This file was last updated on April 15, 2000GUTIERRE: Vete; que viene mi tío. TADEO: No me hables de esto; el por qué sabrás después. GUTIERRE: No podré ser dueño de mi albedrío. TADEO: (De buena escapé; y si llego Aparte a ver fenecido el día, procuraré con Lucía tomar las de Villadiego.)
Vase TADEO. Sale don PEDRO PEDRO: Don Gonzálo me dirá de todo cuanto pasó cuál fue la causa, aunque yo pienso que la alcanzo ya. GUTIERRE: Del no haberte obedecido escucha disculpas mías, señor, y en mis alegrías mira un sol recién nacido. Ya la hermana del marqués, esta mujer milagrosa, es mi esposa. PEDRO: ¿Vuestra esposa? GUTIERRE: Y luz de mis ojos es. PEDRO: ¿Cómo, con tal brevedad? GUTIERRE: Dicha fue mía, señor, y es como rayo el amor, que abrasa la voluntad; apenas recién venido, tales, por mis dichas, son mis partes, que mi opinión pudo llegar a su oído. Quiso verme, y sabedor de esta dicha, vi a su hermano, que, como gran cortesano, me hizo tan gran favor, que me dio luego lugar de que la viera y hablara, dando ocasión en su cara para morir y matar. Quedó prendada de mí, y obró tanto su cuidado, que con paso acelerado vino a buscarme. PEDRO: ¿Aquí? GUTIERRE: Aquí, donde espero tu favor, pues tan poderoso es contra el poder del marqués, que en efecto es gran señor. PEDRO: Sobrino, estáisme contando cosas, que por Dios, que entiendo que yo las oigo durmiendo, o vos las soñáis velando. GUTIERRE: Aunque este bien por extraño parece incierto, yo soy tan dichoso, que te doy a la vista el desengaño. Ven, y a doña Inés verás que mi prima con cuidado, en su pecho y a su lado la guarda. PEDRO: No digas más; ¿que en efecto no es locura? GUTIERRE: No es sino dicha. PEDRO: ¿Eso pasa? Todo el honor de esta casa habéis puesto en aventura; bien por Dios, buena querella defendemos. GUTIERRE: ¿No lo es? PEDRO: Favoréceos el marqués en su casa, y vos en ella, con amistad más traidora, que os ciega vuestra pasión, le habéis pagado; así son las amistades de agora, entrar amigablemente en casa el mayor amigo con entrañas de enemigo, o el más cercano pariente, y luego en ella poner los ojos con fe liviana, cuando menos en la hermana, en la hija o la mujer. Y el que sale satisfecho de su amoroso interés, publicándolo después, se precia de haberlo hecho, y con necia bizarría, hace, y con vil corazón de la villana traición pomposa caballería, sin mirar que la vileza dislustra la calidad, porque la fidelidad es el sol de la nobleza. GUTIERRE: Señor, si las intenciones tratos maridables son, si es engaño, no es traición. PEDRO: Los engaños son traiciones; fíase el otro de vos, y el casaros sin su gusto con su hermana, ¿será justo, siendo engaño? Bien, por Dios; hacer falsas amistades, ¿es cosa de caballeros? Bien lucirán los aceros, si escurecen las verdades. ¿Por ventura el engañar un caballero vilmente es cosa perteneciente al oficio militar? ¿A qué famosa jornada sirviendo a su rey se aplica? ¡Qué diestro trazar de pica! ¡Qué bravo blandir de espada! GUTIERRE: ¡Señor! PEDRO: Callad, y tened vergüenza de un pensamiento tan bajo, y en mi aposento os retirad, y esconded mientras yo pensando estoy contra este daño algún modo de proceder. GUTIERRE: Si no en todo, en parte corrido estoy.Vase don GUTIERRE PEDRO: ¡Oh edad dichosa, en quien de la esperanza jamás se vio a la fe opuesta la duda, porque era entonces la verdad desnuda espejo de la humana confïanza! ¡Ni cuándo en la amistad hubo mudanza, dejó la competencia puesta en duda, ni tuvo el tiempo la paciencia muda, mientras clamó el agravio a la venganza! Ya agora el más repúblico y más grave de lisonjas y engaños se previene, para pagar las honras que recibe; habla de ciencias el que no las sabe, blasona de valor quien no le tiene, y honras sustenta quien de afrentas vive.Sale doña MENCÍA MENCÍA: A tus pies vengo afligida, tío, señor, aunque padre, pues en las obras lo eres, es más justo que te llame. Impídeme la vergüenza. ¿Si nos oyen? A esta parte escucha mis desventuras, perdona mis libertades. Don Gonzálo y yo, señor, como en casa de su madre nos crïamos igualmente, y en tal iguales edades, fueron tan unos los gustos, siendo tan una la sangre. Tiernamente nos quisimos con entrañas semejantes, y crecieron con los años obligaciones tan grandes, que pasaron nuestro amor a extremos tan importantes, que pueden, señor, agora suspenderme y obligarme a que afligida los sienta, y vergonzosa los calle. Dióme palabra de esposo, y niégamela, por darte gusto a tí, que le has mandado que con tu hija se case. Señor, si es tu sangre mía, mira mejor lo que haces, pues también mi honor es tuyo, y en tu nombre perderáse, si yo quedase perdida. Mi justicia Dios lo sabe, y a don Gonzalo, que viene, le pregunta estas verdades. PEDRO: ¿Quién vio tales confusiones? Pienso que serán bastantes para acabarme una vida ya tan cerca de acabarse. Oíd, sobrino.Sale don GONZALO GONZALO: Señor. PEDRO: ¿Miráis entre los cristales de estas lágrimas que veis alguna cosa importante a nuestro honor? Hablad claro pues ellas tan claras salen. GONZALO: Ni yo desmentiros puedo, ni es justo, señor, negarte lo que le debo a mi prima; mil créditos puedes darle. PEDRO: Y el no decírmelo a mí, ¿no habrá sido disparate? ¿Para qué le hiciera yo deslumbrando de ignorante?Sale el MARQUÉS MARQUÉS: Solo, señor, con un hombre de tu experiencia y tus partes pudieran usar las mías de llaneza semejante, y a tu valor y a tus pies atreverme, y humillarme, dando el alma a los deseos y la boca a las verdades. Óyeme piadosamente, sin ofenderte y turbarte; que los yerros amorosos, si no afrentan, aunque maten, quien los siente los perdona, pues los dora quien los hace. Yo, señor, desde aquel día tan dichosamente amable, pues que pudo hacerle cielo en esta tierra aquel Ángel, hija tuya y dueño mío, y honor de las tres edades, ha que adoro su hermosura, a la del sol semejante. Vila, vióme, y fue de suerte, que pienso que en un instante a recebirse en los ojos salieron las voluntades. Creció nuestro amor por puntos, ¡mira en dos años cabales, y en dos tiernos corazones, si habrá llegado a ser grande! Y considera después, más advertido, y más padre, si es cosa, señor, que pueda compadecerse y llevarse; que tu hija, siendo mía, ponga el gusto en otro amante, en otra mano la palma, y la dicha en otra parte. A mí me le da, señor, pues podré a tus nietos darles, para crecer, tu valor, lustre antigua y limpia sangre; y mi hacienda y mis estados ya es conocida, ya saben su estimación y grandeza del mundo en las cuatro partes. Y si en los inconvenientes que en otra ocasión topaste reparas agora, yo te ofrezco, porque se allanen, de que en mi segundo hijo será mayorazgo aparte, el de tu estado y tu hacienda, por quien podrá tu linaje en tu nombre y en tu tierra preferirse y dilatarse. Y si Dios fuere servido en doña Brïanda darme un hijo no más, que sólo nuestras casas heredase. Ese pondrá tu apellido, aunque es la mía más grande, señor, en primer lugar. Y si te fuese importante que yo mude el nombre mío, blasones y calidades, el gusto, el alma, y el ser por servirte y contentarte, si es posible, lo haré yo; pero en cambio de esto, dame a tu hija, que es mi gloria, o entre mis penas mortales me verás muerto a tus pies, que por ello he de besarte. PEDRO: Señor marqués, ya es correrme tal género de obligarme. (En punto están estas cosas, Aparte que me obligan a que allane por este camino solo las demás dificultades.) Señor, no estoy tan caduco, que no entienda que es honrarme el emparentar conmigo personas tan principales; si lo excusé, ya la causa sabréis, mas agora haráse pues esos inconvenientes gustáis los dos que se allanen. Pero, con vuestra licencia, quiero suplicaros antes, perdonéis a don Gutierre un atrevido dislate, pues los yerros amorosos ya vos los calificastes por tan dignos de perdón. MARQUÉS: Para todo seréis parte, pues yo soy del todo vuestro. PEDRO: ¿Sobrino?Sale don GUTIERRE GUTIERRE: ¿Señor? PEDRO: Besadle la mano al marqués. GUTIERRE: La boca pondré a sus pies. MARQUÉS: Abrazadme. (¿Qué puede haber sucedido?) Aparte GONZALO: ¿Qué es aquello? MENCÍA: Ellos lo saben. PEDRO: Y vos decidle a Brïanda que salga, y consigo saque mi señora doña Inés. GUTIERRE: Donde su nieve me abrase. GONZALO: Ya mi prima viene allí.Sale doña BRIANDA y uno de los CRIADOS que salieron al principio con don PEDRO, que traen a TADEO y LUCÍA, vestidos de camino ridículamente CRIADO: Con estos dos que escaparse quisieron con tanto miedo, que a traerlos me obligase. LUCÍA: Perdidos somos, Tadeo, alegraremos las calles. TADEO: Ya me parece que escucho, "Quien tal hace, que tal pague." GUTIERRE: No hay que recelar, señora; llegad, llegad, que ya sabe vuestro hermano que sois mía. PEDRO: Sobrino, ¿es burla, es donaire de los vuestros? GUTIERRE: No, señor. Mi señora, PEDRO: Andad, dejadme; ridículas son, por Dios, vuestras cosas, ¡qué os engañen de esa suerte! ¿No sabéis que ésa que tenéis delante es Lucigüela... LUCÍA: ¡Ay de mí! PEDRO: ...mi crïada? GUTIERRE: (¡Duro trance! Aparte Rabiando estoy, de corrido; mas, para después vengarme, disimular quiero agora.) TADEO: (Él me mira; mataráme.) Aparte MARQUÉS: (Apenas tengo la risa.) Aparte BRIANDA: (Enojado está mi padre.) Aparte MENCÍA: (Sentirá los desvaríos Aparte de mi hermano.) GONZALO: Dan pesares. MARQUÉS: La que allí viene es mi hermana, a quien, para que llegase a tiempo, previne yo.Sale doña INÉS y toda la compañía PEDRO: Como ser bien, no llega tarde. BRIANDA: Seas mil veces bien venida. INÉS: Mis señoras, perdonadme el no hacer esto agora. TADEO: Lucía, ¿si se olvidasen de nosotros? LUCÍA: Plegue a Dios. INÉS: (Ya se dispone a mirarme.) Aparte GUTIERRE: (Pues me mira, cosa es cierta Aparte será de mí enamorarse, y comenzarán las veras porque las burlas se acaben.) PEDRO: Marqués, porque estos sucesos en dichosos fINÉS paren, don Gonzalo con su prima a su tiempo casaráse. GONZALO: ¿Vendrá la dispensación? MENCÍA: No menos que por los aires. PEDRO: Y vos honrad esta casa; a doña Brïanda dadle la mano y la fe de esposo. MARQUÉS: Suma gloria. BRIANDA: Dicha grande. LUCÍA: Y tú y yo, ¿no nos casamos? TADEO: Ya lo estamos; toca, baste. PEDRO: Don Gutierre, pues tan ciego, tan desvanecido y fácil, de sí mismo se enamora, con su parecer se case. GUTIERRE: No seré menos dichoso por ello y con no casarme. Del Narciso en su opinión aquí la comedia acabe.
FIN DE LA COMEDIA
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham