This file last updated February 1, 1999

VIOLANTE:          (El rostro en sangre bañado      Aparte
                está, al parecer herido.)
                ¡Ah, don Lope!
LOPE HIJO:                     ¿Quién ha sido
                quien mi nombre ha pronunciado?
                ¿Quién del que es tan desdichado
                no se desdeña y olvida?
VIOLANTE:       Quien, de ti compadecida,
                su sentimiento te advierte.
LOPE HIJO:      Viva sombra de mi muerte,
                muerta imagen de mi vida,
                   cuerpo de mi pensamiento,
                alma de mi fantasía,
                retrato que la fe mía
                ha dibujado en el viento,
                formada voz de mi acento,
                no me atormentes atroz,
                desvaneciendo veloz
                cuerpo, alma y voz.
VIOLANTE:                           Mal pudiera
                si yo ilusión, Lope, fuera,
                tener alma, cuerpo y voz.

LOPE HIJO: Es verdad; pero creyendo, conmigo acá vacilando, que ahora estaba soñando, aun dudo lo que estoy viendo.

VIOLANTE: De tu pasión obligada, de tu pena enternecida, a tu amor agradecida, y en tu delito culpada, vengo, sin mirar en nada, a decirte que esta puerta tendrás esta noche abierta, por donde escapar podrás la vida. ¿Quién vio jamás dar vida después de muerta? LOPE HIJO: Una planta oí que nace tan rara y tan exquisita que, donde hay llaga, la quita, y donde no la hay, la hace. En ti, Violante, renace su calidad repetida; pues, siendo antes mi homicida, ahora me amparas; de suerte que, donde hay vida, das muerte, y donde hay muerte, das vida. VIOLANTE: También de dos peregrinas yerbas oí que en sus senos apartadas son venenos y juntas son medicinas. Y si en los dos imaginas su efecto, verásle aquí; tú mueres sin mí, sin ti muero yo. Juntarnos quiera amor, para que no muera cada uno de por sí. De mi parte, habiendo oído cuánto está el rey indignado contigo, he determinado hacer... Pero ¿qué rüido oigo?

Sale ELVIRA
ELVIRA: Tu padre ha venido. VIOLANTE: Lope, adiós. LOPE HIJO: ¿Volverás? VIOLANTE: Sí, para librarte. LOPE HIJO: ¡Ay de mí! Que no lo pregunto yo por librarme a mí, sinó por volver a verte a ti.
Vase
VIOLANTE: Cierra, Elvira, aquesta puerta, y ven conmigo volando; porque no es bien que a las dos halle mi padre en su cuarto. ELVIRA: No tienes que darte prisa; que, a lo que yo estoy mirando, en el de Blanca, señora, antes que en el suyo ha entrado. VIOLANTE: Con todo, no me aseguro. Llegaré allá, procurando saber qué hay de nuevo en casa de don Lope; porque cuanto es atrevido un delito es cobarde un sobresalto.
Vase
ELVIRA: Ya cierro, y a saber voy qué ha habido.
Cierra la puerta. Sale VICENTE
VICENTE: ¡Válgate el diablo por bofetón, por cachete, por puñete, por porrazo, por mojicón, por puñada, por moquete o por sopapo! ¿Si hubiera más rüido hecho, aunque se hubiera tocado la campana de Velilla? ELVIRA: Vicente, ¿qué vas pensando? VICENTE: Voy, Elvira, si te digo la verdad, muy enfadado. ELVIRA: ¿Con quién? ELVIRA: Ahí que no es nada; con todo el género humano, con mis amos, mozo y viejo. ELVIRA: ¿Por qué? VICENTE: Porque son mis amos, cuanto a lo primero, y luego porque son tan locos ambos que uno da sin que le pidan, y otro no calla, no dando; siendo así que el que no da no ha de despegar los labios, y el que da, sea lo que fuere, solo es quien puede hablar alto. Voylo también con mi ama, porque desde que oyó el caso, aunque la "Salve" no rece, está gimiendo y llorando. Voylo con tu amo don Mendo porque de hoy acá se ha dado tanto a la contemplación del devotísimo paso del prendimiento que, siendo su cofrade, en breve espacio prendió a mi amo, a don Guillén, y ahora, para enmendarlo, prende al viejo. Y también voylo con el rey. ELVIRA: ¿Estás borracho? VICENTE: ¡Pluguiera a Dios! ELVIRA: ¿Con el rey? VICENTE: Sí; porque, habiéndome dado a mí dos mil bofetones, ninguno tomó a su cargo; y por uno, que a otro dieron, se muestra tan indignado. Que diz que echa por los ojos basiliscos, sin milagros. Y finalmente lo voy contigo. ELVIRA: Sólo eso aguardo a saber; ¿por qué conmigo? VICENTE: Porque, estándome adorando con tus cinco mil sentidos, ni una música me has dado, ni me has escrito un papel, ni me has tomado una mano. ELVIRA: Ya te he dicho que Beatriz es la que me lo ha estorbado. VICENTE: También te he dicho yo a ti que no hay que hacer della caso. ELVIRA: ¡Ay Vicente! Si eso fuera verdad, te diera un abrazo. VICENTE: Dámele, con calidad de quitármele en llegando a imaginar que es mentira. ELVIRA: Claro está que mi recato de otra suerte no lo hiciera.
Sale BEATRIZ
BEATRIZ: ¡Gloria a Dios, que en paz os hallo! VICENTE: ¡Beatriz! ELVIRA: Pues ¿qué importa? VICENTE: ¿Qué? Tú lo verás de aquí a un rato. BEATRIZ: Cepos quedos, reyes míos; no hay que fruncírseme entrambos; ni, pues que son mogiperros, se me hagan mogigatos; que ya lo he visto, y no importa; que para aquí es el adagio de que el zapato se calce otro, que yo me descalzo. ELVIRA: Yo soy moza de obra prima, y de calzarme no trato de viejo, y más en su tienda, que hormas y pies son de un palo. VICENTE: (¡Esto es hecho!) Aparte BEATRIZ: ¿Cómo es eso? ¿Soy yo hija del cosario Pie de Palo, por ventura? ELVIRA: Algo deso hay. VICENTE: (¡Esto es malo!) Aparte BEATRIZ: Con estas manos que ve me vengara de ese agravio, si no viera que su moño no la dolerá en mis manos. VICENTE: (¡Declaróse!) Aparte ELVIRA: Pues, ¿por dicha es mi cabello prestado, como el ojo izquierdo suyo, que es de vidrio? BEATRIZ: ¿Qué? VICENTE: Echo el fallo. No se ha de hablar más en esto. ELVIRA: ¿Cómo que no? En todo caso, la puedo yo mostrar dientes. BEATRIZ: Sí pienso que podrá, y hartos; porque, aunque ya es más que niña, los tiene para mudarlos. ELVIRA: ¿Estos son dientes postizos? BEATRIZ: ¿Estos son ojos vidriados? ELVIRA: ¿Este cabello es ajeno? BEATRIZ: ¿Y éstas son piernas de palo? VICENTE: ¡Aguarda, no l[a]s enseñes! ¿No echas de ver dónde estamos? ELVIRA: Este pícaro... BEATRIZ: Este infame... ELVIRA: Este vil... BEATRIZ: Este picaño... ELVIRA: ...tiene la culpa. BEATRIZ: Pues tenga la pena.
Péganle
VICENTE: ¡Damas, a espacio! ELVIRA: Gente viene. BEATRIZ: Pues dejemos este negocio empezado. VICENTE: Luego ¿piensan acabarle? ELVIRA: Y las dos ¿cómo quedamos? BEATRIZ: Amigas. ELVIRA: Adiós. BEATRIZ: Adiós.
Vanse las dos
VICENTE: ¿No es mejor, al diablo, al diablo que os lleve, puercas, bribonas? ¡Qué diluvio de porrazos ha venido sobre mí! Y lo peor de este fracaso no es sino que de todo esto no se le da al rey un cuarto.
Vase. Sale el REY disfrazado, y doña BEATRIZ, queriéndole reconocer
BLANCA: ¿Quién es, cielo, quien así, cuando la noche cerrando baja, se ha entrado hasta aquí? Hombre, ¿qué vienes buscando? ¿Tráesme más pesares? "Sí" responderás, claro está; que en casa de un afligido, en quien no hay consuelo ya, solamente la ha sabido quien los pesares le da. (El rostro y la voz esconde, Aparte y callando me responde.) Beatriz, saca una luz. ¡Cielo! Viva estatua soy de hielo.
Saca luces BEATRIZ
Hombre, ¿a qué has entrado donde temor y asombro me das? REY: Queda sola, y lo sabrás. BLANCA: Nada temo; éntrate dentro.
Toma la luz, y vase BEATRIZ
(Tantas más penas encuentro Aparte cuantas voy dejando atrás.) ¿Aun no te descubres? REY: No, hasta cerrar esta puerta.
Cierra BLANCA
BLANCA: (¿Quién mayor confusión vio?) Aparte ¡Hola! REY: No des voces. BLANCA: (¡Muerta Aparte estoy!) Pues ¿quién eres?
Descúbrese el REY
REY: Yo.

BLANCA: ¡Válgame el cielo! ¿Qué veo? REY: ¿Conocéisme? BLANCA: Sí, señor; que en ningún embozo puede andar disfrazado el sol. ¿Vos en mi casa a estas horas? ¿En aquese traje vos a buscarme? ¿Qué mandáis? Que a vuestras plantas estoy. Sacadme, por Dios, sacadme de tan nueva confusión. Sepa yo si esta visita es castigo o es favor. REY: Ni es favor, Blanca, ni es castigo; es obligación de mi oficio; que el ser rey oficio es también. BLANCA: Señor, ¿y en qué obligación conmigo os pone el serlo? REY: El color cobrad, cobrad el aliento; sosegad el corazón; porque os he menester, Blanca, a vos muy dentro de vos. Vuestro hijo a vuestro esposo públicamente ofendió; vuestro esposo de vuestro hijo ante mí se querelló públicamente también; y en el repetido error de entrambos resulta, Blanca, la sospecha contra vos. Razón tenéis de turbaros, y tan sobrada razón, que es tan nueva diligencia aquésta, que no la vio otra vez en cuantos casos con rayos escribe el sol. Mas yo he de saber si es cierto que pudo ser, que llegó de padre a hijo, de hijo a padre a tanto la indignación que uno ofenda, otro querelle; y para poder mejor saberlo, como a testigo, vengo a examinaros yo. Hablad conmigo, fïada en la fe de ser quien soy, de jamás no padezca vuestra fama y opinión el escrúpulo más leve. Solos estamos los dos, ni ha de haber otro instrumento que mi oído y vuestra voz. O si no, vive Dios, Blanca, que hasta que llegue... BLANCA: Señor, tened; no paséis tan presto de la blandura al rigor, de la piedad al enojo, ni del agrado al furor; que aunque es verdad que ha tenido un secreto por prisión el pecho, donde guardado se ha conservado hasta hoy; que aunque es verdad que propuse guardarle, viendo que estoy en la sospecha indiciada de que me advertís, error hiciera en no descubrirle; que es tan noble mi ambición, es tan mío mi respeto, tan de mi esposo mi honor, que no ha de dejar que cobre fuerza esa imaginación. Y así, por ella he de dar aquesta satisfacción a vos, al mundo y al cielo. Oídme atento. REY: Ya lo estoy.

Las tres justicias en una, part 9

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu