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PEDRO: Brïanda, tus primos tienes ya en tu casa, a verlos llega. Mencía, tu hermano y primo logran la esperanza nuestra. BRIANDA: Sean mis primos bien venidos. MENCÍA: Tan dichosamente vengan como alegre los recibo. GUTIERRE: Señora, a tus pies merezca tu mano. BRIANDA: ¡Primo, señor! GONZALO: ¡Prima! MENCÍA: ¡Primo! GONZALO: ¡Ah, quién pudiera apretar más este abrazo! MENCÍA: Sirvan los ojos de lengua. PEDRO: De don Gutierre fue padre, que Dios en el cielo tenga, don Alonso, hermano mío, cuyo mayorazgo hereda. GONZALO: Participe yo también de tu mano. BRIANDA: Bueno fuera no darte también los brazos. GUTIERRE: ¿Hermana? MENCÍA: Hermano, ¿que pueda abrazarte? Aún no lo creo. TADEO: (Ya los ojos se le lleva Aparte su prima. PEDRO: Y de don Gonzalo fue mi hermana doña Elena madre y gran hermana mía, que ya del cielo es estrella. Sentémonos. ¡Hola, sillas! Y luego quiero que sepan mis sobrinos la ocasión que los trujo de Valencia.

Siéntanse y todos hablan aparte
BRIANDA: Ya comienzan mis temores. MENCÍA: Ya mis recelos comienzan. GONZALO: En mi prima tengo el alma. GUTIERRE: ¡Qué soberana belleza! BRIANDA: ¡Qué afectado caballero! GUTIERRE: ¡Qué declarada, qué tierna, sus ojos puso en los míos con igual correspondencia! Ya pica el pece, por Dios. TADEO: Sin duda mi amo piensa que ya es suya, y atribuye lo que es desaire a terneza. PEDRO: Yo, como sabéis, sobrinos, aunque mayorazgo era en la casa de mis padres, pudieron sacarme de ella, casi en pueriles años, sin su gusto y con mi Estrella, la inclinación de las armas y el bullicio de la guerra. Pasé a Flandes, y probé tan dichosamente en ellas, que fui añadiendo blasones a mi heredada nobleza. Llegué a ser maese de campo con la misma ligereza que yo tuve en dilatar mi opinión y mi experiencia. Por mi mujer merecí a una señora flamenca, tan principal como rica y tan casta como bella; pero llevósela el cielo, habiendo sido en la tierra tal, que solas sus memorias hacen mis entrañas tiernas. Dejóme a solo Brianda; vine a la corte con ella, habiendo servido en Flandes pasan los años de treinta, por lo cual su Majestad, así en honras como en rentas, me hizo grandes mercedes, aunque mayores promesas, después de hacerme también de su consejo de guerra. Recién llegado a Madrid, porque sola no estuviera Brïanda, vino Mencía, por mi gusto, de Valencia, que ha ya dos años y más que le acompaña y consuela. Y ahora, viendo mi edad tanto a los tiempos sujeta, que parece que los años a la muerte lisonjean, y queriendo disponer con mi voluntad postrera de mi alma, de mi hija, de mi estado y de mi hacienda; aunque a Brïanda me piden con aplauso y competencia, en la corte más señores que su fama tiene lenguas; temiendo en lo porvenir que mi nombre se escurezca, si no entre hazañas mayores, entre mayores grandezas; y previniendo también que en mi patria no se pierdan de mi casa los blasones, aunque en la ajena florezcan, quiero, tomando consejo de mi madura experiencia pues mi mayorazgo vale más de doce mil de renta, que se conserve en mi nombre y que se logre en mi tierra, volviendo a la sangre mía lo que he comprado con ella; y así, envíe por los dos, en quien tan iguales pesan las obligaciones mías, para que mi hija pueda, haciendo elección del uno, unir en los dos mi herencia. GUTIERRE: (¿Quién duda que seré yo Aparte el escogido por ella?) MENCÍA: (Ya está por mí prevenida.) Aparte GONZALO: (Y cuando no lo estuviera, Aparte ¿hay humanos intereses por quien yo olvide tus prendas?) GUTIERRE: (Ya con los ojos me nombra.) Aparte BRIANDA: (Confusiones me rodean Aparte el alma.) PEDRO: ¿Qué dices, hija? BRIANDA: ¿Cómo con tanta presteza señor, puedo resolverme? Si gustas, dame licencia para pensarlo mejor. GUTIERRE: (Ya me ofende, pues lo piensa.) Aparte
Sale un PAJE del MARQUÉS
PAJE: Para dar la bienvenida a estos señores, licencia pide el Marqués, mi señor. PEDRO: Entre el Marqués norabuena; Saldréle yo a recibir. PAJE: No es menester; que ya entra.
Salen el MARQUÉS, un PAJE y CRIADOS
MARQUÉS: Esta poca cortesía de no esperar el recado perdone vueseñoría, pues en mí se habrá fundado sobre amistad. PEDRO: Honra es mía el tratar mi casa así, conozca a mis valencianos. MARQUÉS: Por servirlos vine aquí. GUTIERRE: Para darme a mí las manos. GONZALO: Y darme los pies a mí. TADEO: Pues que somos. PAJE: Sí seremos. TADEO: ¿Oiga voacé? PAJE: Bien, por Dios. TADEO: Criados a vela y remos, coro aparte, murmuremos de nuestros amos los dos. PAJE: ¿Va de juego? TADEO: Va. MARQUÉS: Señora, vuesa merced, ¿cómo está? BRIANDA: La salud que tengo agora siempre al servicio estará de vueseñoría. MARQUÉS: Y, ¿mejora de su gran melancolía vuesa merced? MENCÍA: Con tal contento estoy loca de alegría. BRIANDA: ¿Cómo está vueseñoría? MARQUÉS: Algo indispuesto me siento. BRIANDA: En el alma me pesó. MARQUÉS: Ya tengo salud entera. GUTIERRE: Mil males tomara yo, si para todos tuviera el milagro que os sanó. BRIANDA: Hasta tenerlos, quejoso no estéis, primo; aun es temprano. PEDRO: ¿Sobrino? GUTIERRE: Yo soy dichoso. PEDRO: Como poco cortesano, parece que estáis celoso. GUTIERRE: ¿Yo celos? Ni aun de los cielos no hayáis miedo que los pida; mal conocéis mis desvelos, un hombre soy que en mi vida ni tuve envidia, ni celos; porque siempre un hombre he sido que infinitos los he dado, mas nunca los he tenido. BRIANDA: (¡Qué necio tan confiado!) Aparte PEDRO: (¡Qué bachiller tan corrido!) Aparte TADEO: Sospecho que no se engaña del todo mi amo, pues como el Sol en la campaña, los ojos pone el Marqués en su prima. PAJE: Es cosa extraña lo que adora a esta mujer y ella admite la esperanza. TADEO: ¡Qué bello decir y hacer los crïados a la usanza de este tiempo! Así han de ser, pues deben al ser discretos descubrir el primer lance de sus amos los secretos. GONZALO: No hayas miedo que te alcance la causa ni los efetos; pues el propio valor suyo perderá primero el oro que yo deje de ser tuyo. MENCÍA: A lo mucho que te adoro estas dichas atribuyo; ya te doy mil parabienes. GONZALO: Deja ocasiones de quejas y dame causas de bienes. MENCÍA: Muy sin recelo me dejas. GONZALO: Y muy seguro me tienes. GUTIERRE: Préciome yo de atrevido. BRIANDA: Tú en tener tales recelos, es sin duda que lo has sido. MARQUÉS: (¡Muero de envidia y de celos!) Aparte BRIANDA: Al Marqués miró ofendido. GUTIERRE: Oye. BRIANDA: Sabrélo después, pues tan poco va ni viene en eso, señor Marqués, en que agora se entretiene mi señora doña Inés. MARQUÉS: Mi hermana sólo en ser mía tiene por gusto y deporte. BRIANDA: Rayos de quejas me envía. PEDRO: Dios la guarde, es en la Corte lo que es el Sol para el día. GUTIERRE: ¡Qué hermana tiene tan bella! MARQUÉS: Vendrá a besarte las manos. GUTIERRE: Mucho me holgara de vella. BRIANDA: Las tuyas beso. PEDRO: Honráranos esta casa, pues en ella le daremos ocasión tan presto. MARQUÉS: ¿Cómo? PEDRO: Se casa mi Brïanda. MARQUÉS: (¡El corazón, Aparte desalado, se me abrasa! PEDRO: Porque sigue mi opinión, con el uno de mis dos sobrinos. BRIANDA: (Del todo muerto Aparte está mi Marqués. ¡Ay, Dios!) MARQUÉS: Y ¿está del todo el concierto ya conclüido por vos? PEDRO: Es mía la voluntad; sólo le falta escoger a cuál quiere. MARQUÉS: (¿Hay tal crueldad? Aparte ¡Ay, mudable!) BRIANDA: ¿Qué he de hacer? ¿Diréle que no es verdad? MARQUÉS: Será mil veces dichoso el que quedare elegido por ella. GUTIERRE: Más que glorioso quedaré siendo escogido. GONZALO: Y yo quedaré envidioso. Esto ha sido cumplimiento, bien mío. MENCÍA: Con todo, agora con toda el alma lo siento. MARQUÉS: Vuesamerced, mi señora, gozará de este contento millares de años, contados con los minutos los bienes. BRIANDA: Yo agradezco esos cuidados; pero nunca parabienes se admiten adelantados, porque suele suceder derribar las esperanzas la Fortuna. MARQUÉS: Puede ser, pues que para hacer mudanzas, hasta en el nombre es mujer; y porque pienso que es tarde, será bien daros lugar. BRIANDA: (¡Qué perdida, qué cobarde Aparte me deja!) PEDRO: (Que sospechar Aparte me dejan.) MARQUÉS: El cielo os guarde. PEDRO: Todos te acompañaremos. MARQUÉS: No, por mi vida; ¿por qué usáis de tales extremos? GUTIERRE: Yo solo me quedaré. MENCÍA: Porque solas no quedemos. MARQUÉS: Muerto voy. GUTIERRE: Seré despojos. TADEO: Como en su centro quedó. BRIANDA: ¿Qué disparates? ¿Qué antojos? GUTIERRE: Parece que me miró, dándome el alma en los ojos. PAJE: Bravos ademanes son los de tu amo he pensado... TADEO: Pienso que tienes razón. PAJE: ...que es un necio confïado. TADEO: Y un Narciso en su opinión.
Vanse unos por una puerta y otras por otra

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

El Narciso en su opinión part 4

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham