This file was last updated on April 12, 2000

MARQUÉS: Perdonad el detenerme. GUTIERRE: Un minuto ha parecido. MARQUÉS: Ocasiones he tenido de tardarme y de perderme. De vuestro tío un crïado con mucha prisa, os espera; venid, vamos. GUTIERRE: ¿Salís fuera? MARQUÉS: Apriétame otro cuidado; quizá os querrá vuestro tío alguna importante cosa.

Vase el MARQUÉS
LUCÍA: ¿He de quedar recelosa? GUTIERRE: Dueño sois de mi albedrío. LUCÍA: A aquellas señoras mías beso mil veces las manos. GUTIERRE: ¡Ay, mis ojos soberanos!
Vase don GUTIERRE
LUCÍA: ¡Ay, luz de mis alegrías!

TADEO: ¡Ay, majadero frisado, por los aires persuadido! LUCÍA: Lindamente he procedido. .................... [ -ado] ................... [ -asas]; que es un demonio aquel viejo. TADEO: Quítate agora el pellejo, y veremos lo que pasas después en coche y desnuda de esas ropas respetadas, y las cortinas cerradas. LUCÍA: Para no ponerlo en duda, pondré un manto de dos suelas en mi cabeza, y después seré un viento, si en los pies acomodo unas chinelas, pues, ¿qué pensaba? TADEO: ¡Oh, traidora! LUCÍA: Mamóla; ¡qué poco sabe! TADEO: A lo menos a lo grave me harás un favor agora, como si fueras hermana del Marqués, y señoría te diré. LUCÍA: Por cortesía harélo de buena gana. TADEO: Vueseñoría una mano me dé, que será una palma. LUCÍA: La mano, y también el alma. TADEO: Ya la beso. LUCÍA: Y yo la allano, como asegures los pies. TADEO: Sabrosa con tantas veras me supo, como si fueras propia hermana del Marqués; que los gustos persuadidos, de los ojos engañados suelen ser imaginados, lo mismo que sucedidos. LUCÍA: Por eso dichosas son en tu amo las quimeras. TADEO: Por eso tantas veras es Narciso en su opinión.

Vanse. Sale don GONZALO
GONZALO: El amor correspondido es, a ser sin disonancia, una dulce consonancia, gloria al alma en el sentido. Es un hijo de los cielos, tanto más casto y mejor cuanto es villano el amor entre sospechas y celos; y así yo, doña Mencía, viendo en tan igual belleza un ejemplo de firmeza, tengo un siglo de alegría; y concorde a mi cuidado su mérito conocido. Me da el ser agradecido más glorias que el ser amado.
Sale don GUTIERRE
GUTIERRE: ¡Pudo darme la Fortuna más gustos y más contentos que conformes casamientos, y ¡qué dichosa fortuna! Pues con mi hermana casado el Marqués, yo con la suya, es imposible que huya de uno de los dos su estado. GONZALO: ¿Qué tiene ese hombre, que está hablando consigo mismo? GUTIERRE: ¡Notable dicha! Un abismo de inmensas glorias será. GONZALO: Primo, primo, ¿qué tenéis, que tan alegre os gozáis? GUTIERRE: Llegad, primo, y si escucháis, todas mis glorias sabréis, y aun las vuestras, pues que ya vuestra, para ser dichosa pues yo merecí otra esposa, doña Brïanda será. Esta hermana del marqués, esta mujer tan famosa, es ya mía. GONZALO: ¡Extraña cosa! GUTIERRE: Y con segundo interés, porque yo a doña Mencía doy al marqués por mujer. GONZALO: (¿Cómo, cómo puede ser? Aparte ¿Es posible, siendo mía?) Pienso que os habéis burlado. GUTIERRE: ¿Burlado? Bueno. GONZALO: ¡Ah, traidora! GUTIERRE: De su casa vengo agora, donde quedó concertado; queríanse ya los dos. GONZALO: ¿El marqués y vuestra hermana? GUTIERRE: Sí, y la suya soberana sabiendo. GONZALO: (¡Válgame Dios!) Aparte GUTIERRE: Sus buenas partes dispuso con el marqués, y Mencía lo que para gloria mía tan por los aires compuso. GONZALO: Pienso que lo habéis soñado como soléis divertido. GUTIERRE: No, por Dios. GONZALO: (Yo soy perdido.) Aparte GUTIERRE: Pues, ¿de qué os habéis turbado? ¿Qué tenéis? GONZALO: Dejadme; ciego estoy. (¡Ah, entrañas feroces! Aparte por ir publicando a voces, pues me abraso, fuego, fuego, hasta que alcance a Mencía el que yo tengo en la boca.) GUTIERRE: (Que le incita, y le provoca, Aparte tendrá de la suerte mía envidia, que entre los dos nunca falta. Éste es mi tío.
Sale don PEDRO
PEDRO: ¿Cómo os va, sobrino mío? GUTIERRE: Mi tío, ¿como con vos? Que no hay más que encarecer. PEDRO: Otra ocasión se os ofrece. GUTIERRE: ¿Cómo, señor? PEDRO: Me parece que mi Brïanda es mujer y ha de escoger lo peor; a vos os eligiera, y no a don Gonzalo. GUTIERRE: Ya en ello estoy; mas, señor, tengo yo... PEDRO: Decid, no es malo el dudar. GUTIERRE: ...con otro intento muy diverso, el pensamiento. PEDRO: ¿Qué decís? GUTIERRE: Que en don Gonzalo, porque de este gusto trate, que aparece con más brío, renuncio el derecho mío. PEDRO: ¡Oh, qué gentil disparate! ¿Mi hija tenéis en poco? ¿Mi hacienda? ¡Gran desatino! Andad. Del todo, sobrino, o sois necio o estáis loco. GUTIERRE: ¡Señor! PEDRO: Dejadme, callad, no repliquéis, que estoy ciego de enojo; gentil, don Diego, andad, salíos, caminad. GUTIERRE: Verá mi disculpa cuando sepa las dichas mías.
Vase don GUTIERRE. Sale doña BRIANDA
BRIANDA: (¡Qué dudosas alegrías Aparte voy perdiendo y esperando! Enojado está, ¡ay de mí! ¿Qué me mandas, señor? (¿Qué haré?)Aparte PEDRO: Brïanda, yo te llamé por ver lo que tengo en ti: la vejez que quieres darme, lo que quieres complacerme lo que huyes de ofenderme y lo que gustas de honrarme. Hasta agora que escogieras el uno de mis sobrinos te rogué, y los desatinos, confïanzas y quimeras de don Gutierre ofender tan de veras me han podido, que el dártele por marido, aunque quieras, no ha de ser; pero en don Gonzalo mira mil partes que buenas son, desnuda de pasïón que te ciega y te retira; y sé tú misma el juez de esta causa, si te allanas por mis venerables canas, por mi cansada vejez, a que logre mi única hija ... con tan buena suerte ..................[ erte] me consuele y no me aflija. BRIANDA: De don Gonzalo sin miedo siempre estuve, y pues que soy tan dichosa, que lo estoy de don Gutierre, bien puedo elegirle, y de este modo a mi padre y a mi gusto satisfaré, porque es justo el obedecerte en todo. El "sí" te ofrezco, empleado en don Gonzalo. PEDRO: En abono de lo que haces, te perdono lo que en hacerlo has dudado.
Sale don GONZALO
GONZALO: (Buscando voy sin sosiego Aside la crüel que me condena, por matarla con mi pena y abrasarla con mi fuego; pero sabrá que he sabido su mudanza y su traición, y en el más hondo rincón de la casa se ha escondido; pero aunque muera, conviene mis penas disimular.) PEDRO: A saber y a celebrar tal dicha, a buen tiempo viene don Gonzalo. GONZALO: ¡Ay ciego Amor! PEDRO: Llegad; que ya sois dichoso, ya sois de mi hija esposo. Ya mi hijo, ya señor de mi hacienda y ya escogido de Brïanda. GONZALO: (El cielo agora, Aparte de Mencía que es traidora, que me vengue habrá querido.) PEDRO: ¿Con qué monte habéis topado? ¿Qué os entretiene dudoso? GONZALO: Tan presto el ser tan dichoso, ¿a quién no hubiera turbado? Mas, pues logras mi esperanza, déjame besar tus pies. (No pudiera el interés Aparte lo que pudo la venganza.) BRIANDA: (¡Ay, triste!) Aparte PEDRO: De esta alegría lograra en mi pensamiento, de este gusto, este contento quiero que alcance a Mencía. Y luego, ¿quién ha de haber en mi casa para honrarla sin saberla y celebrarla? Loco me llena el placer.
Vase don PEDRO
BRIANDA: (Hecha una brasa de hielo Aparte he quedado, he de morir.) Primo, ¿qué has hecho? GONZALO: Admitir glorias que están en tu cielo. BRIANDA: Advierte que has admitido, siendo crüel, siendo injusto, en una mujer sin gusto, una piedra sin sentido, un gusto sin voluntad, un seso sin elección, un cuerpo sin corazón y un alma sin libertad. GONZALO: Yo, señora, no sabía sino que eras, siendo tal, una mujer principal y una honesta prima mía, con valor y con belleza. ¿Tu elección no me nombró por tuyo? BRIANDA: Sí, pero yo confié de tu firmeza, sabiendo tus pensamientos, en nuestra prima empleados. GONZALO: Es crüel, son sus cuidados más veloces que los vientos.
Sale doña MENCÍA
MENCÍA: (¿Mudable mi don Gonzalo Aparte y crüel doña Brianda? No es posible, no lo creo, aunque el dudarlo me mata. Juntos están, ¡ay de mí!, ciertas fueron mis desgracias.) ¡Falso amigo, ingrato amante! ¿No es desdicha, no es infamia, que con minutos las horas averigüen tus mudanzas? ¿Este fruto han producido tus lisonjeras palabras? Y cuando no me las dieras, ¿en nuestro amor no bastara el vernos en tu memoria con iguales esperanzas, nacidos para una cuna, crüados en una casa, para apoyar tu firmeza entre obligaciones tantas? Tú, prima, ¿por qué me has muerto? BRIANDA: No me culpes, que me matas. GONZALO: ¿Con qué corazón te quejas? ¿Con qué vergüenza te agravias? Tú, crüel, de estas desdichas, ¿no fuiste primera causa? En ti el mudarte fue ofensa, no en mí el vengarme mudanza. MENCÍA: Yo, pues, ¿en qué te ofendí? ¿Qué dices? GONZALO: ¿No estás casada con el Marqués? MENCÍA: ¿Quién lo dice? GONZALO: Don Gutierre. BRIANDA: ¡Hay tal desgracia! MENCÍA: El miente. ¿Que tú tal digas? Mas buena excusa te hallas para disfrazar tus culpas y para crecer mis ansias.
Sale el MARQUÉS
MARQUÉS: Ya sin humanos respetos, el mongibel que me abrasa ha de sacar por la boca hecho pedazos el alma. ¡Ah, crüel! BRIANDA: ¡Oye, por Dios! MARQUÉS: ¡Fingida, mudable, falsa, espejo de mis injurias, naufragio de mis borrascas! BRIANDA: ¡Escucha! MARQUÉS: ¿Qué he de escucharte? ¿No rompiste tu palabra, segundo "sí" de tu boca no diste? Verá cortadas sus dos manos quien la tuya espera. GONZALO: A locuras tantas respondo de esta manera.
Meten mano
BRIANDA: ¡Oye, espera! MENCÍA: ¡Tente, aguarda!
Tiene doña MENCÍA al MARQUÉS y doña BRIANDA a don GONZALO y sale don GUTIERRE
GUTIERRE: ¿Contra el Marqués, don Gonzalo? GONZALO: Sí, que se atreve a esta casa. GUTIERRE: Reportaos, primo, por Dios, que bien puede con mi hermana estar hablando el Marqués, porque entre los dos se tratan cosas para honestos fines. GONZALO: Vuestras locuras soñadas en vos, como sucedidas, estas desventuras causan. GUTIERRE: Sois descompuesto y sois loco. MARQUÉS: Teneos, pues averiguarlas es mejor en otra parte.
Sale TADEO
TADEO: Envainad luego la espada, que viene el señor don Pedro. MENCÍA: Confusa estoy. BRIANDA: Yo, turbada.
Sale don PEDRO
PEDRO: ¿Qué es esto? ¿Espadas desnudas, y sin color en las caras? ¿Qué es esto? Marqués, sobrinos, hija, decid. ¿Todos callan? Mil sospechas me enfurecen y mil dudas me acobardan. ¡Por vida de, de..., por vida del Rey, si saco la espada, que de la sangre enemiga aun le quedan rojas manchas, que he de hacer un desatino! MARQUÉS: Después sabréis lo que pasa; que estáis colérico ahora.
Vase
GONZALO: (Verá el Marqués si me espantan Aparte señorías.)
Vase
GUTIERRE: (De mi primo Aparte castigaré la arrogancia.)
Vase
MENCÍA: (Penando voy.) Aparte
Vase
BRIANDA: (Yo, muriendo...) Aparte TADEO: (Pues con las cabezas bajas Aparte te dejan con reverencias, como una imagen te tratan.)
Vase
PEDRO: Pondré remedio en mis cosas con acuerdo y vigilancia; que esta cordura les debo a la plata de estas canas.

FIN DE LA SEGUNDA JORNADA

El Narciso en su opinión part 7

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham