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ACTO TERCERO
Salen ARIAS Gonzalo y la infanta doña URRACA
ARIAS: Mas de lo justo adelantas, señora, tu sentimiento. URRACA: Con mil ocasiones siento y lloro con otras tantas. Arias Gonzalo, por padre te he tenido. ARIAS: Y soylo yo con el alma. URRACA: Ha que murió y está en el cielo mi madre más de un año, y es crueldad lo que esfuerzan mi dolor: mi hermano con poco amor, mi padre con mucha edad. Un mozo que ha de heredar, y un viejo que ha de morir, me dan penas que sentir y desdichas que llorar. ARIAS: ¿Y no alivia tu cuidado el ver que aún viven los dos, y entre tanto querrá Dios pasarte a mejor estado, a otros reinos y a otro rey de los que te han pretendido? URRACA: ¿Yo un extraño por marido? ARIAS: No lo siendo de tu ley, ¿qué importa? URRACA: ¿Así me destierra la piedad que me crïó? Mejor le admitiera yo de mi sangre, y de mi tierra; que más quisiera mandar una ciudad, una villa, una aldea de Castilla, que en muchos reinos reinar. ARIAS: Pues pon, señora, los ojos en uno de tus vasallos. URRACA: Antes habré de quitallos a costa de mis enojos. Mis libertades te digo como al alma propia mía... ARIAS: Di, no dudes. URRACA: Yo querría al gran Cid, al gran Rodrigo. Castamente me obligó, pensé casarme con él... ARIAS: Pues, ¿quién lo estorba? URRACA: ¡Es crüel mi suerte y honrada yo! Jimena y él se han querido, y después del conde muerto se adoran. ARIAS: ¿Es cierto? URRACA: Cierto será, que en mi daño ha sido. Cuanto más si padre llora, cuanto más justicia sigue, y cuanto más le persigue, es cierto que más le adora; y él la idolatra adorado, y está en mi pecho advertido, no del todo aborrecido, pero del todo olvidado; que la mujer ofendida, del todo desengañada, ni es discreta, ni es honrada, si no aborrece ni olvida. Mi padre viene; después hablaremos... mas, ¡ay, cielo! ya me ha visto. ARIAS: A tu consuelo aspira.
Salen el REY don Fernando y DIEGO Laínez y los que les acompañan
DIEGO: Beso tu pies por la merced que a Rodrigo le has hecho; vendrá volando a servirte. REY: Ya esperando lo estoy. DIEGO: Mi suerte bendigo. REY: Doña Urraca, ¿dónde vais? Esperad, hija, ¿qué hacéis? ¿Qué os aflige? ¿Qué tenéis? ¿Habéis llorado? ¿Lloráis? ¿Triste estáis? URRACA: No lo estuviera, si tú, que me diste el ser, eterno hubieras de ser o mi hermano amable fuera. Pero mi madre perdida, y tú cerca de perderte, dudosa queda mi suerte, de su rigor ofendida. Es el príncipe un león para mí. REY: Infanta, callad; la falta en la eternidad supliré en la prevención. Y pues tengo, gloria a Dios, más reinos y más estados adquiridos que heredados, alguno habrá para vos. Y alegraos, que aún vivo estoy, y si no... URRACA: ¡Dame la mano! REY: ... es don Sancho buen hermano, yo padre, y buen padre, soy. Id con Dios. URRACA: ¡Guárdete el cielo! REY: Tened de mí confïanza. URRACA: Ya tu bendición me alcanza. REY: Ya me alcanza tu consuelo.
Vase [doña URRACA]. Sale un CRIADO y entrega al REY una carta. El REY la lee y después dice
REY: Resuelto está él de Aragón, pero ha de ver algún día que es Calahorra tan mía como Castilla y León; que pues letras y letrados tan varios en esto están, mejor lo averiguarán con las armas los soldados. Remitir quiero a la espada esta justicia que sigo, y al mío Cid, al mi Rodrigo, encargalle esta jornada. En mi palabra fïado lo he llamado. ARIAS: ¿Y ha venido? DIEGO: Si tu carta ha recibido con tus alas ha volado.
Sale otro CRIADO
CRIADO: Jimena pide licencia para besarte la mano. REY: Tiene del conde Lozano la arrogancia y la impaciencia. Siempre la tengo a mis pies descompuesta y querellosa. DIEGO: Es honrada y es hermosa. REY: Importuna también es. A disgusto me provoca el ver entre sus enojos, lágrimas siempre en sus ojos, justicia siempre en su boca. Nunca imaginara tal; siempre sus querellas sigo. ARIAS: Pues yo sé que ella y Rodrigo, señor, no se quieren mal. Pero así de la malicia defenderá la opinión, o quizá satisfacción pide, pidiendo justicia; y el tratar el casamiento de Rodrigo con Jimena será alivio de su pena. REY: Yo estuve en tu pensamiento, pero no lo osé intentar por no crecer su disgusto. DIEGO: Merced fuera, y fuera justo. REY: ¿Quiérense bien? ARIAS: No hay dudar. REY: ¿Tú lo sabes? ARIAS: Lo sospecho. REY: Para intentallo, ¿qué haré? ¿De qué manera podré averiguallo en su pecho? ARIAS: Dejándome el cargo a mí, haré una prueba bastante. REY: Dile que entre. ARIAS: Este diamante he de probar.
Al CRIADO
Oye. CRIADO: Di.
El primer CRIADO habla al oído con ARIAS Gonzalo, y el otro sale a avisar a JIMENA
REY: En el alma gustaría de gozar tan buen vasallo libremente. DIEGO: Imaginallo hace inmensa mi alegría.
Sale JIMENA Gómez
JIMENA: Cada día que amanece, veo quien mató a mi padre, caballero en un caballo, y en su mano un gavilán. A mi casa de placer donde alivio mi pesar, curioso, libre y ligero, mira escucha, viene y va, y por hacerme despecho dispara a mi palomar flechas, que a los vientos tira, y en el corazón me dan; mátame mis palomicas crïadas, y por criar; la sangre que sale de ellas me ha salpicado el brïal. Enviéselo a decir, envióme a amenazar con que ha de dejar sin vida cuerpo que sin alma está. Rey que no hace justicia no debría de reinar, ni pasear en caballo ni con la reina folgar. ¡Justicia, buen rey, justicia! REY: ¡Baste, Jimena, no más! DIEGO: Perdonad, gentil señora, y vos, buen rey, perdonad, que lo que agora dijiste sospecho que lo soñáis; pensando vuestras venganzas, si os desvanece el llorar, lo habréis soñado esta noche, y se os figura verdad; que Rodrigo ha muchos días, señora, que ausente está, porque es ido en romería a Santiago. Ved, mirad cómo es posible ofenderos en eso que le culpáis. JIMENA: Antes que se fuese ha sido. (¡Si podré disimular!) Aparte Ya en mi ofensa, que estoy loca sólo falta que digáis.
Dentro un CRIADO y el PORTERO
PORTERO: ¿Qué queréis? CRIADO: Hablar al rey, ¡Dejadme, dejadme entrar!
Sale el primer CRIADO
REY: ¿Quién mi palacio alborota? ARIAS: ¿Qué tenéis? ¿Adónde vais? CRIADO: Nuevas te traigo, el buen rey, de desdicha, y de pesar; el mejor de tus vasallos perdiste, en el cielo está. El santo patrón de España venía de visitar, y saliéronle al camino quinientos moros, y aun más. Y él, con veinte de los suyos, que acompañándole van, los acomete, enseñando a no volver paso atrás. Catorce heridas le han dado que la menor fue mortal. Ya es muerto el Cid, ya Jimena no tiene que se cansar, rey, en pedirte justicia. DIEGO: ¡Ay, mi hijo! ¿Dónde estáis? (Que estas nuevas, aun oídas Aparte burlando, me hacen llorar.) JIMENA: ¿Muerto es Rodrigo? ¿Rodrigo es muerto? ¡No puedo más! ¡Jesús mil veces! REY: Jimena, ¿qué tenéis, que os desmayáis? JIMENA: Tengo...un lazo en la garganta, y en el alma muchos hay! REY: Vivo es Rodrigo, señora, que yo he querido probar si es que dice vuestra boca lo que en vuestro pecho está. Ya os he visto el corazón; reportalde, sosegad. JIMENA: (Si estoy turbada y corrida Aparte mal me puedo sosegar... Volveré por mi opinión... Ya sé el cómo. ¡Estoy mortal! ¡Ay, honor, cuánto me cuestas!) Si por agraviarme más te burlas de mi esperanza y pruebas mi libertad; si miras que soy mujer verás que lo aciertas mal; y si no ignoras, señor, que con gusto, o con piedad, tanto atribula un placer como congoja un pesar, verás que con nuevas tales me pudo el pecho asaltar el placer, no la congoja. Y en prueba de esta verdad, hagan públicos pregones desde la mayor ciudad hasta en la menor aldea, en los campos y en la mar, y en mi nombre, dando el tuyo bastante seguridad, que quien me dé la cabeza de Rodrigo de Vivar, le daré, con cuanta hacienda tiene la casa de Orgaz, mi persona, si la suya me igualare en calidad. Y si no es su sangre hidalga de conocido solar, lleve, con mi gracia entera, de mi hacienda la mitad. Y si esto no hace, rey, propios y extraños dirán que, tras quitarme el honor, no hay en ti, para reinar, ni prudencia, ni razón, ni justicia, ni piedad. REY: ¡Fuerte cosa habéis pedido! No más llanto; bueno está. DIEGO: Y yo también, yo, señor, suplico a tu majestad que por dar gusto a Jimena, en un pregón general asegures lo que ofrece con tu palabra real; que a mí no me da cuidado; que en Rodrigo de Vivar muy alta está la cabeza, y el que alcanzalla querrá más que gigante ha de ser, y en el mundo pocos hay. REY: Pues las partes se conforman, ¡ea, Jimena, ordenad a vuestro gusto el pregón! JIMENA: Los pies te quiero besar. ARIAS: (¡Grande valor de mujer!) Aparte DIEGO: (No tiene el mundo su igual.) Aparte JIMENA: (La vida te doy; perdona, Aparte honor, si te debo más.)
Vanse. Salen el Cid RODRIGO, y dos SOLDADOS suyos, y el PASTOR en hábito de lacayo; y [luego sale un] GAFO dic[iendo el primer parlamento] de dentro, [y después de salir] sacando las manos y lo demás del cuerpo muy llagado y asqueroso
GAFO: ¿No hay un cristiano que acuda a mi gran necesidad? RODRIGO: Esos caballos atad... ¿Fueron voces? SOLDADO 1: Son, sin duda. RODRIGO: ¿Qué puede ser? El cuidado hace la piedad mayor. ¿Oyes algo? SOLDADO 2: No, señor. RODRIGO: Pues nos hemos apeado, escuchad... PASTOR: No escucho cosa. SOLDADO 1: Yo tampoco. SOLDADO 2: Yo tampoco. RODRIGO: Tendamos la vista un poco por esta campaña hermosa, que aquí esperaremos bien los demás; propio lugar para poder descansar. PASTOR: Y para comer también. SOLDADO 1: ¿Traes algo en el arzón? SOLDADO 2: Una pierna de carnero. SOLDADO 1: Y yo una bota... PASTOR: Esa quiero. SOLDADO 1: ...y casi entero un jamón. RODRIGO: Apenas salido el sol, después de haber almorzado, ¿queréis comer? PASTOR: Un bocado. RODRIGO: A nuestro santo español primero gracias le hagamos, y después podréis comer. PASTOR: Las gracias suélense hacer después de comer. ¡Comamos! RODRIGO: Da a Dios el primer cuidado, que aún no tarda la comida. PASTOR: ¡Hombre no he visto en mi vida tan devoto y tan soldado! RODRIGO: ¿Y es estorbo el ser devoto al ser soldado? PASTOR: Sí, es. ¿A qué soldado no ves desalmado o boquirroto? RODRIGO: Muchos hay; y ten en poco siempre a cualquiera soldado hablador y desalmado, porque es gallina o es loco. Y los que en su devoción a sus tiempos concertada le dan filos a la espada, mejores soldados son. PASTOR: Con todo, en esta jornada, da risa tu devoción con dorada guarnición, y con espuela dorada, con plumas en el sombrero, a caballo, y en la mano un rosario. RODRIGO: El ser cristiano no impide al ser caballero. Para general consuelo de todos, la mano diestra de Dios mil caminos muestra, y por todos se va al cielo. Y así, el que fuere guïado por el mundo peregrino ha de buscar el camino que diga con el estado. Para el bien que se promete de un alma limpia y sencilla, lleve el fraile su capilla, y el clérigo su bonete, y su capote doblado lleve el tosco labrador, que quizá acierta mejor por el surco de su arado. Y el soldado y caballero, si lleva buena intención, con dorada guarnición, con plumas en el sombrero, a caballo, y con dorada espuela, galán divino, si no es que yerra el camino hará bien esta jornada; porque al cielo caminando ya llorando, ya riendo, van los unos padeciendo, y los otros peleando.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham