This file was last updated on April 14, 2000
JORNADA TERCERA
Salen doña INÉS y un PAJE INÉS: Dile a mi hermano el Marqués que yo acabé de llegar agora. PAJE: Voyle a buscar.Vase el PAJE INÉS: ¡Qué mala, qué necia es la vida de las aldeas, donde, pasados tres días, hermosas melancolías hacen hermosuras feas! Y así tan sólo ha de ser para divertir antojos, dando apetito a los ojos, que aumenten el gusto al ver de esta corte la grandeza, de esta heroica majestad, adonde la variedad compite con la belleza. ¡Qué cansadas soledades! ¡Qué gustos tan enfadosos! Con razón llaman dichosos los que habitan las ciudades.Salen un ESCUDERO viejo y don GUTIERRE ESCUDERO: ¿Dónde vas? GUTIERRE: A mi señora doña Inés. ESCUDERO: Y ¿es bien tomarse licencia, llegar y entrarse? GUTIERRE: Impórtame hablarla agora y tengo licencia suya. ESCUDERO: Y ¿es con azogue en los pies? Espera. GUTIERRE: (Porque el marqués Aparte los casamientos concluya, la avisaré del estado en que mis cosas están, y así mis ojos verán mi firmeza en mi cuidado.) INÉS: ¿Qué es esto? GUTIERRE: ¿Señora mía? INÉS: ¿Quién sois? ¿Con qué atrevimiento os metéis en mi aposento GUTIERRE: Ignorancia fue la mía porque entendí hallar en él quien mejor me recibiera. INÉS: Y ¿quién en mi casa fuera poco honesta y poco fiel? GUTIERRE: Mi señora doña Inés, que me tiene honesto amor, me recibiera mejor. INÉS: ¿Quién? GUTIERRE: La hermana del Marqués. INÉS: Pues ¿a quién estáis hablando? ¿Venís en vos? ¿Estáis ciego? ¿Yo amor a vos? GUTIERRE: ¿A qué llego? INÉS: ¿Loco estáis? GUTIERRE: ¿Qué estoy mirando? ¿Tiene otra hermana el marqués? ¿Sois vos? INÉS: ¿Qué decís? GUTIERRE: ¡Señora! ¿Sin la que el alma adora? Mi señora doña Inés hizo mi suerte dichosa, hizo un mar de mi alegría, soy tan suyo y es tan mía, que trata de ser mi esposa. INÉS: ¡Jesús! ESCUDERO: Señora, ¿qué tenéis? INÉS: La risa tener no puedo; pero andad, que tengo miedo de que en furioso no deis. GUTIERRE: (Ya me mira con igual Aparte enmienda de su desdén.) Volved a mirarme bien, trataréisme no tan mal. INÉS: (¡Buen humor!) Aparte GUTIERRE: Y a mi señora doña Inés... ESCUDERO: (¡Cuento galano!) Aparte GUTIERRE: ...le diréis que el valenciano la espera. ESCUDERO: ¿No os oye agora mi señora doña Inés? GUTIERRE: (¡De confuso estoy perdido!) Aparte INÉS: (Y parece bien nacido, Aparte supuesto que loco es.)Sale el MARQUÉS MARQUÉS: ¿Qué es esto? ¡Suceso extraño! (Mas prevenido, si puedo, Aparte dando lazos al enredo, daré fuerzas al engaño.) GUTIERRE: ¡Oh, señor Marqués! ¿Aquí? MARQUÉS: ¡Señor mío! ¡Prima mía! GUTIERRE: Espero a vueseñoría. INÉS: ¿Prima me llamáis a mí, hermano? ¡Válgame Dios! MARQUÉS: ¿Qué dudas? He sospechado que mi prima habrá gustado de entretenerse con vos. Pero por mi hermana ve, logrará vuestra esperanza, con tu licencia, Costanza.Vanse el ESCUDERO y el PAJE. Hablan INÉS y el MARQUÉS aparte INÉS: ¿Qué es esto? MARQUÉS: Calla. INÉS: Sí, haré. MARQUÉS: Conocerás entre tanto, prima, al señor don Gutierre. GUTIERRE: Para que de mí destierre esa confusión y espanto. MARQUÉS: Vuestros intentos sabía mi prima, y tuvo trazada esta burla. GUTIERRE: Ya pesada al alma le parecía. INÉS: Y la pasara adelante... (Seguir quiero sus quimeras) Aparte si tú ayudarme quisieras con estilo semejante. GUTIERRE: Cuando tú quisieras verme de mis engaños gustando, fuera el tratarme burlando, de veras favorecerme. INÉS: Estimo tal cortesía.Al oído MARQUÉS: (Favorécele diciendo que es gentil hombre. INÉS: Ya entiendo lo que él callando decía.) Lo que yo con veros quiero es sólo haceros saber que en vos me admiro de ver un tan gentil caballero. GUTIERRE: Esa merced recibí de muy contento, dudoso. (Muchas veces soy dichoso; Aparte todas se mueren por mí.)Salen el ESUDERO y el PAJE ESCUDERO: No está en casa mi señora doña Inés. GUTIERRE: Pues ¿dónde está? MARQUÉS: Otro día lo estará. GUTIERRE: (Sospechoso quedo agora.) ApartePAJE: Don Gonzalo; un caballero... GUTIERRE: ¿Es mi primo? MARQUÉS: Espera un poco. PAJE: ...quiere hablarte. MARQUÉS: No te alteres. GUTIERRE: Quedaron entre nosotros disgustos no averiguados; que impedimentos forzosos, cuando salimos los tres, el poder hablarnos solos estorbaron. MARQUÉS: Es así; pero no es razón tampoco que os encontréis en mi casa. GUTIERRE: Ya al respeto me acomodo que la debo. MARQUÉS: Por aquí te ve, pues con esto sólo se excusa el inconveniente de veros. GUTIERRE: Y yo le abono, pues siempre el obedecerte será en mí lance forzoso. INÉS: (¡Qué satisfecho me mira!) Aparte GUTIERRE: (Tras mí se la van los ojos.) Aparte
Vase don GUITERRE INÉS: ¿Qué es esto, hermano? MARQUÉS: Después lo sabrás; vete. INÉS: ¿En qué locos devaneos me has metido? MARQUÉS: Daréte parte de todos; vete agora. INÉS: Adiós. MARQUÉS: Adiós. INÉS: (Enredos son amorosos.) AparteVase doña INÉS. Sale don GONZALO GONZALO: Señor marqués, ¿has sabido quién soy yo? MARQUÉS: Ya te conozco por principal caballero. GONZALO: Tan honrado como todos cuantos al ceñir la espada ponen la boca en el pomo. MARQUÉS: Yo lo creo. GONZALO: Pues agora sígueme, y podremos solos, apurando las verdades, desvanecer los antojos. MARQUÉS: Que aquí las averigüemos por más útil reconozco; porque si al campo salimos con públicos alborotos, siendo yo el desafïado, volvería vergonzoso no sacando las espadas, aunque sin causa, en mi abono; y pesárame infinito, aunque no por temeroso, porque honestos pensamientos amorosamente pongo en mujer que es sangre tuya. Lugar es secreto y solo éste; declárame aquí lo que te tiene quejoso; y si conformes verdades tú preguntas, yo respondo, no quedando rastro alguno de obligaciones ni enojos, podremos quedar los dos, y si no, en el campo solos, con la ventura del uno verán la muerte del otro. GONZALO: Dices muy bien; y así, digo que descompuesto y furioso, a la casa de mi tío hoy le perdiste el decoro y el respeto a una mujer que es mi prima, y a mí y todo, diciendo, presente yo, arrogancias que me corro de referirlas. MARQUÉS: Escucha: ¿disparates de un celoso tienes por culpas, amigo, teniendo disculpa un loco? ¿A un amante se la niegas, con celos lebrel rabioso, tigre fiero, áspid pisado, león pardo, bravo toro, monte que levanta ofensas, mina que revienta enojos, volcán que fuego vomita, centro que exhala demonios? Si en tu prima, que es mi cielo --cuyos amores adoro-- honrados servicios premio y honestos favores gozo, cuando la vi en casa tuya, ¿fue mucho, atrevido y pronto morder la razón el freno y dar la rienda al enojo? Y si tras aquel suceso, con estilo milagroso, me envió disculpas suyas, tan del alma, que las lloro, en su ofensa arrepentido, ¿será mucho si conformo tu voluntad con la mía, y me sujeto y me postro a ti, por ser primo suyo, aunque sin razón quejoso, pudiendo estarlo de ti, cuya mudanza fue asombro, pues ya de doña Mencía siendo prometido esposo, cuando, en esta confïanza, aquella luz de estos ojos te señaló para suyo, suponiendo que piadoso no la admitieras, y así dejara a su padre en todo satisfecho, y no ofendido, tú, inconstante y engañoso, lo admitiste acelerado, dejando a un ángel hermoso el peso de esta desdicha en el alma y en los hombros? GONZALO: Jamás en mi pecho engaño hubo, Marqués; oye, pongo todo el cielo por testigo verdadero y poderoso. Yo adoro a doña Mencía, como las parras al olmo, como los indios al sol y los avaros al oro; mas díjome don Gutierre, que de necio pasa a loco, que tú casabas con ella, y él con tu hermana, y yo formo de esto con razón agravios, y a vengarlos me dispongo, tomando en doña Brïanda un sí que fuera dichoso a no haber en cuatro amantes tan conocidos estorbos. MARQUÉS: Vio a mi hermana don Gutierre, que con ojos amorosos debió mirarle al descuido, y estos efectos y otros fundarían en su idea disparates tan costosos. GONZALO: Presto los he conocido. MARQUÉS: Cuando no, el suceso propio pudiera desengañarte; con razón amigos somos. GONZALO: Y por tu gusto y por mí, que a mis pensamientos torno, de no ofender tus intentos doy palabra. MARQUÉS: Y yo la tomo. GONZALO: Procurando con mi tío que no me sirva de estorbo la palabra que le di. MARQUÉS: Comuniquemos el cómo con los nortes que nos guían. GONZALO: Vamos presto; que es forzoso correr eso por mi cuenta. MARQUÉS: Y por la del cielo y todo. ¡Ay, Brïanda de mi vida! GONZALO: ¡Ay, Mencía de mis ojos!Vanse y salen doña BRIANDA y doña MENCÍA MENCÍA: Yo quedo bien satisfecha de lo que estuve quejosa. BRIANDA: Y yo muero temerosa, con pesar y con sospecha de lo que habrá sucedido cuando salieron de aquí, porque a todos tres los vi del uno el otro ofendido. MENCÍA: Descuido notable fuera ver daño en cualquiera; ¡ay, Dios!, descuido fue de las dos no enviar quien los siguiera. BRIANDA: Lucía se puso el manto y fue a decirle al marqués disculpas mías. MENCÍA: ¿Y pues? BRIANDA: De lo que tarda me espanto. ¡Qué de males, prima mía, causa el loco devaneo de tu hermano! MENCÍA: Ya lo veo; pero ¿en qué lo fundaría? BRIANDA: En su ciega inclinación de estrella tan peregrina, que lo mismo a que le inclina, da por hecho en su opinión.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham