This file last updated February 1, 1999

VICENTE:        (¡Muy bien despachado viene!)        Aparte
GUILLÉN:         ...porque reverencia tanta
                os es dos veces debida;
                una, Lope, por tan rara
                amistad, y otra, porqué
                así me halle esa esmeralda,
                que con menos rendimiento
                no me atreveré a tocarla.
LOPE HIJO:      Alzad, don Guillén; que si esas
                extremos la color causa
                de esta verde flor, por serlo,
                está sujeta a mudanzas.
GUILLÉN:         ¿Qué es lo que decís?
VICENTE:                            (¿Qué va             Aparte
                que por esta flor se canta
                que, "siendo verde, trocó
                en celos sus esperanzas?")
LOPE HIJO:      Digo que, aunque es de Violante
                y aunque en mi mano se halla,
                no viene a vos.
GUILLÉN:                                ¿Yo no oí
                en mis finezas hablarla
                vos mismo?
LOPE HIJO:                 Sí.
GUILLÉN:                            Y luego, aunqué
                un crïado que pasaba
                me apartó, ¿no escuché --¡cielos!--
                que, menos fiera e ingrata,
                envïaba por testigo
                de que mármoles se gastan,
                de que montañas se mudan,
                de que diamantes se labran
                esa flor?
LOPE HIJO:                La vez primera
                ha sido que sus desgracias
                no escuche el que escucha.
GUILLÉN:                                     ¿Cómo?
LOPE HIJO:      Como, la razón cortada,
                si oís lo que os está bien,
                lo que os está mal os falta.
                Lo que Violante os responde
                es que vuestro amor la cansa.
GUILLÉN:         Pues ¿a quién Violante dice,
                cuando con vos en mí habla,
                que ya es menos fiera?
LOPE HIJO:                             A mí.
VICENTE:        (¡Arrojóse con la carga!)          Aparte
GUILLÉN:         ¿A vos?
LOPE HIJO:                Sí.
GUILLÉN:                           Mirad, don Lope,
                que, siendo aquesas palabras
                vuestras , ponéis mi amistad
                en ocasión de dudarlas.
LOPE HIJO:      Quien dude lo que yo diga,
                verá a qué se atreve.
GUILLÉN:                                  Basta
                el susto con que queréis
                que compre dicha tan alta,
                y dadme la flor.
LOPE HIJO:                        Es mía;
                y, siéndolo, no he de darla.
GUILLÉN:         Es de quien es, y no es vuestra;
                y, siéndolo, he de cobrarla.
LOPE HIJO:      Pues mirad cómo ha de ser.
GUILLÉN:         Saliendo de vuestra casa
                y llevándola con vos,
                adonde amistad tan falsa
                castigar sabré, y vengar
                mis celos a cuchilladas.

Vase
LOPE HIJO: Pues guïad vos, que ya os sigo.
Salen doña VIOLANTE y doña BLANCA, por dos lados
VIOLANTE: Don Lope, ¿qué es esto? LOPE HIJO: Nada. VICENTE: (Ha mucho que no reñimos.) Aparte BLANCA: A tus voces de esa cuadra salí. VIOLANTE: Yo también desotra. BLANCA: ¿Dónde vas? LOPE HIJO: ¿Qué sé yo? ¡Aparta! VIOLANTE: ¡Espera! LOPE HIJO: Luego, señora, vuelvo a ver lo que me mandas. BLANCA: ¿Qué es esto, Lope? ¿Tan presto ya en nuevos disgustos andas? VICENTE: (Ha mucho que no reñimos.) Aparte VIOLANTE: ¿Cuál es, don Lope, la causa del disgusto? (¡Muerta estoy!) Aparte LOPE HIJO: Vuestro recelo os engaña, que yo ¿qué disgusto tengo? BLANCA: ¿No ha de haber en esta casa una hora de paz contigo? LOPE HIJO: Pues ahora (¡pena rara!) Aparte ¿qué guerra te he dado yo? VIOLANTE: Pues ¿qué tienes? BLANCA: Pues ¿qué trazas? VICENTE: (Ha mucho que no reñimos.) Aparte
Sale don LOPE PADRE
LOPE PADRE: Pues ¿qué es esto? ¿Tú en demandas y respuestas, descompuesto así con Violante y Blanca? ¿Qué ha sido? BLANCA: Lope, señor... (¡Cielo, una industria me valga, Aparte con que su padre no entienda que ya en inquietudes anda!) Ha tenido con Vicente un enfado; procuraba castigarle, y las dos puestas en medio... VICENTE: (¡Mas que esto carga Aparte sobre mí!) VIOLANTE: ...que no le dé estorbamos. LOPE PADRE: ¡Oh, qué extraña es, Lope, tu condición! LOPE HIJO: Señor, que no ha sido nada. VICENTE: Pedíame cierta cuenta de un dinero que le falta; y sobre esto... LOPE HIJO: Bien está; idos, idos noramala. VICENTE: Para ti nunca hay razones.
Vase
LOPE PADRE: ¿Y por cosas tan livianas vos no os reportáis delante de Violante? LOPE HIJO: No hay palabras con que a ese cargo responda. Y así, sólo satisfaga el silencio. (¡Oh, quién supiera Aparte dónde don Guillén me aguarda!)
Vase
BLANCA: No le dejéis ir, señor. LOPE PADRE: Pues ¿no es mejor que se vaya y nos deje? Perdonadle vos, señora; que es tan rara su cólera que ni a mí ni a nadie respeto guarda. VIOLANTE: Disculpado está conmigo. (Y es que yo soy la culpada Aparte solamente.) BLANCA: (¡Ay, infelice! Aparte Por donde más procuraba embarazar que saliera, le he dado la puerta franca. ¿Qué he de hacer?) VIOLANTE: (Temiendo estoy Aparte no suceda una desgracia.)
Dentro ruido de espadas y dicen don LOPE y don GUILLÉN
GUILLÉN: ¡De esta suerte se castigan, traidor, amistades falsas! LOPE HIJO: Sobre celos no hay traiciones. LOPE PADRE: ¿Qué es aquello?
Salen ELVIRA y BEATRIZ
ELVIRA: Cuchilladas en la calle. BEATRIZ: Mi señor es el que riñe. ¿Qué aguardas? Corre, señor; que es tu hijo. LOPE PADRE: Ya, Blanca, yo me espantaba que estuviese quieto un día. Présteme el amor sus alas, aunque en mi vida a sus cosas he ido de tan mala gana.
Vanse. Salen don GUILLÉN y don LOPE HIJO riñendo, otros metiendo paz, VICENTE y don LOPE PADRE
LOPE PADRE: ¡Tente, Lope! ¡Don Guillén! UNO: Ya que a este tiempo llegamos, ved que de por medio estamos. GUILLÉN: ¡Falso amigo! LOPE HIJO: El falso es quien... LOPE PADRE: ¿Cómo, habiendo yo llegado, bárbaro, no te detienes? LOPE HIJO: Por ver que a quitarme vienes el honor que no me has dado. LOPE PADRE: Lo menos, pluguiera a Dios, tuvieras del que te di. Y pues mis canas aquí mi hijo no respeta, vos lo haced, señor don Guillén; porque hallar en vos colijo más respeto que en mi hijo. GUILLÉN: Y habéis colegido bien; que esas canas respetando a un tiempo, con los aceros de aquestos dos caballeros me reportaré, dejando la causa que me ha movido a más secreto lugar. LOPE HIJO: Eso es querer disfrazar el temor que me has tenido. GUILLÉN: ¿Yo temor?
Vuelven a reñir
LOPE PADRE: ¡Bárbaro, loco! ¿Cómo, viendo al llegar yo cuánto él me respetó, tú me respetas tan poco? ¡Vive Dios, de hacerte aquí que de mi valor te espantes! LOPE HIJO: Tente, y mira no levantes el báculo para mí; que ¡vive Dios, de poner las manos en tu castigo! LOPE PADRE: ¿No te enseña tu enemigo, ingrato, lo que has de hacer? LOPE HIJO: No; que si él te ha respetado de cobarde, yo no puedo hacer virtud lo que es miedo. GUILLÉN: Quien dijere o ha pensado que yo te he temido... LOPE PADRE: Habrá mentido; yo lo diré, no lo digáis vos. LOPE HIJO: Si fue de ti pronunciado ya, en nombre suyo, ya aquí verme importa satisfecho. ¡Toma, caduco!
Dale un bofetón a su padre, y cae [éste]
VICENTE: ¿Qué has hecho? LOPE PADRE: ¡Caiga el cielo sobre ti! A él hago testigo yo que es su causa la primera. TODOS: Todos te ayudamos. ¡Muera el que a su padre ofendió!
Éntranse riñendo todos con don LOPE HIJO
VICENTE: Yo solo confuso aquí ni ofensa o defensa trato. Señor, levanta. LOPE PADRE: ¡Hijo ingrato, caiga el cielo sobre ti! Esas espadas que van vengando la ofensa mía, rayos sean este día contra tu vida! Y sí harán; que para ejemplo en los dos, tú muriendo y yo llorando, rayo es el acero, cuando venga la causa de Dios. La mano que me pusiste sobre aquesta blanca nieve ¿cómo a sustentar se atreve agravios que al cielo hiciste? Y él, viendo mis desconsuelos en tragedia tan extraña, ¿cómo sus luces no empaña, cómo no rasga sus velos y con iras no deslumbra el aire que te alimenta, la tierra que te sustenta y el resplandor que te alumbra? VICENTE: Señor, la capa y sombrero toma; yo te la pondré, y el báculo. LOPE PADRE: ¿Para qué, si es de palo y no de acero? Mas yo le tomaré, sí; que ofensas de un bofetón palos quien las venga son; y si él con un padre aquí piadoso en el [s]uelo está, mejor yo, según colijo, puedo estarlo con un hijo tirano. El palo me da, para vengarme con él. Mas ¡ay de mí! que es en vano, pues al tomarle en la mano el pie me falta. ¡Oh crüel Fortuna! ¡Oh desdicha fuerte! ¿Cómo me podré vengar si aquél, que me ha de ayudar a sustentarme, me advierte que, armado en la tierra dura, sólo ha de irme aprovechando de aldaba con que ir llamando a mi misma sepultura? VICENTE: Repórtate; echa de ver que en ti reparando va toda la gente. LOPE PADRE: Pues ya qué tengo yo que perder? En mí adviertan todos, sí; sepan que hombre infame soy, pues a quien el ser le doy me quita el honor a mí. Hombres, miradme; yo he sido aquel mísero infelice que me ha deshecho quien hice y, de mi sangre ofendido, vengarme en mi sangre trato. No sólo al cielo, que fue juez supremo, pediré justicia de un hijo ingrato, pero a vosotros también, y al rey pedírsela intento, dando suspiros al viento. VICENTE: Considera que no es bien por las puertas de palacio entrar de aquesa manera. LOPE PADRE: A las del cielo quisiera vencer el inmenso espacio.

¡Rey don Pedro de Aragón, cristiano monarca, a quien llama el sabio justiciero y el ignorante, crüel!

Salen el REY, don MENDO y criados
REY: ¿Quién me llama? LOPE PADRE: Un desdichado que, arrojado a vuestros pies, justicia, señor, os pide. REY: Ya os conozco, Lope; pues, usando de mi piedad, a vuestro hijo perdoné, estando ya condenado. ¿Qué queréis? LOPE PADRE: Que no lo esté, para que veáis, señor, cuánto soy vasallo fiel; que voz que os pidió piedad, justicia os pide también. Mi hijo, si es que es mi hijo (perdone Blanca esta vez; Aparte Blanca, con cuya virtud aun no es puro el rosicler del sol, que al verla ha dejado de lucir y parecer), hoy contra Dios, vos y yo, de Dios, de padre y de rey, porque le reñí, faltando al cuarto precepto qué, tras los del culto de Dios es el primero después, puso en mi rostro la mano; e imposible de tener venganza, criminalmente me querello ante vos de él; pues cuando yo os la pedí la piedad en vos hallé, ahora que os pido justicia, señor, no me la neguéis; porque apelaré a los cielos de vos a que me la den. Vea el cielo y sepa el mundo y escuchen los hombres qué hijo que crüel procede hace a su padre crüel.
Vase
REY: ¡Mendo! MENDO: ¿Señor? REY: Pues que sois mi Justicia Mayor, ved que a vos esta causa os toca. Mi autoridad, mi poder empeñad en que se prenda este hombre y, sin que lo esté, a mis ojos no volváis. MENDO: Al punto, señor, iré a hacer cuantas diligencias me sean posibles de hacer. REY: Mirad que me importa ya más que presumís. MENDO: ¿Por qué? REY: Porque me ha dado este caso hoy que discurrir, al ver que, en las pasadas edades, no ha habido en el mundo rey ante quien jamás se diese igual querella.
Vase
MENDO: ¿Qué haré? Terrible imaginación, ¿qué me quieres? Dejamé; que yo te doy la palabra de averiguar y saber que ni aquél es hijo de éste, ni éste es el padre de aquél.

FIN DE LA JORNADA SEGUNDA

Las tres justicias en una, part 7

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu