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LOTARIO:          ¡Qué mal descansa con celos
               un amante! No he podido
               sosegar.
DUQUE:                 ¿Oyes rüido?

Echan una escala y baja CULEBRO por ella
CULEBRO: ¿Viste gente? LEONELA: Quedo. LOTARIO: ¡Ay, cielos! LEONELA: ¡Ay, que es Lotario! LOTARIO: ¡Ah, traidora! LEONELA: Y más gente. ¡Ay, Dios! ¿Qué haré? LOTARIO: ¿Por dónde, por dónde fue? CAMARERO: ¡Tente! LOTARIO: ¡Ay, de mí! ¿Qué haré agora? DUQUE: ¿No es Lotario? CAMARERO: Sí, señor. ¿Matarémosle? DUQUE: Esperad, que corre mi autoridad peligro, vení. ¡Ah, traidor! TORCATO: ¡Que bajase por la escala! CAMARERO: Es sin duda DUQUE: ¡Oh, alevoso! Tú eres mil veces dichoso, Camila mil veces mala.
Vanse el DUQUE y los otros, y quédase LOTARIO
LOTARIO: ¿Qué me ha pasado? ¿Qué es esto? ¿No habló el camarero? Sí. ¿Y el duque no conocí en mi daño tan dispuesto? Él bajó por la escalera, y esperándolo estarían los dos que con él venían. Muera, pues, mi vida, muera. Del instrumento crüel es bien que me ahorque yo; mas, quien la ocasión me dio, aun no me deja el cordel.

Los palos y cordeles, que son gradas y grados de tu gloria, no fueron tan crüeles al cuello, como son a la memoria, donde a falta de soga me aprieta el palo y el cordel me ahoga. ¡Con qué razón temía de tal competidor las ocasiones! Yo, ingrata, lo decía, y tú, tierna a mis quejas, ¿qué razones mezclaste con tu llanto, que tanto afligen y engañaron tanto? ¡Qué terrible congoja! ¡Qué furioso mortal desasosiego! ¿Qué haré? Todo me enoja, todo soy pena y llanto y todo fuego, que este agravio importuno cuatro elementos ha juntado en uno. ¡Qué venganza apercibo! Viva el duque sin alma y pierda el gusto, pues que sin alma vivo; tema Anselmo celoso el trato injusto y pondrá, si se abrasa, cerrojos y candados a su casa. No le diré, estoy loco, que he ya gozado su villana esposa, ni lo que vi tampoco, mas dejaréle el alma temerosa con decir que la tengo rendida, y que le aviso y le prevengo. Tratará de cerrarla, que ni la mire el sol ni toque el viento, y no podrá gozarla nadie, ni aun yo. ¡Extraño pensamiento! Que cosa tan querida más bien está dejada que partida. ¡Pero qué divertido me tienen los rigores de estos celos! El sol recién nacido tiende su capa por los anchos cielos, y yo en la calle espero. Voy a matar, pues que rabiando muero.

Vase, y sale ANSELMO con dos CRIADOS, todos vestidos de cazadores
ANSELMO: ¿Está todo apercebido? CRIADO 1: Los caballos con sus sillas, los perros en sus traíllas. ¿Que Lotario no ha venido? CRIADO 2: No, tarda. ANSELMO: Venir podría, porque el día no se pierda. La caza es locura cuerda cuando es apacible el día. Mas si es áspero, y después se cierra la noche oscura, sin duda que la locura más necia del mundo es.
Sale LOTARIO
Lotario, ¿se os ha olvidado el concierto para hoy? LOTARIO: En otras cosas estoy desde anoche desvelado. ANSELMO: ¿Qué cosas? LOTARIO: Manda salir los criados. ANSELMO: Salíos fuera.
Vanse los CRIADOS
Decid. LOTARIO: Al cielo pluguiera que muriera sin decir. Toda la noche he dudado si os diría lo que os digo, pero el ser piadoso amigo se ha rendido al serio honrado. Sabed que vuestra mujer... ANSELMO: Lotario, espera, ¿qué siento? Déjame tomar aliento. LOTARIO: También lo he yo menester. ANSELMO: Di. LOTARIO: Ya digo. ANSELMO: ¡Ay, Dios! ¿Qué es esto? No digas... LOTARIO: Tu gusto hago. ANSELMO: Mas si es de la muerte el trago, mejor es pasarlo presto. Di, amigo. LOTARIO: Ya tu esposa se ha rendido a mis porfias. Vila andar algunos días entre amante y recelosa, y siempre te lo he callado, por pensar que era ilusión, hasta ver su corazón en tu ofensa declarado. Entre ciegos desvaríos me ha ofrecido sus despojos, mas porque vean tus ojos si se engañaron los míos, pues ya te habrás despedido para partirte a cazar, mira si tienes lugar por dónde ver escondido cómo me espera tu esposa en tu cama... ANSELMO: ¡Ay, desventura! LOTARIO: ...dando causa a su locura tu impertinencia curiosa. Y perdona si llegó a esto el mal que te condena, que la culpa de esta pena tú la tienes y no yo. ANSELMO: Lotario, tú has procedido como amigo tan honrado, y yo--¡ay, triste!--he procurado la afrenta en que me he perdido. Mas yo mismo la he de ver y acabarme de matar. LOTARIO: Pues di que vas a cazar y vete luego a esconder. ANSELMO: Yo voy, Lotario, yo voy a morir en esta guerra, si antes no impide la tierra los muertos pasos que doy.
Vase ANSELMO
LOTARIO: ¡Ay de mí, ya estoy cobarde advirtiendo que estoy ciego!
Sale LEONELA
LEONELA: Lotario, temblando llego por pensar que llego tarde. Aunque no pienso de ti que tan crüel hayas sido, que tras haberte servido en tus amores de mí, mis servicios olvidados le hayas dicho a mi señor mis yerros, que son de amor, aunque no son tan dorados. Lo que te suplico agora, si es que tan cuerdo anduviste, es que lo que anoche viste no lo sepa mi señora. LOTARIO: ¿Cómo? ¡Ay, suerte rigurosa!
Sale CULEBRO
¿Qué queréis, Culebro vos? CULEBRO: Oye, señor, a los dos, que es todo una mesma cosa. De tu discreción no siento que nunca de ver te alteres desenvoltura en mujeres y en hombres atrevimiento. Y así no te habrá ofendido, si cuando amor nos desvela, la desenvuelta es Leoncla y yo soy el atrevido. En su aposento me esconde, donde al entrar puedo ir, pero más tarde, el salir por fuerza ha de ser por donde viste que anoche salía, y por la escala bajaba. LOTARIO: ¿Tú fuiste? ¡Desdicha brava! Yo soy el que no sería. Yo estuve sin seso, ¡ay, cielos! ¡Oh, celos, pena infernal! ¡Desventura general de la tierra son los celos! LEONELA: ¿Qué dices? LOTARIO: Perdido soy. CULEBRO: ¿Qué tienes? LOTARIO: Muerto me hallo. Que me ensillen un caballo di en mi casa. Ve. CULEBRO: Ya voy. LOTARIO: Y yo te diré después a qué efeto le prevengo. CULEBRO: ¿Uñas pides? Uñas tengo en las manos y en los pies. LOTARIO: Pero en la sala me espera, que viene Camila agora.
Sale CAMILA
CAMILA: ¡Lotario! LOTARIO: Mi bien, señora, porque rabiando no muera, dame una muerte piadosa. Mátame con este acero. CAMILA: ¿Qué dices? Mi bien, yo muero de verte. LOTARIO: Camila hermosa, ya no permiten los cielos que haya remedio en mis daños. Unos visibles engaños me dieron mortales celos. Ceguéme, tocó a rebato en el alma su rigor y supo Anselmo tu amor. CAMILA: ¿Y ha sabido nuestro trato? LOTARIO: Sólo el amor ha sabido que nos tenemos los dos. LEONELA: ¡Guay de mí! CAMILA: ¡Válame Dios! LOTARIO: Y en tu retrete escondido espera ver, desde allí, lo que yo le aseguré. CAMILA: Gran pensamiento encontré, no te aflijas. LOTARIO: ¿Cómo así? CAMILA: Remediaré tus locuras y mis desdichas también. LOTARIO: ¿De qué suerte? CAMILA: Escucha, ven, Leonela. LOTARIO: ¿A qué te aventuras? CAMILA: Dime bien lo que ha pasado, diréte lo que has de hacer. LEONELA: ¡Qué no puede una mujer cuando quiere! LOTARIO: ¡Ah, desdichado!
Vanse y sale ANSELMO
ANSELMO: A ver mi afrenta y mi daño ¿dónde me podré esconder? ¡Qué ciego voy! ¿Qué he de hacer? Pero aquí, si no me engaño, hay un hueco en la pared, de una de estas colgaduras cubierta. Paredes duras, de enternecidas caed, porque según llego a verme de congoja y de dolor, pienso que fuera mejor enterrarme que esconderme. Mas ya en mis penas extrañas las paredes sin sentidos, para que les diese oídos debieron de darme entrañas.
Salen CAMILA y LEONELA
LEONELA: Señora, ¿que tal rigor te obliga y tal pensamiento? Es grande el atrevimiento. CAMILA: También es grande el valor. Favor me da y no consejo. Llama a Lotario. ANSELMO: (Estoy loco.) Aparte
Todo lo dice ANSELMO aparte y escondido
LEONELA: Espera, sosiega un poco. CAMILA: Déjame ya. LEONELA: Ya te dejo. CAMILA: ¿Qué ha visto Lotario en mí, aunque me adoró tres años? Para sus nuevos engaños, ¿qué nueva ocasión le di? ¿Vióme liviana? ¿Soy loca? ¿Halló puerta en mi enojos el hechizo de sus ojos y el encanto de su boca? ¿No sabe el ser y el valor de mi esposo, a quien adoro? ¿Y no ve que es su decoro el sagrado de mi honor? ANSELMO: (¡Ay, cielo!) Aparte CAMILA: ¿En qué confïanza ha su locura fundado? ANSELMO: (¡Cómo, ya desesperado, Aparte vuelvo a tener confïanza!) LEONELA: Con todo es mucha crueldad. ¿El decírselo a tu esposo no es mejor? CAMILA: De este alevoso es hechizo la amistad, y tanto en ella y en él confía su pasión loca, que no pude con mi boca acreditar un papel, y si otra vez se lo digo me dirá que son antojos. LEONELA: Haz que lo vean sus ojos. CAMILA: ¿No adviertes a qué le obligo? ¿Ponerle en tal ocasión, si le adoro, he de querer? Por mi mano he de romper las alas de un corazón que las dio a tan mal deseo.
A CAMILA
LEONELA: ¡Qué bien finges! ¡di más, di! ANSELMO: (A mi desdicha creí Aparte y a mi ventura no creo.) CAMILA: Corre, llama a ese traidor, vuela. LEONELA: Mira que te ciegas. CAMILA: De las romanas y griegas hoy escurezco el valor. Ve y llámale con presteza. LEONELA: Habré de seguir tu antojo.
Vase LEONELA
CAMILA: Porque si pasa el enojo, no desmaye la flaqueza. Hoy mi esposo y enemigo con este acero han de ver, escrito en sangre, qué es ser fiel esposa y falso amigo. Y quitaré de este modo a mi Anselmo, en recompensa, el peligro de la ofensa y el de la venganza, y todo, que le adora el alma mía y a todo se ha de obligar. ANSELMO: (Acabábame el pesar Aparte y acábame el alegría.)
Salen LOTARIO y LEONELA

El curioso impertinente part 9

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham