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ASTOLFO: ¿Qué pocas veces el hado
que dice desdichas, miente,
pues es tan cierto en los males,
cuanto dudoso en los bienes!
Qué buen astrólogo fuera,
si siempre casos crüeles
anunciara; pues no hay duda
que ellos fueran verdad siempre!
Conocerse esa experiencia
en mí y Segismundo puede,
Estrella, pues en los dos
hizo muestras diferentes.
En él previno rigores,
soberbias, desdichas, muertes,
y en todo dijo verdad,
porque todo, al fin, sucede;
pero en mí, que al ver, señora,
esos rayos excelentes,
de quien el sol fue una sombra
y el cielo un amago breve,
que me previno venturas,
trofeos, aplausos, bienes,
dijo mal, y dijo bien;
pues sólo es justo que acierte
cuando amaga con favores,
y ejecuta con desdenes.
ESTRELLA: No dudo que esas finezas
son verdades evidentes;
mas serán por otra dama,
cuyo retrato pendiente
trujisteis al cuello cuando
llegasteis, Astolfo, a verme;
y siendo así, esos requiebros
ella sola los merece.
Acudid a que ella os pague,
que no son buenos papeles
en el consejo de amor
las finezas ni las fees
que se hicieron en servicio
de otras damas y otros reyes.
Sale ROSAURA al paño
ROSAURA: (¡Gracias a Dios, que han llegado Aparte
ya mis desdichas crüeles
al término suyo, pues
quien esto ve nada teme!)
ASTOLFO: Yo haré que el retrato salga
del pecho, para que entre
la imagen de tu hermosura.
Donde entre Estrella no tiene
lugar la sombra, ni estrella
donde el sol; voy a traerle.
(Perdona, Rosaura hermosa, Aparte
este agravio, porque ausentes,
no se guardan más fe que ésta
los hombres y las mujeres).
Vase ASTOLFO
ROSAURA: (Nada he podido escuchar, Aparte
temerosa que me viese).
ESTRELLA: ¡Astrea!
ROSAURA: ¿Señora mía?
ESTRELLA: Heme holgado que tú fueses
la que llegaste hasta aquí;
porque de ti solamente
fïara un secreto.
ROSAURA: Honras,
señora, a quien te obedece.
ESTRELLA: En el poco tiempo, Astrea,
que ya que te conozco, tienes
de mi voluntad las llaves;
por esto, y por ser quien eres,
me atrevo a fïar de ti
lo que aun de mí muchas veces
recaté.
ROSAURA: Tu esclava soy.
ESTRELLA: Pues para decirlo en breve,
mi primo Astolfo --bastara
que mi primo te dijese,
porque hay cosas que se dicen
con pensarlas solamente--
ha de casarse conmigo,
si es que la fortuna quiere
que con una dicha sola
tantas desdichas descuente.
Pesóme que el primer día
echado al cuello trujese
el retrato de una dama;
habléle en él cortesmente,
es galán y quiere bien;
fue por él, y ha de traerle
aquí. Embarázame mucho
que él a mí a dármele llegue;
quédate aquí, y cuando venga,
le dirás que te lo entregue
a ti. No te digo más;
discreta y hermosa eres;
bien sabrás lo que es amor.
Vase ESTRELLA
ROSAURA: ¡Ojalá no lo supiese!
¡Válgame el cielo! ¿Quién fuera
tan atenta y tan prudente,
que supiera aconsejarse
hoy en ocasión tan fuerte?
¿Habrá persona en el mundo
a quien el cielo inclemente
con más desdichas combata
y con más pesares cerque?
¿Qué haré en tantas confusiones,
donde imposible parece
que halle razón que me alivie,
ni alivio que me consuele?
Desde la primer desdicha,
no hay suceso ni accidente
que otra desdicha no sea;
que unas a otras suceden
herederas de sí mismas.
A la imitación del Fénix,
unas de las otras nacen,
viviendo de lo que mueren,
y siempre de sus cenizas
está el sepulcro caliente.
Que eran cobardes decía
un sabio, por parecerle
que nunca andaba una sola;
yo digo que son valientes,
pues siempre van adelante,
y nunca la espalda vuelven.
Quien las llevare consigo
a todo podrá atreverse,
pues en ninguna ocasión
no haya miedo que le dejen.
Dígalo yo, pues en tantas
como a mi vida suceden,
nunca me he hallado sin ellas,
ni se han cansado hasta verme
herida de la fortuna,
en los brazos de la muerte.
¡Ay de mí! ¿Qué debo hacer
hoy en la ocasión presente?
Si digo quién soy, Clotaldo,
a quien mi vida le debe
este amparo y este honor,
conmigo ofenderse puede;
pues me dice que callando
honor y remedio espere.
Si no he de decir quién soy
a Astolfo, y él llega a verme,
¿cómo he de disimular?
Pues, aunque fingirlo intenten
la voz, la lengua, y los ojos,
les dirá el alma que mienten.
¿Qué haré? ¿Mas para qué estudio
lo que haré, si es evidente
que por más que lo prevenga,
que lo estudie y que lo piense,
en llegando la ocasión
ha de hacer lo que quisiere
el dolor? Porque ninguno
imperio en sus penas tiene.
Y pues a determinar
lo que he de hacer no se atreve
el alma, llegue el dolor
hoy a su término, llegue
la pena a su extremo, y salga
de dudas y pareceres
de una vez; pero hasta entonces
¡valedme, cielos, valedme!
Sale ASTOLFO con el retrato
ASTOLFO: Éste es, señora, el retrato;
mas ¡ay Dios!
ROSAURA: ¿Qué se suspende
vuestra alteza? ¿Qué se admira?
ASTOLFO: De oírte, Rosaura, y verte.
ROSAURA: ¿Yo Rosaura? Hase engañado
vuestra alteza, si me tiene
por otra dama; que yo
soy Astrea, y no merece
mi humildad tan grande dicha
que esa turbación le cueste.
ASTOLFO: Basta, Rosaura, el engaño,
porque el alma nunca miente,
y aunque como a Astrea te mire,
como a Rosaura te quiere.
ROSAURA: No he entendido a vuestra alteza,
y así, no sé responderle;
sólo lo que yo diré
es que Estrella --que lo puede
ser de Venus-- me mandó
que en esta parte le espere,
y de la suya le diga
que aquel retrato me entregue
--que está muy puesto en razón--,
y yo misma se lo lleve.
Estrella lo quiere así,
porque aun las cosas más leves
como sean en mi daño
es Estrella quien las quiere.
ASTOLFO: Aunque más esfuerzos hagas,
¡oh, qué mal, Rosaura, puedes
disimular! Di a los ojos
que su música concierten
con la voz; porque es forzoso
que desdiga y que disuene
tan destemplado instrumento,
que ajustar y medir quiere
la falsedad de quien dice,
con la verdad de quien siente.
ROSAURA: Ya digo que sólo espero
el retrato.
ASTOLFO: Pues que quieres
llevar al fin el engaño,
con él quiero responderte.
Dirásle, Astrea, a la infanta
que yo la estimo de suerte,
que, pidiéndome un retrato,
poca fineza parece
enviársele, y así,
porque le estime y le precie
le envío el original;
y tú llevársele puedes,
pues ya le llevas contigo,
como a ti misma te lleves.
ROSAURA: Cuando un hombre se dispone,
restado, altivo y valiente,
a salir con una empresa
aunque por trato le entreguen
lo que valga más, sin ella
necio y desairado vuelve.
Yo vengo por un retrato
y aunque un original lleve
que vale más, volveré
desairada; y así, déme
vuestra alteza ese retrato,
que sin él no he de volverme.
ASTOLFO: ¿Pues cómo, si no he de darle,
le has de llevar?
ROSAURA: De esta suerte,
suéltale, ingrato.
ASTOLFO: Es en vano.
ROSAURA: ¡Vive Dios, que no ha de verse
en mano de otra mujer!
ASTOLFO: Terrible estás.
ROSAURA: Y tú aleve.
ASTOLFO: Ya basta, Rosaura mía.
ROSAURA: ¿Yo tuya, villano? Mientes.
Sale ESTRELLA
ESTRELLA: Astrea, Astolfo, ¿qué es esto?
ASTOLFO: (Aquésta es Estrella). Aparte
ROSAURA: (Déme Aparte
para cobrar mi retrato
ingenio el Amor). Si quieres
saber lo que es, yo, señora,
te lo diré.
ASTOLFO: ¿Qué pretendes?
ROSAURA: Mandásteme que esperase
aquí a Astolfo, y le pidiese
un retrato de tu parte.
Quedé sola, y como vienen
de unos discursos a otros
las noticias fácilmente,
viéndote hablar de retratos,
con su memoria acordéme
de que tenía uno mío
en la manga. Quise verle,
porque una persona sola
con locuras se divierte;
cayóseme de la mano
al suelo; Astolfo, que viene
a entregarte el de otra dama,
le levantó, y tan rebelde
está en dar el que le pides,
que en vez de dar uno, quiere
llevar otro; pues el mío
aun no es posible volverme,
con ruegos y persuasiones;
colérica e impaciente
yo se le quise quitar.
Aquél que en la mano tiene,
es mío; tú lo verás
con ver si se me parece.
ESTRELLA: Soltad, Astolfo, el retrato.
Quítasele
ASTOLFO: Señora...
ESTRELLA: No son crüeles,
a la verdad, los matices.
ROSAURA: ¿No es mío?
ESTRELLA: ¿Qué duda tiene?
ROSAURA: Di que ahora te entregue el otro.
ESTRELLA: Tomas tu retrato, y vete.
ROSAURA: (Yo he cobrado mi retrato, Aparte
venga ahora lo que viniere).
Vase ROSAURA
ESTRELLA: Dadme ahora el retrato vos
que os pedí; que aunque no piense
veros ni hablaros jamás,
no quiero, no, que se quede
en vuestro poder, siguiera
porque yo tan neciamente
le he pedido.
ASTOLFO: (¿Cómo puedo Aparte
salir de lance tan fuerte?)
Aunque quiera, hermosa Estrella,
servirte y obedecerte,
no podré darte el retrato
que me pides, porque...
ESTRELLA: Eres
villano y grosero amante.
No quiero que me le entregues;
porque yo tampoco quiero,
con tomarle, que me acuerdes
de que yo te le he pedido.
Vase ESTRELLA
ASTOLFO: Oye, escucha, mira, advierte.
¡Válgame Dios por Rosaura!
¿Dónde, cómo, o de qué suerte
hoy a Polonia has venido
a perderme y a perderte?
Vase ASTOLFO
[En la torre de SEGISMUNDO]
Descúbrese SEGISMUNDO, como al principio, con pieles y cadena,
durmiendo en el suelo; salen CLOTALDO, CLARÍN y los dos criados
CLOTALDO: Aquí le habéis de dejar
pues hoy su soberbia acaba
donde empezó.
CRIADO 1 Como estaba,
la cadena vuelvo a atar.
CLARÍN: No acabes de despertar,
Segismundo, para verte
perder, trocada la suerte
siendo tu gloria fingida,
una sombra de la vida
y una llama de la muerte.
CLOTALDO: A quien sabe discurrir,
así, es bien que se prevenga
una estancia, donde tenga
harto lugar de argüir.
Éste es el que habéis de asir
y en ese cuarto encerrar.
CLARÍN: ¿Por qué a mí?
CLOTALDO: Porque ha de estar
guardado en prisión tan grave,
Clarín que secretos sabe,
donde no pueda sonar.
CLARÍN: ¿Yo, por dicha, solicito
dar muerte a mi padre? No.
¿Arrojé del balcón yo
al Icaro de poquito?
¿Yo muero ni resucito?
¿Yo sueño o duermo? ¿A qué fin
me encierran?
CLOTALDO: Eres Clarín.
CLARÍN: Pues ya digo que seré
corneta, y que callaré,
que es instrumento ruín.
Llévanle a CLARÍN. Sale el rey BASILIO, rebozado
BASILIO: ¿Clotaldo?
CLOTALDO: ¡Señor! ¿Así
viene vuestra majestad?
BASILIO: La necia curiosidad
de ver lo que pasa aquí
a Segismundo, ¡ay de mí!
de este modo me ha traído.
CLOTALDO: Mírale allí, reducido
a su miserable estado.
BASILIO: ¡Ay, príncipe desdichado
y en triste punto nacido!
Llega a despertarle, ya
que fuerza y vigor perdió
con el opio que bebió.
CLOTALDO: Inquieto, señor, está,
y hablando.
BASILIO: ¿Qué soñará
agora? Escuchemos, pues.
En sueños
SEGISMUNDO: Piadoso príncipe es
el que castiga tiranos;
muera Clotaldo a mis manos,
bese mi padre mis pies.
CLOTALDO: Con la muerte me amenaza.
BASILIO: A mí con rigor y afrenta.
CLOTALDO: Quitarme la vida intenta.
BASILIO: Rendirme a sus plantas traza.
En sueños
SEGISMUNDO: Salga a la anchurosa plaza
del gran teatro del mundo
este valor sin segundo;
porque mi venganza cuadre,
vean triunfar de su padre
al príncipe Segismundo.
Despierta
Mas, ¡ay de mí! ¿Dónde estoy?
BASILIO: Pues a mí no me ha de ver;
ya sabes lo que has de hacer.
Desde allí a escucharle voy.
Retírase el rey BASILIO
SEGISMUNDO: ¿Soy yo por ventura? ¿Soy
el que preso y aherrojado
llego a verme en tal estado?
¿No sois mi sepulcro vos,
torre? Sí. ¡Válgame Dios,
qué de cosas he soñado!
CLOTALDO: (A mí me toca llegar, Aparte
a hacer la desecha agora).
SEGISMUNDO: ¿Es ya de despertar hora?
CLOTALDO: Sí, hora es ya de despertar.
¿Todo el día te has de estar
durmiendo? ¿Desde que yo
al águila que voló
con tarda vista seguí
y te quedaste tú aquí,
nunca has despertado?
SEGISMUNDO: No.
Ni aun agora he despertado;
que según, Clotaldo, entiendo,
todavía estoy durmiendo,
y no estoy muy engañado;
porque si ha sido soñado
lo que vi palpable y cierto,
lo que veo será incierto;
y no es mucho que, rendido,
pues veo estando dormido,
que sueñe estando despierto.
CLOTALDO: Lo que soñaste me di.
SEGISMUNDO: Supuesto que sueño fue,
no diré lo que soñé;
lo que vi, Clotaldo, sí.
Yo desperté, y yo me vi,
--¡qué crueldad tan lisonjera!--
en un lecho, que pudiera
con matices y colores
ser el catre de las flores
que tejió la primavera.
Aquí mil nobles, rendidos
a mis pies nombre me dieron
de su príncipe, y sirvieron
galas, joyas y vestidos.
La calma de mis sentidos
tú trocaste en alegría,
diciendo la dicha mía;
que, aunque estoy de esta manera,
príncipe en Polonia era.
CLOTALDO: Buenas albricias tendría.
SEGISMUNDO: No muy buenas; por traidor,
con pecho atrevido y fuerte
dos veces te daba muerte.
CLOTALDO: ¿Para mí tanto rigor?
SEGISMUNDO: De todos era señor,
y de todos me vengaba;
sólo a una mujer amaba...
que fue verdad, creo yo,
en que todo se acabó,
y esto sólo no se acaba.
Vase el rey BASILIO
CLOTALDO: (Enternecido se ha ido Aparte
el rey de haberle escuchado).
Como habíamos hablado
de aquella águila, dormido,
tu sueño imperios han sido;
mas en sueños fuera bien
entonces honrar a quien
te crïó en tantos empeños,
Segismundo, que aun en sueños
no se pierde el hacer bien.
Vase CLOTALDO
SEGISMUNDO: Es verdad; pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos;
y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
de estas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
FIN EL SEGUNDO ACTO
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham