LA ENTRETENIDA, Part 1 of 9
Personas que hablan en ella:
Salen OCAÑA, lacayo, con un mandil y harnero, y CRISTINA, fregona OCAÑA: Mi sora Cristina, denmos. CRISTINA: ¿Qué hemos de dar, mi so Ocaña? OCAÑA: Dar en dulce, no en huraña, ni en tan amargos extremos. CRISTINA: ¿Querría el sor que anduviese de pa y vereda contino? OCAÑA: No hay quien ande ese camino que algún gusto no interese. [CRISTINA]: Siempre la melancolía fue de la muerte parienta, y en la vida alegre asienta el hablar de argentería. Motes, cuentos, chistes, dichos, pensamientos regalados, muy buenos para pensados, y mejores para dichos. OCAÑA: Sé yo, Cristina, con quién te burlas, y no es conmigo. CRISTINA: ¿Sabe, Ocaña, qué le digo? OCAÑA: ¿Qué dirás que me esté bien? CRISTINA: Dígole que no malicie con tan dañados intentos. OCAÑA: Pues a fe que en estos cuentos ando por la superficie; que, si llegase hasta el centro, ¡oh, qué diría de cosas! CRISTINA: Muchas, pero maliciosas. OCAÑA: Sálenme mil al encuentro del corazón a la lengua. CRISTINA: No te pienso escuchar más. OCAÑA: Vuelve, Cristina; ¿a dó vas? CRISTINA: Es el escucharte mengua, y enfádanme tus ruindades y tus modos de decir. OCAÑA: El que está para morir, siempre suele hablar verdades. Yo estoy muriendo, y confieso que quieres bien a Quiñones. CRISTINA: De tus malas intenciones agora se vee el exceso; agora se echa de ver que eres loco y laca... OCAÑA: Bueno; pronuncia de lleno en lleno, aunque el "yo" no es menester; que el ser lacayo no ignoro, sin rodeos y sin cifras. Y mal tu venganza cifras en no guardar el decoro que debes a ser fregona de las más lindas que vi, entre Quiñones y mí, ya cordera, y ya leona. CRISTINA: ¿Soy, por ventura, mujer que he de avasallarme a un paje? ¿O vengo yo de linaje de tan bajo proceder? ¿No soy yo la que en mi flor, por no querer ofendella, presumo más de doncella, que no el Cid de Campeador? ¿No soy yo de los Capoches de Oviedo? ¿Hay más que mostrar? OCAÑA: Con todo, te has de quedar, Cristina... CRISTINA: ¿A qué? OCAÑA: A buenas noches, Eres muy solicitada y muy vista, y no está el toque en que la flor no se toque, si al serlo está aparejada. Las flores en el campo están sujetas a cualquier mano: a las del bajo villano y a las del alto galán, al arado y al pie duro del labrador que le guía; pero la flor que se cría tras el levantado muro del recato, no la ofende el cierzo murmurador, ni la marchita el ardor del que tocarla pretende. La mujer ha de ser buena, y parecerlo, que es más. CRISTINA: Gran predicador estás; mas tu dotrina condena a tus lascivos intentos. OCAÑA: Lavántasles testimonio: que al blanco del matrimonio asestan mis pensamientos. CRISTINA: A mucho te has atrevido. Muestra; aquí está la cebada.Dale el harnero. [Vase] CRISTINA OCAÑA: Toma el harnero, agraviada deste que de ti lo ha sido. ¡Oh pajes, que sois halcones destas duendas fregoniles, de su salario alguaciles, de sus vivares hurones! Lleváisos la media nata deste común beneficio; dais en ella rienda al vicio, sin hallar ninguna ingrata: gozáis del justo botín y de la limpia chinela, y os reís del arandela y del dorado chapín; hacéis con modos süaves burla que os cuesta barata de aquellas lunas de plata que van pisando las graves. ¡Qué presto Cristina vuelve con la cebada y Quiñones! ¡Corazón, triste te pones! ¡La sangre se me revuelve en ver a estos dos tan juntos, tan domésticos y afables![Sale] CRISTINA, con la cebada, y QUIÑONES, el paje CRISTINA: No le mires ni le hables. Si le hablares, no sea en puntos que te descubran celoso; que hará mil suertes en ti. QUIÑONES: Aunque mozo, nunca fui, ni soy, ni seré medroso. CRISTINA: Advierte que está delante. Tome, galán, la cebada. OCAÑA: ¿Bien medida? CRISTINA: Y bien colmada. OCAÑA: ¿Midióla mi so galante? CRISTINA: No la midió sino el diablo, que tu mala lengua atiza. OCAÑA: Voyme a mi caballeriza, por no ver este retablo destas dos figuras juntas que no se apartan jamás. QUIÑONES: En tales malicias das, que con una mil apuntas; y que te engañas sé yo. OCAÑA: Y también sé yo muy bien que a los dos estará bien el callar. CRISTINA: Yo sé que no, porque quien calla concede con el mal que dél se dice. OCAÑA: Ninguno te dije o hice. QUIÑONES: Ni él decir o hacerle puede. OCAÑA: Por vida suya, que abaje el toldo; que, en mi conciencia, que hay muy poca diferencia entre un lacayo y un paje. La longura de un caballo puede medirla a compás, yo delante, y él detrás: andallo, mi vida, andallo.[Vase] OCAÑA CRISTINA: ¡Y que tú no tengas brío para responderle! Creo que he de recobrar mi empleo y volverme a lo que es mío. QUIÑONES: ¿Qué tengo de responder? ¿Ciño espada? No la ciño. Y más, que es mengua si riño con... CRISTINA: Quiñones, a placer: que es Ocaña hombre de bien, y espadachín además.[Salen] don ANTONIO y su hermana MARCELA D. [ANTONIO]: ¡Porfïada, hermana, estás! Quiero, mas no diré a quién. Tengo ausente mi alegría, sin saber adónde yace, y de aquesta ausencia nace toda mi malencolía. Hanla escondido, y no sé adónde, en cielo ni en tierra; muévenme los celos guerra, y dan alcance a mi fe, no porque la menoscaben: que, celos no averiguados, ministran a los cuidados materia porque no acaben; son la leña del gran fuego que en el alma enciende amor, viento con cuyo rigor se esparce o turba el sosiego. QUIÑONES: Aún no han echado de ver que estamos aquí nosotros. D. [ANTONIO]: Dejadnos aquí vosotros. CRISTINA: Entra aquí el obedecer.[Vanse] QUIÑONES y CRISTINA MARCELA: ¿Siquiera no me dirás el nombre desa tu dama? D. [ANTONIO]: Como te llamas, se llama. MARCELA: ¿Como yo? D. [ANTONIO]: Y aun tiene más: que se te parece mucho. MARCELA: (¡Válame Dios! ¿Qué es aquesto? [Aparte] ¿Si es amor éste de incesto? Con varias sospechas lucho). ¿Es hermosa? D. [ANTONIO]: Como vos, y está bien encarecido. MARCELA: (El seso tiene perdido [Aparte] mi hermano. ¡Válgale Dios!)[Sale] Don FRANCISCO, amigo de Don ANTONIO D. FRANCISCO: ¿Andan hinchadas las olas del mar de tu pensamiento? D. [ANTONIO]: Entraos en vuestro aposento; dejadnos, hermana, a solas; retiraos, hermana mía. MARCELA: ¡Dios tus intentos mejore![Vase] MARCELA D. [ANTONIO]: ¿Traéis desdichas que llore, o ya venturas que ría? D. FRANCISCO: Promesas que se han cumplido con dádivas, se han probado; industrias se han intentado del Sinón más entendido; las diligencias que he hecho frisan con las imposibles; linces ha habido invisibles, y espías de trecho a trecho; pero no puede mostrar sagacidad o cautela dónde han llevado a Marcela; cosa que es para admirar. Solamente se imagina que una noche la sacó su padre, y se la llevó; pero adónde, no se atina. D. [ANTONIO]: ¿Si podrá la astrología judiciaria declarallo? D. FRANCISCO: Yo no pienso interrogallo; que tengo por fruslería la ciencia, no en cuanto a ciencia, sino en cuanto al usar della el simple que se entra en ella sin estudio ni experiencia. Si acaso Marcela fuera alguna joya perdida, yo buscara otra salida, que buena en esto la diera. Santos hay auxiliadores veinte, o más, o no sé cuántos; pero no querrán los santos curarnos de mal de amores. A la justa petición siempre favorece el Cielo. D. [ANTONIO]: Pues, ¿no es muy justo mi celo? ¿No está muy puesto en razón? ¿Busco yo a Marcela acaso sino para ser mi esposa? ¿Della pretendo otra cosa? D. FRANCISCO: O vámonos, o habla paso: que no sabes quién te escucha. D. [ANTONIO]: Vamos, amigo, y advierte que fío mi vida y muerte de tu discreción, que es mucha.[Vanse] Don ANTONIO y Don FRANCISCO. Entran CARDENIO, con manteo y sotana, y tras él TORRENTE, capigorrón, comiendo un membrillo o cosa que se le parezca CARDENIO: Vuela mi estrecha y débil esperanza con flacas alas, y, aunque sube el vuelo a la alta cumbre del hermoso cielo, jamás el punto que pretende alcanza. Yo vengo a ser perfecta semejanza de aquel mancebo que de Creta el suelo dejó, y, contrario de su padre al celo, a la región del cielo se abalanza. Caerán mis atrevidos pensamientos, del amoroso incendio derretidos, en el mar del temor turbado y frío; pero no llevarán cursos violentos, del tiempo y de la muerte prevenidos, al lugar del olvido el nombre mío. ¿Comes? Buena pro te haga; la misma hambre te tome. TORRENTE: No puede decir que come el que masca y no lo traga. No se me vaya a la mano, que désta, si acaso es culpa, ser me sirve de disculpa el membrillo toledano. Sé cierto que decir puedo, y mil veces referillo: espada, mujer, membrillo, a toda ley, de Toledo. Las acciones naturales son forzosas, y el comer, una dellas viene a ser, y de las más principales; y esto aquí de molde viene, y es una advertencia llana: come el rico cuando ha gana, y el pobre, cuando lo tiene. CARDENIO: Con todo, me darás gusto de que en la calle no comas. TORRENTE: Si estas niñerías tomas por deshonra o por disgusto, yo me aturaré la boca con cal y arena a pisón. CARDENIO: Sé que tienes discreción. TORRENTE: ¡Y golosina no poca! CARDENIO: Sabes lo que nunca supo el diablo. TORRENTE: Y aun soy peor. CARDENIO: ¿Vuelves a comer, traidor? TORRENTE: Ya no como, sino chupo.
La entretenida, part 2
Return to the "home page" for COMEDIA
James T. Abraham, dh62258@goodnet.com or Vern G. Williamsen, vwilliam@u.arizona.edu