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LOPE HIJO:         ¿Por qué, señora, os volvéis?
                Advertid que es tiranía
                que los términos del día
                a sólo un punto abreviéis;
                pues si ahora amanecéis
                sol, en cuyo ardor me abraso,
                y volvéis atrás el paso,
                un caos formaréis, señora,
                de las luces de la aurora
                y las sombras del ocaso.
                   No os vais; pasad adelante,
                sin que el mirarme os disguste;
                pues no hay temor que os asuste
                ni recelo que os espante.
                De día es, bella Violante;
                no de la noche valido
                a ofenderos he venido,
                sino la vida a ofreceros,
                viviendo por vos y a seros
                dos veces agradecido.
VIOLANTE:          Es tan grande la aprehensión
                del miedo que ya os cobré
                que, aun viéndoos de día, no sé
                si sois verdad o ilusión,
                si bien en esta ocasión
                que a ver a Blanca venía,
                no, don Lope, me volvía
                por vos, sino porque vi
                no sé qué otra sombra aquí,
                contra quien no vale el día.
LOPE HIJO:         Un amigo mío, señora,
                es con quien hablaba yo;
                y, en viéndoos, se fue; por no
                embarazaros ahora;
                que el corazón que os adora
                previno contra el desdén
                vuestro esta ausencia, y fue bien,
                porque yo os hablé.

Hablan aparte doña VIOLANTE y ELVIRA
VIOLANTE: ¡Ay de mí! ¿No era aquél don Guillén? ELVIRA: Sí. VIOLANTE: Pues él me habla en don Guillén. LOPE HIJO: Y ya que a mi cuarto vais, la ocasión no me neguéis que vos misma me ofrecéis, para que de mí os sirváis. VIOLANTE: Esos extremos no hagáis; quedaos. LOPE HIJO: No será razón la vida perder. VIOLANTE: Pues ¿son lo mismo ocasión y vida? LOPE HIJO: Sí; pues no vuelve, perdida, jamás vida ni ocasión. VIOLANTE: La que conmigo tenéis aprovechad; ya os escucho. ¿Qué queréis decir? LOPE HIJO: Lo mucho que a una memoria debéis. VIOLANTE: ¿Tercero suyo os hacéis? LOPE HIJO: No me atrevo a ser primero; y así hablo por tercero; que se declara mejor en amaros el temor. VIOLANTE: Pues siendo así, yo no quiero oíros; porque sepáis cuánto el escuchar me pesa atrevimientos de aquesa memoria de quien me habláis. Os engañáis si pensáis que es medio de conseguir agrados míos venir a declarármelos vos. Esto le decid; y adiós. LOPE HIJO: Advertid... VIOLANTE: No os he de oír.
Vase
LOPE HIJO: (Entendió cómo quería Aparte irme a declarar con ella y, tan cuerda como bella, de la misma industria mía se valió su tiranía, para darme el desengaño. Iré fingiendo mi daño.) Si aquí don Guillén volviere, dile que un punto me espere.
Vase
VICENTE: ¡Seora Elvira! ELVIRA: ¿Seor picaño? VICENTE: No se espante uced de ver de día esta facha mía. ELVIRA: Es para espantar de día, como de noche. VICENTE: Un placer solo, Elvira, me has de hacer. ELVIRA: Cuál es el placer me di. VICENTE: Perder el juicio por mí; que yo a señoras tan mías nunca pido gullorías. ELVIRA: Cierto que lo hiciera así, a no saber los extremos con que a Beatriz quiere bien el señor Vicente. VICENTE: ¿A quién? ELVIRA: A Beatriz; que las que vemos de afuera el lance entendemos. VICENTE: ¿Yo a Beatriz? Si tú supieras quién es Beatriz, no creyeras tal. ELVIRA: ¿Por qué? VICENTE: Porque no dudo que en Libia o Hircania pudo ser molde de vaciar fieras. ¿Ves todo aquel exterior boato con que brilla? Pues hablada de cerca, es pestilencial el olor de su boca. Y lo peor no es esto, con ser tan malo. Cosas hay que no señalo, --porque a mujeres no enojo-- mas tiene de vidrio un ojo y la una pierna de palo. ELVIRA: Mientes; que no puede ser. VICENTE: Mírala tú con cuidado; verásla ranquear de un lado, y de otro lado no ver.
Sale don GUILLÉN
GUILLÉN: (Si pasó, vuelvo a saber, Aparte Violante ya, y si quedó aquí don Lope; que no descansa la pena mía.)
Sale don LOPE HIJO
LOPE HIJO: (Pues Violante en compañía Aparte ya de mi madre quedó, a buscar a don Guillén vengo.) ELVIRA: Ya vuelven los dos. VICENTE: Luego hablaremos. ELVIRA: Adiós. (De cuantos a Beatriz ven, Aparte ¿quién habrá en el mundo, quién, que tal llegue a presumir?)
Vase
LOPE HIJO: Perdonadme que, por ir con Violante, me he tardado. GUILLÉN: Vos estáis bien disculpado. LOPE HIJO: Y vos podéis proseguir.

GUILLÉN: ¿En qué quedamos? LOPE HIJO: En que, las treguas efectüadas, en Nápoles, don Guillén, visteis una hermosa dama. GUILLÉN: Dejé de decir entonces, don Lope, una circunstancia que ahora es preciso diga. LOPE HIJO: ¿Cuál es? GUILLÉN: Prevenir que estaba por embajador en Roma, a ocasión que se trataban las treguas, don Mendo, a quien el rey don Pedro le manda, por la experiencia que tienen en tales casos sus canas, como quien más de veinte años ha asistido a Roma y Francia, que para ajustar los medios al punto a Nápoles parta; con que entiendo que os he dicho de una vez quién es la dama; porque deciros que fue don Mendo con esta causa a Nápoles, que vi en ella una hermosura gallarda, que he venido a Zaragoza, traído de esta esperanza más que de mis pretensiones, y, viviendo en vuestra casa, decir que os he menester para alivio de mis ansias, bien da a entender que Violante es la deidad soberana a cuyo sagrado culto fueron en sus limpias aras, si la vida ofrenda poca, víctima no mucha el alma. VICENTE: (¡Muy buena hacienda hemos hecho! Aparte ¿Qué va que, antes que se vaya de aquí, le damos con algo?) LOPE HIJO: (¿Quién vio confusiones tantas? Aparte Mas disimulemos, celos; y aunque es la copa penada, apuremos de una vez todo el veneno que falta.) Con menos digno sujeto que Violante, cosa es clara, que desempeñarais mal, don Guillén, sus alabanzas. Decidme, ¿en qué estado estáis con ella, para que haga yo luego lo que me toca? GUILLÉN: Solamente dos palabras dirán en qué estado estoy. LOPE HIJO: ¿Qué son? GUILLÉN: Amor y desgracia. Quiero, y quiero aborrecido. VICENTE: (Malo es esto, pero ¡vaya!) Aparte GUILLÉN: Sabiendo, pues, que venía a Zaragoza, di traza de seguirla, donde espero, con vuestra ayuda, obligarla; porque viviendo, don Lope, ella en vuestra misma casa, no sólo podré, buscándoos, verla alguna vez y hablarla, pero pediros podré que vos la habléis en mis ansias. No perdamos la ocasión, Lope, de que, cuando salga de la visita, busquéis algún modo con que darla un papel mío; que yo no quise por esta causa que me viera, sin estar de mi venida avisada, no hiciera la novedad de la fineza venganza. El papel escribiré en la primer parte que haya ocasión, pues que no puedo entrar ahora en vuestra sala. Al punto vuelvo, don Lope; esperadme que le traiga.

Vase
VICENTE: Señor, adiós. GUILLÉN: ¿Dónde vas? VICENTE: ¿Dónde he de ir? A la montaña a esperarte; que ya sé que has de ir allá. LOPE HIJO: No te vayas; que estimo mucho a Violante; y aunque él me ofende en amarla, el amarla yo también mis acciones embaraza de suerte que hoy me reporta con lo mismo que me agravia. Suframos algo una vez y demos, Vicente, traza como, sin que a rompimiento llegue aqueste lance, haya modo de salir bien de él. VICENTE: ¡Cuánto estimo que te valgas hoy, señor, de la cordura! Yo sé un modo. LOPE HIJO: ¿Qué es? VICENTE: Dejarla tú, que estás en los principios de tu amor. LOPE HIJO: Si [yo] me hallara en disposición de hacerlo, lo hiciera; mas será vana diligencia; no podré. VICENTE: ¿Qué harás? LOPE HIJO: No sé; pero aguarda, que ya de mi cuarto sale. VICENTE: ¡Breve visita! LOPE HIJO: Antes larga; pues en ese espacio breve por mí tantos siglos pasan.
Sale doña VIOLANTE
VIOLANTE: Señor don Lope, ¿aun aquí todavía? LOPE HIJO: No se aparta fácilmente de su centro cosa ninguna. Las aguas van siempre buscando al mar por dondequiera que vaga; la piedra corre a la tierra, de cualquier mano que salga; el viento al viento se añade, de cualquier parte que vaya; y el fuego a su esfera sube, de cualquier materia que arda. Yo así, arroyo fugitivo, al mar corro de mis ansias; violenta piedra a la tierra, de mis gravedades patria; átomo alterado al viento, región de mi esperanza; y rayo, al fin, voy al fuego, esfera de mis desgracias; porque encendido, alterado, errante o violento, vaya, piedra, arroyo, átomo y rayo, a tierra, mar, viento y llama. VIOLANTE: Aunque esa filosofía es tan fácil, es tan clara que yo su razón entiendo, no de su razón la causa. LOPE HIJO: Pues no es muy dificultosa; que todo el discurso pára en que tiene el centro suyo, donde asistís vos, el alma. VIOLANTE: No conviene esa fineza, don Lope, con la pasada. LOPE HIJO: ¿Cómo? VIOLANTE: Como habéis mudado el papel en esta farsa que, haciendo los terceros, hacéis los primeros. LOPE HIJO: Basta que echáis menos que no os hable en ese estilo; pues salgan las voces del desengaño, rompiendo las sombras pardas, que hablaron en cifra entonces; que sabiendo que os agrada, haré cuidado el acaso; don Guillén, pues...
Sale don GUILLÉN al paño
GUILLÉN: (En mí habla. Aparte A buena ocasión llegué.) LOPE HIJO: ...viene a Aragón desde Italia, girasol de vuestro amor, siguiendo las luces claras de tanto sol, de quien es humana racional planta. Que os lo avise me ha mandado, y que de mi parte haga en que vos le oigáis. GUILLÉN: (¡Qué amigo Aparte tan leal, tan fino! ¡Mal haya un hombre que hacia mí viene, pues que de escuchar me aparta la respuesta!)
Vase
VIOLANTE: Mal, don Lope, el segundo estilo os salva de la culpa del primero; y siendo ofensas tan claras las dos, bien podré la una perdonar, pero no entrambas. LOPE HIJO: Sepa yo de cuál no quedo absuelto, para excusarla; que es mi deseo, señora, enigma tan intrincada que explicarla no sabré. VIOLANTE: Pues yo sí sabré explicarla. Responded a don Guillén de mi parte que no haga finezas por mí, pues sabe cuánto han sido desdichadas siempre conmigo, y que dé al viento sus esperanzas. LOPE HIJO: Y ¿a mí qué he de responderme? VIOLANTE: Respóndaos vuestra ignorancia. Si la culpa es una misma, si uno mismo es de la causa el juez, y os dice que al otro esto digáis, cosa es clara... LOPE HIJO: ¿Qué? VIOLANTE: ...que os quiere dar a vos sentencia a aquélla contraria; porque si hubiera de ser una misma, no apartara las respuestas, pues con una se hubiera servido de ambas. LOPE HIJO: ¡Eso sí! Pendiente tuve, hasta explicaros, el alma.
Sale don GUILLÉN al paño
GUILLÉN: Ya pasó el hombre, ya puedo ver lo que responde. VIOLANTE: Basta que esto por ahora os diga, si ya no queréis que añada, don Lope, que, aunque fui un tiempo diamante, bronce y estatua que a buril, lima y acero resiste, defiende y gasta, todo al fin se da a partido; pues el diamente se labra, el bronce se facilita, y los mármoles se ablandan. GUILLÉN: (¡Albricias, cielos! Violante, Aparte más apacible y humana, hablándola en mí, responde. LOPE HIJO: Mil veces tus manos blancas por tantos favores beso. GUILLÉN: ¡Qué fiel amigo! ¡Que haga extremos, como si él fuera el favorecido! LOPE HIJO: Y rara fuera mi dicha, señora, si ese favor afianzara alguna prenda que fuera testigo de dichas tantas. VIOLANTE: Tomad, don Lope, esta flor; ella por testigo vaya de mi esperanza, pues es del color de mi esperanza.
Vase
LOPE HIJO: Vivirá eterna en su lustre, sin que se atrevan a ajarla, ni los rencores del cierzo, ni del ábrego las sañas. ¡Oh felice quien la lleva!
Sale don GUILLÉN
GUILLÉN: Más felice quien la aguarda, por ser ella quien la envía y por ser vos quien la traiga. Antes que me la entreguéis, me he de arrojar a esas plantas ...
Don GUILLÉN, de rodillas ante don LOPE HIJO

Las tres justicias en una, part 6

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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