This file was last updated on April 19, 1998
CONDE: Si aspiráis a eso, no
desluzgáis el beneficio
en ocultaros de mí.
ROSAURA: El ocultarme es preciso
por algún tiempo.
CONDE: Es rigor.
ROSAURA: Es fuerza.
CONDE: ¡Oh qué barbarismo!
¿Queréisme bien?
ROSAURA: Os adoro.
CONDE: Pues, ¿qué teméis?
ROSAURA: A vos mismo.
CONDE: ¿No sois digna de mi amor?
Decid.
ROSAURA: Sugeto sois digno
de mucho amor.
CONDE: Pues, ¿por qué,
cuando me tenéis rendido
en vuestro poder y estáis
satisfecha de lo dicho,
me negáis vuestra hermosura,
privando el mejor sentido
del gusto en su bello objeto?
ROSAURA: No apuremos silogismos;
confieso que es el más noble;
más pronto, más advertido
que los demás; pero yo,
para acrisolar lo fino
del oro de vuestra fe,
árbitro hago el oïdo
en su jüicio, afianzado
de mis dichas lo propicio
con misterioso decoro;
demás que ya me habéis visto
y os he parecido bien.
CONDE: ¿Yo? ¿cuándo?
ROSAURA: No he de decirlo;
tiempo vendrá en que sepáis
quién soy y lo que os estimo.
GAULÍN: (Brava maula; ¡vive Dios! Aparte
que lo cogió al esportillo.)
CONDE: ¿Que al fin, no queréis que os vea?
ROSAURA: No puedo.
CONDE: ¡Raro capricho!
ROSAURA: Conde, creedme y queredme.
Ciego es amor.
CONDE: Ciego y niño,
cuya materia alimenta
los espíritus visivos
de dos que se corresponden.
ROSAURA: Débaos yo haberme creído,
pues me debéis lo que os quiero.
CONDE: ¿No me obligáis?
ROSAURA: Sí, os obligo
ahora descansad; el lecho
os espera.
CONDE: No es alivio
el lecho para quien tiene
tan desvelado el jüicio.
ROSAURA: Pues que os desveléis me importa;
que para cierto designio,
os he después menester.
CONDE: Si valgo para serviros,
dichoso yo; ahora estaré
contento y agradecido.
ROSAURA: Ea, entráos a reposar,
que una antorcha os dará aviso,
seguidla.
CONDE: Esperad, oid.
ROSAURA: No puedo, adiós.
Vase
CONDE: ¿Has oïdo
lo que me pasa, Gaulín?
GAULÍN: Y estoy temblando de oirlo.
CONDE: ¿Quién será aquesta mujer?
GAULÍN: Bruja, monstruo o cocodrilo
será, pues tanto se esconde...
allí viene el hacha; asido
de tí me tengo de entrar.
CONDE: La luz por mi norte sigo.
GAULÍN: Yo la tuya por mi sol.
Sale ALDORA con una hacha y va guiando al CONDE y
al entrarse GAULÍN; ella le agarra
ALDORA: ¿Dónde vas tú?
GAULÍN: ¡San Patricio!
donde su mercé mandare;
siguiendo iba cierto amigo,
a quien un ángel o un cielo
hoy hace amigable hospicio.
Mas, dónde su mercé está,
(Virtud quiero hacer el vicio, Aparte
¡Oh gran necedad del miedo!
no he menester, imagino,
más favor.)
ALDORA: ¿Ángel o cielo?
GAULÍN: Sí, Señora.
ALDORA: ¿Habéisla visto?
GAULÍN: No, Señora.
ALDORA: Siempre habláis
de cabeza.
GAULÍN: Pues, ¿qué he dicho?
ALDORA: Nada; que rata, ratera,
Roma, raída, ronquillo...
GAULIN: ¡Oh!
ALDORA: Raposa, raída, rana,
relamida...
GAULÍN: ¡San Remigio!
ALDORA: ¿No es esto hablar?
GAULÍN: Do, re, fa,
mi, sol --la piedad te pido--;
un rastrojo, un remendón,
un repostero, un rengifo,
un repollo.
ALDORA: Bien está.
GAULÍN: Y tu esclavo...
ALDORA: Ven conmigo;
que de todas estas erres
has de llevar un recibo.
GAULÍN: ¿Relámpagos a estas horas?
sobre mi dio el remolino.
Vanse y salen EMILIO y ROBERTO de Transilvania
ROBERTO: Como quien dice amor dice impaciencia;
hoy, que Rosaura hermosa nos da audiencia,
a esta justa de amor, aventurero
vengo, Emilio, el primero.
EMILIO: Quien primero en grandezas siempre ha sido
primero, claro está, será elegido.
ROBERTO: No me prometo de mis dichas tanto.
Sale FEDERICO de Polonia
FEDERICO: ¡Si me premiase amor, pues sabe cuánto
lo deseo!
Sale EDUARDO de Escocia
EDUARDO: De amor los tribunales,
solicitamos hoy con memoriales.
FEDERICO: ¿Qué hay, famoso Roberto?
ROBERTO: De amor al triunfo incierto,
tres concurrimos; ¡lance peligroso!
FEDERICO: Si el mérito se advierte,
yo estoy desconfïando de mi suerte.
ROBERTO: Pues, si el común proverbio mi fe es fuerza
yo, príncipe, seré feliz por fuerza;
si al fin, como mujer, Rosaura elige,
si ya no es que deidad mayor la rige.
EMILIO: Caballeros, su alteza.
Salen ROSAURA, ALDORA y acompañamiento
FEDERICO: ¡Qué majestad!
EDUARDO: ¡Qué garbo!
ROBERTO: ¡Qué belleza!
EMILIO: Aquí están, gran Señora,
los príncipes heroicos.
ROSAURA: ¡Ay Aldora,
que han de cansarse en vano!
EMILIO: El escocés, polonio y transilvano.
ALDORA: No excuses agasajos repetidos.
ROSAURA: Sean vuestras altezas bien venidos.
ROBERTO: Quien ya os pudo ver, no se ha excusado
de ser en cualquier tiempo bien llegado.
ROSAURA: Lisonja o cortesía,
es de estimar; sentaos, por vida mía.
Después de haberse asentado ROSAURA, van
tomando asientos diciendo cada uno estos versos cogiéndola en medio
EDUARDO: A tal precepto, mi obediencia ajusto.
ROBERTO: Soy vuestro esclavo.
FEDERICO: Obedecer es justo.
ROSAURA: Supuesto que el rüido
de la fama ligera os ha traído,
¡oh príncipes excelsos! que la fama
clarín es ya que llama,
por dote o por belleza, al casamiento,
y el mío solicita vuestro intento,
cualquiera digresión es excusada;
admitiros me agrada,
sea el buscarme gusto o conveniencia;
hablad.
ROBERTO: ¡Qué gran valor!
EDUARDO: ¡Qué gran prudencia!
ROBERTO: Habla tú, Federico.
FEDERICO: Por no ocupar el tiempo, no replico.
Yo soy, Rosaura hermosa,
Haciendo la cortesía se levanta
de la provincia fértil y abundosa
de Polonia heredero;
no con riquezas obligaros quiero,
párias de plata y oro;
aunque es grande el tesoro
que hoy dispende mi padre Segismundo
por el mayor del mundo;
que el más rico, según mi sentimiento,
es el vivir pacífico y contento,
de su reino leal obedecido,
de todos los extraños bien querido.
Yo, pues, como publico,
soy, Señora, el polonio Federico.
Esto que soy, a vuestra alteza ofrezco,
y sé que no merezco
aspirar a la gloria
de estar un solo instante en tu memoria;
mas, básteme la dicha que interesa
mi fe, con oponerse a tanta empresa.
EDUARDO: Mi nombre es Eduardo,
Levántese y hace cortesía
mi reino Escocia, que en la gran Bretaña
se incluye, a quien el Talo, poco tardo,
de perlas riega, de cristales baña;
cerca le asiste el irlandés gallardo,
provincia hermosa, que, sujeta a España
participa feliz de su grandeza,
esfuerzo, armas, virtud, valor, nobleza;
no dilatado mucho, mas dichoso
por la fertilidad, riqueza, asiento,
belleza y temple de su sitio hermoso,
por suyo a vuestra alteza lo presento;
poco don, pero muy afectuoso,
y si igualarle a mi deseo intento,
a todos los del uno, al otro polo
no hay duda, excederá su valor solo.
ROBERTO: Yo soy, bella Emperatriz,
aquel prodigio a quien llama
Alcides fuerte la Europa,
invencible Marte el Asia;
cuyos hechos tiene impresos
el tiempo en la eterna España
de las memorias, porque
se inmortalicen preclaras
las mías, asunto ilustre
de la voladora fama,
que hoy noticiosa ejercita
plumas, ojos, lenguas, alas,
vista, relación y vuelo
en publicar alabanzas
a mi nombre; finalmente,
Roberto de Transilvania
soy, cuyo famoso reino
en sus términos abarca
cuatro grandiosas regiones,
que son Valaquia o Moldavia,
que todo es uno, la Servia,
la Transilvania y Bulgaria,
reinos distintos que incluye
el gran imperio de Dacia.
De estos, pues, soy heredero,
hermosísima Rosaura;
hijo soy de Ladislao
y de Aurora de Tinacria,
y más, me precio de ser
inclinado a lides y armas
que de los reales blasones
de sus ascendencias claras;
pues ya, diez y siete veces
me ha mirado la campaña
armado, sin que me ofenda
de enero la fría escarcha,
de julio el ardiente sol,
con su hielo o con sus llamas.
Tiembla África de mi nombre,
sabe mi esfuerzo Alemania,
Dalmacia teme mi brío,
venera mi aliento España.
Perdona si te he cansado
en mis propias alabanzas;
que no suele ser vileza,
cuando a las verdades falta,
tercero que las informe,
razones que las persuadan.
Yo, pues, Rosaura divina,
ese imperio y el del alma,
libre a tu belleza ofrezco,
rendidas sus arrogancias,
sujetas sus bizarrías,
sus vanidades postradas;
justo rendimiento, pues
eres deidad soberana.
ROSAURA: Príncipes valerosos,
estimo los intentos generosos
que han a vuestras altezas obligado,
puesto que asunto soy de su cuidado,
y en tan justo afecto se acrisola;
y quisiera tener, no un alma sola,
sino tres que ofreceros con la vida;
que es bien que al premio el interés se mida
por deuda o cautiverio;
mas no tengo más de una y un imperio
que ofrecer a los tres. La elección dejo
a los de mi Consejo;
esto se mirará con advertencia
de mi decoro y vuestra conveniencia;
y puesto que ninguno ha de ofenderse,
despacio podrá verse
el que ha de ser mi dueño.
Levántanse todos
ROBERTO: Soy contento.
EDUARDO: ¡Claro ingenio!
FEDERICO: ¡Divino entendimiento!
Sea como lo ordenas.
EDUARDO: Tu precepto
es ley en mi respeto.
ROSAURA: Quedaos; que no quiero deteneros.
Van acompañándola hasta la puerta
representando siempre
ROBERTO: Señora, en todo es justo obedeceros,
Vanse la princesa ROSAURA por su puerta y los
demás por otra y salen el CONDE y GAULÍN
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu