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EL NARCISO EN SU OPINIÓN


Personas que hablan en ella:


JORNADA PRIMERA


Salen Don GUTIERRE y TADEO:, lacayo
GUTIERRE: ¿Fue un paje con el recado a mi hermana? TADEO: Bien, por Dios, y a importar que fueran dos, el otro fuera prestado, o fuera yo a la visita; que soy, en talle y en traje, siendo, entre lacayo y paje, un crïado hermofradita. GUTIERRE: Entre necio y mentecato eres más. TADEO: No es maravilla. Dame, dame esa ropilla; ¡qué bien me asienta el zapato! TADEO: Es famoso encubridor de los juanetes lo romo. ¡Bella usanza! GUTIERRE: Necio, y ¿cómo? ¿Téngolos yo? TADEO: No, señor; tiéneslos como la palma. (Y tiene, grandes y tiesos, Aparte en los pies más sobrehuesos que un mal casado en el alma.) GUTIERRE: De molde vino el jubón, bien está. TADEO: Lo mismo digo, pues te hace hasta el ombligo la barriga de algodón; que vuelva la usanza temo de aquellos tiempos. GUTIERRE: Así. ¿No está muy bien? TADEO: Señor, sí; pero a ser con el extremo que algunos, dijera mal --y no me hubiera engañado-- que el ver un hombre preñado no es cosa muy natural. GUTIERRE: Toma el espejo; extremado está el cuello. TADEO: Y en ti puesto, de manera está compuesto, que más parece crïado. GUTIERRE: Baja más, ponle en el suelo; bien el calzón acomodo con la liga. TADEO: Canta todo. GUTIERRE: ¡Oh Madrid, tierra del cielo, y qué bien logrado es en ti el talle y gentileza que dio la naturaleza de la cabeza a los pies! ¿Bien puesto el cabello va? TADEO: En los cascos. (Así esté Aparte lo que adentro no se ve como lo que afuera está.) ¿Bueno está el bigote? TADEO: Bueno, pero sobrado le cuesta al que, como tú, se acuesta como braquillo con freno. GUTIERRE: Dame esa capa; el sombrero, ¿no es muy a la usanza? TADEO: Y es flamante y del portugués. GUTIERRE: Otra vez mirarme quiero. TADEO: Gustarás mucho de verte. GUTIERRE: ¿No ves que cuando me veo la medida del deseo, me contenta con mi suerte? TADEO: (Por los aires anda el seso.) Aparte Sólo tú estás bien con ella. GUTIERRE: Tengo yo felice estrella. Recelo algún mal suceso, si es verdad lo que se dice de aquel, ¿cómo se decía, que dio a la muerte más fría la vida más infelice; pues que se mató bebiendo, y no menos que agua pura, perdido por su hermosura en la fuente. GUTIERRE: Ya te entiendo-- Narciso. Dudoso estoy si esto es verdad. TADEO: Serlo puede. GUTIERRE: Por lo que a mí me sucede, algún crédito le doy. TADEO: Luego, ¿impulsos has tenido de Narciso? GUTIERRE: Y con razón, pues tengo tanta ocasión; pero soy más entendido. TADEO: Guardáraste de las fuentes con cuidado. GUTIERRE: Al menos dejo muchas veces el espejo por hüir de inconvenientes. TADEO: (El hombre está rematado.) Aparte Y ¿sabrásme declarar cómo un hombre puede estar de sí mismo enamorado, y hecho de su fuego abismo, por sí mismo desvelarse, descomponerse, abrasarse y apetecerse a sí mismo? GUTIERRE: Eso disparate fuera, pero al mirarme me holgara si una mujer alcanzara que en todo me pareciera. TADEO: ¿Aunque fuera tan barbada como tú? GUTIERRE: Siendo mujer, ya se ve cuál ha de ser la que miro imaginada, por lo cual dije que dejo, no admitiendo la esperanza, de buscar mi semejanza, al cuidado y el espejo. Quita y pon. TADEO: ¿Hay tal locura? GUTIERRE: ¿La cadenilla? TADEO: Aquí está. Ésta sí que llevará más ojos que tu hermosura. GUTIERRE: Sin ella fuera bastante mi talle: mas dame pena verme el cuello sin cadena, y la mano sin diamante. TADEO: En eso tienes razón; que entre el hablar y el sentir, ese brillar y lucir grandes llamativos son. Mas con brindis semejantes, mira que a dar te condenas cada día cien cadenas, cada hora cien diamantes, o a ser en Madrid tenido por avaro, pues dispones otras tantas ocasiones, que no te dejarán corrido. GUTIERRE: No haré tal, pues con tan buenos gustos, que toman verás de mí lo que siendo más, saben que me cuesta menos. Y así, con bríos ufanos, de estas prendas los despojos pienso dar a muchos ojos y negar a muchas manos. TADEO: ¡Oh, qué gentil arrogancia! Perecerá tu justicia, que vanidad y avaricia hacen grande repugnancia.
Sale don GONZALO
GONZALO: Primo, es hora de advertiros que es tarde; pero, ¿por qué me maravillo, pues sé lo que tardáis en vestiros? Bravo estáis, por vida mía. GUTIERRE: Quizá recebís engaños. GONZALO: Cortesano de mil años parecéis. GUTIERRE: Soylo en un día; que esto más puede y allana de la Corte donde estamos la grandeza, pues llegamos anoche, y esta mañana, casi sin buscarlos, vi en un punto prevenidos, sin número, los vestidos, como hechos para mí, y compré dos, que me están a medida del deseo. GONZALO: Y según eso os veo de cortesano y galán, cesará la competencia, en la Corte, entre mí y vos, que, aunque tan primos los dos, teníamos en Valencia. GUTIERRE: Bien habéis hecho en rendiros y mudar de pensamiento, donde hay más conocimiento de galas. GONZALO: Gusto de oíros; mas es soberbia por Dios, y por ella, aunque no importe, habéis de ver que en la corte vuelvo a competer con vos, pues hice ya prevenciones. TADEO: ¿Cuáles son? ¿Habláis de veras? GONZALO: Entre cuatro faltriqueras repartidos mil doblones. TADEO: Pese a tal, a eso me ajusto. GONZALO: Y echando por el atajo, pienso con menos trabajo comprar no tan caro el gusto. GUTIERRE: ¿Y cómo gusto comprado pensáis que lo puede ser? TADEO: Es amante mercader. GONZALO: Debo tenerle estragado; pero en la corte ver quiero, de mí a vos, cuál más conquista, dando galas a la vista, o a la esperanza dinero; pero han de ser excusados entre los dos los enojos, si en quien vos ponéis los ojos envío yo los recados. GUTIERRE: Sea así, y un desegaño veréis presto en mi verdad. TADEO: Yo ayudo con la mitad, si apostáis. ¡Gracioso engaño! Vencerá la parte tuya, aunque él sea un Cicerón, y un Narciso en la opinión de todos, como en la suya. ¡Qué confianza tan loca! ¡Qué locura tan notable! En Madrid oro y potable desde la mano a la boca, los estados califica, los corazones granjea, los ánimos lisonjea y las sangres purifica. Es de las damas espejo, triaca de la malicia, tirano de la justicia, consejero del consejo. Es ídolo de las gentes, alivio de los afanes, oprobio de los galanes, cuchillo de los valientes, vergüenza de los discretos injuria de los honrados, suspensión de los cuidados y causa de los efectos. Es refulgente, es hermoso, es hidalgo, es bien nacido, es pujante, es atrevido, es valiente, es poderoso, es piadoso y es crüel; y ya afable o ya importuno, del Rey abajo ninguno es tan bueno como él; pero tú, pues te acomodas, rendirás más corazones con el son de dos doblones que no él con sus galas todas. GUTIERRE: Calla, necio, que infinito me enfadas; ello dirá. GONZALO: Y yo también, bueno está, a las obras lo remito. GUTIERRE: ¿Ha sabido que llegamos nuestro tío? GONZALO: Está enojado de no habernos apeado en su casa. GUTIERRE: Pues digamos que el llegar llenos de lodo y tarde, la causa fue; a mi hermana le envié un paje. GONZALO: (Y mi alma y todo Aparte la llevo, por quien destierra todas las penas que pasa.) GUTIERRE: ¿Si habrá ya vuelto a su casa, de su consejo de guerra, nuestro tío? TADEO: Explorador iré a ser, y mientras llego, GUTIERRE: Ve luego. TADEO: Y buen ánimo, señor; que en la competencia espero que has de probar como un Cid. GUTIERRE: A las damas de Madrid daré amor. GONZALO: Y yo dinero.
Vanse. Salen doña BRIANDO y LUCÍA por una puerta, y por otra el MARQUÉS
BRIANDA: Mira por esa ventana si viene. LUCÍA: Está sin recelo. MARQUÉS: Sal del mundo, sol del cielo, bien divino en forma humana. BRIANDA: Aunque tuya, marqués mío, la misma desdicha soy. MARQUÉS: ¿Por qué, mi bien? BRIANDA: Muerta estoy, sin fuerza en el albedrío, sin paciencia en el despecho, sin valor en los agravios; sin palabras en los labios, sólo amor tengo en el pecho. Mis dos primos han llegado, y de mi padre el intento ya lo sabes. MARQUÉS: Ya me siento en ese fuego abrasado; ya estoy con ansia encogida en ese rigor perdido, sin seso para el sentido, sin alma para la vida, sin fuerza para el dolor, de todo remedio ausente, pues como tú solamente en el pecho tengo amor. ¿Puede ser que me destruya tu cruel padre, pues desvía el llegar la mano mía a ser lazo de la tuya? Fuera de no estar cubierto delante el rey, ¿ha llegado ninguno a tener estado ni más rico ni más cierto? ¿No hubiera yo merecido, siendo tuyo, el ser tu esposo, si naciera tan dichoso, como nací bien nacido? Pues, ¿por qué abate mi amor? ¿Por qué me tiene en tan poco? BRIANDA: No hace tal, que no está loco; antes recela, señor, viendo la grandeza tuya, que en tu casa, en tu poder fuera cierto escurecer los blasones de la suya; y así, quiere darme a un hombre que tenga estado menor, en quien conserve mejor su mayorazgo y su nombre. En esto sólo fundó el matarme con dejarte. MARQUÉS: ¿Esposo al fin quiere darte que valga menos que yo? En eso, mi bien, verás lo que desdichado he sido, pues a mí sólo han tenido en menos por valer más. BRIANDA: Muerta en mi desdicha estoy; pero ten seguridad que, aunque muera en su crueldad, seré tuya, pues lo soy; que cuando en tanta aspereza no haya remedio mejor, aunque le sobre rigor, no ha de faltarme firmeza. MARQUÉS: Ya con tal ofrecimiento, no solo, mi cielo hermoso, no estoy muerto de quejoso, pero estoylo de contento. Ya vivo en tu confïanza, pues si mi ventura ve que no te falta la fe, será un monte mi esperanza. BRIANDA: Habla paso.
Sale TADEO
LUCÍA: Atrevimiento es ése. TADEO: No hay que dudar. LUCÍA: ¿Qué quieres hacer? TADEO: Entrar hasta el último. aposento. LUCÍA: ¿Estás loco? ¿Dónde vas? TADEO: Bien preguntas. LUCÍA: ¿Qué hacer quieres? TADEO: Después de entrar. LUCÍA: Di quién eres. Di quién eres. ¿Búrlaste? TADEO: Pregunta más. LUCÍA: ¿Qué haces? TADEO: Pregunta. LUCÍA: Ten; esto de locura pasa. TADEO: Soy de casa. LUCÍA: ¿Y quién de casa? TADEO: Bien preguntas; oye quién. Soy lacayo del sobrino cuyo tío es, por ser suyo, tan mi amo como tuyo. Y esta escalera imagino con bastantes escalones para subirme y entrar. LUCÍA: ¿Qué es aquéllo? TADEO: Hasta el hablar, me sabe bien a empujones.

El Narciso en su opinión part 2

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham