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JUAN: Tanta inquietud en el pecho, tanta pasión en el alma, en el sosiego tal calma, en el vivir tal despecho; tal penar mal satisfecho, tal temblar y tal arder, tal gusto en el padecer. Sobornando los desvelos, sin duda, si no son celos, que infiernos deben de ser. ¿De qué sirvió la ocasión en que me puso la suerte, si de ella misma se advierte cuán pocas mis dichas son? Mi amor y su obligación reconoce Estela hermosa; mas ¿qué importa, si dudosa, o no quiere o no se atreve, siendo a mis incendios nieve, y a otro calor mariposa? Con justa causa acobardo o el amor o la esperanza, pues tan poca dicha alcanza cuando tanto premio aguardo. Este primo, este Leonardo, de don Fernando, en rigor, galán se ha opuesto a mi amor; pero ¿no es bien que me asombre si habla, rostro, talle y nombre vino a tener de Leonor? Que ¿quién, sino quien retrata su aborrecido traslado, pudiera haber malogrado suerte tan dichosa y grata? Ausente me ofende y mata con aparentes antojos, de suerte que a mis enojos dice el gusto, y no se engaña, que Leonor vino de España sólo a quebrarme los ojos. El de Pinoy sirve a Estela y amigo del de Pinoy es don Leonardo, a quien hoy su mudable gusto apela. Yo, perdida centinela, desde lejos miro el fuego, y al temor concedo y niego mis penas y mis favores, el pecho un volcán de ardor, el alma un Etna de fuego. "Más merece quien más ama," dijo un ingenio divino. Yo he de amar, porque imagino que algún mérito me llama. Goce del laurel la rama el que Fortuna eligió, pues si indigno la gozó, es cierto, si bien se advierte que le pudo dar la suerte, dicha sí, mérito no.

Sale RIBETE

RIBETE: ¡Qué ciegos intentos dan a Leonor desasosiego! Mas si van siguiendo a un ciego, ¿qué vista tener podrán? Mándame que dé a don Juan este papel por Estela, que como amor la desvela, por desvanecer su daño busca engaño contra engaño, cautela contra cautela. ¡A qué buen tiempo le veo! Quiero darle el alegrón. JUAN: Yo he de amar sin galardón y conquistar sin trofeo. RIBETE: A cierto dichoso empleo os llama Fortuna agora por este papel. JUAN: Ignora la novedad mi desgracia. RIBETE: Y es de Estela, por la gracia de Dios, Condesa de Sora. JUAN: El papel beso mil veces por suyo; dejadme leer. RIBETE: (Leed, que a fe que ha de ser Aparte más el ruido que las nueces.)

Lee

JUAN: Si es que tanto le encareces, si en verdad le has amado, Estela ya acepta su hado y, decidida a quererle, te pide que venga a verle al jardín desocupado. Dichoso, Fortuna, yo, pues ya llego a persuadirme a que merezco por firme, si por venturoso no; mi constancia al fin venció de Estela hermosa el desdén, pues me llama. A espacio ven, dicha, porque en gloria tal ya que no me mató el mal, me podrá matar el bien. RIBETE: Bien lo entiende. JUAN: Esta cadena os doy, y os quisiera dar un mundo. RIBETE: ¡Ya sabes amar! (¿Vale más una docena? Aparte Al encuentro planeado, este papel que me ha dado Leonor, sin duda, le ha mandado que vaya.) ¡Dulce papel! RIBETE: (Pues a fe que lleva en él Aparte menos de lo que ha pensado.) JUAN: No sé si es verdad o sueño ni me atrevo a responder. Amigo, el obedecer será mi gustoso empeño; decid a mi hermoso dueño que soy suyo. RIBETE: Pues adiós. JUAN: El mismo vaya con vos. Oíd, procuradme hablar, porque habemos de quedar grandes amigos los dos. RIBETE: ¡Oh, pues eso claro está!

Vase [RIBETE]

JUAN: Aprisa, luciente coche, da lugar al de la noche que oscuro te sigue ya. Hoy mi esperanza hará de su dicha ostentación, pues Estela me da acción y aunque el premio halle tardanza, más vale una alta esperanza, que una humilde posesión.

Vase [don JUAN] y sale doña LEONOR, de noche

LEONOR: ¿Dónde, ¡ay!, locos desatinos, me lleva con paso errante de amor la bárbara fuerza? ¿Cómo en tantas ceguedades, atropellando imposibles, a creer me persüade que he de vencer? ¡Ay, honor, qué me cuestas de pesares, qué me debes de zozobras, en qué me pones de ultrajes! .......................... ¡Oh, si Ribete acabase de venir, para saber si tuvo dicha de darle el papel a aquel ingrato que a tantos riesgos me trae! Mas ya viene. ¿Qué hay, Ribete?

Sale RIBETE

RIBETE: Que llegué. Que di a aquel ángel el papel. Que me rindió este despojo brillante, pensando que era de Estela. Que me dijo que dictase por ella a su dueño hermoso. Que era suyo y vendrá a hablarle. LEONOR: Bien está. RIBETE: Y ¿estás resuelta? LEONOR: Esta noche ha de entablarse o mi remedio, o mi muerte. RIBETE: Mira, Leonor, lo que haces. LEONOR: Esto ha de ser. RIBETE: ¡Quiera Dios que no des con todo al traste! LEONOR: ¡Qué mal conoces mi brío! RIBETE: ¿Quién dice que eres cobarde? Cátate aquí muy valiente, muy diestra, muy arrogante, muy alentada, y, al fin, un sepan cuantos de Marte que hace a diestros y a siniestros estragos y mortandades con el ánimo. Y la fuerza, di, señora, ¿dónde está? LEONOR: Semíramis, ¿no fue heroica? Cenobia, Drusila, Draznes, Camila, y otras cien mil, ¿no sirvieron de ejemplares a mil varones famosos? Demás de que el encontrarle es contingente, que yo sólo quise adelantarme tan temprano, por hacer que el Príncipe a Estela hable sin ver a don Juan, Ribete. si se ha enmendado jamás. RIBETE: Pues ánimo y adelante que ya estás en el terrero, y aquestas ventanas salen al cuarto de la condesa, que aquí me habló la otra tarde. LEONOR: Pues, Ribete, donde dije ten prevenidas las llaves que te dio Fineo. RIBETE: Bien. ¿Son las que a este cuarto hacen junto al de Estela, que tiene balcones a esotra parte de palacio, y ahora está vacío e inhabitable? LEONOR: Sí, y con un vestido mío me has de esperar donde sabes porque me importa el vivir. RIBETE: No, importa más el quedarme y defenderte, si acaso don Juan... LEONOR: ¡Oh, qué necedades! Yo sé lo que puede, amigo. RIBETE: Pues, si lo que puedes sabes, quédate, señora, adiós. .................................

Vase
LEONOR: Temprano vine, por ver si a don Juan también le trae su desvelo; y quiera Dios que Ludovico se tarde por si viniere.
Sale don JUAN
JUAN: No en vano temí que el puesto ocupase gente. Un hombre solo es, quiero reconocerle. LEONOR: Buen talle tiene aquéste. ¿Si es don Juan? Quiero más cerca llegarme y conocer, si es posible, quién es. JUAN: Si aquéste hablase, sabré si es el de Pinoy.

Van llegando uno a otro

LEONOR: Yo me determino a hablarle para salir de esta duda. ¿Quién va, hidalgo? JUAN: Quien sabe ir adonde le parece. LEONOR: (Él es. ¡Respuesta galante!) Aparte No irá si no quiero yo. JUAN: ¿Quién sois vos para estorbarme que me esté o me vaya? LEONOR: El diablo. JUAN: ¿El diablo? ¡Lindo descarte! Es poco un diablo. LEONOR: Ciento, mil millares de millares soy si me enojo. JUAN: ¡Gran tropa! LEONOR: ¿Burláisos? JUAN: No soy bastante a defenderme de tantos; y así, os pido, si humildades corteses valen con diablos, que los llevéis a otra parte, que aquí, ¿qué pueden querer? (Estime que aquí me halle Aparte este alentado, y que temo perder el dichoso lance de hablar a Estela esta noche.) LEONOR: Digo yo que querrán darles a los como vos ingratos dos docenas de pesares. JUAN: ¿Y si no los quiero? LEONOR: ¿No? JUAN: Demonios muy criminales traéis. Moderaos un poco. LEONOR: Vos muy civiles donaires. O nos hemos de matar, o sólo habéis de dejarme en este puesto, que importa. JUAN: ¿Hay tal locura? Bastante prueba es ya de mi cordura sufrir estos disparates; pero me importa. El mataros fuera desdicha notable, y el irme será mayor; que los hombres de mis partes jamás violentan su gusto con tan precisos desaires; demás de que tengo dada palabra aquí de guardarle el puesto a un amigo. LEONOR: Bien. Si como es justo guardasen los hombres de vuestras prendas otros preceptos más graves en la ley de la razón y la justicia, ¡qué tarde ocasionaran venganzas! Mas ¿para qué quien no sabe cumplir palabras, las da? ¿Es gentileza, es donaire, es gala o es bizarría? JUAN: (Éste me tiene por alguien Aparte que le ha ofendido. Bien puedo dejarle por ignorante.) No os entiendo, ¡por Dios vivo! LEONOR: Pues yo sí me entiendo, y baste saber que os conozco, pues sabéis que hablo verdades. JUAN: Vuestro arrojamiento indica ánimo y valor tan grande, que os estoy aficionado. LEONOR: Aficionado es en balde. No es ésta la vez primera que de mí os aficionasteis, mas fue ficción, porque sois aleve, ingrato, mudable, injusto, engañador, falso, perjuro, bárbaro, fácil, sin Dios, sin fe, sin palabra. JUAN: Mirad que no he dado a nadie ocasión para que así en mi descrédito hable, y por estar donde estáis escucho de vos ultrajes que no entiendo. LEONOR: ¿No entendéis? ¿No sois vos el inconstante que finge, promete, jura, ruega, obliga, persüade, empeña palabra y fe de noble, y falta a su sangre, a su honor y obligaciones, fugitivo al primer lance que se va sin despedirse y que aborrece sin darle ocasión? JUAN: Os engañáis. LEONOR: Más valdrá que yo me engañe. ¡Gran hombre sois de una fuga! JUAN: Más cierto será que falte luz a los rayos del sol que dejar yo de guardarle mi palabra a quien la di. LEONOR: Pues mirad. Yo sé quién sabe que disteis una palabra, que hicisteis pleito homenaje de no quebrarla, y apenas disteis al deseo alcance, cuando se acabó. JUAN: Engañáisos. LEONOR: Más valdrá que yo me engañe. JUAN: No entiendo lo que decís. LEONOR: Yo sí lo entiendo. JUAN: Escuchadme. LEONOR: No quiero de vuestros labios escuchar más falsedades, que dirán engaños nuevos. JUAN: Reparad... LEONOR: No hay que repare, pues no reparasteis vos. Sacad la espada. JUAN: Excusarse no puede ya mi cordura ni mi valor, porque es lance forzoso.

Comienzan a reñir y sale el príncipe [LUDOVICO]

Valor, agravio y mujer part 6

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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