This file was last updated on November 10, 1997


JORNADA SEGUNDA


Sale FÉNIX

FÉNIX: ¡Zara! ¡Rosa! ¡Estrella! ¿No hay quien me responda?

Sale MULEY

MULEY: Sí, que tú eres sol para mí y para ti sombra yo; y la sombra al sol siguió. El eco dulce escuché de tu voz, y apresuré por esta montaña el paso. ¿Qué sientes? FÉNIX: Oye, si acaso puedo decir lo que fue. Lisonjera, libre, ingrata, dulce y süave una fuente hizo apacible corriente de cristal y undosa plata; lisonjera se desata, porque hablaba y no sentía; süave, porque fingía; libre, porque claro hablaba; dulce, porque murmuraba; e ingrata, porque corría. Aquí cansada llegué después de seguir ligera en ese monte una fiera, en cuya frescura hallé ocio y descanso; porque de un montecillo a la espalda, de quien corona y guirnalda fueron clavel y jazmín, sobre un catre de carmín hice un foso de esmeralda. Apenas en él rendí el alma al susurro blando de las soledades, cuando ruido en las hojas sentí. Atenta me puse, y vi una caduca africana, espíritu en forma humana, ceño arrugado y esquivo, que era un esqueleto vivo de lo que fue sombra vana, cuya rústica fiereza cuyo aspecto esquivo y bronco fue escultura hecha de un tronco sin pulirse la corteza. Con melancolía y tristeza, pasiones siempre infelices --para que te atemorices-- una mano me tomó, y entonces ser tronco yo afirmé por las raíces. Hielo introdujo en mis venas el contacto, horror las voces, que discurriendo veloces, de mortal veneno llenas. Articuladas apenas, esto les pude entender: "¡Ay infelice mujer! ¡Ay forzosa desventura! ¡Que en efecto esta hermosura precio de un muerte ha de ser!" Dijo; y yo tan triste vivo que diré mejor que muero, pues por instantes espero de aquel tronco fugitivo cumplimiento tan esquivo, de aquel oráculo yerto el presagio y fin tan cierto que mi vida ha de tener. ¡Ay de mí! ¡Que hoy he de ser precio vil de un hombre muerto!

Vase FÉNIX

MULEY: Fácil es de descifrar ese sueño, esa ilusión, pues las imágenes son de mi pena singular. A Tarudante has de dar la mano de esposa; pero yo, que en pensarlo me muero, estorbaré mi rigor; que él no ha de gozar tu amor si no me mata primero. Perderte yo, podrá ser; mas no perderte y vivir. Luego si es fuerza el morir antes que lo llegue a ver, precio mi vida ha de ser con que ha de comprarte. ¡Ay cielos! ¡Y tú en tantos desconsuelos precio de un muerto serás pues que morir me verás de amor, de envida y de celos!

Salen tres cautivos y el infante don FERNANDO

CAUTIVO 1: Desde aquel jardín te vemos, donde estamos trabajando, andar a caza, Fernando, y todos juntos venimos a arrojarnos a tus pies. CAUTIVO 2: Solamente este consuelo aquí nos ofrece el cielo. CAUTIVO 3: Piedad como suya es. FERNANDO: Amigos, dadme los brazos; y sabe Dios si con ellos quisiera de vuestros cuellos romper los nudos y lazos que os aprisionan; que a fe que os darían libertad antes que a mí; mas pensad que favor del cielo fue esta piadosa sentencia; él mejorará la suerte, que a la desdicha más fuerte sabe vencer la prudencia. Sufrid con ella el rigor del tiempo y de la Fortuna, deidad bárbara importuna, hoy cadáver y ayer flor. No permanece jamás y así os mudará de estado. ¡Ay Dios! Que al necesitado darle consejo no más no es prudencia, y en verdad que, aunque quiera regalaros, no tengo esta vez qué daros. Mis amigos, perdonad. Ya de Portugal espero socorro, presto vendrá; vuestra mi hacienda será. Para vosotros la quiero. Si me vienen a sacar del cautiverio, ya digo que todos iréis conmigo. Id con Dios a trabajar. No disgustéis vuestros dueños. CAUTIVO 1: Señor, tu vida y salud hace nuestra esclavitud dichosa. CAUTIVO 2: Siglos pequeños son los del fénix, señor, para que vivas.

Vanse

FERNANDO: El alma queda en lastimosa calma, viendo que os vais sin favor de mis manos. ¡Quien pudiera socorrerlos! ¡Qué dolor! MULEY: Aquí estoy viendo el amor con que la desdicha fiera de esos cautivos tratáis. FERNANDO: Duélome de su fortuna y en la desdicha importuna que a esos cautivos miráis, aprendo a ser infelice' y algún día podrá ser que los haya menester. MULEY: ¿Eso vuestra alteza dice? FERNANDO: Naciendo infante, he llegado a ser esclavo; y así temo venir desde aquí a más miserable estado; que si ya en aqueste vivo, mucha más distancia trae de infante a cautivo que hay de cautivo a más cautivo. Un día llama a otro día, y así llama y encadena llanto a llanto y pena a pena. MULEY: No fuera mayor la mía, que vuestra alteza mañana, aunque hoy cautivo está, a su patria volverá; pero mi esperanza es vana, pues no puede alguna vez mejorarse mi fortuna, mudable más que la luna. FERNANDO: Cortesano soy de Fez, y nunca de los amores que me contaste te oí novedad. MULEY: Fueron en mí recatados los favores. El dueño juré encubrir; pero a la amistad atento, sin quebrar el juramento, te lo tengo de decir. Tan solo mi mal ha sido como solo mi dolor, porque el Fénix y mi amor sin semejante han nacido. En ver, oír y callar, Fénix es mi pensamiento, Fénix es mi sufrimiento en temer, sentir y amar; Fénix mi desconfïanza en llorar y padecer; en merecerla y temer aún es Fénix mi esperanza, Fénix mi amor y cuidado; y pues que es Fénix te digo, como amante y como amigo ya lo he dicho y lo he callado.

Vase MULEY

FERNANDO: Cuerdamente declaró el dueño amante y cortés; si Fénix su pena es, no he de competirla yo, que la mía es común pena. No me doy por entendido; que muchos la han padecido y vive de enojos llena.

Sale el REY

REY: Por la falda de este monte vengo siguiendo a tu alteza, porque, antes que el sol se oculte entre corales y perlas, te diviertas en la lucha de un tigre que agora cercan mis cazadores. FERNANDO: Señor, gustos por puntos inventas para agradarme; si así a tus esclavos festejas, no echarán menos la patria. REY: Cautivos de tales prendas que honran al dueño, es razón servirlos de esta manera.

Sale don JUAN

JUAN: Sal, gran señor, a la orilla del mar, y verás en ella el más hermoso animal que añadió naturaleza al artificio; porque una cristiana galera llega al puerto, tan hermosa, aunque toda oscura y negra, que al verla se duda cómo es alegre su tristeza. Las armas de Portugal vienen por remate de ella; que como tienen cautivo a su infante, tristes señas visten por su esclavitud, y a darle libertad llegan, diciendo su sentimiento. FERNANDO: Don Juan, amigo, no es ésa de su luto la razón, que si a librarme vinieran, en fe de su libertad fueran alegres las muestras.

El príncipe constante part 5

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham