pala y barrederas,
y amigos usque ad mortem.
PASTELERO: Por San Pito,
que han de entrar todos, y la buena estrena
han de hacer a la hornada, que ya sale;
y más, que tengo de Alanís un cuero
que se viene a las barbas y a los ojos.
MÚSICO 1: De miedo hace todo cuanto hace
aqueste marión.
LUGO: No importa nada.
Asgamos la ocasión por el harapo,
por el hopo o copete, como dicen,
ora la ofrezca el miedo o cortesía.
El señor pastelero es cortesísimo,
y yo le soy amigo verdadero,
y hacer su gusto por mi gusto quiero.
[Vanse] todos. Sale ANTONIA, con su manto no muy aderezada sino
honesta
ANTONIA: Si ahora yo le hallase
en su aposento, no habría
cosa de que más gustase;
quizá a solas le diría
alguna que le ablandase.
Atrevimiento es el mío:
pero dame esfuerzo y brío
estos celos y este amor,
que rinden con su rigor
al más esento albedrío.
Ésta es la casa, y la puerta,
como pide mi deseo,
parece que está entreabierta;
mas, ¡ay!, que a sus quicios veo
yacer mi esperanza muerta.
Apenas puedo moverme;
pero, en fin, he de atreverme,
aunque tan cobarde estoy,
porque en el punto de hoy
está el ganarme o perderme.
Sale el inquisidor TELLO de Sandoval, con ropa de levantar,
rezando en unas Horas
TELLO: Deus in adiutorium meum intende,
Domine, ad adiuvandum me festina.
Gloria Patri, et Filio et Spiritui Sancto,
Sicut erat [in principio...]
¿Quién está ahí? ¿Qué rüido
es ése? ¿Quién está ahí?
Antonia ¡Ay desdichada de mí!
¿Qué es lo que me ha sucedido?
TELLO: Pues, señora, ¿qué buscáis
tan de mañana en mi casa?
Éste de madrugar pasa.
No os turbéis. ¿De qué os turbáis?
ANTONIA: ¡Señor!
TELLO: Adelante. ¿Qué es?
Proseguid vuestra razón.
ANTONIA: Nunca la errada intención
supo enderezar los pies.
A Lugo vengo a buscar.
TELLO: ¿Mi criado?
ANTONIA: Sí, señor.
TELLO: ¿Tan de mañana?
ANTONIA: El amor
tal vez hace madrugar.
TELLO: ¿Bien le queréis?
ANTONIA: No lo niego;
mas quiérole en parte buena.
TELLO: El madrugar os condena.
ANTONIA: Siempre es solícito el fuego.
TELLO: En otra parte buscad
materia que le apliquéis,
que en mi casa no hallaréi[s]
sino toda honestidad;
y si el mozo da ocasión
que le busquéis, yo haré
que desde hoy más no os la dé.
ANTONIA: Enójase sin razón
vuesa merced; que, en mi alma,
que el mancebo es de manera,
que puede llevar do quiera
entre mil honestos palma.
Verdad es que él es travieso,
matante, acuchillador;
pero, en cosas del amor,
por un leño le confieso.
No me lleva a mí tras él
Venus blanda y amorosa,
sino su aguda ganchosa
y su acerado broquel.
TELLO: ¿Es valiente?
ANTONIA: Muy bien puedes
sin escrúpulo igualalle,
y aun quizá será agravialle,
a García de Paredes.
Y por esto este mocito
trae a todas las del trato
muertas; por ser tan bravato;
que en lo demás es bendito.
TELLO: Óigole. Escondeos aquí,
porque quiero hablar con él
sin que os vea.
ANTONIA: ¡Que no es él!
TELLO: Es, sin duda; yo le oí.
Después os daré lugar
para hablarle.
ANTONIA: Sea en buen hora.
Escóndese ANTONIA. Entra LUGO en cuerpo, pendiente a las
espaldas el broquel y la daga, y trae el rosario en la mano
LUGO: Mi señor suele a esta hora
de ordinario madrugar.
Mirad si lo dije bien;
hele aquí. Yo apostaré
que hay sermón do no pensé.
Acábese presto. Amén.
TELLO: ¿De dónde venís, mancebo?
LUGO: ¿De dó tengo de venir?
TELLO: De matar y de herir,
que esto para vos no es nuevo.
LUGO: A nadie hiero ni mato.
TELLO: Siete veces te he librado
de la cárcel.
LUGO: Ya es pasado
aquése, y tengo otro trato.
El rufián dichoso, part 3
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