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JORNADA SEGUNDA
Salen don PEDRO y doña BRIANDA PEDRO: Brïanda, mal te aprovechas del valor, porque me pones con dudas en ocasiones de recelos y sospechas. No de tu honor, cuyo brío estriba en tan buen cimiento, sino de algún pensamiento que se encuentra con el mío; resuélvete en escoger para esposo, de estos dos el uno. BRIANDA: ¿Tan presto? ¡Ay, Dios! ¿Cómo, padre, puede ser? Este ñudo indivisible del casamiento, ¿no es, ciego en los cuerpos, después para las almas terrible? ¿No es tan crüel, no es tan fuerte, que aunque la razón lo pida, no le desata la vida, sino le acaba la muerte? Pues ¿cómo, padre, al compás de la prisa que hay en ti, de dos hombres para mí mirar el que vale más? ¿Podréles ver, por momentos tan llenos de pesadumbres, el valor en las costumbres y el alma en los pensamientos? ¿Podré ver con tal presteza de cuál se aplica el amor, mi sangre con más calor, mi gusto con más terneza? Mira que es justo. PEDRO: No es justo para quien echa de ver que en elección de mujer las más veces yerra el gusto, y así, esposos escogidos entre amorosos cuidados, si no mueren descuidados, padecen arrepentidos. Pero cuando elige esposos la paternal providencia, en premio de su obediencia, las más veces son dichosos. Y tú, a ser más bien mirada, más humilde, más sujeta, más prudente, más discreta, más dócil y más honrada, porque de ti se tuviera general satisfacción, fïaras de mi elección lo que de la tuya era. BRIANDA: Tú eres padre y dueño mío, pero en la mujer ¿no ves que en esto sólo no es la libertad desvarío? De mi esposo... PEDRO: Di. BRIANDA: ...señor, a ti no te ha de tocar, si es flemático, el pesar; si es colérico, el temor; si es importuno, el enfado; si es vicioso, la costumbre; si es necio, la pesadumbre; la afrenta, si no es honrado. Y si el pecho le desama, tú, señor... PEDRO: Di. BRIANDA: ...¿mal forzoso has de partir con mi esposo una mesa y una cama? Pues si yo he de ser, ¿por qué quieres elegir por mí, ni darme prisa? PEDRO: ¿Así? ¿Así? Nunca tal imaginé; mujer apenas, ¿no veis lo que entiende y lo que traza? Atrevidilla rapaza, ¿tanta libertad tenéis? Pues porque no la tengáis, elegir y obedecer dentro de una hora ha de ser; y advertid que si os tardáis, haré yo vuestra elección, con diligencias no malas, para cortaros las alas de tan libre corazón. No repliquéis; ¿hay tal cosa? ¡Hola, hola!, ¿quién pensara este extremo de esa cara tan compuesta y vergonzosa?Vase BRIANDA: Apenas tiene plumas el avecilla, cuando pone en los vientos el cuidado; el más menudo pez del mar salado suele atraverse a su arenosa orilla. Deja el monte la tierna cervatilla, y aunque con su peligro, pace el prado, las útiles defensas del ganado, pierde tal vez la mansa corderilla. Sube al aire la tierra más pesada, sale de madre el más pequeño río, el cobarde mayor saca la espada; la menor esperanza finge brío, ¡y solamente la mujer honrada tiene sin libertad el albedrío!Salen LUCÍA y el MARQUÉS LUCÍA: Ya de sus negocios trata el viejo, y puedes entrar. MARQUÉS: Con quejas he de matar a quien con celos me mata. ¿Eso es posible, señora? BRIANDA: Marqués, ¡qué atrevimiento! MARQUÉS: ¡Que tan mortal tormento padezca quien te adora!BRIANDA: ¿Eso dices? ¡Ay, cielos! MARQUÉS: Mira mis ojos, que me abrasan celos. BRIANDA: Cuando, perdida y loca, no hay bien que no me huya, cuando por causa tuya tengo el alma en la boca, que sales tras mis quejas, ¿de mí te ofendes y de mí te quejas? Quéjate de mi suerte, que impide tu esperanza sin temer la mudanza de quien pide a la muerte la mayor aspereza que acredite contigo mi firmeza. MARQUÉS: Angel del alma hermoso, ¿quién causa en ti ese extremo, por quien mi muerte temo? BRIANDA: Un padre riguroso, que pide, como injusto, fuerza a la voluntad y ley al gusto. Sólo una hora le ha dado de término a mi muerte, o con rigor más fuerte resuelto y arrojado, por esposo importuno de mis dos primos quiere darme uno. MARQUÉS: Desdichas inhumanas, yo muero; mas, señora, ¿en esta casa agora no hay puertas, no hay ventanas? Si por ellas no puedes, derribaré a puñadas las paredes, para que salgas de ella, o abrasarála el fuego de... BRIANDA: Oye, ten sosiego, escucha. MARQUÉS: ¡Ay, prenda bella! BRIANDA: Y eso en mí, ¿qué sería? Honra soy de mi padre. MARQUÉS: ¿Y no a la mía? Menos esta balanza pesa en tu pensamiento asida a tu belleza. ¿Esto es fe? ¿Esto valor? ¿Esto firmeza? BRIANDA: Y tal, que en mis acciones valerme de ella espero; pero los medios quiero de sus ejecuciones, porque sean más buenos, que de mi calidad desdigan menos. MARQUÉS: Ya por ti los estimo, ya saberlos quería. BRIANDA: Quiere a doña Mencía don Gonzalo, mi primo, tanto, que es cierta cosa el ser su amante para ser su esposa. Y si a mi padre engaño y digo que a él le quiero, de su fineza espero suspensión en mi daño, siendo de él no admitida; pero al segundo lance soy perdida. Porque mi padre, ciego con sus vanos antojos, con mayores enojos, en don Gutierre luego querrá darme un marido, de mí, por confïado, aborrecido; y quitarme la vida, que en ti depositada tengo, tan desdichada como favorecida de tu alma en mis ojos. MARQUÉS: Pues ¿qué haremos, mi bien? BRIANDA: Morir de enojos. MARQUÉS: ¡Ay, gloria ya no mía, ponme en tus brazos bellos, para que muera en ellos! BRIANDA: ¿Posible no sería con algún modo extraño sufrir la pena y suspender el daño? MARQUÉS: ¿Cómo, si está el sentido muerto en el sentimiento?
Sale LUCÍA LUCÍA: Señora, pasos siento. MARQUÉS: Vaste, y quedo perdido. BRIANDA: Vete, y sin alma quedo.Vase MARQUÉS: En piedra convertido, ¿cómo puedo?¿Qué pasos darán los pies, cuando pesan las desdichas tanto en el alma, que apenas dejan fuerzas en la vida? ¿Qué valor habrá en el pecho, donde las alas palpitan de un corazón, por amante, ya convertido en ceniza? ¿Qué discursos puede hacer una cabeza vacía, sin seso por verse en mí, por levantada, caída?
Sale TADEO TADEO: ¿Señor Marqués? MARQUÉS: ¡Oh, Tadeo! TADEO: Profunda melancolía señalas, señor. ¿Qué tienes? MARQUÉS: Esta enfermedad maldita no tiene causa. TADEO: ¡Oh, qué bien! ¿Por qué de mí no la fías? Ya he sabido tus cuidados. MARQUÉS: ¿Quién los sabe y los publica? TADEO: Quien los descubre en tus ojos; y ¿por qué te maravillas, si las paredes los oyen, de que las piedras los digan? MARQUÉS: Aunque en humilde sujeto, tu discreción me convida a que por consuelo tenga el contarte mi desdicha. TADEO: Tras las mercedes pasadas, con ésta, señor, me obligas a ser siempre esclavo tuyo. MARQUÉS: ¡Ay, Tadeo!, aunque la estimas, no la agradezcas; que son tan grandes las penas mías, que en mi corazón revientan, y se salen ellas mismas por la boca y por los ojos, arrojadas de ofendidas. Don Pedro, don Pedro--¡ay, cielo!-- quiere casar a su hija con uno de sus sobrinos, siendo el alma de esta vida; de don Gonzalo ya sé que solamente se inclina, amante de muchos años, a sólo doña Mencía; y así, de él estoy seguro; pero don Gutierre aspira a ser su esposo, juntando confïanzas y porfías, hoy quiere casarla el viejo, y yo muriendo querría, aunque haya de ser, siquiera suspenderlo algunos días, y no sé el cómo, ¡ay de mí! TADEO: Linda traza, no te aflijas, se me ha ofrecido en un punto. MARQUÉS: Dila, amigo. TADEO: Escucha. MARQUÉS: Dila. TADEO: ¿Tú no tienes una hermana con tanta opinión de linda, que es un extremo en la corte? MARQUÉS: Es así. TADEO: Pues ¿cómo harías que don Gutierre la vea y que piense que le mira con terneza y con amor? Pues por poco que lo finja, pensará que por él muere; que en los aires facilita estas cosas su opinión, engañándose ella misma; y es tan vano y presumido, que si la ve, y se encapricha en alcanzarla, y tener un cuñado Señoría, que me maten si en un punto no se ofende y no se olvida de su prima y de su tío. MARQUÉS: Cosa fuera peregrina; mas está mi hermana ausente, porque se fue con mi tía a una de mis aldeas, donde estará algunos días; y aunque en Madrid estuviera, ¿cómo a mi hermana podía meterla yo en esas cosas? Son diligencias perdidas cuantas hago. TADEO: ¿En eso topas? Busca una hermana fingida, pues no tienes en tu casa la verdadera. MARQUÉS: Averigua; que del todo eres discreto; pero ¿qué mujer podría, con discreción y hermosura hacer lo que facilitas? TADEO: ¿Quién? Ya lo sé; escucha, espera; bien tus cosas se encaminan. Esta crïada brïosa, que entra, sale, bulle y brinca, como las culebras sabia y como las ascuas viva. MARQUÉS: ¿Quién dices? TADEO: Esta crïada, que para esto fue nacida. MARQUÉS: ¿Es Lucía? Dices bien, y para todo entendida. ¿Vióla tu amo? TADEO: No pudo, recién llegado de un día. MARQUÉS: Pues ¿cómo podrá salir de esta casa? TADEO: No te impida; eso a mi cargo lo deja, ya corre por cuenta mía. Vete, y espera en tu casa a que yo, señor, te sirva con industria y lealtad, vete luego. MARQUÉS: De ti fía no menos que toda el alma, quien parte agora sin vida. Cosas soñadas parecen; toma, amigo, esta sortija, que dos mil ducados vale. ¡Oh, amor, tras qué fantasías, tropezando con mis penas, voy siguiendo mis desdichas?TADEO: Voto al sol, con bravo enredo del marqués la justa queja suspenderé; pero quedo, que el lobo está en la conseja; caerá en el lazo, si puedo.
Sale don GUTIERRE GUTIERRE: Cuando miro en mis pasadas y venideras memorias, tiernamente imaginadas tan dulcemente las glorias poseídas y esperadas, aunque dudosa y segura en mis partes mi opinión, ni resuelve ni asegura si las debo a la razón o las hallo en la ventura. TADEO: Señor, ¿de qué tan ufano? GUTIERRE: ¿No he de estarlo pues me toca en un serafín humano el sí de tan dulce boca, la fe de tan bella mano? TADEO: En eso dices verdad, si de que a ti te eligió tienes ya seguridad. GUTIERRE: ¿Eso dices? TADEO: ¿Por qué no? GUTIERRE: ¡Oh, qué gentil necedad! TADEO: Tu primo tiene esperanza también. GUTIERRE: Con tal diferencia, atrevido se abalanza, ¡qué agraviada competencia! (Y ¡qué necia confïanza!) Aparte GUTIERRE: Fuera de tenerme amor, mi prima con gran ventaja la merezco. TADEO: Sí, señor. (Quien no corre la baraja, Aparte ¡qué mal entiende la flor!) GUTIERRE: ¿Qué dices? TADEO: Que eres dichoso, pues que piensas que lo eres en lo galán y en lo hermoso. GUTIERRE: Imán soy de las mujeres; el confesarlo es forzoso. TADEO: Pues ¿qué dirás en sabiendo... GUTIERRE: ¿Qué, Tadeo? TADEO: ...alegre estás, que algunas que van saliendo muy alto, al olor no más, van picando y van cayendo? Fui en cas del Marqués y hablé... GUTIERRE: ¿Con su hermana? Y yo he caído en la cuenta. TADEO: Presto fue, y como el gato habrá sido, porque siempre cae en pie; no morirás arrojado, pues sabes caer tan bien. GUTIERRE: Sácame de este cuidado; ¿es muy hermosa? TADEO: Es en quien verás un cielo cifrado. GUTIERRE: Y ¿qué te dijo? TADEO: Amorosa, con un donaire encogido, con una voz tan melosa, como halagüeña al oído, y en el alma cosquillosa, me dijo, alzando una mano de nieve--pienso que agora la miro--, "Escuchad, hermano, ¿del famoso valenciano no sois criado?" "Sí, señora," respondo. "Notables son las partes que Dios le ha dado." Replico, "Pues con razón en dos horas han ganado muchos siglos de opinión y en la corte por lo menos." Y cuanto más en ti hablaba, los ojos, de aplauso llenos, me volvía, y me mostraba más blandos y más serenos. GUTIERRE: ¡Notable ventura mía! ¿Eso dijo? TADEO: Y añadió, "Con el alma gustaría de ver a tu amo yo." GUTIERRE: Antes que amanezca el día --si no muero--he de ir a vella. TADEO: Haz tú visita al marqués, mientras yo a su hermana bella pongo plumas en los pies para salir a tenella. GUTIERRE: Luego al momento ha de ser. TADEO: Allá voy. (Poco cuidado Aparte y jabón fue menester.) GUTIERRE: Galán seré celebrado de tan hermosa mujer.Vase TADEO: y sale doña MENCÍA MENCÍA: Hermano, ¿tan divertido? Culparte puedo de ingrato, pues siendo tan recién venido, ni aún hablarte sólo un rato ni has gustado ni he podido. GUTIERRE: ¡Oh, hermana! MENCÍA: (Quiero alaballe; Aparte que así para mi intención me importará granjealle.) GUTIERRE: Mis disculpas grandes son. MENCÍA: ¡Qué gentileza! ¡Qué talle! En dos años que ha que juntos no estamos, pienso que ha sido el mejorarse por puntos; y así en mi prima he tenido de su estimación barruntos; y pues tan en ello está, no sé el cómo nuestro primo contigo competirá. GUTIERRE: Yo lo agradezco y lo estimo; pero, hermana, bueno está; voyme, que si el alma das con los ojos ocasiones, tú con más culpa errarás, si en el peligro te pones que se han puesto los demás. MENCÍA: (Notable el capricho es Aparte con que se estima y se agrada.) GUTIERRE: (De la hermana del marqués Aparte la hermosura imaginada me llena el alma en los pies.)Vase don GUTIERRE. Sale don GONZALO
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham