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URRACA: ¡Qué general alegría tiene toda la ciudad con Rodrigo! JIMENA: Así es verdad, y hasta el sol alegra al día. URRACA: Será un bravo caballero, galán, bizarro y valiente. JIMENA: Luce en él gallardamente entre lo hermoso lo fiero. URRACA: ¡Con qué brío, qué pujanza, gala, esfuerzo y maravilla afirmándose en la silla, rompió en el aire una lanza! Y al saludar, ¿no le viste que a tiempo picó el caballo? JIMENA: Si llevó para picallo la espada que tú le diste, ¿qué mucho? URRACA: ¡Jimena, tente! Porque ya el alma recela que no ha picado la espuela al caballo solamente.
Salen el CONDE Lozano y Per ANSURES, y algunos criados
CONDE: Confieso que fue locura, mas no la quiero enmendar. ANSURES: Querrálo el rey remediar con su prudencia y cordura. CONDE: ¿Que ha de hacer? ANSURES: Escucha agora, ten flema, procede a espacio... JIMENA: A la puerta de palacio llega mi padre, y, señora, algo viene alborotado. URRACA: Mucha gente le acompaña. ANSURES: Es tu condición extraña. CONDE: Tengo condición de honrado. ANSURES: Y con ella, ¿has de querer perderte? CONDE: ¿Perderme? No, que los hombres como yo tienen mucho que perder, y ha de perderse Castilla antes que yo. ANSURES: ¿Y no es razón el dar tú...? CONDE: ¿Satisfacción? ¡Ni dalla ni recibilla! ANSURES: ¿Por qué no? No digas tal. ¿Qué duelo en su ley lo escribe? CONDE: El que la da y la recibe, es muy cierto quedar mal, porque el uno pierde honor, y el otro no cobra nada; el remitir a la espada los agravios es mejor. ANSURES: ¿Y no hay otros medios buenos? CONDE: No dicen con mi opinión. Al dalle satisfacción ¿no he de decir, por lo menos, que sin mí y conmigo estaba al hacer tal desatino, o porque sobraba el vino, o porque el seso faltaba? ANSURES: Es ansí. CONDE: ¿Y no es desvarío el no advertir, que en rigor pondré un remedio en su honor quitando un girón del mío? Y en habiendo sucedido, habremos los dos quedado, él, con honor remendado, y yo, con honor perdido. Y será más en su daño remiendo de otro color, que el remiendo en el honor ha de ser del mismo paño. No ha de quedar satisfecho de esa suerte, cosa es clara; si sangre llamé a su cara, saque sangre de mi pecho, que manos tendré y espada para defenderme de él. ANSURES: Esa opinión es crüel. CONDE: Esta opinión es honrada. Procure siempre acertalla el honrado y principal; pero si la acierta mal, defendella y no enmendalla. ANSURES: Advierte bien lo que haces, que sus hijos... CONDE: Calla, amigo; ¿y han de competir conmigo un caduco y tres rapaces?
Vanse, como que entran en palacio. Sale RODRIGO
JIMENA: ¡Parece que está enojado mi padre, ay Dios! Ya se van. URRACA: No te aflijas; tratarán allá en su razón de estado. Rodrigo viene. JIMENA: Y también trae demudado el semblante. RODRIGO: (Cualquier agravio es gigante Aparte en el honrado... ¡Ay. mi bien!) URRACA: ¡Rodrigo, qué caballero pareces! RODRIGO: (¡Ay, prenda amada!) Aparte URRACA: ¡Qué bien te asienta la espada sobre seda y sobre acero! RODRIGO: Tal merced... JIMENA: (Alguna pena Aparte señala... ¿Qué puede ser?) URRACA: Rodrigo... RODRIGO: (Que he de verter Aparte sangre del alma! ¡Ay, Jimena! URRACA: ...o fueron vanos antojos, o pienso que te has turbado. RODRIGO: Sí, que las dos habéis dado dos causas a mis dos ojos, pues lo fueron de este efeto el darme con tal ventura, Jimena, amor y hermosura, y tú, hermosura y respeto. JIMENA: Muy bien ha dicho, y mejor dijera, si no igualara la hermosura. URRACA: (Yo trocara Aparte con el respeto el amor.)
A JIMENA
Más bien hubiera acertado si mi respeto no fuera, pues sólo tu amor pusiera tu hermosura en su cuidado, y no te causara enojos el ver igualarme a ti en ella. JIMENA: Sólo sentí el agravio de tus ojos; porque yo más estimara el ver estimar mi amor que mi hermosura. RODRIGO: (¡Oh, rigor Aparte de Fortuna! ¡Oh, suerte avara! ¡Con glorias creces mi pena!) URRACA: Rodrigo... JIMENA: (¿Qué puede ser?) Aparte RODRIGO: ¡Señora! (¡Que he de verter Aparte sangre del alma! ¡Ay Jimena! Ya sale el conde Lozano. ¿Cómo, ¡terribles enojos!, teniendo el alma en los ojos pondré en la espada la mano?
Salen el CONDE Lozano, Per ANSURES y los criados
ANSURES: De lo hecho te contenta, y ten por cárcel tu casa. RODRIGO: (El amor allí me abrasa, Aparte y aquí me hiela el afrenta.) CONDE: Es mi cárcel mi albedrío, si es mi casa.
[Hablan aparte JIMENA y URRACA]
JIMENA: (¿Qué tendrá? Ya está hecho brasa, y ya está como temblando de frío. URRACA: Hacia el conde esta mirando Rodrigo, el color perdido. ¿Qué puede ser?) RODRIGO: (Si el que he sido Aparte soy siempre, ¿qué estoy dudando?) JIMENA: (¿Qué mira? ¿A qué me condena?) RODRIGO: (Mal me puedo resolver.) Aparte JIMENA: (¡Ay, triste!) RODRIGO: (¡Que he de verter sangre del alma! ¡Ay, Jimena!... ¿Qué espero? ¡Oh, Amor gigante!... ¿En qué dudo? Honor, ¿qué es esto? En dos balanzas he puesto ser honrado y ser amante.
Salen DIEGO Laínez y ARIAS Gonzalo
Mas mi padre es éste; rabio ya por hacer su venganza, ¡que cayó la una balanza con el peso del agravio! ¡Cobardes mis bríos son, pues para que me animara hube de ver en su cara señalado el bofetón!) DIEGO: (Notables son mis enojos. Aparte Debe dudar y temer. ¿Que mira, si echa de ver que le animo con los ojos?) ARIAS: Diego Laínez, ¿qué es esto? DIEGO: Mal te lo puedo decir.
[Per ANSURES habla al CONDE Lozano]
ANSURES: Por acá podremos ir que está ocupado aquel puesto. CONDE: Nunca supe andar torciendo ni opiniones ni caminos. RODRIGO: (Perdonad, ojos divinos Aparte si voy a matar muriendo.) ¿Conde? CONDE: ¿Quién es? RODRIGO: A esta parte quiero decirte quién soy. JIMENA: (¿Qué es aquello? ¡Muerta estoy!) Aparte CONDE: ¿Qué me quieres? RODRIGO: Quiero hablarte. Aquel viejo que está allí, ¿sabes quién es? CONDE: Ya lo sé. ¿Por qué lo dices? RODRIGO: ¿Por qué? Habla bajo, escucha. CONDE: Di. RODRIGO: ¿No sabes que fue despojo de honra y valor? CONDE: Sí, sería. RODRIGO: ¿Y que es sangre suya y mía la que yo tengo en el ojo? ¿Sabes? CONDE: Y el sabello...Acorta razones... ¿qué ha de importar? RODRIGO: Si vamos a otro lugar sabrás lo mucho que importa. CONDE: ¡Quita, rapaz! ¿Puede ser? Vete, novel caballero, vete, y aprende primero a pelear y a vencer; y podrás después honrarte de verte por mí vencido, sin que yo quede corrido de vencerte y de matarte. Deja agora tus agravios, porque nunca acierta bien venganzas con sangre quien tiene la leche en los labios. RODRIGO: En ti quiero comenzar a pelear y aprender; y verás si sé vencer, veré si sabes matar. Y mi espada mal regida te dirá en mi brazo diestro, que el corazón es maestro de esta ciencia no aprendida. Y quedaré satisfecho, mezclando entre mis agravios esta leche de mis labios y esa sangre de tu pecho. ANSURES: ¡Conde! ARIAS: ¡Rodrigo! JIMENA: ¡Ay de mí! DIEGO: (El corazón se me abrasa.) Aparte RODRIGO: Cualquier sombra de esta casa es sagrado para ti... JIMENA: ¿Contra mi padre, señor? RODRIGO: ...Y así no te mato agora. JIMENA: ¡Oye! RODRIGO: ¡Perdonad, señora! ¡Que soy hijo de mi honor! Sígueme, Conde! CONDE: Rapaz con soberbia de gigante, mataréte si delante te me pones; vete en paz. Vete, vete si no quiés que como en cierta ocasión di a tu padre un bofetón te dé a ti mil puntapiés. RODRIGO: ¡Ya es tu insolencia sobrada! JIMENA: ¡Con cuánta razón me aflijo! DIEGO: Las muchas palabras, hijo, quitan la fuerza a la espada. JIMENA: ¡Detén la mano violenta, Rodrigo! URRACA: Trance feroz! DIEGO: ¡Hijo, hijo! Con mi voz te envío ardiendo mi afrenta.
ÉNTRANSE acuchillando el CONDE y RODRIGO, y todos tras ellos, y dice [el CONDE] dentro lo siguiente
CONDE: ¡Muerto soy! JIMENA: ¡Suerte inhumana! ¡Ay, padre! ANSURES: ¡Matalde! ¡Muera! URRACA: ¿Qué haces, Jimena? JIMENA: Quisiera echarme por la ventana. Pero volaré corriendo, ya que no bajo volando. ¡Padre!
Vase JIMENA
DIEGO: ¡Hijo! URRACA: ¡Ay, Dios!
Sale RODRIGO acuchillándose con todos
RODRIGO: ¡Matando he de morir! URRACA: ¿Qué estoy viendo? CRIADO 1: ¡Muera, que al conde mató! CRIADO 2: ¡Prendedlo! URRACA: Esperad, ¿qué hacéis? Ni le prendáis, ni matéis... ¡Mirad, que lo mando yo, que estimo mucho a Rodrigo, y le ha obligado su honor! RODRIGO: Bella infanta, tal favor con toda el alma bendigo. Mas es la causa extremada, para tan pequeño efeto, interponer tu respeto donde sobrara mi espada. No matallos ni vencellos pudieras mandarme a mí, pues por respetarte a ti los dejo con vida a ellos. Cuando me quieras honrar, con tu ruego y con tu voz detén el viento veloz, pára el indómito mar, y para parar el sol te le opón con tu hermosura; que para éstos, fuerza pura sobra en mi brazo español; y no irán tantos viniendo como pararé matando. URRACA: Todo se va alborotando, Rodrigo, a Dios te encomiendo, y el sol, el viento y el mar, pienso, si te han de valer, con mis ruegos detener y con mis fuerzas parar. RODRIGO: Beso mil veces tu mano.
A los criados
¡Seguidme! CRIADO 1: ¡Vete al abismo! CRIADO 2: ¡Sígate el demonio mismo! URRACA: ¡Oh, valiente castellano!
FIN DEL ACTO PRIMERO
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham