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INÉS:              Usted, señora Isabel,
                me conozca por crïada,
                por amiga y camarada;
                que uno y otro seré fiel,
                   como su mucho valor
                solamente haga una cosa.
LEONOR:         ¿Qué es?
INÉS:                          No serme escrupulosa
                en un tantico de amor.
LEONOR:            Esa caduca costumbre
                ya espiró.  Y si verdad digo,
                también traigo yo conmigo
                mi poca de pesadumbre.
INÉS:              Como eso tu voz me diga,
                desde aquí de mejor gana
                seré amiga más que hermana.
LEONOR:         Y yo hermana más que amiga.
                   (¡Que hable yo así! Cielos, ¿quién   Aparte
                aquesto creerá de mí?)

Vanse las dos
BEATRIZ: ¿Carlos en Valencia? JUAN: Sí; mas publicarlo no es bien, porque de secreto pasa a Nápoles; y esto ha sido causa de que no ha venido a servirse de esta casa. Mas vendrá al anochecer a verte, y lo que quisiera que por mí tu amor hiciera es prevenir y tener algún regalo que hacelle. BEATRIZ: Digo que yo trastearé mis escritorios; veré qué hay en ellos que ofrecelle; que, aunque estoy desalhajada, para cosas semejantes habrá bolsas, lienzos, guantes; y de la ropa excusada que hay por estrenar, verás un azafate que creo que le acredite el deseo. JUAN: Notable gusto me das. BEATRIZ: Esto y la cena de mí fía. JUAN: Pues yo vuelvo luego. Adiós. BEATRIZ: (¡Oh traidor don Diego, Aparte quién se vengara de ti!)
Vase
JUAN: A Carlos quiero avisar el efecto que ha tenido el papel; y aunque haya sido su mayor cuidado estar, lo que ha que está, tan secreto que ninguno puede velle, esta noche he de traelle conmigo a casa.
Vase. Salen don DIEGO y GINÉS, de camino
DIEGO: En efeto

gran gusto es volver un hombre a ver la patria, Ginés. GINÉS: Y más cuando ha estado tan a pique de no volver. DIEGO: Convaleciente me vi y libre apenas, porqué contra mí no hubo querella, cuando al instante traté de ausentarme de Madrid, por el recelo de que los parientes de Leonor muerte a su salvo me den. GINÉS: Si esto de morir es burla pesada para una vez, ¿qué será para dos veces? Tú hiciste, señor, muy bien. DIEGO: ¿No es don Juan aquél que sale de su casa? GINÉS: Sí. DIEGO: Ginés, todo parece que hoy me va sucediendo bien. GINÉS: Pues ¿qué maula te has hallado? DIEGO: ¿Es poca dicha saber que, estando ahora don Juan fuera de casa, podré ver a Beatriz? GINÉS: ¿De Beatriz te acuerdas? DIEGO: ¿Cuándo olvidé yo su gran belleza? GINÉS: Cuando por otra, que yo miré, te dieron en la cabeza, o de tajo o de revés, un tanto con que por tanto no vuelves acá otra vez. DIEGO: Eso de servir un hombre en ausencia otra mujer es licencia concedida al amante más fïel. GINÉS: Lo mismo hacen ellas. DIEGO: Llega, y pregunta por Inés y dila que estoy yo aquí... y advierte una cosa... GINÉS: ¿Qué? DIEGO: Que del pasado suceso a nadie noticia des, y más en cas de Beatriz. GINÉS: ¿Eso había yo de hacer? Cree que hoy no sabrá de mí más de lo que supo ayer, que no la vi de mis ojos. DIEGO: Llega, pues; llama.

Llama GINÉS a la puerta. Sale INÉS
INÉS: ¿Quién es? GINÉS: Señora Inés, un criado de toda vuesa merced, que tan amante y rendido se viene como se fue. INÉS: ¡Ginés mío! ¿No me das un abrazo? GINÉS: Y dos y tres; que no soy yo miserable. INÉS: ¿Cómo has venido? GINÉS: Después lo sabrás muy por extenso; que no hay tiempo ahora, porqué mi señor te quiere hablar. INÉS: Luego ¿ha venido también? DIEGO: Sí, Inés, y con mil deseos de verte a ti y de saber cómo está Beatriz. INÉS: Pues buena la hallarás, sabiendo...
Sale BEATRIZ
BEATRIZ: Inés, ¿quién llamaba, que con tanta conversación estás? DIEGO: Quien peregrino y derrotado de la tormenta crüel de una ausencia en que, rendido el zozobrado bajel de amor a uno y otro embate, sufrió uno y otro vaivén, hasta que, tranquilo el mar, con el bello rosicler de los amigos celajes, toma puerto a vuestros pies, adonde consagra humilde la tabla, que tumba fue en el templo de su amor, al ídolo de su fe. BEATRIZ: (¡Que mientan así los hombres! Aparte Mas disimular es bien.) Aunque más, señor don Diego... pero luego os lo diré. (Inés, mira que no salga Aparte a aquesta cuadra Isabel; que no es bien que el primer día mis penas sepa.) INÉS: (Haces bien.) Aparte Ginés, después nos veremos. GINÉS: Como nos veamos después, yo haré verdad el refrán de "un poco te quiero, Inés."
Vase INÉS
BEATRIZ: Aunque más, señor don Diego, --vuelvo a decir otra vez-- (¡Qué mal se encubre el dolor!) Aparte encarezcáis ni pintéis de la ausencia las tormentas, significar no podréis las que he padecido yo, siempre amante y siempre fiel. DIEGO: (¡Albricias, que nada sabe!) Aparte GINÉS: (¿Cómo lo había de saber?) Aparte BEATRIZ: ¿Cómo en la corte os ha ido? DIEGO: Como ausente de vos, pues no hay gusto en ausencia amando, si no es uno. BEATRIZ: ¿Cuál? DIEGO: Volver a vista de lo que se ama. BEATRIZ: (¡Que falso conmigo esté! Aparte Un áspid tengo en el pecho y en la garganta un cordel.) ¿En qué estado el pleito queda? DIEGO: Como estaba le dejé, porque mi poca salud me trae a convalecer. BEATRIZ: ¿De qué achaque? DIEGO: De no veros. BEATRIZ: Pues ¿no hay en Madrid que ver? ¿No son bizarras sus damas? DIEGO: Como a ninguna miré, no puedo dar voto en ellas. BEATRIZ: ¿Ninguna? DIEGO: Di tú, Ginés, la fineza que en mí viste. GINÉS: Tanta fineza vi en él que le vi muerto de amor. BEATRIZ: Sí; mas no dices de quién. DIEGO: ¿Quién fuera, que tú no fueras? BEATRIZ: Luego ¿vos no sois aquél que, trocando en criminal el civil pleito a que fue, a sala de competencias le llevasteis, donde, al ver en estrado, no en estrados, vuestra causa una mujer, en vista os condenó a muerte, de que ministro crüel fue cierto competidor? GINÉS: (¿Cómo lo había de saber? Aparte ¡Hémosla hecho buena!) DIEGO: (¡Muerto Aparte estoy!) GINÉS: (¿Qué miras? Aun bien Aparte que yo no he hablado palabra.) DIEGO: (¿Qué es esto que escucho?) Aparte GINÉS: (Es Aparte tu suceso de "pe" a "pa," sin quitar ni sin poner.) BEATRIZ: Todo se sabe, don Diego; y pues las razones veis que tengo para ofenderme de un traidor, aleve, infiel, falso, engañoso, inconstante, atrevido y descortés, que me pasa por finezas los agravios, no me habléis otra vez en vuestra vida, si no intentáis que otra vez os dé a entender mi valor, que hay en Valencia también dama por quien pueda darse la muerte a un hombre sin fe. DIEGO: Mirad... BEATRIZ: Mirad vos, don Diego, que es tarde, y no será bien que me cueste hoy el pesar más que me costó el placer. Idos pues. DIEGO: Hasta dejaros desengañada de que... JUAN: ¿Cómo no hay aquí una luz? Dentro BEATRIZ: ¡Ay infeliz! Este es mi hermano. GINÉS: Pues ¿el hermano cómo lo había de saber?
Sale INÉS
INÉS: Señora, mi señor sube. DIEGO: ¿Qué quieres que haga? BEATRIZ: No sé. INÉS: Yo sí. Entrad en esta cuadra, donde escondidos estéis hasta que podáis salir. BEATRIZ: ¡Qué infeliz soy! INÉS: Entrad pues. GINÉS: Yo tomo de buen partido que dos mil palos me den.
Escóndense don DIEGO y GINÉS
BEATRIZ: Cierra la puerta hacia acá, porque no los puedan ver. INÉS: Ya está la puerta cerrada. JUAN: Siendo ya al anochecer, Dentro ¿no hay luces en casa?
Salen don JUAN y don CARLOS por una puerta, y doña LEONOR con luces por otra
LEONOR: Aquí las luces están. CARLOS: (Al ver Aparte que es quien trae la luz Leonor, ciego con la luz quedé.)
A BEATRIZ
Dadme, señora, a besar la mano, si merecer (¡Ay Leonor! ¿Tú en este estado?) Aparte puedo tanta dicha. BEATRIZ: Aunqué con rendimientos, don Carlos, desenojarme intentéis del agravio que a esta casa habéis hecho, no podréis. CARLOS: Ya de ese agravio, señora, con don Juan me disculpé. El me disculpe con vos, pues ya lo estoy yo con él. Y aunque a vuestra casa hoy no vengo a honrarme, creed que en ella, para serviros, mi alma y vida tenéis. JUAN: Ya tengo dicho a mi hermana las razones que tenéis para no honrarnos despacio. BEATRIZ: Pues ya que de paso es la dicha, dadme licencia a que de paso también os sirva como pudiere, mal prevenida mi fe. Aquí no estáis bien; entrad en mi cuarto. ¡Hola, Isabel! Alumbra a mi primo. (¡Cielos, Aparte lástima de mí tened.)
Vase
LEONOR: Supuesto, señor don Carlos, que he llegado a merecer serviros hoy, ¿qué mayor dicha, qué mayor placer? CARLOS: ¡Ay, Leonor! Si yo pudiera dejarte servida, cree que no quedaras sirviendo. LEONOR: Yo quedo, Carlos, más bien que merezco, pues que soy tan desdichada mujer que no merezco de ti que algún crédito me des. CARLOS: ¿Creyó alguno lo que oye primero que lo que ve? LEONOR: Sí. CARLOS: Pues hizo mal. JUAN: Mirad que con extremos no deis alguna sospecha en casa. CARLOS: ¿Quién puede dejar de hacer extremos, viendo a Leonor en el traje de Isabel?
Vanse todos menos INÉS. Salen al paño GINÉS y don DIEGO
GINÉS: Inés, ¿podremos salir? INÉS: No, que están al paso. GINÉS: Pues ¿qué hemos de hacer? INÉS: Esperar que el huésped se vaya. GINÉS: ¿Quién es este huésped? INÉS: Un primo de casa. Yo volveré a sacaros; y si cierra mi amo la puerta, saldréis, cuando ya esté recogido, por ese balcón. GINÉS: ¿Bal-qué? INÉS: Balcón. GINÉS: Por no saltar yo, aun no danzo el salterén. Inés, disponlo de suerte que yo salga por mi pie, si es posible. DIEGO: De cualquiera suerte lo dispon, Inés. GINÉS: Como tú ya estás, señor, enseñado a que te den, piensas que el salir no es nada. INÉS: Cerrad la puerta y no habléis. DIEGO: Quién se vio en igual aprieto? GINÉS: Yo, sin qué ni para qué. INÉS: Gran cochiboda hay en casa. ¡Quiera Dios que pare en bien!

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

No siempre lo peor es cierto part 4

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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