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CULEBRO:          Por Dios, donoso presente
               para tal correspondencia.
ANSELMO:       ¡Que tanto puede el ausencia,
               que no es amigo el ausente!
                  Mas--¡ay Dios! ¿Yo soy honrado?
               ¿Yo soy su amigo? ¿Yo he sido
               quien de su espada he temido
               y en su amistad he dudado?
                  Con el primer movimiento
               pude temer y dudar,
               pero en dándole lugar
               el discurso, el pensamiento
                  Ya considero, ya sé
               que no te han dicho verdad,
               y que ofendo su amistad
               si pongo en duda su fe.
                  Español, Lotario es hombre
               que no le iguala ninguno.
               Tú te engañaste o alguno
               se ha valido de su nombre,
                  para hacer esta traición.
CULEBRO:       Eso todo puede ser,
               mas para hacértelo ver
               no nos faltará ocasión.
                  ¿Quién viene?
ANSELMO:                      No sé quién sea,
               pero el gran duque será,
               que en esta iglesia querrá
               ver misa. Sí, ya se apea.
CULEBRO:          De hermosura y de valor
               viene bien acompañado.
ANSELMO:       A esta puerta y a este lado
               podremos verlo mejor.

Salen LOTARIO y TORCATO delante, luego acompañamiento, el DUQUE y DUQUESA, CAMILA, dama, y LEONELA, su criada
TORCATO: ¿Que Anselmo ha venido? LOTARIO: Y yo muero por verle y hablarle. Iremos luego a buscarle. TORCATO: (Si el español lo encontró, Aparte yo aseguro que lo emprenda, dándole mis señas luz.)
CULEBRO habla a un lado con ANSELMO
CULEBRO: Quien te enviaba la cruz y me fio la encomienda es el uno de los dos. ANSELMO: ¿Cuáles dices? ¿Dónde están? CULEBRO: Los que delanteros van. ANSELMO: ¿Cuál de ellos? ¡Válgame Dios! CULEBRO: Aquel del izquierdo lado. ANSELMO: Eso sí, que estuve muerto. El otro es Lotario. CULEBRO: ¿Cierto? ¿Luego yo he sido engañado? ¡Pues por vida! ANSELMO: Calla agora. DUQUE: De esta iglesia la portada es digna de ser mirada. DUQUESA: ¿No es muy bella? CAMILA: Sí, señora. ANSELMO: Y este cielo puede ser de la tierra admiración. LOTARIO: Bellos ojos. TORCATO: Bellos son. ANSELMO: ¿Si es ángel o si es mujer? LOTARIO: ¿No es Camila muy hermosa? ANSELMO: ¡Jesús, qué extraña hermosura! DUQUE: Es notable arquitectura. DUQUESA: ¿No es muy extraña? CAMILA: Es famosa. (¡Ay, Lotario de mi alma!) Aparte LOTARIO: (¡Ay, Camila de mi vida!) Aparte CULEBRO: ¡Ce! TORCATO: ¡Amigo! CULEBRO: Ven. TORCATO: ¡Brava herida!
Vanse todos, sino ANSELMO
ANSELMO: ¿Quién me deja en esta calma? Fuego es éste, rayo ha sido, y puedo haberlo pensado en que tan presto ha llegado, y en que del cielo ha venido. ¡Oh mujer! ¡Oh bellos ojos! ¡Oh ángel de nieve pura! ¡Oh soberana hermosura! ¡Oh celestiales despojos! ¿Qué hechizo es éste, qué encanto que me tiene ciego y loco? ¿Y cómo en tiempo tan poco puede un hombre querer tanto? Mas quiero volverla a ver.
Sale LOTARIO de la iglesia
LOTARIO: ¿Adónde con tanto brío? ANSELMO: Sólo tú, Lotario mío, me pudieras detener. LOTARIO: Mil abrazos te prevengo. ANSELMO: Mil gracias doy a mi suerte. LOTARIO: ¿Cómo vienes? ANSELMO: Vengo a verte, que es decir que bueno vengo. ¡Qué hambre traigo de hablarte! LOTARIO: Yo la tengo de servirte, con mil cosas que decirte más despacio en otra parte. Mas dime, ¿qué te llevaba agora con tanta prisa? ANSELMO: En este templo a ver misa entraba...pero no entraba sino a ver...Pues que contigo nunca he tenido secreto, escucha un extraño efeto. LOTARIO: Ya te escucho, di. ANSELMO: Ya digo. Entre aquellas damas bellas que la duquesa traía, una vi que al alma mía pudo parecerle, entre ellas, como entre estrellas la luna. LOTARIO: ¿La que junto a la duquesa iba? ANSELMO: Sí. LOTARIO: (Camila es ésa.) Aparte ANSELMO: Y yo sospecho... LOTARIO: (¡Ay, Fortuna!) Aparte ANSELMO: ...que en aquel punto reinaba algún planeta que en mí pudo tanto, que me vi ciego y loco. LOTARIO: ¡Cosa brava! ANSELMO: Sentí gloria en los antojos con quien me entretuve al verla, y quedé muerto, al perderla, no del alma, de los ojos. Y entraba ciego y perdido a verla, cuando saliste, y con que te vi y me viste, que era el gusto pretendido, estoy tal, que yo me espanto de ver, con mi ciego ardor, que un disparate de amor en tan poco pueda tanto. LOTARIO: ¡Yo soy muerto! ANSELMO: ¿Qué ocasión te ha ofendido y te ha obligado? ¿Qué tienes? LOTARIO: Hanse parado las alas del corazón, y quiéroselas cortar, pues son de poco provecho. ANSELMO: Pues estando yo en tu pecho ¿se pueden ellas parar? LOTARIO: Hanse parado por ti, cansadas de estar batiendo. ¡Ay, Anselmo! ANSELMO: No te entiendo. Habla más claro. Di, di. LOTARIO: Como por tu dama hermosa te vi, ardiendo, quedar frío, y tu corazón y el mío es todo una misma cosa, sentí, como era razón, las penas con que te hallas, y queriendo remediallas, cubrióseme el corazón, topando en inconvenientes que ya tu amistad venció. ANSELMO: ¿Cómo? LOTARIO: Escucha... (Y quede yo Aparte con el alma entre los dientes.) ¿Supiste de quién estás enamorado? ¿Esa dama conoces? ANSELMO: Sé que en su llama vivo ardiendo y no sé más. LOTARIO: Deuda de los duques es, y es Colona su apellido, de Nápoles ha venido habrá tres años y un mes. (Yo lo tengo bien contado, Aparte ¡ay de mí!) ANSELMO: ¿Qué te ha perdido? ¿Qué es esto? LOTARIO: Un vaguido ha sido que en la cabeza me ha dado. ANSELMO: Quédese, quédese aquesto agora. LOTARIO: No, amigo, no, porque para hacerlo yo me importa el pensarlo presto. Digo, Anselmo, que esta dama es de tan grande valor, que ha llegado a ser mayor que su hermosura su fama. Es en el mundo un retrato de la misma castidad, un sol de la honestidad y un ejemplo del recato. Es un valor que enriquece, es un divino respeto, es un cielo, es, en efeto, mujer que no lo parece. ANSELMO: Bueno está, no digas más, que tanto más me enamoras, y es perderme. LOTARIO: (En lo que ignoras Aparte está la gloria en que das.) ANSELMO: ¿Cómo podré merecella si ella es tal, amigo, hermano? LOTARIO: Si tú gustas, de mi mano quiero casarte con ella. ¿No fiarás, sin temor, que te la dé mi amistad, que iguale a tu calidad y que diga con tu honor? ANSELMO: ¿En qué dudas? Bueno fuera que eso de ti no fïara, pues cuando no me agradara por tu gusto la quisiera. LOTARIO: Pues en tu casa me aguarda confïado... (Muerto estoy.) Aparte ANSELMO: ¿Qué me dices? LOTARIO: Ve. ANSELMO: Ya voy.
Vase ANSELMO
LOTARIO: ¿Qué me anima y me acobarda?

¡Ay, amistad y amor! Visible estrago, fogoso brío, movimiento lerdo, que me encoge dudando en lo que acuerdo y me anima pensando en lo que pago. En no perder a Anselmo, ¡qué bien hago! Y en perder a Camila, ¡qué bien pierdo! ¡Extraña competencia! Loco y cuerdo, mil quimeras fabrico y mil deshago. Pero perdona, Amor, si me enemisto contigo, porque venza, aunque me pese, la amistad que en mi pecho se acrisola. Que bien podrá sin mengua, quien se ha visto tantas veces rendido al interese rendirse a la amistad una sola.

¿No es éste Ascanio y es quien iba a hablar? ¡Estoy mortal! Cuando es para hacerme mal todo se concierta bien.

Sale ASCANIO, padre de CAMILA
ASCANIO: ¿No es Lotario? Todo el día te busco para abrazarte como hijo. LOTARIO: Por pagarte merced que no merecía, te quiero. Escucha a este lado. (¡Ay, Camila!) Aparte ASCANIO: ¿Qué has tenido? Todo el color has perdido, las lágrimas te han saltado. LOTARIO: ¿Conoces a Anselmo? ASCANIO: Sí. ¿Quién no conoce su nombre? LOTARIO: ¿Y sabes...sabes que es hombre... ASCANIO: ¿Túrbaste? LOTARIO: Perdona. ASCANIO: Di. LOTARIO: ...que me iguala en calidad y me aventaja en riqueza? Pues su trato y gentileza ¿quién lo ignora? ASCANIO: Así es verdad. LOTARIO: Pues ése ha de ser esposo de Camila. (Cruel sentencia.) Aparte ASCANIO: No hay hombre en toda Florencia tan rico y tan poderoso, ni aun en Italia hay ninguno más rico y más principal. Dicha es grande. LOTARIO: Siendo tal, poco te seré importuno. ASCANIO: Por su esposa te prometo a mi Camila. LOTARIO: Alto, pues. (¡Ah, poderoso interés, Aparte y qué presto hiciste efeto!) ASCANIO: Mas ¿cómo se ha de tratar? LOTARIO:: Como estaba concertado: a que sea el desposado le llevaré en mi lugar. ASCANIO: Dices bien, por vida mía; que aun Camila no ha querido saber quién era el marido. LOTARIO: (Es porque ya lo sabía.) Aparte ASCANIO: Pues adiós, prevénle luego, mientras que a prevenir voy a los duques. LOTARIO: Muerto estoy, ardo helado y miro ciego. ¡Ay, Camila! Tú dirás que he sido amante traidor, mas perdona, que el amor de mi amigo pudo más.
Vanse. Salen el DUQUE y su CAMARERO
CAMARERO: Casada podrás tener la que hasta ahora no has tenido. DUQUE: Y eso ¿cómo ha de ser? CAMARERO: Con los celos del marido se granjea la mujer. Haz que los tenga de ti su marido, y atropella su decoro, y fía de mí, que el pedírselos a ella será interceder por ti. DUQUE: Daráselos mi cuidado a su esposo, y serán celos los mayores que se han dado, daré quejas a los cielos y a ella todo mi estado, o a mí me daré veneno por no ofender a los dos.
Salen la DUQUESA y ASCANIO
DUQUESA: Para una infanta era bueno tal casamiento. ASCANIO: De Dios ha venido cuanto ordeno. DUQUESA: Duque, apercebíos a honrar a Camila, a quien agora, su padre quiere casar. DUQUE: (¡Ay del alma que la adora!) Aparte En todo os he de agradar, y merece su nobleza cuantos favores le ofrece vuestra mano. ASCANIO: Vuestra alteza con mercedes favorece. DUQUE: (¡Ay, soberana belleza!) Aparte
Sale CAMILA
CAMILA: (Ya llegó el dichoso día, Aparte y punto, de ser mi esposo Lotario, que es alma mía. Bien dicen que no es dichoso sino quien sufre y porfia.) Vuestras altezas me den la bendición y las manos. DUQUE: Camila, levanta. DUQUESA: Ten. ASCANIO: Y los cielos soberanos mil bendiciones te den. CAMILA: Y a ti te guarden los cielos. DUQUE: (Para sufrir tal mudanza...) Aparte DUQUESA: (Para no vivir con duelos...) Aparte DUQUE: (...bueno es tener esperanza.) Aparte DUQUESA: (...no es malo quedar sin celos.) Aparte
Salen LOTARIO Y ANSELMO, galanes
ANSELMO: (¡Que tal gloria he de alcanzar!) Aparte LOTARIO: (¡Que tal bien he de perder!) Aparte ANSELMO: (¡Que a tal gusto he de llegar!) Aparte Si los puedo merecer, pies y manos me han de dar Vuestras altezas. DUQUESA: Alzad. DUQUE: ¡Oh, Anselmo! No estéis ansí, lo que os estimo, estimad. ANSELMO: Dádmelos vos. ASCANIO: Vos de mí estos abrazos tomad. CAMILA: (¡Que a tan gran ventura llego!) Aparte LOTARIO: (¡Que nunca llega mi muerte!) Aparte ANSELMO: (Todo es gloria.) Aparte LOTARIO: (Todo es fuego. Aparte Ella me mira y no advierte que la estoy mirando ciego.) DUQUESA: Con mi licencia podéis darle a Camila la mano. ANSELMO: Tus pies beso. LOTARIO: (Ojos, ¿qué véis?) Aparte ANSELMO: Por ver lo que en ella gano, estimo que me la deis. CAMILA: (¿Qué es esto, amante traidor? Aparte
Duda CAMILA
¿Qué he de hacer?... Mas yo nací honrada.) ASCANIO: ¡Hija! CAMILA: Señor, ya la doy. (¡Ay, santo honor, Aparte milagros hacéis en mí!)
Danse las manos
LOTARIO: Vengo a darte el parabién, agora que te has casado, ¿sabes, Anselmo, con quién? ANSELMO: Con mujer que tú me has dado, que eso basta. LOTARIO: Dices bien, pues que por mujer te di la misma que yo quería, que en el punto que la vi en tu pecho, no fue mía sino tuya. ANSELMO: ¿Qué te oí? Lotario... ¡No me dijeras con qué mujer me casaba! LOTARIO: ¿Cómo, Anselmo, la tuvieras? Porque tú no la quisieras, viendo que yo la esperaba, y como te vi perdido, procuré verte excusado del dolor que yo he sentido. Llega a tu cielo adorado, goza tu bien pretendido, pues te puedo asegurar que a darte una mujer vengo que mil mundos puede honrar, de quien sólo un "Padre tengo" he merecido escuchar. ANSELMO: Ya, Lotario, estoy vencido de tu amistad. DUQUE: ¿Quién creyera lo que agora ha sucedido? DUQUESA: Amistad tan verdadera no se ha visto ni se ha oído.
Sale TORCATO herido en la cabeza y CULEBRO tras él
TORCATO: ¡Justicia! CULEBRO: Espera, traidor. TORCATO: Líbreme Dios de tus manos. DUQUE: ¿Qué es esto? TORCATO: Duque, señor CULEBRO: Por vida del Redemptor de los cautivos cristianos que... ANSELMO: ¡Tente! Pues en palacio del duque, ¿qué te obligó? CULEBRO: Esas cosas miro yo sin cólera y con espacio. DUQUE: ¿Eres loco? CULEBRO: Loco,no. Perdóneme vuestra alteza, que si éste no desvïara la cara, con tal presteza, cuando le tiré a la cara y le acerté a la cabeza, no entrara yo como entré, ciego de cólera aquí, para enmendar lo que erré. TORCATO: ¡Señor, justicia! ¡Ay de mí, que me ha muerto! DUQUE: Bien a fe. Prendedlo, prendedlo y puedes mandarle ahorcar. CULEBRO: Yo estoy bueno entre cuatro paredes. ANSELMO: Pues con tantas causas hoy puedo pretender mercedes, suplícote que me des el preso, que yo le fío, y espero darle después disculpa a su desvarío. DUQUE: Sea así. ANSELMO: Beso tus pies. CULEBRO: De pensar en el cordel, casi al pescuezo le siento. CAMILA: (Casamiento tan crüel, Aparte que el principio fue sangriento, ¿qué fines se esperan dél?) ANSELMO: (Mil veces dichoso he sido.) Aparte LOTARIO: (Mil veces soy desdichado.) Aparte DUQUE: (Agora estoy más perdido.) Aparte CAMILA: (¡Ay honra! ¿A qué has obligado?) Aparte LOTARIO: (¡Ay amistad! ¿Qué has podido?) Aparte

FIN DEL ACTO PRIMERO

El curioso impertinente part 4

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham