This file last updated February 2, 1999

BLANCA:        ¿Vio vuestro padre a ese joven
               que tan gallardo y atento
               pintáis?
VIOLANTE:                     Y de él recibió
               vida y honor por lo menos.
BLANCA:        (¡Mal haya él, por que no hizo    Aparte
               en mi venganza escarmientos
               al mundo de...!  Mas ¿qué digo?
               ¡Jesús mil veces!  ¿Qué es esto?)
               Loca estuve; perdonadme,
               porque traigo un sentimiento
               tan en el alma arraigado
               que me priva por momentos
               del juicio.  Y no os espantéis,
               señora, de mis extremos,
               que ese joven hijo es mío,
               y nos tienen sus sucesos,
               a él sin ventura y a su padre
               sin amor, y a mí sin seso.
VIOLANTE:      Aunque él nos dijo quién era,
               no pudo mi entendimiento,
               con la turbación, entonces
               percibir tan por extenso
               los nombres que haya podido
               aquí prevenir el serlo,
               que en él no os hubiera hablado.

Salen don MENDO y don LOPE PADRE
LOPE PADRE: Abricias pedirte puedo, Blanca; que hoy se entran en casa las dichas y los contentos. BLANCA: Harto será, porque ha días que no la saben. LOPE PADRE: Muy necio anduve. Dadme, señora, la mano, que humilde os beso, y perdonadme. Tú, Blanca, sabrás que el señor don Mendo, nuestro huésped, que ésta es una de las dichas, es del reino Justicia Mayor, y a él, que es la otra, del rey vengo para el perdón de don Lope remitido. BLANCA: (¡Sufrimiento, Aparte aquí os he menester todo!) Mucho, señor, agradezco a mi suerte que vengáis donde puedan mis deseos serviros; que, en cuanto a mi hijo, vos sois quien sois, y yo pienso que estáis en obligación de ampararle por vos mesmo, según Violante me ha dicho, de una deuda en que os ha puesto. MENDO: Siempre, Blanca, he de serviros por él y por vos a un tiempo; que no juzgo que ignoráis la obligación que yo os tengo.
Sale ELVIRA
ELVIRA: Ya, señora, está tu cuarto aderezado y compuesto. VIOLANTE: Perdonadme, Blanca, y dadme licencia, porque deseo descansar. BLANCA: Si me la dais vos a mí, os iré sirviendo. LOPE PADRE: A mí, por viejo, me toca la obligación de escudero. VIOLANTE: Por dueño de casa yo la aceptaré, si la acepto. Quedad con Dios. BLANCA: El os guarde. VIOLANTE: (¡A batallar, pensamientos, Aparte con esta víbora que, dándome vida, me ha muerto!) MENDO: Si esa licencia os permito, es porque pagarla puedo, acompañando yo a Blanca.
Vase don LOPE PADRE, llevando a doña VIOLANTE de la mano
(Antes que ella me hable, quiero Aparte salir al paso a sus quejas.) BLANCA: (¡Aquí de todo mi esfuerzo!) Aparte ¿Dónde vais? MENDO: Sirviéndoos voy. BLANCA: No, señor, quedaos. MENDO: El cielo sabe cuánto deseaba esta ocasión. BLANCA: ¿A qué efecto, si vos no habéis de tener conmigo segundo intento? MENDO: A efecto de decir cuánto hallaros con penas siento, si bien podréis responderme que no las extrañe, puesto que con ellas os dejé. BLANCA: Ni lo uno ni lo otro entiendo. ¿Vos a mí con penas? ¿Cuándo o cómo, que no me acuerdo? Ni pienso que os vi en mi vida. MENDO: ¡Ay, Blanca! BLANCA: Señor don Mendo, plática no prosigáis que ha empezado por afecto. Si alguna memoria acaso confusamente os ha hecho equivocaros conmigo, pues la sepulta el silencio, el silencio la consuma; y al cabo de tanto tiempo olvidaos vos de todo; que yo de nada me acuerdo. MENDO: ¡Oh qué cuerdamente, Blanca, os ayudáis del ingenio! BLANCA: No sé por qué lo decís. MENDO: Yo sí. BLANCA: Pues no hablemos de ello. MENDO: Yo me doy por advertido; y si es que he de obedeceros, ¿cómo lo he de hacer? BLANCA: Callando. MENDO: ¿Cómo se calla? BLANCA: Sufriendo. MENDO: ¿Sabré yo? BLANCA: Aprended de mí. MENDO: ¿Con qué medio? BLANCA: Este es el medio. MENDO: Decidle. BLANCA: ¡Beatriz!
Sale BEATRIZ
BEATRIZ: ¿Señora? BLANCA: Alumbra al señor don Mendo. (Esto es quitar ocasiones.) Aparte MENDO: (No es sino añadir tormentos.) Aparte
Vanse. Salen ELVIRA con luz y doña VIOLANTE destocándose
VIOLANTE: Cierra esas puertas, Elvira, y si preguntare luego mi padre acaso por mí, dile que ya estoy durmiendo; que no quiero que me hable él ni nadie; sólo quiero la soledad por amiga. ELVIRA: Notables son tus extremos. VIOLANTE: Pues aun no los he pintado, Elvira, como lo[s] siento. Ayúdame a destocar; ve esos vestidos poniendo sobre ese bufete. ELVIRA: En fin, ¿que no son los bandoleros tan fieros como los pintan? VIOLANTE: Tal es la aprehensión que tengo de su talle, rostro y voz, que desecharle no puedo de mi memoria; de suerte que a cada parte que vuelvo los ojos allí parece que le miro.
Retíranse las dos a un retrete, que se fingirá con algunos lienzos. Salen don LOPE HIJO y VICENTE
LOPE HIJO: ¿Qué es aquesto? ¡Cielos! ¿Cómo está este cuarto tan adornado y compuesto? VICENTE: La casa habemos errado; que en la de tu padre creo que apenas hay un candil. LOPE HIJO: Detente. VICENTE: Ya me detengo. LOPE HIJO: ¿Ves una mujer... VICENTE: Y aun dos. LOPE HIJO: ... que con bizarro desprecio de las galas se despoja, como sobrados trofeos, como añadidos despojos de su hermosura, diciendo: ŽMejor que Palas armada, desnuda avasalla Venus.¯ VICENTE: Ya lo veo, y si esto dura, de aquí a un poquito tendremos lindo rato. LOPE HIJO: ¿Quién será? VICENTE: Mi madre será, supuesto que no es la tuya. LOPE HIJO: Turbado a verla el rostro me atrevo. VICENTE: Yo también. LOPE HIJO: Y a ver si oigo lo que habla. Pisa más quedo. VICENTE: ¿Qué más quedo? Si pisara las gradas de un monumento, aun no ajara los velillos. ELVIRA: Notable es tu sentimiento. VIOLANTE: En fin, está tan conmigo y tan presente le tengo --¡válgame el cielo!--que allí jurara que le estoy viendo. ELVIRA: No te sacaran los dientes por el falso juramento; que yo también lo jurara. VICENTE: Dimos con todo en el suelo. LOPE HIJO: Esta es la dama que vi.
Llega don LOPE HIJO
Decidme, prodigio bello, decidme, hermoso milagro... VIOLANTE: Sombra de mi pensamiento, ilusión de mi sentido, alma de mi devaneo, cuerpo de mi fantasía, voz de mi idea, que siendo idea, ilusión y sombra, fantasía y fingimiento, sin voz, sin cuerpo y sin alma, tienes alma, voz y cuerpo: ¿cómo aquí dentro has entrado? LOPE HIJO: Hermosísimo portento, en quien hace vivamente la imaginación efecto, no me ganéis vos de mano en la duda que padezco, pues con más causa os pregunto yo: ¿qué hacéis vos aquí dentro? VIOLANTE: Yo en mi casa estoy. LOPE HIJO: Yo y todo. Pues si aquí entré... VIOLANTE: Oír no quiero.
A ELVIRA
LOPE HIJO: Porque se asegure ella, oídme. ELVIRA: Pues yo ¿a qué efecto? Apareceos a mi ama, fantástico bandolero, pues ella es la enamorada; pero a mí, si yo no os quiero, ¿a qué propósito? LOPE HIJO: Ved que os engaña el temor vuestro. Hijo soy de aquesta casa, a Blanca buscando vengo, para decirla lo mismo que sabéis; porque es mi intento que el favor me solicite que me ha ofrecido don Mendo. En aqueste cuarto entré con la llave que de él tengo, harto desimaginado de hallaros en él; y puesto que os restauro de un asombro, restauradme vos del mesmo, desengañándome, cómo en este cuarto os encuentro. VIOLANTE: Lo que me decís sabía yo, mas llevóme primero lo que estaba imaginando, que lo que estaba sabiendo; y aun con ver el desengaño, mal del susto convalezco; pues si un miedo me quitáis, me dejáis con otro miedo. El que fingido me disteis me estáis dando verdadero; porque, verdad o ilusión, de todas suertes os tiemblo. En aquesta casa vivo; los crïados, que vinieron adelante, la tomaron; vuestro padre, a lo que entiendo, vive en otro cuarto de ella; si a él buscáis, idos, os ruego, y débaos yo en esta parte la fineza de volveros. LOPE HIJO: Aunque de vuestra hermosura idólatra me confieso, es con tan sagrado amor, es con tan cortés respeto, con tan ajena esperanza, con tan noble rendimiento que la fe con que os adoro es con la que os obedezco. Quedad con Dios, y entended que sois el primer sujeto que corrigió mi albedrío y enfrenó mi atrevimiento. VIOLANTE: Id con Dios, y entended vos que la fineza agradezco, y el primero sois también que me ha debido un afecto. LOPE HIJO: ¡Ah quién supiera pagarle de su misma vida a precio! VIOLANTE: ¿Queréis pagarle, don Lope? LOPE HIJO: Sí. VIOLANTE: Pues idos, y sea presto. LOPE HIJO: Yo lo haré. Vamos, Vicente. VICENTE: Vete tú, si eres tan necio; yo me quedo acá esta noche. VIOLANTE: (¿Qué pasión es ésta, cielos...) Aparte LOPE HIJO: (¡Cielos! ¿Qué hermosura es ésta...)Aparte VIOLANTE: (...que enamora sin deseo?) Aparte LOPE HIJO: (...que inclina sin apetito?) Aparte VIOLANTE: Id con Dios. LOPE HIJO: Guárdeos el cielo.

FIN DE LA JORNADA PRIMERA

Las tres justicias en una, part 4

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu