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EL CURIOSO IMPERTINENTE


Personas que hablan en ella:


ACTO PRIMERO


Salen los MÚSICOS y cantan este romance
MÚSICOS: "Amor que me quita el sueño para rendirme sin él, aunque me le pintan niño gigante debe de ser."
Abren la ventana y aparecen el DUQUE y la DUQUESA de Florencia, CAMILA, dama, y un CAMARERO del DUQUE y salen por una puerta LOTARIO y TORCATO, que son los que dan la música, y por otra puerta algunos que salen a oírla, y prosiguen los MÚSICOS cantando
"Los minutos de las horas he contado desde ayer, y con todo, a las estrellas les pregunto qué hora es. ¡Qué bueno va el pensamiento en castigo de que fue a tus ojos atrevido y a mis entrañas crüel! Turbado sube a tu cielo, y temeroso también, que el no acertar a subir es comenzar a caer. Favor, señora, piedad, pues en los aires lo ves, y un cabello de los tuyos su escalera puede ser. Abre esas puertas divinas, que bien puede merecer quien gradas de cielo pide que en grados de gracia esté."
Dicen los que oyen la MÚSICA
UNOS: ¡Oh, qué bien! DUQUE: Bien han cantado. DUQUESA: Gusto me ha dado infinito. LOTARIO: ¿Qué decís del romancito? TORCATO: ¿Es vuestro? LOTARIO: ¿Qué enamorado no es poeta? (¡Ay, bellos soles!) Aparte TORCATO: ¡Qué propio estilo de amantes! DUQUE: ¿Y quién son? CAMARERO: Representantes españoles. DUQUE: ¡Y españoles! DUQUESA: Y como en Italia están dan gusto. CAMARERO: A todos le han dado. En Roma han representado, en Nápoles y en Milán, y asombra su gentileza, pero no es mucho que asombre con las comedias de un hombre monstruo de naturaleza. DUQUE: ¿Es Lope? CAMARERO: En él has caído sin habértele nombrado. DUQUE: Por el nombre que le has dado es de todos conocido. CAMARERO: Que parezcan en España bien, las comedias de allá, no es mucho, pero que acá asombren, es cosa extraña. No sé cómo a oírlas vienen, con tal concurso y silencio, adonde Plauto y Terencio tan grandes amigos tienen. DUQUE: ¿Dirás que son imperfetas porque al arte contradicen? CAMARERO: Sí, señor. DUQUE: Por eso dicen que son locos los poetas. Ven acá. Si examinadas las comedias, con razón en las repúblicas son admitidas y estimadas, y es su fin el procurar que las oiga un pueblo entero, dando al sabio y al grosero qué reír y qué gustar, ¿parécete discreción el buscar y el prevenir más arte que conseguir el fin para que ellas son? ¡Bueno es que Plauto difunto nos dé ley en su Alcorán! Sin duda en España están estas cosas en su punto. Sin duda allí se acrisola, sin melindres de poesía, la gala, la argentería, de la agudeza española. Representa un español un galán enamorado, y parece en el tablado como en el oriente el sol. Hace un rey con tal efeto que me parece al de España, de suerte que a mí me engaña y obliga a tener respeto. Pues sale como el aurora la que hace reina o princesa, y--¡por Dios!--que la duquesa no parece tan señora. Los españoles merecen por sus comedias, por ellos, tanto oírlas como vellos, pues con todo gusto ofrecen. Lo que importa es prevenirlas, los que vinieren a verlas, ingenio para entenderlas y prudencia para oírlas. Porque merezcan también silencio, yo al menos siento que es de mal entendimiento quien no las escucha bien. CAMARERO: Pues los bailes y las danzas que hacen tañendo y cantando, ya bailando, ya danzando con variedad de mudanzas, es extremo. DUQUE: Pues la luna nos da su luz para vellos, diles que bailen. CAMARERO: Con ellos hablaré. LOTARIO: De mi fortuna he fïado. TORCATO: Bien has hecho. Ella te hará su marido. CAMILA: (A Lotario he conocido. Aparte ¿Qué mucho, si está en mi pecho?) CAMARERO: ¡Ce! ¿Oyen? Manda su alteza que se baile. LOTARIO: ¿El duque? Luego él lo manda y yo lo ruego.
Un BAILARÍN que saltó con los músicos dice
BAILARÍN: Alto, pues. Con la presteza disculparé el no saber bailar como yo quisiera. MÚSICO 1: ¿Traes castañetas? BAILARÍN: Espera ¿Pues no las he de traer? Pero ¿solo, he de bailar? MÚSICO: La guitarra dejar puedo. Bailemos. LOTARIO: Con deuda quedo que no la podré pagar.
Cantan los MÚSICOS y bailan entre tanto el BAILARÍN y un otro
MÚSICOS: "Huyen las tinieblas del alba gentil, porque salga riendo de verlas huir. La cobarde noche, que no ve lucir su luna y estrellas y tus ojos sí, como, de turbada, no puede advertir que está en su principio, recela su fin. Huyen las tinieblas del alba y de ti, porque salga riendo de verlas lucir. De tu cielo hermoso es alba, al salir, su rostro divino de nieve y carmín, y cuando por señas puedo presumir que amanece sólo para verme a mí, huyen mis desdichas que en tinieblas vi, porque salga riendo de verlas huir."
Acaban de cantar
DUQUE: Gran donaire, mucha gala. UNO: ¿Qué os parece? OTRO: A maravilla. LOTARIO: Buena ha sido la letrilla. MÚSICOS: Perdonad si ha sido mala. DUQUE: ¿Qué te parece, Camila? CAMILA: Muy bien. DUQUESA: Con mucha razón. CAMILA: (Y tanto que el corazón Aparte tiernas lágrimas destila. Efetos del tierno amor con que a mi Lotario adoro. De alegre y contenta lloro.) MÚSICOS: ¿Mandáisnos algo, señor? LOTARIO: Al fin la música ha sido, como la causa, extremada. Yo seré, en vuestra posada, a mostrarme agradecido. MÚSICOS: Haréisnos de muchos modos mercedes. LOTARIO: Irán con vos mis criados. MÚSICOS: Guárdeos Dios. UNO: Ya se van. OTRO: Vámonos todos. DUQUE: Es hora ya, vamos, pues. CAMILA: (Mi Lotario, Dios te guarde.) Aparte DUQUESA: Imagino que ya es tarde. CAMILA: Para cenar ya lo es.
Vanse los MÚSICOS y los que la oían, y éntranse de la ventana el DUQUE, la DUQUESA y el CAMARERO. CAMILA, cerrándola, dice estos tres versos
CAMILA: (Con qué amoroso cuidado Aparte he quedado, aunque tu amor disimulo. ¡Ay, santo honor!)
Vase CAMILA
LOTARIO: Ya la ventana han cerrado. Ya de mi gusto las puertas se cierran. Ya mi pasión las alas del corazón solamente deja abiertas. Fuése mi luz soberana, agora sí es noche oscura; no hay piedra de sepultura más crüel que una ventana para un hombre que se halla muerto de amor al sufrirla. TORCATO: Lo que de gloria al abrirla, dará de pena al cerralla. LOTARIO: Amigo, mi sol se ha puesto, loco estoy, ciego y confuso. TORCATO: Pues este sol que se puso se pondrá en tus brazos presto, ¿qué te afliges? LOTARIO: Si pensara que eso tan presto no fuera, si en tus brazos no muriera con mis manos me matara. TORCATO: Bueno está, pasito, ten, ¡sobrado a Camila quieres! LOTARIO: Es honra de las mujeres, y afrenta suya también. El buen trato y el buen celo de su honor, a quien consagro toda el alma, es un milagro que esparce glorias del cielo. En tres años que la adora mi pecho, puede saber que es ángel en que es mujer que, desdeñando, enamora. TORCATO: Pues ¿tan poco andado tienes en sus amores? LOTARIO:: ¡Oh amigo! Has de saber que conmigo son fingidos sus desdenes, y esto me obliga a perderme por ella que, en su desdén, muestra que me quiere bien, y disimula el quererme. Y como todo es recato de su honor, echo de ver que es buena para mujer una mujer de este trato. TORCATO: Si no quererte ha fingido, ¿en qué has mirado mejor que te quiere? LOTARIO: Es fuego amor, y jamás está escondido. Y cuando, entre sus despojos, el ver sus ojos me toca, el recato de su boca veo perderse en sus ojos. Sé también que ha procurado, con disimulo, con tiento, conclusión al casamiento, con su padre concertado. TORCATO: ¿Y en qué está? LOTARIO:: Todo está llano, yo soy el que lo entretengo, por la obligación que tengo de esperarle por la mano de Anselmo, mi grande amigo, a quien de Génova espero, cuyo gusto seguir quiero, que es mi norte en cuanto sigo. TORCATO: No es cordura el dilatar cosa que se estima tanto. ¿Y no temes que, entretanto, se puede el viento mudar? Y si pareciese Anselmo a tratar cosa tan grave, como dicen que en la nave suele aparecer Santelmo, ¿qué harás? Perder ocasión no parece cosa cuerda. LOTARIO: No dejaré, aunque la pierda, de cumplir mi obligación. TORCATO: ¿Luego estimas su amistad más que el amor de Camila? LOTARIO: Sí, por cierto, y la aniquila quien dudare esta verdad. TORCATO: Desde agora la sublimo donde las estrellas ves. LOTARIO: Quiero decirte cuál es, porque veas si la estimo.

Los padres de Anselmo y mío, en compañía, trataban sus grandiosas mercancías, innumerables y varias, no embargante que los dos son de lo mejor de Italia, donde, por costumbre antigua, los más principales tratan. Yo, al nacer, quedé sin madre, murió mi padre en España, adonde, en su testamento, para mi tutor señala al padre de Anselmo, y él, con ternísimas entrañas, recibiéndome en sus brazos, de mi educación se encarga, y fuimos Anselmo y yo, con una igualdad extraña, nacidos en una cuna, crïados en una cama, sola una ama nos dio leche, que no quisimos tomarla él ni yo, prodigio grande, de los pechos de otras amas. Fuimos los dos a una escuela, tuvimos los dos una alma, aprendimos unas letras, seguimos una esperanza. Fueron, con la edad, creciendo, a medida de las causas, efetos innumerables de correspondencia extraña. Para los dos son comunes las haciendas y las casas, con ser la de Anselmo agora de las más ricas de Italia. Entre él y mí no hay secreto, y ninguno de importancia se ha visto de nuestras bocas en las lenguas de la fama. No hay engaño entre nosotros, porque entre nosotros anda, de ver la verdad desnuda, la mentira avergonzada. Nunca nos dimos disgusto por obra ni por palabras, ni aun por señas. Y encontrados en los gustos veces varias, jamás por mujer reñimos, prueba de ser extremada amistad que una mujer a deshacerla no basta. Mil veces puso la vida en peligro por mi causa, y yo por guardar la suya me he visto muerto otras tantas. En fin, es nuestra amistad tan grande, que en toda Italia los conformes, los amigos por excelencia nos llaman. Mira, pues, si estando Anselmo en Génova, porque falta tres años ha de Florencia, y vendrá de hoy a mañana, si es razón que yo le espere, y con su gusto se haga el mío dos veces grande, si él le concluye y le trata. TORCATO: Dices muy bien. (¡Ay de mí! Aparte Si Anselmo viene, sin falta he de perder este amigo, que en mis pobrezas me ampara. Yo haré poco, o he de ver esta amistad acabada, teniendo el primer lugar en su pecho y en su casa.) LOTARIO: Torcato, vamos. Adiós paredes, rejas, ventanas, cerradas para mis ojos y abiertas para mi alma. A mi Camila la envío, que el menor resquicio basta para meterse en los pechos las almas enamoradas. ¿Si duerme mi bien agora? TORCATO: Y no menos que en la cama, sobre mullidos colchones y entre sábanas de holanda. LOTARIO: ¡Quién le hiciera compañía! TORCATO: Cuando fuera entre dos tablas, fuera bueno. LOTARIO:: Tú te burlas y a mí el pecho se me abrasa.

Vanse. Salen el DUQUE y la DUQUESA, y el CAMARERO con algunos criados, con sus toallas, como que acaban de darles de cenar

El curioso impertinente part 2

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham