This file was last updated on October 15, 1998


EL CONDE ALARCOS


Personas que hablan en ella:


JORNADA PRIMERA


Salen el CONDE y MARGARITA:
CONDE: Vuelve a mi cuello esos lazos, del alma alegres despojos. MARGARITA: Para verte y darte abrazos, quisiera infinitos ojos y más que infinitos brazos. ¡Mi Conde! CONDE: ¡Mi Margarita! MARGARITA: ¿Cómo lo pasaste allá? CONDE: Con pena más que infinita, mas, si muere el que se va, el que vuelve resucita. Y tú, mi alegría, aquí muerta estarías también. ¿Cómo estuviste? MARGARITA: ¡Ay de mí! Para responderte bien basta decir que sin ti, y sin mí, pues quedé tal... CONDE: ¿Fue cierto aquel accidente? MARGARITA: Y hubiera de ser mortal. CONDE: Di que crece el bien presente referir, pasado, el mal.

MARGARITA: Cuando, a mi pesar, partiste por general a esta guerra, llorando tus desengaños, di crédito a mis sospechas, porque, entre muchas señales tan penosas como ciertas, vi crecerme la barriga casi al compás de la pena. Por tener con estas sobras, señor, mis faltas secretas, ¡qué hice de fingimientos, qué compuse de cautelas! Así pasé nueve meses, pero al cabo de ellos llegan los dolores con la noche, que nunca la vi más negra. Vime--¡ay triste!--en mi aposento, con sola mi camarera, que con lágrimas no más acompañaba a mis quejas, y éstas, mi bien, no salían del pecho sino por señas, porque en llegando a la boca yo les cerraba la puerta. De una sábana mordía con el miedo, y así eran, aumentando la congoja, sordo el llanto y mudas ellas, aunque no lo fueron tanto que, con la pasión inmensa, no saliese algún gemido. Oyéronle mis doncellas, dieron aviso a la infanta; vino a verme, y yo, por fuerza, descubríle mi secreto, dile parte de mi pena. CONDE: ¿A la infanta? MARGARITA: Sí, a la Infanta. Y me esforzaba ella mesma con las manos, con los brazos, con los ojos, con la lengua. Con su ayuda y la del cielo tomé aliento, tomé fuerzas, defendiéndome la vida el no cansarme de hacerlas. Nació así el más bello infante que formó naturaleza, al punto que el sol nacía alumbrando cielo y tierra, que, según tardó, imagino que esperaba a que naciera, porque le imitara en esto quien le imita en la belleza. La infanta se le llevó y yo quedé casi muerta. Dice que a crïar le ha dado porque la vida le deba. CONDE: ¿Ella le tiene? MARGARITA: Y le ampara. Ruego al cielo que parezca a su padre en el valor y a su madre en la firmeza.

La color tienes turbada, di la causa, conde amigo, Dime ¿qué tienes? CONDE: No es nada. MARGARITA: Pues, ¿tú, secretos conmigo? CONDE: ¿Y tú conmigo enojada? Óyeme. MARGARITA: Tengo razón. CONDE: Yo te diré la ocasión, porque de ello no te ofendas. La infanta adora mis prendas quizá porque tuyas son; y así, Margarita hermosa, su rigor vengo a temer, que la invidia es poderosa, y más en una mujer aborrecida y celosa. MARGARITA: Con causa afligido estás, mas tú la culpa has tenido de la pena que me das; bien dicen que el ofendido ignora estas cosas. Mas ¿cómo has callado, señor, y tanto? CONDE: El darte martelos, fuera ofender tu valor, que el que enamora con celos sin duda le falta amor. Y el que descubrir pretende los amores de otra dama, a la que su pecho enciende, en el gusto y en la fama la una enfada y la otra ofende y con las dos desmerece. MARGARITA: ¿Cómo la infanta al de Hungría entretiene y favorece? CONDE: Pienso que en mi amor se enfría y a sus quejas se enternece. MARGARITA: Parece que te ha pesado. Las colores te han salido que antes se habían entrado. CONDE: Tu imaginación ha sido, que hace efeto en tu cuidado. Mas, pues he llegado a verte, serás, mi esposa, señora; esta mano he de ofrecerte, que, a no venir vencedora, no pudiera merecerte. ¿Perderás así el recelo de lo que aquí imaginaste? MARGARITA: Darásle al alma consuelo mas la infanta viene. CONDE: Baste. MARGARITA: Voyme, adiós. CONDE: Guárdete el cielo. MARGARITA: ¿Mostraráste agradecido si lo que hizo por mí te dijere? CONDE: Harélo así.

Vase MARGARITA y sale la INFANTA
INFANTA: Seas, Conde, bien venido. CONDE: Pues vengo a servirte a ti.
Arrodíllase el CONDE
INFANTA: Levántate. CONDE: Si tu alteza me da las manos primero. INFANTA: Cubre, conde, la cabeza, y cubre el pecho de acero, y escúchame. CONDE: (Mal empieza. Aparte Si es que matarme pretenden, podréme así prevenir.)
Levántase el CONDE
INFANTA: No me podrás resistir, si mis razones te ofenden, las que te quiero decir, y en ellas podrás mirar si son limpias y sencillas, pues aunque vengo a pensar que te ofenderá el oíllas, no te las puedo callar. ¿Por qué con tanta crueldad menosprecias de este modo mi alteza, mi calidad, mi reino y mi voluntad, que te obliga más que todo? CONDE: ¿Cómo preguntas por qué, pues tú lo sabes mejor? INFANTA: Bien dices que yo lo sé. CONDE: A quien debo fe y honor, pago con honor y fe. INFANTA: Muy empeñado estarás, si debes a Margarita o el honor que tú le das o el honor que ella te quita, que yo sé, Conde, que es más. ¿Qué te suspende y altera? ¿Cómo engañado has vivido dejando... CONDE: (¡Ah, crüel, ah, fiera!) Aparte INFANTA: ...por un gusto repartido una voluntad entera? CONDE: (¡Oh lengua infame y maldita!) Aparte ¿No sabes que Margarita entera en mi pecho está? ¿Quien toda el alma me da dices que el amor me quita? Ese lenguaje importuno deja, senora, por Dios, aunque para mí es ninguno. INFANTA: La mujer que quiere a dos ¿no es cierto que ofende al uno? CONDE: A mí solo me ha querido. ¿Dónde tus intentos van? INFANTA: Bien engañarte ha sabido. Quiérete a ti por marido, y al de Hungría por galán. CONDE: (¡Oh, terrible confusión! Aparte Ésta me miente, no hay duda, con la celosa pasión.) INFANTA: (De mil colores se muda.) Aparte CONDE: ¿No sabes que primos son Margarita y el de Hungría? Del pensamiento desvía esa sospecha importuna. INFANTA: Conde, la sangre que es una, unos pensamientos cría, y éstos la juntan mejor, para que el mundo engañado, como es tan uno el color, no advierta que se ha mezclado. CONDE: (¡Ay, mal nacido temor!) Aparte ¿Que no me quieres dejar? ¿Quiérete el príncipe a ti y dasme a mí ese pesar? INFANTA: ¡Qué bien te supo engañar! CONDE: ¿Luego esto es engaño? INFANTA: Sí, y de esa misma razón verás que pende tu daño, pues en cualquiera ocasión, a la sombra de ese engaño disimula su traición, y a decirte habrá probado que el niño que ella parió y que yo al príncipe he dado, era tuyo. CONDE: Sí, ¿pues no? ¿Qué dices? INFANTA: Que te ha engañado. CONDE: ¿No es el niño prenda mía? INFANTA: ¿Tuya? Del príncipe es, que hereda el reino de Hungría, cuando es la traición con pies, alcanza cuanto porfia. Y que me le ha dado, es cierto, para que a él se le diese; y, diciendo que era muerto, para contigo estuviese este secreto encubierto. Mira si, de ella ofendido, es justo que a mí me trates con desdén y con olvido. CONDE: Fuertes son estos combates, pero a mí no me han vencido. Que no es mi pena tan loca que turbe así mis sentidos, y este fuego que me toca llega helado a mis oídos, aunque está ardiendo en tu boca. INFANTA: A mal parecer se arrima tu opinión, no hay bien que espere. (Su valor me desanima.) Aparte CONDE: Quien no confía no estima, y quien no estima no quiere. Yo, que en Margarita bella, estimo tanto el valor, la fineza de mi amor pruebo en confïarme de ella. INFANTA: (Esfuércese mi rigor, Aparte crezca el llanto, atice el fuego, que a tan gran desdicha llego.) Son tus sinrazones muchas, mas, Conde, pues sordo escuchas, yo he de ver si miras ciego. CONDE: ¿Cómo así? INFANTA: Haciéndote ver lo que creerme no quieres. CONDE: Entonces podría ser. (¿Quien fïará de mujeres, Aparte si Margarita es mujer?) INFANTA: Donde la sueles hablar esta noche has de venir; pero has de ver y callar. CONDE: Mejor dijeras morir donde me acabe el pesar. INFANTA: Pero en viendo el torpe efeto, has de hacer por mí una cosa. CONDE: Cuantas pidas te prometo. INFANTA: Recibirme por esposa. CONDE: Yo lo ofrezco. INFANTA: Yo lo aceto.
Vase entrando el CONDE poco a poco por la una puerta, y van saliendo el PRÍNCIPE de Hungría y MARGARITA por la otra. Hablan aparte el PRÍNCIPE y MARGARITA y la INFANTA con el CONDE
CONDE: Yo me voy. PRÍNCIPE: Yo, prima mía, temblando de miedo vengo. MARGARITA: Llega sin él y porfia. PRÍNCIPE: Yo le perderé, pues tengo una estrella que me guía. INFANTA: (La ocasión viene extremada Aparte para acreditar mi engaño.) Comience tu desengaño. Tal viene que, de turbada, no te ha visto. MARGARITA: Estás extraño. INFANTA: Si te ve, no habrá lugar de desengañarte más. ..................[ -ar] Vete, conde. ¿Cuál te vas? MARGARITA: Agora puedes llegar. PRÍNCIPE: Si eso en mi favor se ordena, no será mi suerte poca.
Da muestras de gran sentimiento el CONDE
INFANTA: (¡Con qué rabiase provoca! Aparte Por señas dice la pena que le ha cerrado la boca.) PRÍNCIPE: ¿Con qué pagarte podré lo que debo al bien que gano?
Al entrarse el CONDE cáesele el sombrero y dale con el pie
INFANTA: (Loco va; el sombrero fue Aparte que le cayó de la mano y le arroja con el pie.)
A la INFANTA
PRÍNCIPE: Todo el cielo vengo a ver en este rostro divino; mas temo, porque imagino que te enojo. INFANTA: ¿Ha de temer quien tiene tan buen padrino? MARGARITA: ¿A quién habrá que no asombre la merced que me concedes? INFANTA: Todo conmigo lo puedes. MARGARITA: Señora, y ¿podré en tu nombre dar premios? INFANTA: Y hacer mercedes. PRÍNCIPE: Pues de ellas vendré a tener esperanza. MARGARITA: Mucho puedo, INFANTA: Porque te las pueda hacer, quiero irme y le concedo un absoluto poder. PRÍNCIPE: Mira que seguro estoy que se apasiona por mí. INFANTA: Y aun por eso se lo doy. Oye, Margarita. MARGARITA: Di.
Háblanse al oído la INFANTA y MARGARITA
INFANTA: Escucha. PRÍNCIPE: (Dichoso soy. Aparte ¡Cielo divino! ¿Qué advierto? Es tan grande, es tan sobrada la gloria en que me divierto, que me parece soñada. ¿Si duermo? ¿Si estoy despierto?) INFANTA: Adiós, príncipe. PRÍNCIPE: Él te guarde.
Vase la INFANTA
MARGARITA: Agora ya no estarás, como otras veces, cobarde. PRÍNCIPE: Di. MARGARITA: ¿Tardo? PRÍNCIPE: No esperes más, que no hay gloria que no tarde.

El conde Alarcos part 2

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham