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BEATRIZ: Haz que pongan unas luces,
Isabel, en esa cuadra,
y espera, en tanto que yo,
de la labor enfadada,
me divierto en esta reja
un rato.
LEONOR: Haré lo que mandas.
(Malo es servir, y peor Aparte
servir con desconfïanza.
Recatándose de mí
siempre Beatriz e Inés andan;
una salió fuera y otra
aquí debe de esperarla.
Quiero dar lugar, pues sé
en qué estos secretos paran,
a que hablen; yo me acuerdo
cuando solía en mi casa
tener el mismo recato
y la misma confïanza
de unas y de otras que entonces
me servían. ¡Basta, basta,
memoria! Y pues ahora sirves,
Leonor, oye, mira y calla.)
Vase. Sale INÉS
INÉS: No dirás que me he tardado.
BEATRIZ: Por saber lo que te pasa
con don Diego, estoy, Inés,
esperando en esta sala.
¿Qué ha habido?
INÉS: Que el papel
no ha echado perder la traza.
Tras mí viene, sin que entienda
que tú, señora, le llamas.
No hay sino hacer ahora el tuyo,
mostrándote muy airada,
y conmigo la primera.
En otro tono
BEATRIZ: Inés, mira quién andaba
ahí afuera.
INÉS: ¡Ay, señora! Un hombre...
BEATRIZ: ¿Quién así...?
Sale don DIEGO
DIEGO: Quien a tus plantas,
hermosa Beatriz, ofrece
una y mil veces el alma.
BEATRIZ: ¿Qué es esto, Inés?
INÉS: Yo, señora,
la puerta dejé cerrada.
BEATRIZ: Mientes; que ésta es traición tuya.
No has de estar una hora en casa.
DIEGO: ¿Para qué riñes a Inés,
Beatriz, si yo soy la causa
de tu enojo? En mí tus iras
se rompan y se deshagan;
que yo no quiero más premio
que sólo darte venganzas.
BEATRIZ: Señor don Diego, bien estas
demasías excusadas
pudieran estar, sabiendo
cuánto es hoy vuestra esperanza
para conmigo imposible.
DIEGO: Siempre lo fue; que mis ansias
nunca, Beatriz, presumieron
que mereciesen lograrla.
BEATRIZ: Sí; mas nunca menos que hoy.
DIEGO: ¿Por qué?
BEATRIZ: Porque es muy contraria
política del amor
que merezca quien agravia.
DIEGO: Disculpar esa sospecha
pretendo.
BEATRIZ: Mal disculparla
podréis.
DIEGO: Quizá bien.
BEATRIZ: Don Diego,
la hora es muy aventurada.
Aquesa puerta está abierta,
muy dispuesta mi desgracia.
Idos, no queráis perderme.
DIEGO: De dos suertes, ya que alcanza
esta ocasión mi deseo,
no tengo de despreciarla.
En oyéndome, me iré.
BEATRIZ: Inés, esa puerta guarda,
ya que es fuerza que le oiga,
a precio de que se vaya.
Vase INÉS
DIEGO: Yo salí, Beatriz hermosa,
de Valencia...
Vuelve a salir INÉS muy asustada
INÉS: ¡Ay, desdichada!
BEATRIZ: ¿Qué es eso?
INÉS: Mi señor viene.
BEATRIZ: ¡Triste de mí!
INÉS: Ea, ¿qué aguardas?
Del aposento de anoche
hoy el sagrado nos valga.
DIEGO: ¡Qué desdichado que ha sido
siempre mi amor!
Escóndese
BEATRIZ: ¡Qué tirana
ha sido siempre mi estrella!
INÉS: ¿Qué te turbas y desmayas?
No temas; que mi señor
no trae recelo de nada,
pues entra en su cuarto antes
que en el tuyo.
BEATRIZ: ¡Ay, Inés, cuánta
es mi pena!
Salen don CARLOS y don JUAN a la puerta
JUAN: (Yo venía, Aparte
Carlos, como digo, a casa
cuando vi que un hombre en ella
entró. En la calle me aguarda,
y por ventana ni puerta
dejes que ninguno salga.)
CARLOS: (Entra, y fía que seguras Aparte
tienes, don Juan, las espaldas.)
Vase
JUAN: ¡Beatriz!
BEATRIZ: ¿Hermano?
JUAN: ¿Qué hacías?
BEATRIZ: Aquí con Inés estaba.
JUAN: Está bien.
BEATRIZ: ¿Adónde vas?
JUAN: ¿Es novedad que en mi casa
entre yo donde quisiere?
BEATRIZ: No lo es, pero extraño...
JUAN: ¡Aparta!
BEATRIZ: ...el modo de hablarme.
JUAN: ¡Quita
de delante!
BEATRIZ: (¡Peña extraña!) Aparte
DIEGO: (Hacia este aposento viene. Al paño
Salida tiene a otra cuadra;
quiero ver si más seguro
lugar mis recelos hallan.)
Entrase
JUAN: (De esta suerte he de salir
de una vez de dudas tantas.) Aparte
Entra tras don DIEGO, sacando la espada
BEATRIZ: Para entrar al aposento
--¡ay de mí!-- la espada saca.
INÉS: Muertes de hombre ha de haber.
BEATRIZ: Inés, la suerte está echada.
INÉS: Y echada a perder, señora.
BEATRIZ: Sin vida estoy y sin alma.
INÉS: Pues cualquiera de ellas es
importantísima alhaja,
¡huyamos!
BEATRIZ: Aun para huir
aliento y valor me falta.
INÉS: Don Diego del aposento
salió, pues que no se halla
en él.
LEONOR: ¡Ay de mí infelice! Dentro
BEATRIZ: Pasando de cuadra en cuadra,
dio adonde estaba Isabel.
Ella de verle se espanta,
y huyendo de él, hasta aquí
viene. A este lado te aparta.
Retíranse las dos. Sale doña LEONOR
con luz y, tras ella, don DIEGO
LEONOR: Hombre que más me pareces
sombra, ilusión o fantasma,
¿qué me quieres? ¿No bastó
el echarme de mi casa,
sino también de la ajena?
DIEGO: Mujer que más me retratas
fantasma, ilusión o sombra,
¿mis desdichas no me bastan,
sin las que tú ahora me añades,
pues segunda vez me matas?
Pero no; pues hoy...
Sale don JUAN
JUAN: En vano,
aunque el centro en sus entrañas
te esconda, podrás...¿Don Diego?
DIEGO: Detened, don Juan, la espada;
que, aunque vuestra casa está
en esta parte agraviada,
no vuestro honor; y si puedo
satisfacer con palabras
al empeño, mejor es;
pues es cosa averiguada
que es la venganza mejor
no haber menester venganza.
JUAN: (Don Diego Centellas es. Aparte
Con Leonor está. Aquí hallan
mis sospechas el mejor
desengaño. ¡Albricias, alma!
Que, aunque ésta es desgracia, es
más tolerable desgracia.)
BEATRIZ: (Suspenso el acero al verle Aparte
se quedó; oye lo que hablan.)
DIEGO: Yo, don Juan, amé en la corte
a Leonor, que es esta dama,
en cuya casa una noche
me sucedió una desgracia.
Vine a Valencia y, teniendo
noticia que en vuestra casa
estaba...
LEONOR: (¡Ay de mí!) Aparte
DIEGO: ...esta noche
me atreví a entrar aquí a hablarla.
BEATRIZ: (¡Qué buena disculpa, Inés, Aparte
si ahora Isabel conformara
con ella! Haz señas que diga
que sí, que es ella la dama.)
Hace INÉS señas a doña LEONOR
LEONOR: Don Juan, cuanto aquí has oído
es verdad. Don Diego es causa
de mi fortuna, y por quien
desterrada de mi patria,
de mi padre aborrecida,
de mi esposo despreciada,
en este estado, este traje
vivo, sirviendo a tu hermana.
INÉS: (La seña entendió.) Aparte
BEATRIZ: (Y lo finge Aparte
tan bien que aun a mí me engaña.)
LEONOR: Pero diga él si yo aquí
ni allá le di...
JUAN: ¡Calla, calla!
LEONOR: ...ocasión...
JUAN: ¡No te disculpes!
(¿Hay mujer más desgraciada?) Aparte
INÉS: (Mucho la debes, señora, Aparte
pues se culpa por tu causa.)
BEATRIZ: (Sólo que lo haya creído Aparte
mi hermano es lo que nos falta.)
JUAN: (¿Qué haré? Que, aunque esté seguro Aparte
yo, que lo esté Carlos falta.)
Sale don CARLOS, y quédase al paño
CARLOS: Habiendo en la calle oído
ruido acá dentro de espadas,
dejo la puerta y a hallarme
vengo, don Juan... (Mas las armas Aparte
tienen suspensas los dos.
Desde aquí oiré lo que tratan;
que quizás será su honor
conveniencia a la desgracia.)
DIEGO: Ésta es vuestra ofensa; y pues
a ser agravio no pasa,
mirad si os estará bien
o remitirla o vengarla.
JUAN: Don Diego, vuestras disculpas
convienen con señas varias
que yo tengo de Leonor.
CARLOS: (¿Qué escucho? ¡Pena tirana! Aparte
A Leonor nombró y don Diego.)
JUAN: Pero una pregunta falta.
¿Es ésta la primer noche
que aquí habéis entrado a hablarla?
DIEGO: (Malicia trae la pregunta; Aparte
por sí o por no, he de salvarla.)
No; que anoche entré por esa
puerta y por esa ventana
salí. Sabida la culpa,
¿qué importa la circunstancia?
JUAN: Importa más que pensáis.
CARLOS: (¡Contra mí es contra quien paran Aparte
los celos de don Juan, cielos!)
BEATRIZ: (Ya que lo ha creído, salga Aparte
yo ahora.) Pues ten de mí,
don Juan, la desconfïanza,
y mira lo que me envía,
para servirme, tu dama.
A LEONOR
(Perdona, amiga, y prosigue.) Aparte
LEONOR: (No entiendo lo que me mandas.) Aparte
JUAN: No es tiempo deso, Beatriz;
pues aunque con señas tantas
me satisfaga don Diego,
estar Leonor en mi casa
por orden de quien a ella
la envió, a mí no me saca
de la obligación en que
me pone mi sangre hidalga;
y así, aunque por ella venga
y no por ti, eso me basta
para que el atrevimiento
castigue yo.
Sale don CARLOS
CARLOS: Aquesa instancia,
pues me toca a mí el sentirla,
también me toca el vengarla.
LEONOR: (¿Qué miro? ¿Carlos aquí? Aparte
¡Esto sólo me faltaba!)
DIEGO: Pues ¿quién sois vos, que queréis
tomar ahora la demanda?
CARLOS: Bien pudierais concocerme;
que razones tenéis hartas.
Yo soy aquél que por muerto
os dejó, y ahora trata
acabar lo que empezado
dejó entonces.
LEONOR: (¡Pena extraña!) Aparte
DIEGO: Antes pienso que venís
a que yo tome venganza
hoy de todo.
JUAN: A vuestro lado,
Carlos, estoy.
DIEGO: No me espanta
la ventaja de los dos.
GINÉS: Aquí son las cuchilladas. Dentro
Entrad todos.
Sale GINÉS y gente
TODOS: ¿Qué es aquesto?
BEATRIZ: (Inés, esas luces mata, Aparte
por si podemos así
excusar desdichas tantas.)
Apaga INÉS la luz, y riñen
GINÉS: Nadie tire, estando a oscuras.
JUAN: Ved todos que ésta es mi casa.
GINÉS: Encienda usted una luz,
y lo verán.
LEONOR: ¡Qué desgracia!
DIEGO: (La puerta hallé. Esto no es Aparte
volver al riesgo la cara,
sino fïar a mejor
ocasión mis esperanzas.)
Vase
BEATRIZ: (A mi cuarto me retiro Aparte
llena de confusas ansias.)
Vase
INÉS: (Tan buena hacienda hemos hecho Aparte
que, de puro buena, es mala.)
Vase
GINÉS: Señor, ¿dónde estás? Que ya
el cirujano te aguarda.
CARLOS: ¡Muere, traidor!
GINÉS: ¡Muerto soy!
Que mandarlo vusted basta.
(El diablo que más espere Aparte
a que de veras lo hagan.)
Vase
UNO: Muerto está uno; por si viene
justicia, de aquesta casa
salgamos; huyamos todos.
Vase la gente
JUAN: ¡Hola! Aquí unas luces saca.
Mas yo por ellas iré.
Vase
LEONOR: (De confusa y de turbada, Aparte
tropezando en mis desdichas,
de aquí no muevo las plantas.)
CARLOS: El puesto he de sustentar;
que, aunque siento que se vayan
todos, no he de faltar yo
de donde saqué la espada.
Sale don JUAN con luz
JUAN: Ya hay luz aquí.
LEONOR: ¡Carlos, tente!
JUAN: ¿Solos los dos?
CARLOS: ¿Qué te espanta?
Porque si yo a mi enemigo
no puedo volver la espalda,
hallándome con Leonor,
con mi enemigo mi hallas;
pero enemigo de quien
la vitoria es huir.
Quiere irse, y detiénele don JUAN
JUAN: Aguarda.
CARLOS: Déjame que, en seguimiento
de esotro, huyendo a éste, salga.
JUAN: Ya no hay tras quién.
LEONOR: ¡Quién pudiera
rasgarse el pecho, y que hablara
el corazón con acciones
y no la voz con palabras!
CARLOS: Fuera el corazón también
traidor; que ser tuyo basta.
LEONOR: Fuera leal, por ser mío.
CARLOS: Bien el lance lo declara
que acabo de ver --¡ay, fiera!--
cuando no consideraras
las finezas que me debes,
consideraras que estabas
en casa de don Juan.
LEONOR: Pues
¿qué culpa contra mí hallas
en las locuras de un hombre?
CARLOS: Ninguna. Ahorremos demandas
y respuestas. --Primo, amigo,
pues tan felizmente acaba
para ti aquella ocasión
que detuvo mi jornada
cuanto infeliz para mí,
adiós; que, aunque con infamia
salga de Valencia, es fuerza
que de ella esta noche salga.
Diga mi enemigo que huyo;
que no quiero honor ni fama.
A esa mujer, porque en fin
la quise bien, te la encarga
mi amistad, no para que
la tengas más en tu casa,
sino para que la dejes
que en cas de don Diego vaya;
logre él felice su amor,
y ella gustosa... Mas nada
digo. Adiós, don Juan.
LEONOR: ¡Ay, cielos!
Espera, Carlos.
CARLOS: ¿Que aun hablas?
LEONOR: Si yo supe...
CARLOS: No prosigas.
LEONOR: ...que aquí...
CARLOS: No me digas nada.
LEONOR: No...pues yo...si... Hablar no puedo.
Vista y aliento me faltan.
¡Jesús mil veces!
Desmáyase
JUAN: Cayó
en mis brazos desmayada.
CARLOS: Tenla, don Juan. ¡Ay Leonor!
Que te adoro, aunque me matas,
y es muy distinto sentir
tu traición que tu desgracia.
JUAN: En lágrimas y gemidos
se le han vuelto las palabras.
Esperad, Carlos, a que
entre al cuarto de mi hermana
con ella.
CARLOS: Sí, don Juan, id;
algún remedio se le haga.
Mas dejadla que se muera,
pues para otro amor se guarda.
JUAN: Después veremos los dos
lo que hemos de hacer.
Entrala
CARLOS: ¡Mal haya
rendimiento tan postrado,
pasión tan avasallada,
afecto tan abatido
y voluntad tan postrada!
A más quejas, más amor;
a más agravios, más ansias;
a más traición, más firmeza.
Mas ¿qué me admira y espanta?
Que quien no ama los defectos
no puede decir que ama.
FIN DE LA SEGUNDA JORNADA
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