This file was last updated on October 25, 1998

LOTARIO:          ¿Qué suerte puede haber hecho
               camino por donde vaya?...
CAMILA:        En pasando de esta raya 
               tengo de pasarte el pecho...

Hace la raya con la daga en el suelo
LOTARIO: ¿Qué te ha podido ofender? CAMILA: ...que aunque aquí verás mejor, en materia de mi honor, cuán alta la puedo hacer, escúchame desde ahí. LOTARIO: ¿Qué te escucho? ¿Cómo agora? ¿No me llamaste, señora? CAMILA: No te turbes, oye. LOTARIO: Di. ANSELMO: (Porque algún mal no suceda Aparte saldré. Mas no puede ser, porque una flaca mujer no hay que temer que matar pueda.) CAMILA: Lotario, Anselmo ¿es tenido por honrado? LOTARIO: Así es verdad. CAMILA: ¿Fue fingida su amistad? LOTARIO: La mayor parte del mundo ha sido. CAMILA: Y yo, en él ¿no soy tenida por honrada? LOTARIO: Sí, señora. CAMILA: ¿Dite ocasión? LOTARIO: Sólo agora. ANSELMO: (¡Ay, Camila de mi vida!) Aparte CAMILA: ¿Antes de ella tus antojos no hallaron de cuerda boca desengaños en mi boca? ¿Pudo engañarte, en tus ojos? Cuando no sirviera el ver lo que a tu honor le obligaba mi marido, ¿no bastaba el serlo de tal mujer? Mira si es bien que castigue, con mano justa y violenta, quien honrado amigo afrenta y honrada mujer persigue. Para esto pues te llamé. Éstos serán mis abrazos. LOTARIO: ¡Señora! CAMILA: ¡Suelta los brazos! LOTARIO: Oye, tente. CAMILA: ¡Sueltamé! Leonela, ayuda. LOTARIO: Extrañeza es la tuya. CAMILA: Y tú eres vil. ¡Ah, flaqueza mujeril, sacad fuerzas de flaqueza! ANSELMO: (¿Quién tal mujer ha tenido?) Aparte LOTARIO: Tente.
A LOTARIO
CAMILA: Llega, abrazamé. Por decir que te abracé delante de mi marido. Ya se cansaron los bríos, ¿que dirán...
A CAMILA
LOTARIO: Dulces abrazos. CAMILA: ....que me desmayo en tus brazos, cuando te matan los míos? Déjame, y pues mi esperanza no logré, a mi corazón le daré satisfacción de que no tomé venganza. Pues para matarte a ti mi valor faltado ha, mayor hazaña será matarme por ello a mí. LEONELA: ¡Tente, señora! LOTARIO: ¿Qué es esto? ¿Quién tal imaginara?
Sale ANSELMO
ANSELMO: ¡Mi bien! (Ella se matara Aparte si no llegara tan presto.) CAMILA: Anselmo, esposo, ¿aquí estás? ANSELMO: Donde bendigo a mi suerte. CAMILA: ¿A mí me excusas la muerte y a Lotario no la das? Del más infame contrario pasa el pecho con la espada. ANSELMO: Para no estar engañada, tú verás quién es Lotario. Dame los brazos y el pecho, y tú lo mesmo has de hacer. En esto echarás de ver si es culpado en lo que ha hecho. CAMILA: Y la poca confïanza veo, que de mí tuviste. LOTARIO: Y que a mí traidor me hiciste. ANSELMO: ¡Fue con tan buena esperanza! Queda en paz, Camila mía. CAMILA: ¿Así me quieres dejar? ANSELMO: Con Lotario celebrar tus alabanzas querría. (¡Qué bien logrado deseo!) Aparte LOTARIO: (¡Qué bien empleado engaño!) Aparte CAMILA: (¡Qué buen remedio a mi daño!) Aparte LEONELA (Yo lo he visto y no lo creo.) Aparte
Vanse ANSELMO y LOTARIO
CAMILA: Ni yo creyera que así me obligara tu cautela. ¿Has visto, has visto, Leonela, en qué me he visto por ti? Muerto tuve el corazón y aun tengo el alma en la boca, que de tu vergüenza poca éstas las reliquias son. Villana, ¿a tu infame amigo por mi aposento has de entrar? De vida puedes mudar si has de pasarla conmigo. No hay pensar que sigas más tan afrentoso cuidado. LEONELA: ¿Tan buen ejemplo me has dado que tanta culpa me das? ¿Tú ofendiendo a tu marido no te sabes conocer, y en quien mío lo ha de ser tan grande la ofensa ha sido? CAMILA: ¡Oh, villana mal nacida!
Dale un bofetón
Pondré vergüenza en tu cara, y si mi honor no mirara, yo te quitara la vida. LEONELA: Esta merced esperaba quien tal señora servía. CAMILA: Quien de sus crïadas fia, de señora se hace esclava. LEONELA: Pues que tu cordura es tan poca, sabré decir mi razón. CAMILA: Si hablas, el corazón te sacaré por la boca.
Vase CAMILA
LEONELA: Tú verás, pues soy mujer, si mi agravio sé vengar.
Sale ANSELMO
ANSELMO: No hay más gusto que esperar, ni más glorias que tener. LEONELA: Ya tengo ocasión de hacello. Furiosa estoy, estoy loca. ANSELMO: Pues al pescuezo la toca y por la espalda el cabello, ¿qué tienes, que voces das? LEONELA: Si me aseguras primero, la verdad decirte quiero. ANSELMO: Sí, aseguro. LEONELA: ¿Dónde vas? ANSELMO: El gran duque me ha llamado, y con priesa voy allá. LEONELA: ¿Y tu esposa dónde está? ANSELMO: Con Lotario la he dejado. LEONELA: Apenas habrás salido de casa, cuando los dos te ofendan. ANSELMO: ¡Válgame Dios! ¿Qué dices? LEONELA: Que fue fingido cuanto viste en tu aposento. Fue traición y fue cautela. ANSELMO: Mira qué dices, Leonela, si adviertes bien lo que siento. LEONELA: Finge salir de tu casa, si crédito no me das, y vuelve luego y verás adónde tu honor se abrasa. ANSELMO: Yo voy ¿Qué hacer? LEONELA: Por aquí. ANSELMO: ¡Ay, mudanzas de Fortuna! LEONELA: Ésta es la puerta. ANSELMO: Ninguna queda abierta para mí. Voy sin alma, voy perdido. LEONELA: ¡Qué ciego va y qué turbado! ¡Jesús! ANSELMO: Pues he tropezado en la puerta, habré caído.
Vase ANSELMO Y sale CULEBRO
CULEBRO: ¿Qué es esto, mi vida? LEONELA: Ya no hay "mi vida." CULEBRO: ¿Qué ha pasado? LEONELA: Todo estaba remediado y todo perdido está. Yo fui causa de este efeto, y ya estoy arrepentida. CULEBRO: ¿Cómo? LEONELA: Loca de ofendida he descubierto el secreto. Dije a Anselmo lo que pasa, y que se fue habrá fingido de casa, y si se ha escondido, tiene de arderse esta casa. CULEBRO: ¿Qué hiciste, Leonela? ¡Ay, triste! Para tanto mal conviene remedio. LEONELA: Ninguno tiene. CULEBRO: ¿Qué hiciste, loca, qué hiciste? LEONELA: Con penas lo estoy pagando. CULEBRO: ¿Podrá remediarse agora? LEONELA: ¿Cómo, si ésta es la hora que quizá se están matando? CULEBRO: No sé lo que pueda hacer debajo de las estrellas. Alabardas son aquellas el gran duque debe ser. Quiero avisarle, y si puedo, con hacerlo daré modo de que no se pierda todo.
Vase CULEBRO
LEONELA: Muerta me dejas de miedo. Nunca ser me hubieran dado, pues tan villana he nacido. ¡Que tan sin seso haya sido quien tanto mal ha causado!
Hay ruido dentro de espadas y hablan ANSELMO, LOTARIO y CAMILA dentro
CAMILA: ¡Jesús! ANSELMO: ¡Amigo alevoso! ¡Y tú, adúltera insolente! CAMILA: ¡Jesús mío! LOTARIO: ¡Anselmo, tente! ¡El defenderme es forzoso!
Sale CAMILA sin chapines y descompuesta cabello y ropa
CAMILA: ¡Ay, infelice mujer! ¿Por dónde podré escaparme? ¿De qué ventana arrojarme y en qué profundo caer?
Salen los dos diciendo esto
ANSELMO: Lotario, muerto me has, pero muerto he de matarte. LOTARIO: No me sigas. ANSELMO: Alcanzarte quisiera, y no puedo más

Mas...yo la culpa he tenido.

Cáese
LOTARIO: Ven, Camila.
Salen el DUQUE, la DUQUESA, ALABARDEROS, y todos, hombres y mujeres que hubiere, y el CAMARERO
DUQUE: Tente. CAMARERO: Tente. DUQUE: Matalde. ANSELMO: No, Duque mío, oíd primero. DUQUE: Prendedle. ANSELMO: Era Lotario mi amigo, y, celoso impertinente, en la ocasión que les di despeñáronse. Afrentéme. Que Camila ni Lotario no son bronce ni son nieve. Fue siempre mi grande amigo, y el darme agora la muerte fue la mayor amistad que en su vida pudo hacerme. Y, pues mi culpa conozco, y me imagino de suerte que por el alma no salga, me importa apretar los dientes, para morir consolado de vuestras altezas. Denme palabra que han de cumplir lo que en su presencia ordene. DUQUE: Yo la doy. DUQUESA: Y yo también. ANSELMO: Cúmplase inviolablemente. DUQUE: Yo lo juro. DUQUESA: Y yo lo juro. ANSELMO: Es, señor, que de mi muerte alcance el perdón Lotario, para que después hereden él y Camila, casados, como mis gustos, mis bienes. ¿Dáisme esa palabra? DUQUE: Sí. ANSELMO: Yo muero. ¡Jesús mil veces! Camila, Lotario... adiós. DUQUE: Ya es muerto, no hay quien no quede con extraña admiración. DUQUESA: Hasta los cielos la tienen. CAMILA: Mal haya mil veces yo, que tuve culpa en su muerte. LOTARIO: ¡Oh amigo más verdadero que se ha visto entre las gentes, quién no te hubiera ofendido! Mas la culpa tú la tienes. DUQUE: Y yo quiero, en este punto, para que memoria quede de este suceso a los hombres, que se cumpla puntualmente lo que sobre mi palabra ordenó Anselmo que hiciese. Dale a Camila la mano. LOTARIO: Pues ya remedio no tiene, yo la doy. CAMILA: Y yo la tomo porque me anime y consuele. LEONELA: Y tú y yo, ¿nos casamos? CULEBRO: Aunque a todo el mundo pese. Y aquí la comedia acaba del Curioso impertinente.

FIN DE LA COMEDIA

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham