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ACTO TERCERO


Salen la DUQUESA, CAMILA:, LEONELA, CLAUDIA,y JULIA, criadas de la DUQUESA. Siéntanse todas en un estrado, y la DUQUESA en una silla, y CAMILA: a sus pies
DUQUESA: Tenéis de buenos casados opinión notable. CAMILA: Son muy conformes los cuidados. (¡A cuántos tiene engañados Aparte en el mundo la opinión!) DUQUESA: Estaréis entretenidos con gusto. Y entre los dos ¿corren celos? CAMILA: Ni aun fingidos los vemos, gracias a Dios. DUQUESA: Ellos pierden los maridos. Yo, que ya su esclava soy, ni los sufro ni los dejo. CAMILA: Sin ellos, señora, estoy, que, tomando tu consejo, ni los tengo ni los doy. LEONELA: Si puede tener y dar a su gusto, mucho hace. DUQUESA: Cuando se puede pasar el querer sin el celar, mucho agrada y mucho aplace. Y el tiempo que sin marido estás ¿qué sueles hacer? CAMILA: En mi rincón encogido, en mi labor, suele ser, si gastado, no perdido, y estoy entre mis mujeres. DUQUESA: Con tal gusto y tal cuidado, ejemplo de todas eres. CLAUDIA: Donaire tiene extremado. JULIA: Prosigue el cuento, no esperes. DUQUESA: Bien haces, que siempre ha estado a la mujer la almohadilla como la espada al soldado. Por ver si te maravilla quiero mostrarte un bordado. CAMILA: Merced me harás si me enseñas cosa que será curiosa, pues que tú no la desdeñas. DUQUESA: Pareceráte graciosa, por ser de manos pequeñas. CAMILA: ¿Son las de Belucha? DUQUESA: Sí. CAMILA: En tal edad tal primor asombra. DUQUESA: A Belucha di que venga con su labor. JULIA: Ya ella asoma por allí, que debe de haberte oído y ya presurosa viene y su labor ha traído. CAMILA: Tiene un gran donaire y tiene un alma en cada sentido.
Sale BELUCHA con su almohadilla y llégase a la DUQUESA
CAMILA: ¿Qué hacéis, Belucha? BELUCHA: Aprisa para mi señora bordo unos pechos de camisa. CAMILA: ¿Hay tal lengua? DUQUESA: La de un tordo no da tal gusto y tal risa. CAMILA: Lindos son, a tus razones parecen. BELUCHA: Parecen hechos de mis manos. CAMILA: Sal les pones. BELUCHA: He aprendido a bordar pechos por granjear corazones. CAMILA: Y ¿cuál es el granjeado? BELUCHA Granjeo el de mi señora. DUQUESA: ¿Y no has agora acertado? ¿Erró aquí? CLAUDIA: Verélo agora. CAMILA: Donaire tiene extremado.
A CAMILA
BELUCHA: Dice el duque, mi señor, que no sepa mi señora extremos de tu rigor. CAMILA: Natural embajadora pareces del niño Amor. BELUCHA: Y vos rigurosa estáis, pues que con tal acedía a tan gran amor pagáis. CAMILA: ¿Hay tal cosa, vida mía? ¡Qué temprano comenzáis! DUQUESA: ¿Qué es Belucha? BELUCHA: A preguntar le llegué, si de mi mano puedo en esto confïar, y respondió que temprano he comenzado a bordar. CAMILA: ¿Viéronse tales extremos? Notable tiempo alcanzamos. DUQUESA: Agora al nacer sabemos, y así tan presto llegamos al fin para que nacemos. CLAUDIA: El duque viene. CAMILA: (Y con él Aparte viene el alma de esta vida. ¡Ay, mi Lotario!)
Sale el DUQUE, ANSELMO, LOTARIO, el CAMARERO y otros
DUQUE: (¡Ay, crüel Aparte y bellísima homicida!) ANSELMO: (¡Ay, querida esposa fiel! Aparte ¡Ay, soberanos depojos!) LOTARIO: (¡Ay, Camila de mi alma!) Aparte CAMILA: (¡Ay, Lotario de mis ojos!) Aparte DUQUE: (¡Qué ingratitud y qué calma!) Aparte DUQUESA: (¡Qué necio mirar, qué enojos! Aparte No puedo sufrillo.) Vete, que me duele la cabeza, y déjame en mi retrete primero. CAMILA: Como tu alteza me lo manda, serviréte. DUQUE: Tan presto os váis? DUQUESA: Sí, señor, estoy indispuesta. DUQUE: ¡Ay, cielos,
Vanse, y queda el DUQUE y el CAMARERO
que me consume este ardor, y de mi mujer los celos precipitaron mi amor! Dame consejo, Marcelo, pues sabes el mal que paso. CAMARERO: Quisiera darte consuelo. DUQUE: Allí con nieve me abraso, y aquí con brasas me hielo. CAMARERO: Y es lo peor que esa nieve no es para todos tan fría. DUQUE: ¿Quién la derrite o la bebe? ¿Quién a mi pecho la envía? ¿Quién por mis ojos la llueve? CAMARERO: Sosiégate y, con recato, si querrás, podrás saber si es cierto su injusto trato. DUQUE: ¿Y cómo, cómo ha de ser? CAMARERO: Dando licencia a Torcato, que ya en la sala la espera. DUQUE: Entre luego, venga luego.
Vase el CAMARERO
Si es ansí, ¿quién tal creyera? Si es así, ¿quién estuviera, como yo, dos veces ciego?
Entran TORCATO y el CAMARERO
¡Torcato! TORCATO: ¡Señor! DUQUE: Amigo, sin recelo. TORCATO: Confïado en esa palabra, digo que como me vi obligado a matar un enemigo que viéndome sin espada, cuando conmigo riñó, me dio aquella cuchillada, iba preocupado yo cómo hacer una venganza honrada, y ansí en la calle rondando de Anselmo, en una ventana de su casa vi colgando una escala, y diome gana de ver el fin, y esperando, vi luego bajar por ella un hombre, y como le vi, sin que alumbrara una estrella, de lejos no conocí quién era, y volviendo a vella, en un punto la subieron y asombrado me dejaron. DUQUE: Si sombras no te engañaron, mil veces dichosos fueron pues que por ella bajaron. TORCATO: Si tú gustas de salir será posible el saber la verdad. DUQUE: Así ha de ser. Lo que no puedo sufrir aun no visto, quiero ver. Ven a la hora que podría ser mejor. TORCATO: Si a las tres quieres, será buena. DUQUE: ¡Ay, pena mía! Mal haya el hombre que fía de honra y lealtad de mujeres.
Vanse. Salen CULEBRO y LEONELA
LEONELA: ¡Quién, con ocasión más llana, de ti pudiera gozar! CULEBRO: La que tengo es soberana. ¿Hay tal gusto como hallar aquí puerta, allí ventana? Buena hora es ésta. LEONELA: No es mala, entra a esconderte y espera. CULEBRO: ¿Qué gusto al mío se iguala? Subir por una escalera y bajar por una escala.
Salen CAMILA y LOTARIO
LEONELA: Vete, y razones ataja.
Sin ver a CULEBRO
CAMILA: Lotario, amigo, señor. CULEBRO: Otra pareja. Ventaja nos lleva, porque es mayor. Quiero meterme en baraja.
Vase CULEBRO
LOTARIO: ¡Ay, Camila!, mal me trata la sombra de esta quimera, a tus glorias tan ingrata. El Duque, que persevera en tus amores, me mata, que después que oí en su boca aquella razón, me admira, y con pasión ciega y loca celo al sol porque te mira y al viento porque te toca. CAMILA: Cuando el sol y cuando el viento traen tu nombre a mis oídos, y tu gloria al pensamiento, cuando en todos mis sentidos sólo a ti, Lotario, siento, cuando el gusto que te doy se mide con tu esperanza, cuando toda tuya soy, ¿con tan poca confïanza me tratas? Corrida estoy porque tú debes temer de la ligereza mía, que el honor de la mujer con el mismo a quien le fía la opinión suele perder. Y si éstos tus celos son, mal de mis cosas arguyes, pues con tan poca razón a mi flaqueza atribuyes la fuerza de la ocasión. LOTARIO: Baste, mi bien, el rigor de tu enojo es temerario. Ya fio de tu valor, que aunque es tan fuerte el contrario, es más fuerte el defensor. Y el celarte no es mostrar que en ti no estoy confïado; mas quien ama sin celar, no da apetito al cuidado, o no sabe qué es amar. Mas pues arrojan tus cielos tales rayos de venganza, desterraré mis desvelos, colgando en tu confïanza a la vergüenza mis celos. CAMILA: Sois mi gloria. LOTARIO: Y mi bien vos. LEONELA: ¡Señora! Dentro CAMILA: Leonela llama. LEONELA: No hay apartar a los dos. CAMILA: ¿Dónde está Anselmo? Dentro LEONELA: En la cama. Ve, que es tarde. CAMILA: Adiós. LOTARIO: Adiós.
Vanse. Salen el DUQUE, el CAMARERO y TORCATO
DUQUE: No vi mayores nublados. TORCATO: Éstas las espaldas son de la casa, y un balcón, también los hierros dorados, del antecámara es donde se toca y compone Camila, y en él se pone la escala. DUQUE: Dichosos pies. ¿Adónde podremos ver y esperar mi desventura? Porque noche tan obscura no vi en mi vida ¡Ah, mujer! TORCATO: Bien es estar apartados, que si de arriba nos ven, no bajarán. DUQUE: Dices bien. ¡Ay, soles, mal empleados! ¡Ay, apariencia fingida, sordo mar, muda escopeta, que con pólvora secreta me habéis quitado la vida!
Sale LOTARIO

El curioso impertinente part 8

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham