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MARGARITA: A premiar tu amor y fe
la infanta su gusto allana.
Haz una seña y saldré
esta noche a la ventana
donde otras veces te hablé,
y en sabiendo que está abierta,
por la puerta del jardín
entrarás.
PRÍNCIPE: Si se concierta
esto así, dichoso fin
das a mi esperanza muerta.
A ti te debo esta palma,
prima del alma querida,
a ti te debo la vida
y a ti te consagro el alma.
MARGARITA: Ya mí me tienes corrida.
PRÍNCIPE: Dame los pies, que me toca
estarlos siempre adorando.
MARGARITA: Es mucha merced.
PRÍNCIPE: Es poca,
pues lo que fueres pisando
he de barrer con la boca.
Vanse. Sale el CONDE
CONDE: Ya llego, enemiga suerte,
a entrar en cuentas contigo,
mas ¿con qué pasos te sigo
cuando espero el de la muerte?
¿Que es posible persuadirme
esta pena que me incita?
¿Que es mala mi Margarita,
y con ser piedra no es firme?
Mas de un miedo tan cobarde
me resisto y me acompaño,
que espero mi propio daño
y me pesa de que tarde,
como el que en el campo aguarda
al contrario en quien se venga,
que desea que no venga
y le parece que tarda;
como el que en naufragios tales
el miedo y congoja aumenta,
esperando la tormenta
de que ha tenido señales;
como el que sobre un tablado,
para fin de sus enojos,
con una venda en los ojos
espera el cuchillo airado;
y al fin, por decir mejor,
como yo mesmo diré,
que hago prueba de una fe
con sospecha y con amor.
Sale el PRÍNCIPE
PRÍNCIPE: Noche más bella que el día,
cielo hermoso, luces bellas,
¿quién, entre tantas estrellas,
pudiera adorar la mía
pues acaba tantos males
logrando sólo un deseo?
Hace una seña el PRÍNCIPE
CONDE: Ya de mis desdichas veo
de más cerca las señales.
Sale MARGARITA a la ventana
MARGARITA: Mi príncipe.
PRÍNCIPE: Mi señora.
MARGARITA: La puerta he dejado abierta.
PRÍNCIPE: Dichoso yo.
MARGARITA: Ve a la puerta;
ya te espera quien te adora.
Éntrase MARGARITA y el PRÍNCIPE se va
CONDE: ¡Ojos que la causa vistes
de la pena a quien resisto!
¿Es verdad lo que habéis visto?
¡Ojos ciegos, ojos tristes!
Cielo, decídmelo vos,
si es verdad o son antojos,
y, pues tenéis tantos ojos,
mirad si se engañan dos.
Si es esto verdad o engaño,
con todos ellos mirad;
pero sin duda es verdad,
pues ha de ser en mi daño.
¿Que me supiese engañar
Margarita pudo ser?
¡Ah, voluntad de mujer,
ligera espuma en el mar,
torre con falso cimiento
que la pierde quien la hace,
nube que al sol se deshace,
humo que se esparce al viento;
anuncio cierto del mal,
voz de engañosa sirena,
agua echada sobre arena,
que apenas deja señal,
luz que haciendo mejor cara
muestra que morir se quiere,
fuego que atizado muere,
piedra que en su centro para,
al sol derretida nieve,
aire en redes recogido,
villano amigo corrido
que no os habla porque os debe,
rayo que abrasando pasa;
rigor, engaño, traición,
laberinto, confusión
de esta Troya que se abrasa!
Sale la INFANTA a una ventana y MARGARRITA a otra,
y vuelve (a salir el PRÍNCIPE por donde entró
INFANTA: (Voces oigo. Mi traición Aparte
ha hecho esta vez su efeto.)
Ce, conde. Si eres discreto,
muéstralo en esta ocasión.
MARGARITA: (¿No es el Conde? ¿Qué recelo?) Aparte
PRÍNCIPE: (¿Qué puede haber sucedido?) Aparte
CONDE: (A la ventana han salido.) Aparte
MARGARITA: (El conde es, sin duda, ¡ay, cielo!)Aparte
INFANTA: Tu paciencia es bien que pruebes,
cuando yo a servirte pruebo.
CONDE: Ya sé que el honor te debo.
INFANTA: Y una palabra me debes.
De cumplirla luego trata.
MARGARITA: (¿Qué escucho?) Aparte
PRÍNCIPE: (¿Qué vengo a ver?) Aparte
INFANTA: ¿Qué dudas?
CONDE: Rey quiero ser,
pues Margarita es ingrata.
PRÍNCIPE: (De penas soy un abismo.) Aparte
MARGARITA: (Infelice y triste estrella.) Aparte
CONDE: Por tomar venganza de ella
la tomaré de mí mismo.
De ser tu esposo te doy
palabra.
INFANTA: Y de ser tu esposa
la recibo.
PRÍNCIPE: (¡Extraña cosa!) Aparte
MARGARITA: (¿Que tan desdichada soy Aparte
que a morir rabiando vengo?)
PRÍNCIPE: (¿Que tan mal se corresponde Aparte
a una amistad?)
INFANTA: Adiós, Conde,
honrados testigos tengo,
y no me podrás negar
la palabra que me has dado.
CONDE: Ve, señora, sin cuidado,
que yo te la vuelvo a dar.
Éntrase la INFANTA
PRÍNCIPE: Quitaréte yo el vivir,
para que, conde atrevido,
ya que dársela has podido,
no se la puedas cumplir.
MARGARITA: Teneos, ¿qué daño se ordena?
(Procurarélo estorbar, Aparte
si acaso puedo llegar
sin que me acabe la pena.)
Éntrase MARGARITA
CONDE: ¿A eso te obligas?
PRÍNCIPE: Sí obligo.
Quitarte la vida quiero,
pero confiesa primero
que mueres por falso amigo.
CONDE: Tengo yo muy duro el pecho
y no le podrás pasar,
y no es razón confesar
los pecados que tú has hecho.
PRÍNCIPE: Pues ¿yo, falso amigo?
CONDE: Sí.
PRÍNCIPE: No ofendas mi trato noble.
CONDE: Mejor le dijeras doble,
pues lo ha sido para mí.
Tu fingido sentimiento,
aunque me ofenda, me agrada.
PRÍNCIPE: No te matará mi espada,
pues no te ha muerto mi aliento,
que puro veneno arroja.
CONDE: Iguales armas tenemos.
Sale MARGARITA y pónese en medio
MARGARITA: ¡Qué rigurosos extremos
de desdicha y de congoja!
¡Príncipe, Conde!
CONDE: ¡Ah, traidora,
que tú la culpa tuviste!
MARGARITA: Volved a mi pecho triste
esas espadas.
PRÍNCIPE: Señora...
Apártate, prima.
MARGARITA: Primo.
PRÍNCIPE: Seré su justo homicida.
MARGARITA: No ha de perderse una vida
a quien con el alma estimo.
CONDE: Oh, falsa, Dios te destruya!
MARGARITA: ¿Yo soy falsa?
CONDE: ¡Infame eres!
MARGARITA: Seré lo que tú quisieres
por no dejar de ser tuya.
Señores, tanto rigor...
Acordaos que soy mujer.
PRÍNCIPE: Yo le tengo por volver
por mi gusto y por mi honor;
pero justa cosa es
obedecerte, señora.
CONDE: Yo pienso escucharte agora
para dejarte después.
PRÍNCIPE: Prima, ¿tú no me dijiste
cómo eras del conde ya?
¿La palabra, donde está,
que te ha dado y que le diste?
CONDE: Si ese secreto escondía
tu pecho, ¿no me ha ofendido,
pues que por tuya ha tenido
una prenda que era mía?
PRÍNCIPE: ¿Qué prenda?
MARGARITA: Duros enojos.
CONDE: ¡Esta enemiga, esta ingrata!
PRÍNCIPE: Con mejor término trata.
CONDE: Pues lo que han visto mis ojos
¿me niega vuestra porfia?
Tú ¿no le dijiste agora,
"Ya te espera quien te adora?"
MARGARITA: (Por la infanta lo diría.) Aparte
Conde, mi pena crüel
ha de hallar el mundo estrecho,
pues estando tú en mi pecho
¿te fias tan poco de él?
PRÍNCIPE: Si te ha dado esa sospecha,
conde, algún pecho villano...
MARGARITA: Ya yo conozco la mano
que ha despedido esta flecha,
pero en más secreta parte
quiero que oigáis mi razón.
Daréte satisfacción.
PRÍNCIPE: Y yo también quiero darte
la que de mi honrado pecho
saldrá ardiendo por ser tuya.
CONDE: La menor lágrima suya
me dejará satisfecho.
Vanse todos y sale el REY y un CAPITÁN y
GENTE de acompañamiento
REY: Muy bien el Conde ha probado
CAPITÁN: Sus hechos te lo dirán.
Es famoso capitán.
REY: Es, capitán, gran soldado.
Cuéntame algunas hazañas
de las suyas.
CAPITÁN: Son famosas,
mas parecen milagrosas.
Escucha las más extrañas...
Mas la infanta, mi señora,
viene ya.
REY: Déjalo, pues.
Vete en paz.
CAPITÁN: Beso tus pies.
Vase el CAPITÁN. Sale la INFANTA
INFANTA: Dame las manos.
REY: ¿Es hora
de veros, hija?
INFANTA: Señor,
siempre en servirte me empleo.
REY: ¿Nacieron de mi deseo
los efetos de tu amor,
hija?
INFANTA: Señor...
REY: Dime padre.
INFANTA: Dulce nombre para mí.
REY: 0 hijo, pues tengo en ti
una hija y una madre,
y soy, cuando el cuello ciño,
que es mi arrimo y es mi espejo,
hijo tierno, padre viejo,
porque de viejo soy niño.
Viéndome, pues, de este modo,
temo--¡ah, miserias humanas!--
que en la nieve de estas canas
no se hiele el cuerpo todo.
Respecto de esto, hija mía,
y de mi reino heredera,
casarte...
INFANTA: (¡Ay, triste!) Aparte
REY: ...quisiera
con quien hereda el de Hungría.
Éste por esposo ten,
que será más conveniente,
demás de que es tu pariente
y sé que te quiere bien,
y ha meses que me importuna,
digo mal, que honrar nos quiere
a los dos.
INFANTA: (¿Qué habrá que espere Aparte
de mi contraria fortuna?)
REY: ¿No respondes?
INFANTA: Señor...
REY: ¿Es
que te has turbado?
Salen el PRÍNICPE y el CONDE
PRÍNCIPE: Ya es hora
de hablarle, ven.
REY: Calla agora,
responderásme después.
CONDE: ¿Tal maldad pudo caber
en pecho noble?
PRÍNCIPE: Es ingrato,
pero, aun viendo su mal trato,
no la puedo aborrecer,
aunque muy con otro intento
la quiero. Déme la mano,
Llegando al REY
vuestra majestad.
CONDE: (¡Cuán vano Aparte
saldrá tu mal pensamiento!)
REY: Démela a mí vuestra alteza.
CONDE: Yo espero que me la dé,
Arrodíllase el CONDE
tu majestad.
REY: Ponte en pie,
conde, y cubre la cabeza.
CONDE: Como tu vasallo soy,
te la pido arrodillado.
REY: A quien es tan gran soldado
los brazos también le doy.
Levántase el CONDE
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham