VICENTE: (¡Muy bien despachado viene!) Aparte
GUILLÉN: ...porque reverencia tanta
os es dos veces debida;
una, Lope, por tan rara
amistad, y otra, porqué
así me halle esa esmeralda,
que con menos rendimiento
no me atreveré a tocarla.
LOPE HIJO: Alzad, don Guillén; que si esas
extremos la color causa
de esta verde flor, por serlo,
está sujeta a mudanzas.
GUILLÉN: ¿Qué es lo que decís?
VICENTE: (¿Qué va Aparte
que por esta flor se canta
que, "siendo verde, trocó
en celos sus esperanzas?")
LOPE HIJO: Digo que, aunque es de Violante
y aunque en mi mano se halla,
no viene a vos.
GUILLÉN: ¿Yo no oí
en mis finezas hablarla
vos mismo?
LOPE HIJO: Sí.
GUILLÉN: Y luego, aunqué
un crïado que pasaba
me apartó, ¿no escuché --¡cielos!--
que, menos fiera e ingrata,
envïaba por testigo
de que mármoles se gastan,
de que montañas se mudan,
de que diamantes se labran
esa flor?
LOPE HIJO: La vez primera
ha sido que sus desgracias
no escuche el que escucha.
GUILLÉN: ¿Cómo?
LOPE HIJO: Como, la razón cortada,
si oís lo que os está bien,
lo que os está mal os falta.
Lo que Violante os responde
es que vuestro amor la cansa.
GUILLÉN: Pues ¿a quién Violante dice,
cuando con vos en mí habla,
que ya es menos fiera?
LOPE HIJO: A mí.
VICENTE: (¡Arrojóse con la carga!) Aparte
GUILLÉN: ¿A vos?
LOPE HIJO: Sí.
GUILLÉN: Mirad, don Lope,
que, siendo aquesas palabras
vuestras , ponéis mi amistad
en ocasión de dudarlas.
LOPE HIJO: Quien dude lo que yo diga,
verá a qué se atreve.
GUILLÉN: Basta
el susto con que queréis
que compre dicha tan alta,
y dadme la flor.
LOPE HIJO: Es mía;
y, siéndolo, no he de darla.
GUILLÉN: Es de quien es, y no es vuestra;
y, siéndolo, he de cobrarla.
LOPE HIJO: Pues mirad cómo ha de ser.
GUILLÉN: Saliendo de vuestra casa
y llevándola con vos,
adonde amistad tan falsa
castigar sabré, y vengar
mis celos a cuchilladas.
Vase
LOPE HIJO: Pues guïad vos, que ya os sigo.
Salen doña VIOLANTE y doña BLANCA,
por dos lados
VIOLANTE: Don Lope, ¿qué es esto?
LOPE HIJO: Nada.
VICENTE: (Ha mucho que no reñimos.) Aparte
BLANCA: A tus voces de esa cuadra
salí.
VIOLANTE: Yo también desotra.
BLANCA: ¿Dónde vas?
LOPE HIJO: ¿Qué sé yo? ¡Aparta!
VIOLANTE: ¡Espera!
LOPE HIJO: Luego, señora,
vuelvo a ver lo que me mandas.
BLANCA: ¿Qué es esto, Lope? ¿Tan presto
ya en nuevos disgustos andas?
VICENTE: (Ha mucho que no reñimos.) Aparte
VIOLANTE: ¿Cuál es, don Lope, la causa
del disgusto? (¡Muerta estoy!) Aparte
LOPE HIJO: Vuestro recelo os engaña,
que yo ¿qué disgusto tengo?
BLANCA: ¿No ha de haber en esta casa
una hora de paz contigo?
LOPE HIJO: Pues ahora (¡pena rara!) Aparte
¿qué guerra te he dado yo?
VIOLANTE: Pues ¿qué tienes?
BLANCA: Pues ¿qué trazas?
VICENTE: (Ha mucho que no reñimos.) Aparte
Sale don LOPE PADRE
LOPE PADRE: Pues ¿qué es esto? ¿Tú en demandas
y respuestas, descompuesto
así con Violante y Blanca?
¿Qué ha sido?
BLANCA: Lope, señor...
(¡Cielo, una industria me valga, Aparte
con que su padre no entienda
que ya en inquietudes anda!)
Ha tenido con Vicente
un enfado; procuraba
castigarle, y las dos puestas
en medio...
VICENTE: (¡Mas que esto carga Aparte
sobre mí!)
VIOLANTE: ...que no le dé
estorbamos.
LOPE PADRE: ¡Oh, qué extraña
es, Lope, tu condición!
LOPE HIJO: Señor, que no ha sido nada.
VICENTE: Pedíame cierta cuenta
de un dinero que le falta;
y sobre esto...
LOPE HIJO: Bien está;
idos, idos noramala.
VICENTE: Para ti nunca hay razones.
Vase
LOPE PADRE: ¿Y por cosas tan livianas
vos no os reportáis delante
de Violante?
LOPE HIJO: No hay palabras
con que a ese cargo responda.
Y así, sólo satisfaga
el silencio. (¡Oh, quién supiera Aparte
dónde don Guillén me aguarda!)
Vase
BLANCA: No le dejéis ir, señor.
LOPE PADRE: Pues ¿no es mejor que se vaya
y nos deje? Perdonadle
vos, señora; que es tan rara
su cólera que ni a mí
ni a nadie respeto guarda.
VIOLANTE: Disculpado está conmigo.
(Y es que yo soy la culpada Aparte
solamente.)
BLANCA: (¡Ay, infelice! Aparte
Por donde más procuraba
embarazar que saliera,
le he dado la puerta franca.
¿Qué he de hacer?)
VIOLANTE: (Temiendo estoy Aparte
no suceda una desgracia.)
Dentro ruido de espadas y dicen don LOPE y don GUILLÉN
GUILLÉN: ¡De esta suerte se castigan,
traidor, amistades falsas!
LOPE HIJO: Sobre celos no hay traiciones.
LOPE PADRE: ¿Qué es aquello?
Salen ELVIRA y BEATRIZ
ELVIRA: Cuchilladas
en la calle.
BEATRIZ: Mi señor
es el que riñe. ¿Qué aguardas?
Corre, señor; que es tu hijo.
LOPE PADRE: Ya, Blanca, yo me espantaba
que estuviese quieto un día.
Présteme el amor sus alas,
aunque en mi vida a sus cosas
he ido de tan mala gana.
Vanse. Salen don GUILLÉN y don LOPE HIJO
riñendo, otros metiendo paz, VICENTE y don LOPE
PADRE
LOPE PADRE: ¡Tente, Lope! ¡Don Guillén!
UNO: Ya que a este tiempo llegamos,
ved que de por medio estamos.
GUILLÉN: ¡Falso amigo!
LOPE HIJO: El falso es quien...
LOPE PADRE: ¿Cómo, habiendo yo llegado,
bárbaro, no te detienes?
LOPE HIJO: Por ver que a quitarme vienes
el honor que no me has dado.
LOPE PADRE: Lo menos, pluguiera a Dios,
tuvieras del que te di.
Y pues mis canas aquí
mi hijo no respeta, vos
lo haced, señor don Guillén;
porque hallar en vos colijo
más respeto que en mi hijo.
GUILLÉN: Y habéis colegido bien;
que esas canas respetando
a un tiempo, con los aceros
de aquestos dos caballeros
me reportaré, dejando
la causa que me ha movido
a más secreto lugar.
LOPE HIJO: Eso es querer disfrazar
el temor que me has tenido.
GUILLÉN: ¿Yo temor?
Vuelven a reñir
LOPE PADRE: ¡Bárbaro, loco!
¿Cómo, viendo al llegar yo
cuánto él me respetó,
tú me respetas tan poco?
¡Vive Dios, de hacerte aquí
que de mi valor te espantes!
LOPE HIJO: Tente, y mira no levantes
el báculo para mí;
que ¡vive Dios, de poner
las manos en tu castigo!
LOPE PADRE: ¿No te enseña tu enemigo,
ingrato, lo que has de hacer?
LOPE HIJO: No; que si él te ha respetado
de cobarde, yo no puedo
hacer virtud lo que es miedo.
GUILLÉN: Quien dijere o ha pensado
que yo te he temido...
LOPE PADRE: Habrá
mentido; yo lo diré,
no lo digáis vos.
LOPE HIJO: Si fue
de ti pronunciado ya,
en nombre suyo, ya aquí
verme importa satisfecho.
¡Toma, caduco!
Dale un bofetón a su padre, y cae [éste]
VICENTE: ¿Qué has hecho?
LOPE PADRE: ¡Caiga el cielo sobre ti!
A él hago testigo yo
que es su causa la primera.
TODOS: Todos te ayudamos. ¡Muera
el que a su padre ofendió!
Éntranse riñendo todos con don LOPE HIJO
VICENTE: Yo solo confuso aquí
ni ofensa o defensa trato.
Señor, levanta.
LOPE PADRE: ¡Hijo ingrato,
caiga el cielo sobre ti!
Esas espadas que van
vengando la ofensa mía,
rayos sean este día
contra tu vida! Y sí harán;
que para ejemplo en los dos,
tú muriendo y yo llorando,
rayo es el acero, cuando
venga la causa de Dios.
La mano que me pusiste
sobre aquesta blanca nieve
¿cómo a sustentar se atreve
agravios que al cielo hiciste?
Y él, viendo mis desconsuelos
en tragedia tan extraña,
¿cómo sus luces no empaña,
cómo no rasga sus velos
y con iras no deslumbra
el aire que te alimenta,
la tierra que te sustenta
y el resplandor que te alumbra?
VICENTE: Señor, la capa y sombrero
toma; yo te la pondré,
y el báculo.
LOPE PADRE: ¿Para qué,
si es de palo y no de acero?
Mas yo le tomaré, sí;
que ofensas de un bofetón
palos quien las venga son;
y si él con un padre aquí
piadoso en el [s]uelo está,
mejor yo, según colijo,
puedo estarlo con un hijo
tirano. El palo me da,
para vengarme con él.
Mas ¡ay de mí! que es en vano,
pues al tomarle en la mano
el pie me falta. ¡Oh crüel
Fortuna! ¡Oh desdicha fuerte!
¿Cómo me podré vengar
si aquél, que me ha de ayudar
a sustentarme, me advierte
que, armado en la tierra dura,
sólo ha de irme aprovechando
de aldaba con que ir llamando
a mi misma sepultura?
VICENTE: Repórtate; echa de ver
que en ti reparando va
toda la gente.
LOPE PADRE: Pues ya
qué tengo yo que perder?
En mí adviertan todos, sí;
sepan que hombre infame soy,
pues a quien el ser le doy
me quita el honor a mí.
Hombres, miradme; yo he sido
aquel mísero infelice
que me ha deshecho quien hice
y, de mi sangre ofendido,
vengarme en mi sangre trato.
No sólo al cielo, que fue
juez supremo, pediré
justicia de un hijo ingrato,
pero a vosotros también,
y al rey pedírsela intento,
dando suspiros al viento.
VICENTE: Considera que no es bien
por las puertas de palacio
entrar de aquesa manera.
LOPE PADRE: A las del cielo quisiera
vencer el inmenso espacio.
¡Rey don Pedro de Aragón,
cristiano monarca, a quien
llama el sabio justiciero
y el ignorante, crüel!
Salen el REY, don MENDO y criados
REY: ¿Quién me llama?
LOPE PADRE: Un desdichado
que, arrojado a vuestros pies,
justicia, señor, os pide.
REY: Ya os conozco, Lope; pues,
usando de mi piedad,
a vuestro hijo perdoné,
estando ya condenado.
¿Qué queréis?
LOPE PADRE: Que no lo esté,
para que veáis, señor,
cuánto soy vasallo fiel;
que voz que os pidió piedad,
justicia os pide también.
Mi hijo, si es que es mi hijo
(perdone Blanca esta vez; Aparte
Blanca, con cuya virtud
aun no es puro el rosicler
del sol, que al verla ha dejado
de lucir y parecer),
hoy contra Dios, vos y yo,
de Dios, de padre y de rey,
porque le reñí, faltando
al cuarto precepto qué,
tras los del culto de Dios
es el primero después,
puso en mi rostro la mano;
e imposible de tener
venganza, criminalmente
me querello ante vos de él;
pues cuando yo os la pedí
la piedad en vos hallé,
ahora que os pido justicia,
señor, no me la neguéis;
porque apelaré a los cielos
de vos a que me la den.
Vea el cielo y sepa el mundo
y escuchen los hombres qué
hijo que crüel procede
hace a su padre crüel.
Vase
REY: ¡Mendo!
MENDO: ¿Señor?
REY: Pues que sois
mi Justicia Mayor, ved
que a vos esta causa os toca.
Mi autoridad, mi poder
empeñad en que se prenda
este hombre y, sin que lo esté,
a mis ojos no volváis.
MENDO: Al punto, señor, iré
a hacer cuantas diligencias
me sean posibles de hacer.
REY: Mirad que me importa ya
más que presumís.
MENDO: ¿Por qué?
REY: Porque me ha dado este caso
hoy que discurrir, al ver
que, en las pasadas edades,
no ha habido en el mundo rey
ante quien jamás se diese
igual querella.
Vase
MENDO: ¿Qué haré?
Terrible imaginación,
¿qué me quieres? Dejamé;
que yo te doy la palabra
de averiguar y saber
que ni aquél es hijo de éste,
ni éste es el padre de aquél.
FIN DE LA JORNADA SEGUNDA
Las tres justicias en una, part 7
Electronic text by Vern G. Williamsen
and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu