This file was last updated on November 10, 1997

Sale don ENRIQUE, vestido de luto con un pliego

ENRIQUE: Dadme, gran señor, los brazos. REY: Con bien venga vuestra alteza. FERNANDO: ¡Ay, don Juan, cierta es mi muerte! REY: ¡Ay, Muley, mi dicha es cierta! ENRIQUE: Ya que de vuestra salud me informa vuestra presencia, para abrazar a mi hermano de dad, gran señor, licencia. ¡Ay, Fernando!

Abrázanse

FERNANDO: Enrique mío, ¿qué traje es ése? Mas cesa; harto me han dicho tus ojos, nada me diga tu lengua. No llores, que si es decirme que es mi esclavitud eterna, eso es lo que más deseo; albricias pedir pudieras, y en vez de dolor y luto vestir galas y hacer fiestas. ¿Cómo está el rey, mi señor? Porque como él salud tenga, nada siento. ¿Aún no respondes? ENRIQUE: Si repetidas las penas se sienten dos veces, quiero que sola una vez las sientas. Tú, escúchame, gran señor; que aunque una montaña sea rústico palacio, aquí te pido me des audiencia, a un preso la libertad, y atención justa a estas nuevas. Rota y deshecha la armada, que fue con vana soberbia pesadumbre de las ondas, dejando en África presa la persona del infante, a Lisboa di la vuelta, Desde el punto que Duarte oyó tan trágicas nuevas, de una tristeza cubrió el corazón, de manera que pasando a ser letargo la melancolía primera, muriendo desmintió a cuantos dicen que no matan penas. Murió l rey, que esté en el cielo. FERNANDO: ¡Ay de mí! ¿Tanto le cuesta mi prisión? REY: De esa desdicha sabe Alá lo que me pesa. Prosigue. ENRIQUE: En su testamento el rey mi señor ordena que luego por la persona del infante se dé a Ceuta. Y así yo con los poderes de Alfonso, que es quien le hereda, porque sólo este lucero supliera del sol la ausencia, vengo a entregar la ciudad; y pues... FERNANDO: No prosigas, cesa. Cesa, Enrique, porque son palabras indignas ésas, no de un portugués infante, de un maestre que profesa de Cristo la religión, pero aun de un hombre lo fueran vil, de un bárbaro sin luz, de la fe de Cristo eterna. Mi hermano, que está en el cielo, si en su testamento deja esa cláusula, no es para que se cumpla y lea, sino para mostrar sólo que mi libertad desea, y ésa se busque por otros medios y otras conveniencias, o apacibles o crüeles. Porque decir "Dése a Ceuta" es decir "Hasta eso haced prodigiosas diligencias." Que a un rey católico y justo, ¿cómo fuera, cómo fuera posible entregar a un moro una ciudad que le cuesta su sangre, pues fue el primero que con sola una rodela y una espada enarboló las quinas en sus almenas? Y eso es lo que importa menos. Una ciudad que confiesa católicamente a Dios, la que ha merecido iglesias consagradas a sus cultos con amor y reverencia, ¿fuera católica acción, fuera religión expresa, fuera cristiana piedad, fuera hazaña portuguesa que los templos soberanos, Atlantes de las esferas, en vez de doradas luces adonde el sol reverbera, vieran otomanas sombras? ¿Y que sus lunas opuestas en la iglesia, estos eclipses ejecutasen tragedias? ¿Fuera bien que sus capillas a ser establos vinieran, sus altares a pesebres? Y cuando aquesto no fuera, volvieran a ser mezquitas. Aquí enmudece la lengua, aquí me falta el aliento, aquí me ahoga la pena porque en pensarlo no más el corazón se me quiebra, el cabello se me eriza, y todo el cuerpo me tiembla. Porque establos y pesebres no fuera la vez primera que hayan hospedado a Dios; pero en ser mezquitas, fueran un epitafio, un padrón, de nuestra inmortal afrenta, diciendo "Aquí tuvo Dios posada, y hoy se la niegan los cristianos para darla al demonio." Aún no se cuenta --acá moralmente hablando-- que nadie en casa se atreva de otro a ofenderle. ¿Era justo que entrara en su casa mesma a ofender a Dios el vicio, y que acompañado fuera de nosotros, y nosotros le guardáramos la puerta, y para dejarle dentro a Dios echásemos fuera? Los católicos que habitan con sus familias y haciendas hoy, quizá prevaricaran en la fe, por no perderlas. ¿Fuera bien ocasionar nosotros la contingencia de este pecado? Los niños que tiernos se crían en ella, ¿fuera bueno que los moros los cristianos indujeran a sus costumbres y ritos para vivir en su secta? ¿En mísero cautiverio fuera bueno que murieran hoy tantas vidas, por una que no importa que se pierda? ¿Quién soy yo? ¿Soy más que un hombre? Si es número que acrecienta el ser infante, ya soy un cautivo, de nobleza no es capaz el que es esclavo; yo lo soy, luego ya yerra el que infante me llamare. Si no lo soy, ¿quién ordena que la vida de un esclavo en tanto precio se venda? Morir es perder el ser, yo le perdí en una guerra; perdí el ser, luego morí; morí, luego ya no es cuerda hazaña que por un muerto hoy tantos vivos perezcan. Y así estos vanos poderes, hoy divididos en piezas,

Rómpelos

serán átomos del sol, serán del fuego centellas. Mas no, yo los comeré porque aún no quede una letra que informe al mundo que tuvo la lusitana nobleza este intento. Rey, yo soy tu esclavo, dispón, ordena de mi libertad, no quiero, ni es posible, que la tenga. Enrique, vuelve a tu patria, di que en África me dejas enterrado, que mi vida yo haré que muerte parezca. Cristianos, Fernando es muerto; moros, un esclavo os queda; cautivos, un compañero hoy se añade a vuestras penas; cielos, un hombre restaura vuestra divinas iglesias; mar, un mísero con llanto vuestras ondas acrecienta; montes, un triste os habita, igual ya de vuestras fieras; viento, un pobre con sus voces os duplica las esferas; tierra, un cadáver hoy labra en tus entrañas su huesa; porque Rey, hermano, moros, cristianos, sol, luna, estrellas, cielo, tierra, mar y viento, fieras, montes, todos sepan, que hoy un príncipe constante entre desdichas y penas la fe católica ensalza, la ley de Dios reverencia. pues cuando no hubiera otra razón más que tener Ceuta una iglesia consagrada a la Concepción eterna de la que es reina y señora de los cielos y la tierra, perdiera, vive ella misma, mil vidas en su defensa. REY: Desagradecido, ingrato a las glorias y grandezas de mi reino, ¿cómo así hoy me quitas, hoy me niegas lo que más he deseado? Mas si en mi reino gobiernas más que en el tuyo, ¿qué mucho que la esclavitud no sientas? Pero ya que esclavo mío te nombras y te confiesas, como a esclavo he de tratarte. Tu hermano y los tuyos vean que ya, como vil esclavo, los pies agora me besas. ENRIQUE: ¡Qué desdicha! MULEY: ¡Qué dolor! ENRIQUE: ¡Qué desventura! JUAN: ¡Qué pena! REY: Mi esclavo eres. FERNANDO: Es verdad, y poco en eso te vengas; que si para una jornada salió el hombre de la tierra, al fin de varios caminos es para volver a ella. Más tengo que agradecerte que culparte, pues me enseñas atajos para llegar a la posada más cerca. REY: Siendo esclavo, tú no puedes tener títulos ni rentas. Hoy Ceuta está en tu poder; si cautivo te confiesas, si me confiesas por dueño, ¿por qué no me das a Ceuta? FERNANDO: Porque es de Dios y no es mía. REY: ¿No es precepto de obediencia obedecer al señor? Pues yo te mando con ella que la entregues. FERNANDO: En lo justo dice el cielo que obedezca el esclavo a su señor, porque si el señor dijera a su esclavo que pecara, obligación no tuviera de obedecerle; porque quien peca mandado, peca. REY: Daréte muerte. FERNANDO: Ésa es vida. REY: Pues para que no lo sea, vive muriendo; que yo rigor tengo. FERNANDO: Y yo paciencia. REY: Pues no tendrás libertad. FERNANDO: Pues no será tuya Ceuta.

Sale CELÍN

REY: ¡Hola! CELÍN: ¿Señor? REY: Luego al punto aquese cautivo sea igual a todos. Al cuello y a los pies le echad cadenas. A mis caballos acuda y en baño y jardín, y sea abatido como todos. No vista ropas de seda sino sarga humilde y pobre; coma negro pan y beba agua salobre; en mazmorras húmedas y oscuras duerma; y a criados y a vasallos se extienda aquesta sentencia. Llevadlos todos. ENRIQUE: ¡Qué llanto! MULEY: ¡Qué desdicha! JUAN: ¡Qué tristeza! REY: Veré, bárbaro, veré si llega a más tu paciencia que mi rigor. FERNANDO: Sí verás; porque ésta en mí será eterna.

Llévanle

REY: Enrique, por el seguro de mi palabra que vuelvas a Lisboa te permito, el mar africano deja. Di en tu patria que su infante, su Maestre de Avis queda curándome los caballos; que a darle libertad vengan. ENRIQUE: Sí harán, que si yo le dejo en su infelice miseria --y me sufre el corazón el no acompañarle en ella-- es porque pienso volver con más poder y más fuerza para darle libertad. REY: Muy bien harás, como puedas. MULEY: (Ya ha llegado la ocasión Aparte de que mi lealtad se vea. La vida debo a Fernando. Yo le pagaré la deuda.)

El príncipe constante part 6

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham