MENDO: ¿Qué es esto?
VICENTE: ¡Señor!
LOPE HIJO: Di presto.
MENDO: ¿Qué tráeis?
VIOLANTE: ¿Qué ha sucedido?
VICENTE: Que los crïados que huyeron
de aquese lugar vecino
la justicia han convocado,
y en busca nuestra ha salido.
LOPE HIJO: Pues ¡a la montaña!
MENDO: A ella
os retirad. Yo me obligo
a que no os sigan, saliendo
al paso; y de nuevo afirmo
que os cumpliré mi palabra.
LOPE HIJO: Yo os la tomo.
MENDO: Sólo os pido
que alguna prenda me deis,
por si a buscaros envío,
que pase libre el que venga.
LOPE HIJO: No hallo en todo el poder mío
prenda ninguna que daros.
Mas...tomad este cuchillo
de monte; seguro viene
quien le trajere consigo.
MENDO: ¿Cuchillo me dais?
LOPE HIJO: ¿Qué puedo
dar yo que no sea ministro
de la muerte?
MENDO: Yo le acepto
para embotarle los filos.
LOPE HIJO: Tomad, y adiós.
MENDO: Id con Dios.
LOPE HIJO: ¡Ay de mí infeliz!
MENDO: ¿Qué ha sido?
LOPE HIJO: Con la turbación, al darle,
me herí la mano; y si os miro
con él en la vuestra, tiemblo;
porque aunque no vengativo
contra mi vida os mostréis...
MENDO: Mirad que es vago delirio
de la turbación; que yo...
VOCES: ¡Al monte, al valle, al camino! Dentro
VICENTE: Ya se vienen acercando.
VIOLANTE: No aguardéis más, sino idos;
que está viendo vuestro riesgo
pendiente el alma de un hilo.
LOPE HIJO: Por vuestro cuidado huyo,
antes que por mi peligro.
(¡Ay, ilusión, qué de cosas Aparte
en un instante hemos visto!)
Vase
MENDO: Porque adelante no pasen,
salgamos a recibirlos.
(¡Ay, qué de cosas, Fortuna, Aparte
a la memoria has traído!)
Vase
VIOLANTE: (En toda mi vida vi Aparte
tan amables los delitos.
¡Ay, discurso, qué de cosas
llevo que pensar conmigo!)
Vase. Salen don GUILLÉN y LOPE DE URREA (PADRE)
GUILLÉN: Habiendo yo amigo sido
desde nuestra edad primera
de don Lope, mal hiciera,
hallándoos tan afligido,
en no saber si mandáis
algo. ¿En qué serviros puedo?
LOPE PADRE: Muy agradecido quedo
al favor que me mostráis.
Y ¿cuánto ha que habéis venido:
GUILLÉN: Ayer entré en Aragón;
siguiendo una pretensión
de Nápoles he venido.
LOPE PADRE: Yo hablar hoy al rey quisiera,
aunque él que me dé no creo
lo que yo busco y deseo.
GUILLÉN: Pues ya el rey sale aquí fuera.
Sale el REY y acompañamiento
LOPE PADRE: Señor invicto, yo soy
Lope de Urrea, de quien
tenéis noticia.
REY: Está bien.
LOPE PADRE: No vengo a pediros hoy
lo que en otros memoriales
muchas veces os pedí;
que hoy, señor, me traen aquí
más consolado mis males.
Que me escuchéis os suplico
humilde, a esos pies echado.
REY: Decid.
LOPE PADRE: Confuso y turbado
mi dolor os significo.
Don Lope de Urrea, mi hijo,
palabra a una dama dio
de esposo; y porque temió
(¡cuánto en decirlo me aflijo!) Aparte
mi disgusto, por haber
sido sin licencia mía,
dilataba de día en día
recibirla por mujer.
Ella, presumiendo que era
desprecio, y recato no,
a un hermano suyo dio
de ello cuenta; de manera
que, cogiéndole encerrado,
él y otros dos que vinieron
con él matarle quisieron.
El mancebo es alentado
y, no pudiendo sufrir
tan sobrada demasía,
se arrojó su bizarría
con todos tres a reñir.
Uno mató. En caso igual
la ley le disculpa; pues
aun entre los brutos es
la defensa natural.
Salió a la calle en efeto,
adonde un ministro hirió
de justicia. Si ofendió
en esto vuestro respeto,
ved que más delito hiciera
si tan poco la estimara
que de ella no se guardara,
y delincuente no huyera.
Confieso que en la campaña
mejor estaría sirviendo
que, mayor su culpa haciendo,
forajido en la montaña.
Pero ya sabéis que ha sido
duelo siempre en Aragón
no huir los que nobles son
donde hay linaje ofendido.
En efecto la mujer,
que en tan adversa fortuna
dos veces parte es, la una
por la palabra de ser
su esposo, y la otra, señor,
por ser hermana del muerto,
quiere en más seguro puerto
tomar estado mejor;
y uno y otro apartamiento
piadosa me remitió,
con que la dé el dote yo,
para entrarse en un convento.
Y aunque es verdad que yo estoy
tan pobre que he menester
buscarlo para comer,
enajenándome hoy
de la poca hacienda mía,
no sólo el dote la he dado,
mas renta la he situado;
tanto que este mismo día
de mis casas me he salido
al cuarto más pobre de ellas,
para don Mendo Torrellas,
por cumplir lo prometido.
Suplícoos, a vuestros pies
una y mil veces postrado,
que, pues ya el perdón ganado
de la parte, sólo es
parte vuestro real poder,
alcance en esta ocasión
para mi hijo el perdón
que ha llegado a merecer,
si no por sí ni por mí,
por tantos abuelos claros
que con nobles hechos raros
os lo están pidiendo aquí.
Volved a aquesas historias
los ojos, señor; veréis
mil héroes, a quien debéis
tantos triunfos, tantas glorias.
Duélaos esta nieve, viendo
que al pronunciar mis enojos,
con el llanto de mis ojos
la está el amor derritiendo.
Y si el afecto de un padre
no merece un perdón real,
duélaos una principal
mujer, su infelice madre,
muerta de pena y dolor.
Por quien sois me permitid
aquesta gracia.
REY: Acudid
a mi Justicia Mayor.
LOPE PADRE: Bien mi corta suerte indicia
que es forzosa mi desgracia,
pues cuando os pido una gracia,
me enviáis a la justicia.
REY: Si ante ella pasa el proceso
de los delitos, ¿no es bien
que ante ella conste también
el perdón?
LOPE PADRE: Yo lo confieso;
mas vaco ese cargo está.
Por muerte de don Ramón
no hay Justicia de Aragón.
REY: Sí hay; que hoy se publicará.
LOPE PADRE: Mis lágrimas y suspiros
os merezcan tanto bien.
REY: (¡Oh afectos de padre! ¿Quién Aparte
no se enternece de oíros?)
Vanse el REY, don GUILLÉN y acompañamiento
LOPE PADRE: ¡Oh precisa obligación
de un noble y honrado pecho,
qué de cosas habéis hecho
por la pública opinión
del vulgo, sin el afecto
de un puro amor paternal!
No digo que quiero mal
a Lope, pero en efecto
con más agrado o más gusto
estas finezas hiciera
si a su amor se las debiera;
mas por Blanca todo es justo,
porque la quiero de suerte,
aunque ella juzga que no,
que, por darla gusto yo,
tuviera en poco la muerte.
Suena dentro ruido
Mas ¿quién tan acompañado
entrar en palacio ven
mis ojos? Mendo es, de quien
fui amigo un tiempo pasado.
Bien excusarme quisiera
de que me mirara así;
pero habiendo--¡ay de mí!--
de vivir--¡vergüenza fiera!--
en mis casas, mal podré
hüir su conversación.
Pero ya no es ocasión
de hablarle ahora; porqué,
habiendo el rey entendido
como llega a su presencia,
a la sala de la audiencia
segunda vez ha salido.
Salen el REY por una parte, y por otra don MENDO y acompañamiento
MENDO: Vuestras plantas, gran señor,
una y mil veces me dad.
REY: Don Mendo, del suelo alzad;
alzad, Justicia Mayor
de Aragón.
MENDO: La mano os beso;
y bien la habré menester
ahora, para poder
levantarme con el peso
que al cuello me habéis echado.
Vida los cielos os den.
REY: ¿Cómo venís?
MENDO: Como quien
viene a verse tan honrado
de vos.
REY: Cansado vendréis;
idos, Mendo, a descansar;
mañana venidme a hablar,
donde el intento sabréis,
estando a solas los dos,
con que traeros prevengo
a la corte, donde tengo
mucho que fïar de vos.
MENDO: Vuestra es el alma y la vida,
y, a vuestras plantas postrada,
nunca mejor empleada.
Vanse el REY y acompañamiento
LOPE PADRE: Si tarde el noble se olvida
de lo que un tiempo estimó,
testigo, don Mendo, sea
honrar a Lope de Urrea.
MENDO: Mal pudiera olvidar yo
precisas obligaciones
que a nuestra amistad confieso.
LOPE PADRE: La mano, señor, os beso,
y ya con dos atenciones;
una, por recién venido,
ufano de que vengáis
a mi casa, en que seáis
de mí y de Blanca servido;
y otra porque, habiéndoos hecho
de Aragón Justicia hoy,
vuestro pretendiente soy.
MENDO: Bien estaréis satisfecho
que os sirva.
LOPE PADRE: Este memorial,
aun antes de haber venido,
el rey os ha remitido.
MENDO: Vuestro amigo soy leal,
y creed que en todo estado
no he de faltaros jamás.
LOPE PADRE: Un hijo mío...
MENDO: No más;
de todo estoy informado;
y estimo ver el dolor
con que os hallo; que tenía
noticias de que os debía
vuestro hijo poco amor.
LOPE PADRE: A muchos, señor, parece
que es mi pecho tan cruel;
mas lo que no hago por él
es porque él no lo merece.
Por sus muchas travesuras
estoy de todos mal visto,
por sus delitos mal quisto
y pobre por sus locuras.
MENDO: No, no os tenéis que afligir;
que pues yo me hallo en lugar
adonde ya puedo dar
lo que había de pedir,
de su fortuna crüel
juzgad que ya mejoró,
pues la vida que me dio
hoy puedo dársela a él.
Esto sabréis más despacio.
Vamos a casa; que allá
todo bien se dispondrá.
Salgamos, pues, de palacio;
que, dejando hoy a Violante,
mi hija, me adelanté,
y cuidadoso, porqué
soy su padre y soy su amante,
estoy de si habrá llegado.
LOPE PADRE: Mucho me alegro que venga
con salud adonde tenga
a su servicio el cuidado
de Blanca, mi esposa bella,
en quien vos conoceréis
una esclava a quien mandéis.
MENDO: Yo estimaré conocella,
por deuda y señora mía.
(¡Oh quién pudiera excusar, Aparte
cielos, haber de llegar
a ver a Blanca este día!)
Vanse. Salen doña VIOLANTE en traje de camino por un lado,
y por otro doña BLANCA
BLANCA: Felice yo, que tan bella
huéspeda tener merezco,
adonde la pueda estar
a todas horas sirviendo.
A daros la bienvenida
y a ver en qué ayudar puedo,
Violante, a vuestras crïadas
pasé de mi cuarto al vuestro.
VIOLANTE: La felicidad es mía;
pues cuando extranjera vengo
a Aragón, puedo decir
que en él he hallado mi centro.
Perdonadme de que os tenga
en este recibimiento
que divide los dos cuartos,
que no os digo que entréis dentro,
porque revuelto está todo.
BLANCA: Vos tenéis la culpa deso,
no los crïados, porque
no os esperaban tan presto.
VIOLANTE: A mí me pareció tarde;
que no vi la hora, os prometo,
de verme desotra parte
de la montaña, temiendo
segundo riesgo a mi vida.
BLANCA: Luego ¿hubo primero riesgo?
VIOLANTE: Y tan grande que le estoy
en el alma padeciendo
hasta ahora (pues ahora Aparte
aun más que entonces le siento.)
BLANCA: ¿Cómo así?
VIOLANTE: Por defenderme
del sol, que con sus reflejos
sañudamente talaba
la campaña a sangre y fuego,
me apeé de la litera
en un verde sitio ameno,
plaza de armas de las flores,
pues, fortificadas dentro
de los reductos y fosos
de un arroyo, no temieron
ni del sol las baterías
ni las correrías del cierzo,
cuando del seno del monte
cuatro o seis hombres salieron,
que de mi honor y la vida
de mi padre hacerse dueños
intentaron, cuya acción
lograra su atrevimiento,
si a este tiempo no llegara
un bandido caballero,
joven, galán y brïoso,
que liberal...
Llora doña BLANCA
Mas ¿qué es esto?
¿De qué lloráis?
BLANCA: De que estoy
vuestras fortunas oyendo,
con lástima de las mías.
Proseguid.
VIOLANTE: Daros no quiero
ocasión con mis pesares
para que sintáis los vuestros.
Las tres justicias en una, part 3
Electronic text by Vern G. Williamsen
and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu