This file was last updated on June 16, 1999
JUAN: ¿Es posible que ha podido tan poco con vos Estela? LEONOR: Si no basta a persuadiros mi verdad, este retrato diga si es objeto digno de mis finezas. (Agora, Aparte ingrato, llega el castigo de tanto aborrecimiento.) JUAN: ¡Válgame el cielo! ¿Qué miro? LEONOR: Mirad si esa perfección, aquese garbo, ese aliño, ese donaire, ese agrado... JUAN: ¡Perdiendo estoy el jüicio! LEONOR: ...merecen que yo le olvide por Estela. JUAN: (Basilisco Aparte mortal ha sido a mis ojos. Parece que en él he visto la cabeza de Medusa, que en piedra me ha convertido, que me ha quitado la vida.) LEONOR: (De conveniencias y arbitrios Aparte debe de tratar.) Parece que estáis suspenso. JUAN: Imagino que vi otra vez esta dama --¡ah cielos!-- y que fue mío este retrato. (Rindióse Aparte esta vez a los peligros de la verdad la razón.) LEONOR: Advertid que le he traído de España, y que es de una dama a quien deben mis sentidos la gloria de un dulce empeño y a cuyas dichas, si vivo, sucederán de Himeneo los lazos alternativos para cuya ejecución a Bruselas he venido pues no he de poder casarme si primero no castigo con un rigor un agravio, con una muerte un delito. JUAN: (¿Qué es esto que por mí pasa? Aparte ¨Es posible que he tenido valor para oír mi afrenta? ¿Cómo de una vez no rindo a la infamia los discursos, la vida a los desperdicios del honor? Leonor fue fácil; y a los números lascivos de infame, ¿tanta lealtad, fe tan pura ha reducido? Mas fue con nombre de esposo. Aquí de vosotros mismos, celos, que ya la disculpo. Yo sólo el culpado he sido. Yo la dejé. Yo fui ingrato. ¿Qué he de hacer en el abismo de tan grandes confusiones?) Don Leonardo... LEONOR: (A partido Aparte quiere darse ya este aleve.) ¿Qué decís? JUAN: (No sé qué digo Aparte que me abraso en rabia y celos, que estoy en un laberinto donde nos es posible hallar, si no es con mi muerte, el hilo pues Leonor no fue Ariadna.) Con este retrato he visto mi muerte. LEONOR: (¡Ah, bárbaro, ingrato, Aparte tan ciego, tan divertido estás que no me conoces! ¿Hay más loco desatino que el original no mira y el retrato ha conocido? ¿Tal le tienen sus engaños?) JUAN: (Mal mis pesares resisto.) Aparte ¿Qué empeños de amor debéis a esta dama? LEONOR: He merecido sus brazos y sus favores; a vuestro entender remito lo demás. JUAN: (¡Agora es tiempo, Aparte locuras y desvaríos! ¡Agora, penas, agora no quede lugar vacío en el alma! Apoderaos de potencias y sentidos. Leonor fue común desdicha. Rompa mi silencio a gritos el respeto.) Esa mujer ese monstruo, ese prodigio de facilidad fue mía. Dejéla y aborrecido pueden más celos que amor. Ya la adoro. Ya me rindo al rapaz arquero alado; pero ni aun hallo camino matándoos para vivir, pues la ofensa que me hizo siempre vivirá en mis odios. ¿Quién imaginara el limpio honor de Leonor manchado? LEONOR: (Declaróse este testigo Aparte aunque en mi contra en mi abono. Todo lo que sabe ha dicho; mas apretemos la cuerda.) ¿De suerte que mi enemigo sois vos, don Juan? JUAN: Sí, Leonardo. LEONOR: ¡Que jamás Leonor me dijo vuestro nombre! Quizá fue porque el ilustre apellido de Córdoba no quedase en lo ingrato oscurecido. Sólo dijo que en Bruselas os hallaría, y que aviso tendría en sus mismas cartas del nombre. Ya le he tenido de vos, y es buena ocasión para mataros.
Sale don FERNANDO
FERNANDO: (¡Mi primo Aparte y don Juan de pesadumbre!) JUAN: ¡Don Fernando! LEONOR: ¿Si habrá oído lo que habl bamos? JUAN: No sé; sépalo el mundo. LEONOR: Yo digo que os podré matar, don Juan, si no hacéis punto fijo en guardar aqueste punto. JUAN: Jamás a esos puntos sigo cuando me enojo, Leonardo. LEONOR: Yo tampoco cuando riño porque el valor me gobierna, no del arte los caprichos, ángulos rectos o curvos; mas a don Luis he visto de Narváez, el famoso... FERNANDO: (Los ojos y los oídos Aparte se engañan.) JUAN: Leonardo, ¿de qué habláis? LEONOR: Del ejercicio de las armas. FERNANDO: ¿Cómo estáis, don Juan, tan descolorido? JUAN: En tratando de reñir, no puedo más, a honor mío. Leonardo, vedme.
Yéndose [don JUAN]
LEONOR: Sí, haré, que he de seguir los principios de vuestra doctrina. (¡Ah, cielos!) Aparte JUAN: (¡Que luego Fernando vino Aparte en esta ocasión!) LEONOR: (¡Que en esta Aparte ocasión haya venido mi hermano! ¡Infelice soy!) JUAN: A los jardines de Armindo me voy esta tarde un rato. Venid, si queréis, conmigo, llevarán espadas negras. LEONOR: Iré con gusto excesivo. JUAN: ¿Quedáisos, Fernando? FERNANDO: Sí. JUAN: Pues adiós. Lo dicho, dicho, don Leonardo. LEONOR: Claro está.
[Vase don JUAN]
FERNANDO: ¿Fuése? LEONOR: Sí. FERNANDO: Estela me dijo, no obstante, que la pretende el príncipe Ludovico de Pinoy, y que a don Juan debe estar agradecido. Sospecho que sólo a ti inclina el desdén esquivo de su condición, de suerte... LEONOR: No prosigas. FERNANDO: No prosigo, pues ya lo entiendes, Leonardo. A favor tan conocido, ¿qué le puedes responder si no desdeñoso, tibio? (Sabe el cielo cuánto siento, Aparte cuando de adorarla vivo que me haga su tercero.) LEONOR: Pues, Fernando, si he tenido acción al amor de Estela, desde luego me desisto de su pretensión. FERNANDO: ¿Estás loco? LEONOR: No tengo jüicio. (Deseando estoy que llegue Aparte la tarde.) FERNANDO: De tus desinios quiero que me hagas dueño. LEONOR: Aún no es tiempo. (Divertirlo Aparte quiero con algún engaño.) Ven conmigo. FERNANDO: Voy contigo.
Vanse [don FERNANDO y doña LEONOR], y sale TOMILLO
TOMILLO: Después que bebí de aquel negro chocolate, o mixto de varias cosas que Flora me brindó, estoy aturdido, los ojos no puedo abrir.
Sale FLORA
FLORA: Siguiendo vengo a Tomillo por si ha obrado el chocolate. TOMILLO: Doy al diablo lo que miro si lo veo; aquí me acuesto un rato. ¡Qué bien mullido está el suelo! No parece
Échase
sino que aposta se hizo para quebrarme los huesos. Esto es hecho. No he podido sustentar la competencia; sueño, a tus fuerzas me rindo.
Duerme
FLORA: Como una piedra ha quedado. Lindamente ha obrado el pisto; pero vamos al expolio en nombre de San Cirilo.
Vale sacando de las faltriqueras
Comienzo. Ésta es bigotera. Tendrá cuatrocientos siglos. Según parece éste es lienzo. ¡Qué blanco, qué limpio, ostenta sucias rüinas de tabaco y romadizo! Ésta es taba. ¡Gran reliquia de mártir trae consigo este menguado! Ésta es baraja. Devoto libro de fray Luis de Granada de oraciones y ejercicios. El bolsillo no parece y de hallarle desconfío, que en tan ilustres despojos ni le hallo ni le miro. ¿Qué es aquesto? Tabaquera de cuerno. ¡Qué hermoso aliño, parto, al fin, de su cosecha, honor de su frontispicio! Hombres, --¡que aquesto os dé gusto!-- yo conozco cierto amigo que se sorbió entre el tabaco el polvo de dos ladrillos. Doyle vuelta a este otro lado. Haré segundo escrutinio.
Vuélvele
¡Cómo pesa el picarón! ¡San Onofre, San Patricio, que no despierte! Éstas son marañas de seda e hilo, y el cigarro del tabaco, que no se le escapa vicio a este sucio. Éste, sin duda, es el precioso bolsillo, a quien mis miedos consagro y mis cuidados dedico. ¡Jesús, cuántos trapos tiene!
Va contando capas
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho. Es imposible contar; mas --¡oh dulce archivo de escudos y de esperanza!-- con reverencia te miro.
Sácale
Depositario dichoso de aquel metal atractivo que a tantos Midas y Cresos puede ocasionar delitos, al corazón te traslado, metal generoso y rico, y voy antes que despierte, y esas alhajas remito a su cuidado el guardarlas cuando olvide el parasismo.
Vase FLORA y sale RIBETE
RIBETE: Leonor anda alborotada sin decirme la ocasión; ni escucha con atención ni tiene sosiego en nada. Hame ocultado que va aquesta tarde a un jardín con don Juan, no sé a qué fin. ¡Válgame Dios! ¿Qué será? Sus pasos seguir pretendo, que no puedo presumir bien de aquesto. TOMILLO: Tal dormir... Un año ha que estoy durmiendo y no puedo despertar. Vuélvome de este otro lado. RIBETE: Este pobrete ha tomado algún lobo. TOMILLO: No hay que hablar. RIBETE: ¡Ah, Tomillo! ¿Duermes? TOMILLO: No. RIBETE: ¿Pues qué? ¿Sueñas? TOMILLO: No, tampoco. Si duermo pregunta el loco cuando ya me despertó. RIBETE: ¿Son aquestas baratijas tuyas?
Levántase TOMILLO
TOMILLO: No sé. ¿Qué es aquesto? Mi bolso!
Turbado busca
RIBETE: ¿Donde le has puesto? TOMILLO: No sé. RIBETE: Aguarda. No te aflijas. Busquémosle. TOMILLO: ¿Qué es buscar? Quitádome ha de cuidado el que tan bien le ha buscado pues no le supe guardar. ¡Ay, bolso del alma mía! RIBETE: Hazle una prosopopeya. TOMILLO: "Mira, Nero de Tarpeya, a Roma cómo se ardía." ¿Partamos, quieres, Ribete, hermanablemente? RIBETE: ¿Qué? ¡Voto a Cristo que le dé! Mas déjole por pobrete. ¿No me conoces? TOMILLO: Ya estoy al cabo. ¡Ay, escudos míos! RIBETE: Por no hacer dos desvaríos con este triste, me voy, y porque no le suceda a Leonor algún disgusto.
Vase RIBETE
TOMILLO: Flora me ha dado este susto. Esta vez, vengada queda.
Vase [TOMILLO] y sale don JUAN
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu