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ALDORA:           En tu esfuerzo, la sentencia    
               se libra.
CONDE:                   Su gusto sigo.
ALDORA:        Pues vente, Conde, conmigo.   

Pónense con ella los dos
GAULÍN: Diablo eres, en mi conciencia.
Van subiendo los dos en la tramoya y ALDORA con ellos
Fuera de abajo, que sube; y aunque tan espacio y quedo, puede ser, que con mi miedo, vapor granice la nube.
Escóndese la tramoya y sale un VIEJO y GUILLERMO con la valla y martillo
VIEJO: A esta hermosa batalla hoy amor, ha de dar fin; poned, Guillermo Guarín, hacia esta parte la valla. GUILLERMO: Aquí estará bien. VIEJO: Enfrente está del real balcón. GUILLERMO: En no haciendo colación, no trabaja bien la gente.
Ponen la valla
VIEJO: Después beberás, Guillermo. GUILLERMO: Mejor fuera ahora. VIEJO: Acaba. GUILLERMO: Nuestro amo, tengo sed brava. Mas vale cuero que enfermo; ya está puesta deste lado. VIEJO: Dame, pues, acá el martillo. GUILLERMO: Hoy, dos azumbres me pillo, a cuenta de lo ganado. VIEJO: ¿Quién es el mantenedor? GUILLERMO: Sólo dicen los carteles que sustenta a tres crüeles botes de lanza. VIEJO: ¡Qué error! GUILLERMO: Y a cinco golpes de espada; que en valor y en calidad, merece la majestad de la princesa. VIEJO: No es nada. Ea, ¿está fuerte? GUILLERMO: Ya está como ha de estar. VIEJO: Pues venid; el que ganare la lid, buena moza llevará.
Vanse y corren una cortina y descúbrese ROSAURA sentada en un balcón con sus Damas y debajo unas gradas donde estará sentado como juez EMILIO y tocan chirimías, cajas y clarines
ROSAURA; ¿Qué llegó, Celia, este día? CELIA: Sí, Señora. ROSAURA: Triste vengo. CELIA: No haces bien, por vida tuya, que alientes, Señora, el pecho. ROSAURA: ¿Cómo es posible, ¡ay de mí! si me falta en este empeño mi prima Aldora? No sé cual sea su pensamiento.
Tocan cajas y clarines
EMILIO: Ya viene el mantenedor; mas a caballo, ¿qué es esto? ROSAURA: ¡Qué novedades son estas! mujer es.
Sale LISBELLA a caballo y hace señas con un lienzo blanco
EMILIO: Y con extremo hermosa. ROSAURA: Escuchad; que hace seña de paz con el lienzo.

LISBELLA: Reina de Constantinopla, a quien hoy lo mas de Tracia en tu imperio reconoce por Señora soberana; príncipes, duques y condes, oid; con vosotros habla una mujer sola, que viene de razón armada; y porque sepáis quien soy, yo soy Lisbella de Francia, hija soy de su delfín y de Flor de Lis, hermana de Enrico, su invicto rey; heredera soy de Galia, reino a quien los Pirineos humillan las frentes altas. Dueño soy de muchos reinos, y soy Lisbella; que basta para emprender valerosa esta empresa, aunque tan ardua. Yo he sabido, Emperatriz, que usurpas, tienes y guardas al conde Partinuplés, mi primo y que con él tratas casarte, no por los justos medios, sino por las falsas ilusiones de un encanto; y deslustrando la fama, le tiranizas y escondes, le rindes, prendes y guardas, contra tu real decoro. Yo, pues, que me halló obligada a redimir de este agravio la vejación o la infamia, te pido que me le des, no por estar ya tratadas nuestras bodas; no le quiero amante ya, que esta infamia no es amor, que es conveniencia, pues es forzoso que vaya como legítimo rey, supuesto que murió en Francia mi tío, de cuya muerte, quizá fue su ausencia causa, y es el Conde su heredero. Esto, emperatriz Rosaura, vengo a decirte y también que dejo una gruesa armada en ese puerto que está a vista de las murallas de tu corte; y si me niegas a mi primo, provocada, no he de dejar en tus reinos ciudad, castillo ni casa que no atropelle y destruya; porque, ya precipitada, sin poderme resistir, seré furia, incendio, brasa, terror, estrago, ruína de tu nombre, de tu fama, de tu amor, de tu grandeza, de tu gloria y de tu patria.

Sale ALDORA y pónese al lado de ROSAURA
ALDORA: ¿Esto es verdad o afición? EMILIO: ¡Oh qué francesa arrogancia! ROSAURA: Tú seas muy bien venida. Ya culpaba tu tardanza; ¿has oido el reto, Aldora? ALDORA: Habla como apasionada. ROSAURA: Pues prima, ¿qué te parece? ALDORA: Fuerza es que la satisfagas. ROSAURA: Vuestra alteza, gran Señora, debajo de mi palabra, llegue de paz.
Apéase LISBELLA y vaya por el palenque de los que tornean
LISBELLA: Voy de paz. ROSAURA: ¡Ay Aldora, que desgracia! Seas Lisbella, bien venida; oye mis verdades. LISBELLA: Habla. ROSAURA: Vuestra alteza, gran Señora, viene ciega y engañada; mal informada, me culpa; mal advertida, me ultraja, mi casto crédito ofende, mi noble decoro agravia; y porque de lo que digo quede más asegurada, hoy de mis bodas será testigo, si quiere honrarlas, pues es fuerza que me case en Polonia, Transilvania, o Escocia. LISBELLA: ¿De qué manera? ROSAURA: Un torneo es quien señala o decide la elección de su efecto. LISBELLA: (¡Que engañada Aparte de Gaulín, viniese a hacer una acción tan temeraria!) Digo que quiero asistir a tus bodas, obligada a disculpa tan cortés, y satisfación tan clara.
Tocan y callen luego
EMILIO: Los instrumentos publican que viene un aventurero.
Tocan y entra ROBERTO da la letra y lee ALDORA
ALDORA: "Si el cielo sustento, en vano temeré mudanza alguna del tiempo ni la fortuna."
Tornean y después entra EDUARDO y hace lo mismo y lee ALDORA mientras echan las celadas
"No tiene el mundo laurel para coronar mis sienes, dulce amor, si dicha tienes."
Tocan y entra FEDERICO y hace lo mismo que los demás
ROSAURA: Ni tengo eleción, ni tengo sentido con que juzgar, porque me falta el aliento. EMILIO: Toma la letra, Señora. ALDORA: Venga, dice así el concepto: "Del mismo sol a los rayos, águila o Ícaro nuevo, hoy a penetrar me atrevo."
Tornean y dice EMILIO
EMILIO: El mantenedor merece la Emperatriz y el imperio.
Alzan las celadas y dicen
ROBERTO: ¿Cómo, cuando no se sabe quién es este caballero, y es traición no habernos dado cuenta a los aventureros? ALDORA: Hable, Señora, tu alteza. ROSAURA: La condición del torneo fue, que al que venciese en él, como fuese igual sugeto, el premio gozase. FEDERICO: Yo lo remitiré al acero. EDUARDO: Todos haremos lo mismo. ROSAURA: Decid quién sois, caballero; hablad ya, pues es preciso.
Descubre la celada
CONDE: Soy el Conde. ROSAURA: Amor, ¿qué es esto?
Bajan al tablado las damas
LISBELLA: Conde, mi primo y Señor, mira que te espera un reino. CONDE: Gózale, Lisbella, hermana; que sin Rosaura, no quiero bien ninguno. ROSAURA: Yo soy tuya. CONDE: Prima, aquí no hay remedio; Francia y Roberto son tuyos, ¿qué respondes? LISBELLA: Que obedezco. ROBERTO: Soy tu esclavo. EDUARDO: Y yo, Aldora ................... [-e-o]. ALDORA: Tuya es mi mano. ROBERTO: Si quieres, Federico, serás dueño de mi hermana Rocisunda. FEDERICO: Yo seré dichoso. GAULÍN: Bueno, todos y todas se casan; sólo a Gaulín, --¡Santos Cielos!--, le ha faltado una mujer, o una sierpe, que es lo mesmo. CONDE: No te faltará, Gaulín. GAULÍN: Cuando hay tantas, yo lo creo; mayor dicha es que me falte. TODOS: Y aquí, senado discreto, El conde Partinuplés da fin; pedonad sus yerros.

FIN DE LA COMEDIA

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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