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ACTO SEGUNDO
Salen CAMILA: y LEONELA: LEONELA: Mucho le amaste. CAMILA: Es verdad, pero de mi honor el brío venció, con libre albedrío, la cautiva voluntad. LEONELA: `¿Ya no lloras? CAMILA: Ya no lloro. LEONELA: ¿Y quieres a tu esposo? CAMILA: Sí. LEONELA: ¿Tibiamente? CAMILA: Como a mí. LEONELA: ¿Tanto le quieres? CAMILA: Le adoro. LEONELA: Milagro del cielo ha sido haberse tu amor pasado de un querido a un desdeñado, y de un galán a un marido. CAMILA: ¿Para eso fue menester milagro? Si es natural ir al bien, hüir del mal la que es honrada mujer. Este honrado pensamiento tuvo principio en mi honor. Luego el discurso mejor alumbró el entendimiento. Vi que amor de un solo día al de mil se adelantaba, en uno que me dejaba y en otro que me queria. Y con causas de olvidar, y efectos de agradecer, pude al uno no querer y pude al otro adorar; y como el cielo me dio un marido sin segundo, no tiene mujer el mundo con más contento que yo. LEONELA: A verte vienen los dos. Pon límite a tus antojos. CAMILA: ¡Con qué diferentes ojos les miro, gracias a Dios!Salen LOTARIO y ANSELMO ANSELMO: No se os puede perdonar tan larga ausencia. LOTARIO: Sí haréis, pues en vuestras cosas veis que yerro por acertar. ANSELMO: Con todo muy mal me trata.Sale CULEBRO ¿Qué hay, Culebro? LOTARIO: Escuchamé.Háblanse al oído Como en mal de amores sé que el ausencia cura o mata, puse la vida en su mano para curar o morir, y en no muriendo al partir, era cierto el volver sano. CAMILA: Ya llegan. LEONELA: Y pienso ya que tu sangre se alborota. CAMILA: No por cierto, ni una gota. Como antes se estaba, está. ANSELMO: Llegad, que también mi esposa me ha de ayudar a reñiros. LOTARIO: A los dos he de serviros. (Siempre me parece hermosa; Aparte con todo, en mi fantasía, a contemplalla me obligo como a mujer de mi amigo y no como dama mía.) CAMILA: Amigo, esposo, señor. ANSELMO: Cielo hermoso y soberano. CAMILA: Deja besarte la mano. ANSELMO: Eso a mí me está mejor. LEONELA: Español, y vos ¿qué hacéis? CULEBRO: Por hacer estoy perdido. CAMILA: Seas, Lotario, bien venido. LOTARIO: Cien mil años os gocéis. ¿Tienes salud? CAMILA: Salud tengo. LOTARIO: Ya tu contento da indicio. CAMILA: ¿Vienes bueno? LOTARIO: A tu servicio. Me fui malo y bueno vengo. ANSELMO: Camila, riñe a Lotario el dejarnos tantos días. CAMILA: Bien merece quejas mías quien de tu gusto es contrario. Mal lo ha hecho, ya eso pasa de ser ingrato, sabiendo lo que a ti te debe, y viendo lo que le debe esta casa. ANSELMO: Sólo se me debe a mí pagar con intentos buenos mil deudas. CAMILA: Yo, por lo menos, le debo el tenerte a ti. LOTARIO: Con el gusto que me toca de veros, quedo pagado y contento. ANSELMO: Habéisme dado mil gustos con cada boca y quedo bien satisfecho de ver con cuánta hermandad este amor y esta amistad pueden caber en mi pecho. CAMILA: Que soy tu esclava imagina. LOTARIO: Y yo sombra de tu sol. LEONELA: ¡Determinado español! CULEBRO: ¡Juguetona florentina!Mirándose por detrás de sus amos los dos LEONELA: ¡Qué tierna correspondencia de vista! CULEBRO: ¡Qué colear de ojos, dulce mirar. Parece España Florencia! ANSELMO: Y en el viaje, ¿os ha ido bien? LOTARIO: Muy bien, pues lo he pasado con el donaire extremado de Culebro. CULEBRO: Hete servido, y sé lo que en ello gano, comiendo todo el camino cansalata, que es tocino. LOTARIO: Con su hablar italiano alborota una posada. ANSELMO: Bravo italiano estás. CULEBRO: De español no tengo más que las plumas y la espada. Sé que es piñata la olla, y tiano la cazuela, y que es la sartén padela, vino el vin, las berzas folla, y la ensalada, ensalata, y pane tosto el pan duro, y la manteca, baturo, y el medio azumbre, canata. Caso el queso, brodio el caldo, y presutos los perniles, y luchernas los candiles, y el pillatelo, tomaldo. Cama el leto, y blanda mola, y bujarrón el ventero. CAMILA: Gracia tiene. LOTARIO: Bien le quiero. (Brava nación la española.) Aparte CAMILA: Esa lengua has de aprender, que está muy bien en tu boca. CULEBRO: Lo que al ministerio toca del dormir y del comer aprendí en suma tan corta, que como este fin consiga, si en lo demás que les diga no me entienden, poco importa. LOTARIO: Bien dice. ANSELMO: Dice rebién.Hace una reverencia CAMILA a su marido y a LOTARIO para irse Camila, ¿queréis dejarme? CAMILA: Porque tengo en qué ocuparme, y porque es justo también que hablen solos dos amigos que ha tanto verse esperan. ANSELMO: Vuestros ojos no pudieran ser enojosos testigos.A CULEBRO, de paso LEONELA: Mucho gustaré de hablarte. CULEBRO: Y yo más de responderte.Vanse todos, dejando a LOTARIO y ANSELMO solos ANSELMO: ¡Ay, cielos! LOTARIO: ¿En vez de verte contento, te oigo quejarte?ANSELMO: ¿Ves que tengo en esta casa tan arrogante apariencia de gustos no imaginados y de no vistas riquezas, en estos techos labores artificiosas y bellas, y en estos cuadros vencida la humana naturaleza, por estos suelos alfombras, por estas paredes telas, brocados en estas camas, plata y oro en estas mesas, cristal en estas ventanas, por estos rincones perlas, diamantes en unas manos y en ellas mismas belleza, en aquel rostro deidad y en este pecho firmeza, y ves que a mi esposa adoro y soy adorado de ella? Pues no estoy contento. LOTARIO: ¿Cómo? ANSELMO: Una locura, una fuerza fatal me obliga y me pierde, me descompone y me ciega. Celos me abrasan el alma y en Camila me dan pena hasta el sol si alegre mira, y el viento si manso llega, sin tener otra ocasión, porque ella es honrada, es cuerda, recogida, recatada, prudente, sabia y discreta. LOTARIO: Eso, perdóname, Anselmo, más parece impertinencia que celos. ANSELMO: No está en mi mano, y escúchame, porque adviertas que esto todo son temores o desdichas venideras, que tan con tiempo las pasa quien tan sin tiempo las piensa. Pienso, aunque es buena mi esposa, que podría no ser buena, y este solo "puede ser" me aflige como si fuera; que si el que estima una espada no se atreve a fïar de ella, sin ver que en mil ocasiones ni se tuerce ni se quiebra, y en la espada, que es de acero, son menester estas pruebas, cuanto y más en la mujer, que es de lana la más cuerda. Mataráme esta congoja, si con curiosa experiencia no acrisolo su valor y doy toque a su firmeza. Ésta, siendo con mi honor, sólo otro yo puede hacerla, que eres tú, Lotario, amigo, de quien fío esta flaqueza. Tú has de probar si es mi esposa tan honrada como bella, dándole a tu amor fingido extremadas apariencias, que si de ti se resiste, a quien quiso, cosa es cierta que podré vivir el hombre más contento de la tierra, y si se rindiese a ti, que nunca el cielo tal quiera, a sólo su pensamiento podría llegar mi ofensa, y escondida en tu secreto estaría, y yo, aunque muerta la vida, con el ciudado podría excusar la afrenta. LOTARIO: ¡Jesús, qué extraña ilusión! ¿Búrlaste, Anselmo, o deseas hacer las pruebas en mí? ¿Que aún no las tienes bien hechas? ¿Quién te ha llenado el sentido de fantásticas quimeras? ¿Qué te han hecho? ¿Qué te han dado? ¿Qué hacer quieres? ¿Qué hacer piensas? ANSELMO: Lotario, no me repliques. LOTARIO: Escúchame y considera en mis fundadas razones tan curiosa impertinencia. Si, como has dicho, imaginas que es tu esposa honrada y cuerda, recogida y recatada, prudente, sabia y discreta, ¿qué quieres más? Pues te basta el ignorar que no es buena, para dejar lo demás del cielo a la providencia. O no piensas lo que haces, o no has dicho lo que piensas, o ese propósito en ti es locura manifiesta. Cuando salgan en tu esposa finísimas esas pruebas, no sé yo qué entonces más que tienes agora tengas; mas si fuesen en tu agravio, y viésemos su firmeza vencida de la ocasión, ¿en qué darían tus penas? ¿Qué sería de tu vida? Si así te tratan sospechas, verdades averiguadas tan contra tu honor, ¿qué hicieran? Considera que no es justo que se ponga en competencia de pérdida que es tan grande ganancia que aun no es pequeña. ANSELMO: No me digas más, Lotario, pues eres discreto, piensa que a un hombre determinado le mata quien le aconseja. Caber razones en quien la razón está tan ciega, es pedirle a la Fortuna que en sus mudanzas la tenga. Esto ha mil noches, Lotario, que me aflige y me desvela, pensando en muchos desvíos que mi sinrazón vencieran, a no ser hechizo loco, que a pura fuerza de estrella a mi discurso se opone, y en mis entrañas revienta. Haz, por Dios, lo que te ruego, haciendo, para que pueda con algo engañarme a mí, no más de sola una prueba en mi esposa, que no es tal que se rinda a la primera. LOTARIO: Tú mismo, Anselmo, te agravias, tú mismo, amigo, te afrentas. Mira, por Dios ANSELMO: Ya me enojas, ya mi amistad verdadera pagas mal. Si tú no quieres sacarme de esta sospecha, ya estoy resuelto en buscar quien lo haga y quien lo entienda, fïando mi honor de alguno que del todo me le pierda. Recógele en tu sagrado, asegúrale en mi ausencia por... LOTARIO: Basta, no digas más. A voluntad tan resuelta, obedecer y callar... ANSELMO: Dios te guarde, el cielo quiera que te sirva entre mis brazos, a mi corazón te llega. LOTARIO: ¿Cuándo ha de ser el servirte? ANSELMO: Luego, agora. LOTARIO: Luego sea el divertir con mi engano tu curiosa impertinencia.
ANSELMO: ¡Hola!
Sale CULEBRO CULEBRO: ¡Señor! ANSELMO: Corre y di a Camila que la espero.Vase CULEBRO ¡Ay, amigo verdadero, mi honor he fundado en ti! Prueba mi esposa querida, y del suyo satisfecho asegúrame este pecho, vuélvele el alma a esta vida. LOTARIO: Sosiégate, confïado en mi fe. (¡Extraño accidente! Aparte Ser curioso impertinente es ser celoso el honrado; que el que es discreto curioso, por más valor ha tenido dar venganzas de ofendido que evidencias de celoso.)Sale CAMILA CAMILA: Ya que me mandéis espero. ANSELMO: Yo que mercedes me hagáis, que a Lotario entretengáis, mientras voy y vengo, quiero, que el gran Duque me ha llamado y habré de ir aunque me pese. LOTARIO: Gracioso melindre es ése. Pues ¿eso os daba cuidado? ¿No pudiera esperar yo, y excusar tal cortesía? CAMILA: Y acompañaros podría ANSELMO: Que fuése solo mandó, y habéis de esperarme aquí. LOTARIO: Cumplimientos escusados. ANSELMO: Hasta que os deje sentados no he de partirme. CAMILA: Sea ansí. Volved luego. ANSELMO: Luego vuelvo. CAMILA: (¡Qué notable confïanza Aparte de amistad!) ANSELMO: (¿A qué esperanza Aparte me encamino y me resuelvo?) LOTARIO: (¡En qué estacada me veo!) Aparte CAMILA: (Mi valor queda conmigo.) Aparte ANSELMO: (Para escuchar si mi amigo Aparte prueba a lograr mi deseo lugar me dará esta llave.)Vase ANSELMO CAMILA: (No sé qué piense o qué diga.) Aparte LOTARIO: (Amigo que a tal obliga Aparte mucho ofende y poco sabe.) CAMILA: (¿Quién del tiempo imaginara Aparte que a este estado me trujera?) LOTARIO: (¿Quién entonces me dijera Aparte que, pudiendo, no la hablara?) CAMILA: (De mis honrados despojos Aparte tengo el corazón contento.) LOTARIO: (Mucho vuela el pensamiento Aparte y mucho miran los ojos. Como que duermo he de hacer, para poderlos cerrar, y dejaré de pensar, quizá, con dejar de ver.) CAMILA: (A no hablarme se ha forzado, Aparte por no verme se ha dormido: mucho obliga a ser querido un hombre que es tan honrado Se entiende sin que al honor se pierda un punto el decoro.)Hasta aquí han hablado todo aparte, y salen por un lado CULEBRO y LEONELA CULEBRO: Joya mía, yo te adoro. LEONELA: Y yo a ti te tengo amor. CULEBRO: Pues encaja. LEONELA Aún es temprano, soy doncella. CULEBRO: Acaba, llega. ¿Ese duende de bodega por ventura está en tu mano? El alma sí que estará en la palma que me has dado, que ese punto imaginado en otro lugar está. LEONELA: Toma el alma. CAMILA: (A pensar llego Aparte que es mejor no estar aquí.)Vase CAMILA LOTARIO: (¡Qué bien dicen--¡ay de mí!-- Aparte que más imagina el ciego! Amistad, valedme agora.) LEONELA: Tuya he de ser. CULEBRO: Yo soy tuyo.Sale ANSELMO ANSELMO: (A mi suerte lo atribuyo.) Aparte LEONELA: Voyme, que se va señora.Vase LEONELA ANSELMO: (Bien vi que el intento mío Aparte emprendió con gusto poco.) CULEBRO: (Esta moza me trae loco, Aparte su sombra soy, sin ser frío.)Vase CULEBRO ANSELMO: (Ni una palabra le ha hablado, Aparte de su engaño estoy corrido.) LOTARIO: Presto, Anselmo, habéis venido. ANSELMO: Y aun pienso que habré tardado. LOTARIO: (¿Si es que sospecha mi engaño? Aparte ANSELMO: ¿Que hay de nuevo en mi quimera? LOTARIO: Que fue a la ocasión primera tan resuelto el desengaño, que ya no hay más que probar, ni tienes más que temer de una mujer que es mujer que acierta a desengañar. Comencé a hablarla, y compuesta y hecha una brasa escuchóme, admiróme, fuése y diome las espaldas por respuesta; que la mujer que se admira, si a desdeñar se resuelve, con las espaldas que vuelve vuelve el seso a quien la mira. Y pues tan buena ocasión te obliga, a tu esposa precia, que excede a Porcia y Lucrecia y se iguala a cuantas son. ANSELMO: ¡Ah, Lotario! ¡Quién creyera, al cabo de tantos años, que yo seguro de engaños en tu amistad no estuviera! Ya he visto lo que ha pasado, porque este engaño temí desde el punto que te oí desalabar mi cuidado; y del retrete a la puerta me puse, donde he podido ver en tu pecho dormido quedar mi esperanza muerta. Mal mi amistad has pagado. LOTARIO: (¿Hase visto tal exceso?) Aparte Anselmo, yo te confieso que estoy corrido y turbado, aunque puedo, por la fe de nuestra amistad jurarte que el atreverme a engañarte por desengañarte fue. Pero pues culpado estoy, de tu pensamiento extraño, de servirte sin engaño de hoy más palabra te doy.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham