This file was last updated on April 9, 2000LUCÍA: Digo que gastas humor atrevido y extremado. TADEO: Diómele para el recado don Gutierre, mi señor. BRIANDA: Temo que lacayo sea de mi primo y de mi daño. MARQUÉS: Pues, ¿qué haremos? BRIANDA: No me engaño. Pesárame que te vea; no estés con pecho cobarde. MARQUÉS: ¿Cómo, si te tengo en él? BRIANDA: Tú disimula con él; que yo me voy. MARQUÉS: Dios te guarde.
Vase doña BRIANDA TADEO: Ya estás menos ofendida y enojada. LUCÍA: Es cierta cosa, pues que me llamaste hermosa. TADEO: Fue palabra muy sentida. LUCÍA: Fueron las satisfacciones muy bastantes. TADEO: Yo me holgara si, como tu buena cara, tuvieran buenas razones.¿Quién es este caballero? LUCÍA: Un marqués que está esperando a don Pedro, mi señor. TADEO: Cansaráse de esperarlo; que el esperar es morir. MARQUÉS: No me enojo, aunque me canso; pero decidle, señora, que yo no pequeño rato le esperé para decirle que favorezca un soldado, a quien debo obligaciones, y que volveré de espacio. LUCÍA: Serviré a vueseñoría.
Vase LUCÍA TADEO: Y yo y todo, porque gasto buen humor y buena prosa. MARQUÉS: Y aun el donaire no es malo. ¿De dónde sois? TADEO: Debo ser entre español y gabacho; de Francia a Valencia vine, y vióme de pocos años la plaza de la Olivera atambor y abanderado. MARQUÉS: ¡Buenos cargos!, ¿y os llamáis? TADEO: Tadeo, el primer lacayo de mi nombre. MARQUÉS: Así lo creo; y ¿servís? TADEO: Sigue mis pasos don Gutierre, mi señor, caballero valenciano. MARQUÉS: ¿Es principal caballero? TADEO: Así tuviera los cascos como los abuelos tuvo. MARQUÉS: ¿Murmuráis de vuestro amo? TADEO: Así el hacerlo me toca para parecer crïado. MARQUÉS: ¿Es rico? TADEO: Pudiera serlo, que es varón calificado; señor es de seis aldeas, pero con empeños tantos, que los vasallos se come, crudos, cocidos y asados. MARQUÉS: ¿Es liberal? TADEO: ¿Liberal? No vieron ojos humanos en su casa pasajeros y en su mesa convidados. MARQUÉS: ¿Tiene caballos? TADEO: No tiene; pero aunque muera rabiando de hambre, no dejará de tener machuelo o macho. Tiene impulsos de arriero, cuyas causas le inclinaron a géneros de animales transversales y bastardos. Yo solo le conocí de poco precio un caballo, que le sirvió pocos días, y hubo de venderlo manco; porque la carga de un necio es insufrible trabajo. MARQUÉS: Pues, ¿en qué gastó su hacienda? TADEO: Tiene el humor más extraño que vieron las tres edades. (Pienso que me voy picando.) Aparte MARQUÉS: Proseguid, por vida mía; ¿cómo se perdió? TADEO: Jugando a la pelota de viento partidos disparatados; y a los trucos, sin saber tomar en la mesa el taco, le vi perder muchas veces a mil y a dos mil ducados; y fabricando vestidos en mala luna cortados, pues fue la de su cabeza, ya creciendo, ya menguando. Una vez le vi poner sobre un vestido de paño más de seis mil quinientos botones abellotados. Y sucedióle después de ser excesivo el gasto, ser ridículo el vestido, y quedar él muy ufano. Por comprar una carroza se cargó diez violarios que a los censos de por vida ansí en Valencia llamamos y dos caballos frisones, con un cochero borracho, desafïaron los vientos, y por una puente abajo dieron con todo al través, y un portalero mataron a lanzadas como moro, y entre puertas, como gato. Gastó también ciegamente haciendo caminos largos por ver solo una mujer, a quien no tocó una mano, por dar a entender no más que era escogido y llamado de una mujer que en la corte los príncipes celebraron. MARQUÉS: Luego, ¿préciase de lindo? TADEO: Aunque gastara mil años en decir lo que hay en eso, me sobraran cuentos largos. Un Narciso en su opinión es, tan tierno enamorado de sí mismo, que a su sombra suele alargarle los brazos. Con estas satisfacciones, muy arrogante y muy falso, de cuantos ojos le miran, torcidos o regalados, piensan que le arrojan fuego, y que deja enamorados sus dueños, que por ventura su locura celebraron; y entre confusas ideas, pueden tanto sus engaños, que cuenta por sucedidos los gustos imaginados; así se mira y se goza más contento que engañado, pensando que hasta las bestias se les lleva los cuidados. Y no es patraña, por Dios. Escucha un cuento galano. En Valencia, yendo un día por una calle, encontramos una mula de un doctor a la puerta de un letrado; la cual volvió la cabeza a la que los dos pasamos, mascando freno y espuma, gruñendo y orejeando; y él dijo, muy en su seso, "¡Ah, Tadeo! ¿No has notado? ¡Hasta las mulas, por Dios, me miran con ojos claros!" MARQUÉS: Donoso extremo, a fe mía; graciosamente has contado los milagros de su vida. TADEO: Quisiera ser un milagro empleado en tu servicio, mas cuéntame por tu esclavo. MARQUÉS: Amigos hemos de ser; adiós. (Moriré si falto Aparte sin ver mi gloria al salir.)Vase TADEO: Por lo que me has escuchado beso mil veces tus pies; que parece que descanso el cozarón cuando cuento disparates de mi amo.Sale LUCÍA LUCÍA: Apercíbete a pedir albricias; que ya se apea mi amo. TADEO: En buen hora sea; mas tú volviste a salir sólo por volverme a ver. LUCÍA: A lo menos por oírte solemnizarte y servirte. TADEO: ¡Qué buen gusto de mujer! LUCÍA: ¿Luego imaginas que estoy perdida por tus amores? TADEO: Repito los borradores de mi amo, necio soy. LUCÍA: De la cabeza a los pies eres bellaco. TADEO: Y por ello ya tuyo. LUCÍA: Veréme en ello, adiós.Vase LUCÍA TADEO: Juguetona es.Sale don PEDRO, y CRIADOS con él CRIADO: Quejábase aquel soldado con razón. PEDRO: Ansí es verdad. Provea su majestad mi plaza; que estoy cansado de ver ya las cosas tales, que vienen a ser mejores los billetes de señores que fees de los generales; que, como toda mi vida serví en Flandes, en campaña, sé lo que luce una hazaña y lo que cuesta una herida; y oféndeme el ver tan llano valer con razón sucinta, más que la sangre la tinta, por venir de buena mano. Con razón estos rigores apuran muchas paciencias, y no sé con qué conciencias los grandes y los señores les quitan a los soldados mercedes y honras sin tasa, para pagar de su casa los servicios mal pagados. Disculpados desatinos dicen los soldados. TADEO: Voy. PEDRO: ¿Quién eres? TADEO: Lacayo soy común de tus dos sobrinos que anoche llegaron. PEDRO: Ya lo he sabido. TADEO: Yo busqué su posada y no la hallé. PEDRO: Para que yo fuera allá; del no venirse apear a esta su casa me quejo. TADEO: Por no venir en bosquejo se quisieron retocar; mas por la falsa entraron ahora, y ellos darán su disculpa. PEDRO: Enmendarán con su vida lo que erraron. TADEO: Mas no porque van llegando perderé en esta ocasión las albricias. PEDRO: Ni es razón. TADEO: Ya las pido. PEDRO: Yo las mando.Salen don GUTIERRE y don GONZALO GUTIERRE: ¿Si habrá ya llegado? GONZALO: Él es. PEDRO: ¡Sobrinos! GUTIERRE: ¡Señor! GONZALO: ¡Señor! PEDRO: Hijos dijera mejor. GUTIERRE: Danos la mano. GONZALO: Y los pies, para que así nos perdones lo que tardamos. PEDRO: Llegad el pecho y tomad, tomad abrazos y bendiciones. Llama a Brianda y Mencía, vengan, vengan al momento; que es muy grande este contento, y repartirle querría.Va un CRIADO ¿Cómo venís? GUTIERRE: Los caminos nos han tratado muy mal; con fríos. PEDRO: ¿Quién dice tal? En tales años, sobrinos, cuando se anima la edad con el juvenil valor, ¿tienen frío, ni calor los hombres? GONZALO: Así es verdad; y mi primo por sí habló, porque yo no lo sentí. GUTIERRE: Aunque confieso que sí, bien pude pasarle yo. TADEO: (Con el fieltro y mascarilla, Aparte que la tez le conservara, porque piensa que es su cara la flor de la maravilla, y es un puro cordobán.) PEDRO: Galanes venís y buenos; vos, don Gutierre, a lo menos, tan del todo estáis galán, que pueden pensar de vos que así, calzado y vestido, de la corte habéis nacido; galán sois. GUTIERRE: Débolo a Dios; y yo de serlo me precio con particular cuidado. PEDRO: (Si este mozo es confïado Aparte y no es loco, será necio.) Si así el acero os ponéis, si así las armas jugáis, como las galas lleváis, gran caballero seréis. GUTIERRE: También sé blandir la espada y sabré terciar la pica; que a cualquiera cosa se aplica mi persona ejercitada; bien mis fuerzas acomodo a todo. PEDRO: ¿Así? Dios os guarde. GONZALO: No hay valenciano cobarde. PEDRO: (En todo el mundo hay de todo.) Aparte GONZALO: (Ya el humor le ha conocido Aparte mi tío, pues le ha mirado entre atento y admirado.) TADEO: (¡Qué falso está y qué engreído!) AparteSalen doña BRIANDO y doña MENCÍA
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham