This file last updated January 31, 1999

MENDO:          ¿Qué es esto?
VICENTE:                           ¡Señor!
LOPE HIJO:                                   Di presto.
MENDO:          ¿Qué tráeis?
VIOLANTE:                           ¿Qué ha sucedido?
VICENTE:        Que los crïados que huyeron
                de aquese lugar vecino
                la justicia han convocado,
                y en busca nuestra ha salido.
LOPE HIJO:      Pues ¡a la montaña!
MENDO:                                      A ella
                os retirad.  Yo me obligo
                a que no os sigan, saliendo
                al paso; y de nuevo afirmo
                que os cumpliré mi palabra.
LOPE HIJO:      Yo os la tomo.
MENDO:                              Sólo os pido
                que alguna prenda me deis,
                por si a buscaros envío,
                que pase libre el que venga.
LOPE HIJO:      No hallo en todo el poder mío
                prenda ninguna que daros.
                Mas...tomad este cuchillo
                de monte; seguro viene
                quien le trajere consigo.
MENDO:          ¿Cuchillo me dais?
LOPE HIJO:                                ¿Qué puedo
                dar yo que no sea ministro
                de la muerte?
MENDO:                              Yo le acepto
                para embotarle los filos.
LOPE HIJO:      Tomad, y adiós.
MENDO:                               Id con Dios.
LOPE HIJO:      ¡Ay de mí infeliz!
MENDO:                                    ¿Qué ha sido?
LOPE HIJO:      Con la turbación, al darle,
                me herí la mano; y si os miro
                con él en la vuestra, tiemblo;
                porque aunque no vengativo
                contra mi vida os mostréis...
MENDO:          Mirad que es vago delirio
                de la turbación; que yo...
VOCES:          ¡Al monte, al valle, al camino!     Dentro
VICENTE:        Ya se vienen acercando.
VIOLANTE:       No aguardéis más, sino idos;
                que está viendo vuestro riesgo
                pendiente el alma de un hilo.
LOPE HIJO:      Por vuestro cuidado huyo,
                antes que por mi peligro.
                (¡Ay, ilusión, qué de cosas           Aparte
                en un instante hemos visto!)

Vase
MENDO: Porque adelante no pasen, salgamos a recibirlos. (¡Ay, qué de cosas, Fortuna, Aparte a la memoria has traído!)
Vase
VIOLANTE: (En toda mi vida vi Aparte tan amables los delitos. ¡Ay, discurso, qué de cosas llevo que pensar conmigo!)
Vase. Salen don GUILLÉN y LOPE DE URREA (PADRE)
GUILLÉN: Habiendo yo amigo sido desde nuestra edad primera de don Lope, mal hiciera, hallándoos tan afligido, en no saber si mandáis algo. ¿En qué serviros puedo? LOPE PADRE: Muy agradecido quedo al favor que me mostráis. Y ¿cuánto ha que habéis venido: GUILLÉN: Ayer entré en Aragón; siguiendo una pretensión de Nápoles he venido. LOPE PADRE: Yo hablar hoy al rey quisiera, aunque él que me dé no creo lo que yo busco y deseo. GUILLÉN: Pues ya el rey sale aquí fuera.
Sale el REY y acompañamiento
LOPE PADRE: Señor invicto, yo soy Lope de Urrea, de quien tenéis noticia. REY: Está bien. LOPE PADRE: No vengo a pediros hoy lo que en otros memoriales muchas veces os pedí; que hoy, señor, me traen aquí más consolado mis males. Que me escuchéis os suplico humilde, a esos pies echado. REY: Decid. LOPE PADRE: Confuso y turbado mi dolor os significo. Don Lope de Urrea, mi hijo, palabra a una dama dio de esposo; y porque temió (¡cuánto en decirlo me aflijo!) Aparte mi disgusto, por haber sido sin licencia mía, dilataba de día en día recibirla por mujer. Ella, presumiendo que era desprecio, y recato no, a un hermano suyo dio de ello cuenta; de manera que, cogiéndole encerrado, él y otros dos que vinieron con él matarle quisieron. El mancebo es alentado y, no pudiendo sufrir tan sobrada demasía, se arrojó su bizarría con todos tres a reñir. Uno mató. En caso igual la ley le disculpa; pues aun entre los brutos es la defensa natural. Salió a la calle en efeto, adonde un ministro hirió de justicia. Si ofendió en esto vuestro respeto, ved que más delito hiciera si tan poco la estimara que de ella no se guardara, y delincuente no huyera. Confieso que en la campaña mejor estaría sirviendo que, mayor su culpa haciendo, forajido en la montaña. Pero ya sabéis que ha sido duelo siempre en Aragón no huir los que nobles son donde hay linaje ofendido. En efecto la mujer, que en tan adversa fortuna dos veces parte es, la una por la palabra de ser su esposo, y la otra, señor, por ser hermana del muerto, quiere en más seguro puerto tomar estado mejor; y uno y otro apartamiento piadosa me remitió, con que la dé el dote yo, para entrarse en un convento. Y aunque es verdad que yo estoy tan pobre que he menester buscarlo para comer, enajenándome hoy de la poca hacienda mía, no sólo el dote la he dado, mas renta la he situado; tanto que este mismo día de mis casas me he salido al cuarto más pobre de ellas, para don Mendo Torrellas, por cumplir lo prometido. Suplícoos, a vuestros pies una y mil veces postrado, que, pues ya el perdón ganado de la parte, sólo es parte vuestro real poder, alcance en esta ocasión para mi hijo el perdón que ha llegado a merecer, si no por sí ni por mí, por tantos abuelos claros que con nobles hechos raros os lo están pidiendo aquí. Volved a aquesas historias los ojos, señor; veréis mil héroes, a quien debéis tantos triunfos, tantas glorias. Duélaos esta nieve, viendo que al pronunciar mis enojos, con el llanto de mis ojos la está el amor derritiendo. Y si el afecto de un padre no merece un perdón real, duélaos una principal mujer, su infelice madre, muerta de pena y dolor. Por quien sois me permitid aquesta gracia. REY: Acudid a mi Justicia Mayor. LOPE PADRE: Bien mi corta suerte indicia que es forzosa mi desgracia, pues cuando os pido una gracia, me enviáis a la justicia. REY: Si ante ella pasa el proceso de los delitos, ¿no es bien que ante ella conste también el perdón? LOPE PADRE: Yo lo confieso; mas vaco ese cargo está. Por muerte de don Ramón no hay Justicia de Aragón. REY: Sí hay; que hoy se publicará. LOPE PADRE: Mis lágrimas y suspiros os merezcan tanto bien. REY: (¡Oh afectos de padre! ¿Quién Aparte no se enternece de oíros?)
Vanse el REY, don GUILLÉN y acompañamiento
LOPE PADRE: ¡Oh precisa obligación de un noble y honrado pecho, qué de cosas habéis hecho por la pública opinión del vulgo, sin el afecto de un puro amor paternal! No digo que quiero mal a Lope, pero en efecto con más agrado o más gusto estas finezas hiciera si a su amor se las debiera; mas por Blanca todo es justo, porque la quiero de suerte, aunque ella juzga que no, que, por darla gusto yo, tuviera en poco la muerte.
Suena dentro ruido
Mas ¿quién tan acompañado entrar en palacio ven mis ojos? Mendo es, de quien fui amigo un tiempo pasado. Bien excusarme quisiera de que me mirara así; pero habiendo--¡ay de mí!-- de vivir--¡vergüenza fiera!-- en mis casas, mal podré hüir su conversación. Pero ya no es ocasión de hablarle ahora; porqué, habiendo el rey entendido como llega a su presencia, a la sala de la audiencia segunda vez ha salido.
Salen el REY por una parte, y por otra don MENDO y acompañamiento
MENDO: Vuestras plantas, gran señor, una y mil veces me dad. REY: Don Mendo, del suelo alzad; alzad, Justicia Mayor de Aragón. MENDO: La mano os beso; y bien la habré menester ahora, para poder levantarme con el peso que al cuello me habéis echado. Vida los cielos os den. REY: ¿Cómo venís? MENDO: Como quien viene a verse tan honrado de vos. REY: Cansado vendréis; idos, Mendo, a descansar; mañana venidme a hablar, donde el intento sabréis, estando a solas los dos, con que traeros prevengo a la corte, donde tengo mucho que fïar de vos. MENDO: Vuestra es el alma y la vida, y, a vuestras plantas postrada, nunca mejor empleada.
Vanse el REY y acompañamiento
LOPE PADRE: Si tarde el noble se olvida de lo que un tiempo estimó, testigo, don Mendo, sea honrar a Lope de Urrea. MENDO: Mal pudiera olvidar yo precisas obligaciones que a nuestra amistad confieso. LOPE PADRE: La mano, señor, os beso, y ya con dos atenciones; una, por recién venido, ufano de que vengáis a mi casa, en que seáis de mí y de Blanca servido; y otra porque, habiéndoos hecho de Aragón Justicia hoy, vuestro pretendiente soy. MENDO: Bien estaréis satisfecho que os sirva. LOPE PADRE: Este memorial, aun antes de haber venido, el rey os ha remitido. MENDO: Vuestro amigo soy leal, y creed que en todo estado no he de faltaros jamás. LOPE PADRE: Un hijo mío... MENDO: No más; de todo estoy informado; y estimo ver el dolor con que os hallo; que tenía noticias de que os debía vuestro hijo poco amor. LOPE PADRE: A muchos, señor, parece que es mi pecho tan cruel; mas lo que no hago por él es porque él no lo merece. Por sus muchas travesuras estoy de todos mal visto, por sus delitos mal quisto y pobre por sus locuras. MENDO: No, no os tenéis que afligir; que pues yo me hallo en lugar adonde ya puedo dar lo que había de pedir, de su fortuna crüel juzgad que ya mejoró, pues la vida que me dio hoy puedo dársela a él. Esto sabréis más despacio. Vamos a casa; que allá todo bien se dispondrá. Salgamos, pues, de palacio; que, dejando hoy a Violante, mi hija, me adelanté, y cuidadoso, porqué soy su padre y soy su amante, estoy de si habrá llegado. LOPE PADRE: Mucho me alegro que venga con salud adonde tenga a su servicio el cuidado de Blanca, mi esposa bella, en quien vos conoceréis una esclava a quien mandéis. MENDO: Yo estimaré conocella, por deuda y señora mía. (¡Oh quién pudiera excusar, Aparte cielos, haber de llegar a ver a Blanca este día!)
Vanse. Salen doña VIOLANTE en traje de camino por un lado, y por otro doña BLANCA
BLANCA: Felice yo, que tan bella huéspeda tener merezco, adonde la pueda estar a todas horas sirviendo. A daros la bienvenida y a ver en qué ayudar puedo, Violante, a vuestras crïadas pasé de mi cuarto al vuestro. VIOLANTE: La felicidad es mía; pues cuando extranjera vengo a Aragón, puedo decir que en él he hallado mi centro. Perdonadme de que os tenga en este recibimiento que divide los dos cuartos, que no os digo que entréis dentro, porque revuelto está todo. BLANCA: Vos tenéis la culpa deso, no los crïados, porque no os esperaban tan presto. VIOLANTE: A mí me pareció tarde; que no vi la hora, os prometo, de verme desotra parte de la montaña, temiendo segundo riesgo a mi vida. BLANCA: Luego ¿hubo primero riesgo? VIOLANTE: Y tan grande que le estoy en el alma padeciendo hasta ahora (pues ahora Aparte aun más que entonces le siento.) BLANCA: ¿Cómo así? VIOLANTE: Por defenderme del sol, que con sus reflejos sañudamente talaba la campaña a sangre y fuego, me apeé de la litera en un verde sitio ameno, plaza de armas de las flores, pues, fortificadas dentro de los reductos y fosos de un arroyo, no temieron ni del sol las baterías ni las correrías del cierzo, cuando del seno del monte cuatro o seis hombres salieron, que de mi honor y la vida de mi padre hacerse dueños intentaron, cuya acción lograra su atrevimiento, si a este tiempo no llegara un bandido caballero, joven, galán y brïoso, que liberal...
Llora doña BLANCA
Mas ¿qué es esto? ¿De qué lloráis? BLANCA: De que estoy vuestras fortunas oyendo, con lástima de las mías. Proseguid. VIOLANTE: Daros no quiero ocasión con mis pesares para que sintáis los vuestros.

Las tres justicias en una, part 3

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu