This file was last updated on April 15, 2000MENCÍA: ¡Qué de pesares nos dan sus confusiones y engaños! BRIANDA: ¡Que a costa de nuestro daños en terrible punto están! MENCÍA: Pues hasta aquí sus extremos bien se pudieran sufrir; en lo que está por venir los temo. BRIANDA: ¡Ay, prima!, ¿qué haremos? MENCÍA: Ya tengo determinado de hablar claro con mi tío, y de don Gonzalo y mío contarle el amor pasado, y dando fuerza al valor, entre el llanto y las razones, diré sus obligaciones, que se atreven a mi honor; que siendo tan justo y sabio, si mis desventuras ve, ¿cómo es posible que dé libre camino a mi agravio? BRIANDA: Yo, aunque pierda el respeto, no verá humana esperanza, en mi firmeza mudanza, ni en su voluntad efeto; primero seré arrojada, tras el rigor de mi estrella, de esta casa, y cuando en ella viese la puerta cerrada, por las ventanas saldría volando, que no son malas de mi corazón las alas para darle al alma mía; y cuando no fuese así, sus paredes ofendidas, de mi llanto enternecidas, derribaré sobre mí. MENCÍA: Basta, mi prima; no llores. Buscaremos otros medios; que no sirven de remedios los llantos ni los temores; y pues tan conformes son tu propósito y el mío, ya para hablar con mi tío voy a esperar ocasión; y no desconfíes, no, de que ha de ser tu consuelo.
Vase doña MENCÍA BRIANDA: Ve, prima, y détele el cielo, como te lo diera yo. Viendo en mi amorosa llama tan constantes pareceres, ¿quién no alaba las mujeres? ¿Quién las mujeres infama? Con pasión debe entenderlo el que que no sabe entender que es un monte una mujer si se determina a serlo.Sale LUCÍA con manto LUCÍA: Cansada vengo. BRIANDA: ¿Qué has hecho, Lucía, que te has tardado? LUCÍA: Hablé al marqués, y ha quedado de tu valor satisfecho, y hasta dejarle en su casa no le dejé de los ojos. BRIANDA: ¿Hubo ocasiones de enojos? LUCÍA: Oye, y sabrás lo que pasa.Salen don GUTIERRE y TADEO GUTIERRE: Algo sospechoso quedo, con venir desengañado. TADEO: (Ésta es Lucía, yo he dado Aparte al través con el enredo.)Pónesele la capa delante GUTIERRE: Quita, ¿qué haces? TADEO: ¿Señor? LUCÍA: Don Gutierre; ¡ay cielo santo! ¿Qué haremos? BRIANDA: Cúbrete el manto. No te vayas; que es peor. GUTIERRE: ¿Por qué la capa me pones delante? Quita, ¿estás loco? TADEO: (Si me escapo, no haré poco, Aparte de palos o mojicones.) GUTIERRE: ¿Señora? TADEO: (Ayúdeme Dios.) Aparte BRIANDA: Bien hace en hacerlo así, pues quizá, viéndome a mí, tiene vergüenza por vos. GUTIERRE: (Como se ve desprecïada, Aparte está ofendida. Y ¿de qué la he de tener? No lo sé.) ¡Pero señora embozada, esperad!Va a descubrirla BRIANDA: Estáis extraño; ¡qué cortesía tan poca es la vuestra! GUTIERRE: Éste me toca para cierto desengaño. Perdonadme. BRIANDA: Estad, por Dios. TADEO: ¡Qué mal conocéis su antojo! Si le miran con un ojo, hasta descubrir los dos, es imposible parar, o morir en la demanda. LUCÍA: (Pues tan importuno anda Aparte otra vez lo he de engañar.)Descúbrese el manto TADEO: (¡Perdido soy!) Aparte GUTIERRE: ¡Cielo Santo! De confuso pierdo el seso. BRIANDA: (Gustara de tal suceso, Aparte si no me costara tanto.)LUCÍA: Con causa estáis suspendido, pues por la vuestra, señor, ha llegado a estos extremos mi honesta reputación, medrosa y mal informada de lo que pasastes hoy, porque desnudos aceros mudos pregoneros son. Oyendo que procedía vuestra indecisa cuestión por causa de una mujer, imaginé que era yo, con razón, por haber visto el marqués para con vos en el alma y en mis ojos tan grande demostración, y sabiendo que venía con enojo y con rigor a mi presencia, temí su indomable condición; no por guardar esta vida, que es vuestra, mas porque no aventuréis el perderos, que es la desdicha mayor. De una crïada tomé este vestido mejor, para no ser conocida de la gente que me vio; volando por esas calles, hasta llegar donde estoy, a los pies de vuestra prima, que es mi propio corazón. Cuando entrastes, esperaba más soledad y ocasión de tener menos vergüenza; pero ya que me obligó el darme vos tanta prisa, me descubrí, porque doy, segura, tan buen lugar a Tadeo en mi opinión, que ha de quedar con los tres el secreto de los dos. Amparadme, pues que tiene tanta disculpa mi amor, en vos tan bien empleado, como gentil hombre sois. GUTIERRE: No podrán, señora mía, acompañando mi voz, ni la tierra con sus plantas, ni con sus rayos el sol, ni el cielo con sus estrellas, aunque el Supremo Hacedor a todos les diera lenguas, como les da admiración, publicar mis alegrías, y encarecer la razón por quien, puesto a vuestros pies, mil veces dichoso soy. Cuando hallé que en vuestra casa faltábades, ya me dio mil pronósticos el alma, entre regalo y temor. Mi prima y amiga vuestra, pues a su cargo tomó el serviros y ampararos, podrá hacerlo mientras voy a dar cuenta de estas glorias a mi tío; que pues son tan honradas, que por mí empleará su valor. BRIANDA: Esperad. GUTIERRE: Cosas tan grandes no consienten dilación.
Vase don GUTIERRE TADEO: Loco está. ¡Jesús mil veces! BRIANDA: Y confusa quedo yo. TADEO: ¿Trazarán muchos demonios tan temeraria invención? Vislumbre de rayo ha sido, que en un punto nos dejó atónitos y confusos. BRIANDA: Dirále cuánto pasó a mi padre; ¿en qué me pones? LUCÍA: Salí de mi obligación con sacaros de este aprieto; lo demás hágalo Dios. BRIANDA: Probaré si cuerdamente con nueva imaginación suspenderé su esperanza.Vase doña BRIANDA LUCÍA: Locura, dirás mejor.TADEO: ¡En grande peligro estamos Lucía! LUCÍA: Pues di, ¿qué haremos, Tadeo? TADEO: Pereceremos, Lucía, si no picamos; mi amo me ha de moler, si nuestros embustes sabe. LUCÍA: No dudo yo que me acabe mi viejo; mas ¡soy mujer! ¿Adónde iré, siendo tal? TADEO: Donde yo vaya también; que a fe que te quiero bien. LUCÍA: Y yo no te quiero mal; mas, ¿dónde me llevarás? TADEO: Donde nos guíe una estrella. LUCÍA: Advierte que soy doncella. TADEO: Pero en el nombre no más. LUCÍA: Bueno es eso; en ocasión que convenga a mi entereza yo probaré mi limpieza con bastante información. TADEO: ¿Y,¿será para tomar, pasada la pesadumbre, el hábito o la costumbre tan fácil de profesar? LUCÍA: ¿Eso dices? TADEO: Eso digo, porque poco satisface, y una prueba que se hace con sólo un falso testigo. LUCÍA: Honrada soy. TADEO: ¿Puede ser aquí dos veces crïada? LUCÍA: Donde quiera, si es honrada, sabe serlo una mujer. TADEO: Luego, ¿podrás serlo mía? LUCÍA: Si puedo; y placiendo a Dios, santos seremos los dos que caeremos en un día.
Sale don GUTIERRE a la puerta GUTIERRE: Mientras mi tío ocupado. TADEO: Yo soy tuyo. LUCÍA: Yo soy tuya.Abrázanse TADEO y LUCÍA GUTIERRE: ¿Qué habrá que no me destruya? TADEO: Vamos.Vanse TADEO y LUCÍA GUTIERRE: ¡Sin alma he quedado!¿Qué he visto? ¡Ay cielo! ¡Extrañas confusiones! ¿Son cosas sucedidas, o soñadas? ¿Cuerpos vivos? ¿Fantásticas visiones, burlas dudosas, veras apuradas, seguros daños, vanas ilusiones ya en mi locura por mí mal fundadas? ¿Soy yo, yo, en mi ciega fantasía? ¿Son las tinieblas luz? ¿La noche es día? Mas, ¿por qué, deslumbrado y temeroso, lo que vieron mis ojos pongo en duda? No es dudosa la luz del sol hermoso, ni se escurece la verdad desnuda. Con gusto tan villano, y vergonzoso; mujer es quien me afrenta y quien se muda. ¡Y yo en tan grande injuria, es lo más cierto que por ser desdichado no estoy muerto! ¿Quién vio en una mujer un apetito tan vilmente a sus ojos empleado? ¿Quién le ha visto soñado? ¿Quién escrito? ¿Y quién pudiera verle imaginado? ¿Hará por mí la fama su delito público al mundo en tiempo limitado, para que no olvide con infausto lloro las dos que amaron el Caballo y Toro? ¡Cielo! ¡En una mujer tan vil despojo! Cuando prendada de mi amor venía, ¿qué demonio infernal la dio el consejo? ¿Hombre tan bajo en competencia mía? ¿Si me engañó la luna del espejo? ¿Fue imposible engañarse cada día tantos espejos vivos? ¿Tantos ojos que me rindieron almas por despojos? ¿No tuvieron por mí amantes desvelos viudas, libres, casadas y doncellas? Cielos, pues que miráis mis desconsuelos, responded, respondedme a mis querellas. ¿Para mirarme a mí no vistes, cielos, lucir a mediodía las estrellas, y darles su lugar el sol hermoso, no sé si comedido o vergonzoso? Pues, ¿cómo una mujer, otra Lucrecia, al parecer, en casta y bien nacida, cuando tan bien mis partes mide y precia, que se arroja tras mí ciega y perdida, con un lacayo así lasciva y necia, mi amor ofende y de quien es se olvida? ¿Si todo fue ficción? Mas, cielo santo, ¿cómo es posible que me engañe tanto? ¡Ah falsas! ¡Ah enemigas regaladas! ¡Ah, mujeres! ¿A mí tales enojos, a quien siempre adoró vuestras pisadas? ¿A este pacto común de vuestros ojos, todas en una con razón culpadas, en vez de amantes célicos despojos, esto le dais por tálamo en sus bodas? ¡Fuego, fuego crúel abrase a todas! Loco estoy, ciego estuve. ¡Ay cielo mío! ¿En qué vino a parar mi confïanza? ¿Y dónde parará midesvarío si no doy al agravio mi venganza? Pues mi propio valor me infunde brío para la ejecución de esta esperanza, ¡vive Dios que han de ver, pues peno y rabio, primero mi venganza que mi agravio!
Sale TADEO, y don GUTIERRE saca la daga y cierra con él TADEO: La noche oscura espero solamente para picar de casa con Lucía. GUTIERRE: ¡Infame, vil! TADEO: Señor, espera, tente. GUTIERRE: ¿Tú a doña Inés, traidor? ¿Tú a cosa mía te atreves? TADEO: (Él nos vio; que habrá que cuente Aparte para...) GUTIERRE: Acaba, ¿no dices? TADEO: Sí, diría. Sí, ¿Qué diré? Mas tu rigor me amaga, y me vas a la lengua con la daga. Sosiégate, oh cautela bien venida, para volver en mí con pies de plomo vea la daga yo queda y vestida, y tú verás en mi verdad, el cómo me matas sin razón. GUTIERRE: Ya te doy vida por un rato no más. TADEO: Y yo la tomo, como prestada de tu hidalgo pecho, hasta dejarte en todo satisfecho. Por aquellos resquicios una dueña vio a doña Inés cuando conmigo hablaba, de quien tuvo sospecha no pequeña; que si la conocía la obligaba. Hízome con los ojos una seña, y viéndola que entonces acechaba, quisimos dar con nuevo fingimiento el disfraz del vestido al pensamiento. Y así, para que oyera, y se engañara, que era cosa tan mía, que mi esposa la llamaba, lo hice, y cosa es clara que una mujer tan principal y hermosa, aunque fuera mi amante, no tratara de ser esposa mía; y justa cosa será que mi verdad de esto se arguya, y más viniendo muerta a serlo tuya. GUTIERRE: Tienes razón, por Dios; ciego y turbado me pude persuadir un imposible. TADEO: (¡Con qué facilidad le persúado!) Aparte GUTIERRE: ¡Que aún crédito no diera a lo visible, si viera la grandeza de su estado! Perdóname, Tadeo. TADEO: Eres terrible; cuando yo por servirte, si me toca, voy vomitando el alma por la boca.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham