This file was last updated on November 15, 1997

ROSAURA:       Aunque el valor que se encierra
            en tu pecho, desde allí
            da voces, óyeme a mí,
            que yo sé que todo es guerra.  
               Ya sabes que yo llegué
            pobre, humilde y desdichada
            a Polonia, y amparada
            de tu valor, en ti halle
               piedad; mandásteme, ¡ay cielos!, 
            que disfrazada viviese
            en palacio, y pretendiese
            disimulando mis celos,
               guardarme de Astolfo.  En fin,
            él me vio, y tanto atropella   
            mi honor, que viéndome, a Estrella
            de noche habla en un jardín;
               de éste la llave he tomado,
            y te podré dar lugar
            de que en él puedas entrar     
            a dar fin a mi cuidado.
               Aquí, altivo, osado y fuerte,
            volver por mi honor podrás,
            pues que ya resuelto estás
            a vengarme con su muerte. 
CLOTALDO:      Verdad es que me incliné
            desde el punto que te vi,
            a hacer, Rosaura, por ti
            --testigo tu llanto fue--
               cuanto mi vida pudiese.  
            Lo primero que intenté
            quitarte aquel traje fue;
            porque, si Astolfo te viese,
               te viese en tu propio traje,
            sin juzgar a liviandad 
            la loca temeridad
            que hace del honor ultraje.
               En este tiempo trazaba
            cómo cobrar se pudiese
            tu honor perdido, aunque fuese   
            --tanto tu honor me arrestaba--
               dando muerte a Astolfo.  ¡Mira
            qué caduco desvarío!
            Si bien, no siendo rey mío,
            ni me asombra ni me admira. 
               Darle pensé muerte, cuando
            Segismundo pretendió
            dármela a mí, y él llegó
            su peligro atropellando,
               a hacer en defensa mía 
            muestras de su voluntad,
            que fueron temeridad
            pasando de valentía.
               Pues ¿cómo yo agora --advierte--,
            teniendo alma agradecida,   
            a quien me ha dado la vida
            le tengo de dar la muerte?
               Y así, entre los dos partido
            el afecto y el cuidado,
            viendo que a ti te la he dado,
            y que de él la he recibido,         
               no sé a qué parte acudir,
            no sé qué parte ayudar.
            Si a ti me obligué con dar,
            de él lo estoy con recibir,    
               y así, en la acción ofrece,
            nada a mi amor satisface,
            porque soy persona que hace,
            y persona que padece.
ROSAURA:       No tengo que prevenir    
            que en un varón singular,
            cuanto es noble acción el dar,
            es bajeza el recibir.
               Y este principio asentado,
            no has de estarle agradecido,    
            supuesto que si él ha sido
            el que la vida te ha dado,
               y tú a mí, evidente cosa
            es que él forzó tu nobleza
            a que hiciese una bajeza,   
            y yo una acción generosa.
               Luego estás de él ofendido,
            luego estás de mí obligado,
            supuesto que a mí me has dado
            lo que de él has recibido;     
               y así debes acudir
            a mi honor en riesgo tanto,
            pues yo le prefiero, cuanto
            va de dar a recibir.
CLOTALDO:      Aunque la nobleza vive   
            de la parte del que da,
            el agradecerle está
            de parte del que recibe;
               y pues ya dar he sabido,
            ya tengo con nombre honroso 
            el nombre de generoso;
            déjame el de agradecido,
               pues le puedo conseguir
            siendo agradecido, cuanto
            liberal, pues honra tanto   
            el dar como el recibir.
ROSAURA:       De ti recibí la vida,
            y tú mismo me dijiste,
            cuando la vida me diste,
            que la que estaba ofendida  
               no era vida; luego yo
            nada de ti he recibido;
            pues vida no vida ha sido
            la que tu mano me dio.  
               Y si debes ser primero   
            liberal que agradecido
            --como de ti mismo he oído--,
            que me des la vida espero,
               que no me la has dado; y pues
            el dar engrandece más,    
            sé antes liberal; serás
            agradecido después.
CLOTALDO:      Vencido de tu argumento
            antes liberal seré.
            Yo, Rosaura, te daré 
            mi haciendo, y en un convento
               vive; que está bien pensado
            el medio que solicito;
            pues huyendo de un delito,
            te recoges a un sagrado,    
               que cuando tan dividido,
            el reino desdichas siente,
            no he de ser quien las aumente,
            habiendo noble nacido.
               Con el remedio elegido   
            soy con el reino leal,
            soy contigo liberal,
            con Astolfo, agradecido;
               y así escogerle te cuadre,
            quedándose entre los dos  
            que no hiciera, ¡vive Dios!,
            más, cuando fuera tu padre.
ROSAURA:       Cuando tú mi padre fueras,       
            sufriera esa injuria yo;
            pero no siéndolo, no.
CLOTALDO:   ¿Pues qué es lo que hacer esperas?
ROSAURA:       Matar al duque.
CLOTALDO:                ¿Una dama
            que padres no ha conocido,
            tanto valor ha tenido?
ROSAURA:    Sí.
CLOTALDO:      ¿Quién te alienta?
ROSAURA:                    ¡Mi fama!
CLOTALDO:      Mira que a Astolfo has de ver...
ROSAURA:    Todo mi honor lo atropella.
CLOTALDO:   ...tu rey, y esposo de Estrella.
ROSAURA:    ¡Vive Dios, que no ha de ser!
CLOTALDO:      Es locura.
ROSAURA:                    Ya lo veo.
CLOTALDO:   Pues véncela.
ROSAURA:                  No podré.
CLOTALDO:   Pues perderás...
ROSAURA:                    Ya lo sé.
CLOTALDO:   ...vida y honor.
ROSAURA:                     Bien lo creo.
CLOTALDO:      ¿Qué intentas?
ROSAURA:                     Mi muerte.
CLOTALDO:                        Mira
            que ese es despecho.
ROSAURA:                 Es honor.
CLOTALDO:   Es desatino.
ROSAURA:                  Es valor.
CLOTALDO:   Es frenesí.
ROSAURA:                Es rabia, es ira.
CLOTALDO:      En fin, ¿que no se da medio
            a tu ciega pasión.
ROSAURA:                  No.
CLOTALDO:   ¿Quién ha de ayudarte?
ROSAURA:                       Yo.
CLOTALDO:   ¿No hay remedio?
ROSAURA:                 No hay remedio.
CLOTALDO:      Piensa bien si hay otros modos...
ROSAURA:    Perderme de otra manera.

Vase ROSAURA

CLOTALDO: Pues si has de perderte, espera, hija, y perdámonos todos.

Vase CLOTALDO

[Campo]

Tocan y salen, marchando, soldados, CLARÍN y SEGISMUNDO, vestido de pieles

SEGISMUNDO: Si este día me viera Roma en los triunfos de su edad primera, ¡oh cuánto se alegrara viendo lograr una ocasión tan rara de tener una fiera que sus grandes ejércitos rigiera, a cuyo altivo aliento fuera poca conquista el firmamento! Pero el vuelo abatamos, espíritu; no así desvanezcamos aqueste aplauso incierto, si ha de pesarme cuando esté despierto, de haberlo conseguido para haberlo perdido; pues mientras menos fuere, menos se sentirá si se perdiere.

Dentro suena un clarín

CLARÍN: En un veloz caballo --perdóname, que fuerza es el pintallo en viniéndome a cuento--, en quien un mapa se dibuja atento, pues el cuerpo es la tierra, el fuego el alma que en el pecho encierra, la espuma el mar, el aire su suspiro, en cuya confusión un caos admiro; pues en el alma, espuma, cuerpo, aliento, monstruo es de fuego, tierra, mar y viento; de color remendado, rucio, y a su propósito rodado, del que bate la espuela; que en vez de correr, vuela; a tu presencia llega airosa una mujer. SEGISMUNDO: Su luz me ciega. CLARÍN: ¡Vive Dios, que es Rosaura!

Vase CLARÍN

SEGISMUNDO: El cielo a mi presencia la restaura.

Sale ROSAURA, con vaquero, espada y daga

ROSAURA: Generoso Segismundo, cuya majestad heroica sale al día de sus hechos de la noche de sus sombras; y como el mayor planeta, que en los brazos de la Aurora se restituye luciente a las flores y a las rosas, y sobre mares y montes, cuando coronado asoma, luz esparce, rayos brilla, cumbres baña, espumas borda; así amanezcas al mundo, luciente sol de Polonia, que a una mujer infelice, que hoy a tus plantas se arroja, ampares, por ser mujer y desdichada; dos cosas, que para obligar a un hombre que de valiente blasona, cualquiera de las dos basta, de las dos cualquiera sobra. Tres veces son las que ya me admiras, tres las que ignoras quién soy, pues las tres me has visto en diverso traje y forma. La primera me creíste varón, en la rigurosa prisión, donde fue tu vida de mis desdichas lisonja. La segunda me admiraste mujer, cuando fue la pompa de tu majestad un sueño, una fantasma, una sombra. La tercera es hoy, que siendo monstruo de una especie y otra, entre galas de mujer, armas de varón me adornan. Y porque, compadecido mejor mi amparo dispongas, es bien que de mis sucesos trágicas fortunas oigas. De noble madre nací en la corte de Moscovia, que, según fue desdichada, debió de ser muy hermosa. En ésta puso los ojos un traidor, que no le nombra mi voz por no conocerle, de cuyo valor me informa el mío; pues siendo objeto de su idea, siento agora no haber nacido gentil, para persuadirme, loca, a que fue algún dios de aquellos que en Metamorfosis lloran --lluvia de oro, cisne y toro-- Dánae, Leda y Europa. Cuando pensé que alargaba, citando aleves historias, el discurso, halle que en él te he dicho en razones pocas que mi madre, persuadida a finezas amorosas, fue, como ninguna, bella, y fue infeliz como todas. Aquella necia disculpa de fe y palabra de esposa la alcanza tanto, que aun hoy el pensamiento la cobra; habiendo sido un tirano tan Eneas de su Troya, que la dejó hasta la espada. Enváinese aquí su hoja, que yo la desnudaré antes que acabe la historia. De éste, pues, mal dado nudo que ni ata ni aprisiona, o matrimonio o delito, si bien todo es una cosa, nací yo tan parecida, que fui un retrato, una copia, ya que en la hermosura no, en la dicha y en las obras; y así, no habré menester decir que, poco dichosa, heredera de fortunas, corrí con ella una propia. Lo más que podré decirte de mí, es el dueño que roba los trofeos de mi honor, los despojos de mi honra. Astolfo... ¡ay de mí!, al nombrarle se encoleriza y se enoja el corazón, propio efecto de que enemigo se nombra. Astolfo fue el dueño ingrato que, olvidado de las glorias --porque en un pasado amor se olvida hasta la memoria--, vino a Polonia llamado de su conquista famosa, a casarse con Estrella, que fue de mi ocaso antorcha. ¿Quién creerá que habiendo sido una estrella quien conforma dos amantes, sea una Estrella la que los divida agora? Yo ofendida, yo burlada, quedé triste, quedé loca, quedé muerta, quedé yo, que es decir, que quedó toda la confusión del infierno cifrada en mi Babilonia; y declarándome muda, porque hay penas y congojas que las dicen los afectos mucho mejor que la boca, dije mis penas callando, hasta que una vez a solas, Violante, mi madre, ¡ay cielos!, rompió la prisión, y en tropa del pecho salieron juntas, tropezando unas con otras. No me embaracé en decirlas; que en sabiendo una persona que, a quien sus flaquezas cuenta, ha sido cómplice en otras, parece que ya le hace la salva y le desahoga; que a veces el mal ejemplo sirve de algo. En fin, piadosa oyó mis quejas, y quiso consolarme con las propias; juez que ha sido delincuente, ¡qué fácilmente perdona!, y escarmentando en sí misma, y por negar a la ociosa libertad, al tiempo fácil, el remedio de su honra, no le tuvo en mis desdichas; por mejor consejo toma que le siga, y que le obligue, con finezas prodigiosas, a la deuda de mi honor; y para que a menos cosa fuese, quiso mi fortuna que en traje de hombre me ponga. Descolgó una antigua espada, que es ésta que ciño. Agora es tiempo que se desnude, como prometí, la hoja, pues confïada en sus señas, me dijo, "Parte a Polonia, y procura que te vean ese acero que te adorna, los más nobles; que en alguno podrá ser que hallen piadosa acogida tus fortunas, y consuelo tus congojas." Llegué a Polonia, en efecto; pasemos, pues que no importa el decirlo, y ya se sabe, que un bruto que se desboca me llevó a tu cueva, adonde tú de mirarme te asombras. Pasemos que allí Clotaldo de mi parte se apasiona, que pide mi vida al rey, que el rey mi vida le otorga, que, informado de quién soy, me persuade a que me ponga mi propio traje, y que sirva a Estrella, donde ingeniosa estorbé el amor de Astolfo y el ser Estrella su esposa. Pasemos que aquí me viste otra vez confuso, y otra con el traje de mujer confundiste entrambas formas; y vamos a que Clotaldo, persuadido a que le importa que se casen y que reinen Astolfo y Estrella hermosa, contra mi honor me aconseja que la pretensión deponga. Yo, viendo que tú, ¡oh valiente Segismundo!, a quien hoy toca la venganza, pues el cielo quiere que la cárcel rompas de esa rústica prisión, donde ha sido tu persona al sentimiento una fiera, al sufrimiento una roca, las armas contra tu patria y contra tu padre tomas, vengo a ayudarte, mezclando entre las galas costosas de Dïana, los arneses de Palas, vistiendo agora, ya la tela y ya el acero, que entrambos juntos me adornan. Ea, pues, fuerte caudillo, a los dos juntos importa impedir y deshacer estas concertadas bodas: a mí, porque no se case el que mi esposo se nombra, y a ti, porque estando juntos sus dos estados, no pongan con más poder y más fuerza en duda nuestra victoria. Mujer, vengo a persuadirte al remedio de mi honra; y varón, vengo a alentarte a que cobres tu corona. Mujer, vengo a enternecerte cuando a tus plantas me ponga, y varón, vengo a servirte cuando a tus gentes socorra. Mujer, vengo a que me valgas en mi agravio y mi congoja, y varón, vengo a valerte con mi acero y mi persona. Y así, piensa que si hoy como a mujer me enamoras, como varón te daré la muerte en defensa honrosa de mi honor; porque he de ser, en su conquista amorosa, mujer para darte quejas, varón para ganar honras.

La vida es sueño part 9

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham