VIOLANTE: (El rostro en sangre bañado Aparte
está, al parecer herido.)
¡Ah, don Lope!
LOPE HIJO: ¿Quién ha sido
quien mi nombre ha pronunciado?
¿Quién del que es tan desdichado
no se desdeña y olvida?
VIOLANTE: Quien, de ti compadecida,
su sentimiento te advierte.
LOPE HIJO: Viva sombra de mi muerte,
muerta imagen de mi vida,
cuerpo de mi pensamiento,
alma de mi fantasía,
retrato que la fe mía
ha dibujado en el viento,
formada voz de mi acento,
no me atormentes atroz,
desvaneciendo veloz
cuerpo, alma y voz.
VIOLANTE: Mal pudiera
si yo ilusión, Lope, fuera,
tener alma, cuerpo y voz.
LOPE HIJO: Es verdad; pero creyendo,
conmigo acá vacilando,
que ahora estaba soñando,
aun dudo lo que estoy viendo.
VIOLANTE: De tu pasión obligada,
de tu pena enternecida,
a tu amor agradecida,
y en tu delito culpada,
vengo, sin mirar en nada,
a decirte que esta puerta
tendrás esta noche abierta,
por donde escapar podrás
la vida. ¿Quién vio jamás
dar vida después de muerta?
LOPE HIJO: Una planta oí que nace
tan rara y tan exquisita
que, donde hay llaga, la quita,
y donde no la hay, la hace.
En ti, Violante, renace
su calidad repetida;
pues, siendo antes mi homicida,
ahora me amparas; de suerte
que, donde hay vida, das muerte,
y donde hay muerte, das vida.
VIOLANTE: También de dos peregrinas
yerbas oí que en sus senos
apartadas son venenos
y juntas son medicinas.
Y si en los dos imaginas
su efecto, verásle aquí;
tú mueres sin mí, sin ti
muero yo. Juntarnos quiera
amor, para que no muera
cada uno de por sí.
De mi parte, habiendo oído
cuánto está el rey indignado
contigo, he determinado
hacer... Pero ¿qué rüido
oigo?
Sale ELVIRA
ELVIRA: Tu padre ha venido.
VIOLANTE: Lope, adiós.
LOPE HIJO: ¿Volverás?
VIOLANTE: Sí,
para librarte.
LOPE HIJO: ¡Ay de mí!
Que no lo pregunto yo
por librarme a mí, sinó
por volver a verte a ti.
Vase
VIOLANTE: Cierra, Elvira, aquesta puerta,
y ven conmigo volando;
porque no es bien que a las dos
halle mi padre en su cuarto.
ELVIRA: No tienes que darte prisa;
que, a lo que yo estoy mirando,
en el de Blanca, señora,
antes que en el suyo ha entrado.
VIOLANTE: Con todo, no me aseguro.
Llegaré allá, procurando
saber qué hay de nuevo en casa
de don Lope; porque cuanto
es atrevido un delito
es cobarde un sobresalto.
Vase
ELVIRA: Ya cierro, y a saber voy
qué ha habido.
Cierra la puerta. Sale VICENTE
VICENTE: ¡Válgate el diablo
por bofetón, por cachete,
por puñete, por porrazo,
por mojicón, por puñada,
por moquete o por sopapo!
¿Si hubiera más rüido hecho,
aunque se hubiera tocado
la campana de Velilla?
ELVIRA: Vicente, ¿qué vas pensando?
VICENTE: Voy, Elvira, si te digo
la verdad, muy enfadado.
ELVIRA: ¿Con quién?
ELVIRA: Ahí que no es nada;
con todo el género humano,
con mis amos, mozo y viejo.
ELVIRA: ¿Por qué?
VICENTE: Porque son mis amos,
cuanto a lo primero, y luego
porque son tan locos ambos
que uno da sin que le pidan,
y otro no calla, no dando;
siendo así que el que no da
no ha de despegar los labios,
y el que da, sea lo que fuere,
solo es quien puede hablar alto.
Voylo también con mi ama,
porque desde que oyó el caso,
aunque la "Salve" no rece,
está gimiendo y llorando.
Voylo con tu amo don Mendo
porque de hoy acá se ha dado
tanto a la contemplación
del devotísimo paso
del prendimiento que, siendo
su cofrade, en breve espacio
prendió a mi amo, a don Guillén,
y ahora, para enmendarlo,
prende al viejo. Y también voylo
con el rey.
ELVIRA: ¿Estás borracho?
VICENTE: ¡Pluguiera a Dios!
ELVIRA: ¿Con el rey?
VICENTE: Sí; porque, habiéndome dado
a mí dos mil bofetones,
ninguno tomó a su cargo;
y por uno, que a otro dieron,
se muestra tan indignado.
Que diz que echa por los ojos
basiliscos, sin milagros.
Y finalmente lo voy
contigo.
ELVIRA: Sólo eso aguardo
a saber; ¿por qué conmigo?
VICENTE: Porque, estándome adorando
con tus cinco mil sentidos,
ni una música me has dado,
ni me has escrito un papel,
ni me has tomado una mano.
ELVIRA: Ya te he dicho que Beatriz
es la que me lo ha estorbado.
VICENTE: También te he dicho yo a ti
que no hay que hacer della caso.
ELVIRA: ¡Ay Vicente! Si eso fuera
verdad, te diera un abrazo.
VICENTE: Dámele, con calidad
de quitármele en llegando
a imaginar que es mentira.
ELVIRA: Claro está que mi recato
de otra suerte no lo hiciera.
Sale BEATRIZ
BEATRIZ: ¡Gloria a Dios, que en paz os hallo!
VICENTE: ¡Beatriz!
ELVIRA: Pues ¿qué importa?
VICENTE: ¿Qué?
Tú lo verás de aquí a un rato.
BEATRIZ: Cepos quedos, reyes míos;
no hay que fruncírseme entrambos;
ni, pues que son mogiperros,
se me hagan mogigatos;
que ya lo he visto, y no importa;
que para aquí es el adagio
de que el zapato se calce
otro, que yo me descalzo.
ELVIRA: Yo soy moza de obra prima,
y de calzarme no trato
de viejo, y más en su tienda,
que hormas y pies son de un palo.
VICENTE: (¡Esto es hecho!) Aparte
BEATRIZ: ¿Cómo es eso?
¿Soy yo hija del cosario
Pie de Palo, por ventura?
ELVIRA: Algo deso hay.
VICENTE: (¡Esto es malo!) Aparte
BEATRIZ: Con estas manos que ve
me vengara de ese agravio,
si no viera que su moño
no la dolerá en mis manos.
VICENTE: (¡Declaróse!) Aparte
ELVIRA: Pues, ¿por dicha
es mi cabello prestado,
como el ojo izquierdo suyo,
que es de vidrio?
BEATRIZ: ¿Qué?
VICENTE: Echo el fallo.
No se ha de hablar más en esto.
ELVIRA: ¿Cómo que no? En todo caso,
la puedo yo mostrar dientes.
BEATRIZ: Sí pienso que podrá, y hartos;
porque, aunque ya es más que niña,
los tiene para mudarlos.
ELVIRA: ¿Estos son dientes postizos?
BEATRIZ: ¿Estos son ojos vidriados?
ELVIRA: ¿Este cabello es ajeno?
BEATRIZ: ¿Y éstas son piernas de palo?
VICENTE: ¡Aguarda, no l[a]s enseñes!
¿No echas de ver dónde estamos?
ELVIRA: Este pícaro...
BEATRIZ: Este infame...
ELVIRA: Este vil...
BEATRIZ: Este picaño...
ELVIRA: ...tiene la culpa.
BEATRIZ: Pues tenga
la pena.
Péganle
VICENTE: ¡Damas, a espacio!
ELVIRA: Gente viene.
BEATRIZ: Pues dejemos
este negocio empezado.
VICENTE: Luego ¿piensan acabarle?
ELVIRA: Y las dos ¿cómo quedamos?
BEATRIZ: Amigas.
ELVIRA: Adiós.
BEATRIZ: Adiós.
Vanse las dos
VICENTE: ¿No es mejor, al diablo, al diablo
que os lleve, puercas, bribonas?
¡Qué diluvio de porrazos
ha venido sobre mí!
Y lo peor de este fracaso
no es sino que de todo esto
no se le da al rey un cuarto.
Vase. Sale el REY disfrazado, y doña
BEATRIZ, queriéndole reconocer
BLANCA: ¿Quién es, cielo, quien así,
cuando la noche cerrando
baja, se ha entrado hasta aquí?
Hombre, ¿qué vienes buscando?
¿Tráesme más pesares? "Sí"
responderás, claro está;
que en casa de un afligido,
en quien no hay consuelo ya,
solamente la ha sabido
quien los pesares le da.
(El rostro y la voz esconde, Aparte
y callando me responde.)
Beatriz, saca una luz. ¡Cielo!
Viva estatua soy de hielo.
Saca luces BEATRIZ
Hombre, ¿a qué has entrado donde
temor y asombro me das?
REY: Queda sola, y lo sabrás.
BLANCA: Nada temo; éntrate dentro.
Toma la luz, y vase BEATRIZ
(Tantas más penas encuentro Aparte
cuantas voy dejando atrás.)
¿Aun no te descubres?
REY: No,
hasta cerrar esta puerta.
Cierra BLANCA
BLANCA: (¿Quién mayor confusión vio?) Aparte
¡Hola!
REY: No des voces.
BLANCA: (¡Muerta Aparte
estoy!) Pues ¿quién eres?
Descúbrese el REY
REY: Yo.
BLANCA: ¡Válgame el cielo! ¿Qué veo?
REY: ¿Conocéisme?
BLANCA: Sí, señor;
que en ningún embozo puede
andar disfrazado el sol.
¿Vos en mi casa a estas horas?
¿En aquese traje vos
a buscarme? ¿Qué mandáis?
Que a vuestras plantas estoy.
Sacadme, por Dios, sacadme
de tan nueva confusión.
Sepa yo si esta visita
es castigo o es favor.
REY: Ni es favor, Blanca, ni es
castigo; es obligación
de mi oficio; que el ser rey
oficio es también.
BLANCA: Señor,
¿y en qué obligación conmigo
os pone el serlo?
REY: El color
cobrad, cobrad el aliento;
sosegad el corazón;
porque os he menester, Blanca,
a vos muy dentro de vos.
Vuestro hijo a vuestro esposo
públicamente ofendió;
vuestro esposo de vuestro hijo
ante mí se querelló
públicamente también;
y en el repetido error
de entrambos resulta, Blanca,
la sospecha contra vos.
Razón tenéis de turbaros,
y tan sobrada razón,
que es tan nueva diligencia
aquésta, que no la vio
otra vez en cuantos casos
con rayos escribe el sol.
Mas yo he de saber si es cierto
que pudo ser, que llegó
de padre a hijo, de hijo a padre
a tanto la indignación
que uno ofenda, otro querelle;
y para poder mejor
saberlo, como a testigo,
vengo a examinaros yo.
Hablad conmigo, fïada
en la fe de ser quien soy,
de jamás no padezca
vuestra fama y opinión
el escrúpulo más leve.
Solos estamos los dos,
ni ha de haber otro instrumento
que mi oído y vuestra voz.
O si no, vive Dios, Blanca,
que hasta que llegue...
BLANCA: Señor,
tened; no paséis tan presto
de la blandura al rigor,
de la piedad al enojo,
ni del agrado al furor;
que aunque es verdad que ha tenido
un secreto por prisión
el pecho, donde guardado
se ha conservado hasta hoy;
que aunque es verdad que propuse
guardarle, viendo que estoy
en la sospecha indiciada
de que me advertís, error
hiciera en no descubrirle;
que es tan noble mi ambición,
es tan mío mi respeto,
tan de mi esposo mi honor,
que no ha de dejar que cobre
fuerza esa imaginación.
Y así, por ella he de dar
aquesta satisfacción
a vos, al mundo y al cielo.
Oídme atento.
REY: Ya lo estoy.
Las tres justicias en una, part 9
Electronic text by Vern G. Williamsen
and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu