This file was last updated on October 17, 1998
JUAN: Es tan nueva vuestra historia,
tan raro vuestro suceso
que sólo puede admirarse,
dejándoselo al silencio.
Y hablando, no en el pasado,
pues ya no tiene remedio,
sino en lo presente, vamos
lo que ha de ser previniendo.
Donde mejor esta dama
estará es en un convento;
mas tiene el inconveniente
de haber de estarla asistiendo,
cuando tan pobre os halláis,
sin renta y con alimentos;
que, aunque mi alma, mi vida,
mi ser y honor, todo es vuestro,
mi hacienda está de manera,
don Carlos, que no me atrevo,
porque no sé si después
podré cumplirlo, ofrecerlo.
Y así en mi casa presumo
que habrá de estar, donde creo
que...
CARLOS: No paséis adelante;
que, aunque la oferta agradezco,
no me es posible aceptarla,
ni que, estas cosas sabiendo,
dé ese cuidado a mi prima.
Fuera de que no es respeto
llevar mi dama a su casa;
que, aunque por su nacimiento
mereciera bien su lado,
estos extraños sucesos
ajan mucho las noblezas.
JUAN: Oíd, que para todo hay medio.
A una doncella de casa
mi hermana habrá poco tiempo
que puso en estado, y hoy
está sin ella. Yo tengo
una dama, amiga suya,
a quien sirvo y galanteo
para casarme, y a quien
podré fïar el secreto.
Pidiéndole yo a esta dama
que la envíe a casa, dejo
asegurada la parte
de que mi hermana, sabiendo
quién es, lo tenga a disgusto.
Y aunque el desdoro confieso
de que entre con este nombre,
puede tolerarse, siendo
en lo público crïada
y señora en lo secreto;
pues yo he de estar a la mira,
siempre a su servicio atento.
CARLOS: El medio no era muy malo
para asegurarla; pero
no me atreveré, don Juan,
yo a decirlo y proponerlo
a Leonor, porque...
Sale doña LEONOR de donde estaba escondida
LEONOR: Detente;
que yo responderé a eso.--
Señor don Juan, no tan sólo
como crïada sirviendo
en vuestra casa estaré
honrada y gustosa, pero
como esclava que compráis
de aquesta fineza a precio;
porque no habrá para mí,
si es que para mí hay consuelo,
otro alguno, sino sólo
saber que ha de ser mi dueño
cosa tan propia de Carlos;
y así, humilde a esos pies ruego
facilitéis esta dicha.
Y pues os he estado oyendo,
y en la relación que él
de mis fortunas ha hecho
parece que estoy culpada
y que apelación no tengo,
porque a vuestra casa no
llevéis ni aun el más pequeño
escrúpulo de que soy
tan fácil como parezco,
plegue a Dios que él me destruya
con su poder, y los cielos
me falten, si yo a aquel hombre
embozado y encubierto
ocasión le di jamás
para tanto atrevimiento,
si ya no es darle ocasión
a un hombre darle desprecios.
JUAN: Vuestra hermosura, señora,
al paso que vuestro ingenio,
os acredita conmigo;
y no ya por Carlos quiero
hacer la fineza, si es
fineza la que os ofrezco,
sino por vos. Que la escriba
mi dama a mi hermana quiero
un papel que vos llevéis.
Esperad, que al punto vuelvo.
Vase
LEONOR: Ya, don Carlos, que ha llegado
el plazo de tus deseos,
pues ya te verás sin mí,
una cosa sola espero
que añadas a las finezas
que hasta este instante te debo.
CARLOS: Déjame, Leonor, por Dios;
no apures mi sufrimiento,
porque no sé que te adoro
hasta que sé que te pierdo.
Pero dime, ¿qué me quieres
pedir?
LEONOR: Que si en algún tiempo
te llegare el desengaño
de la culpa que no tengo,
me has de cumplir la palabra
que me diste.
CARLOS: No sólo eso
ofrezco a ese desengaño,
Leonor, pero hacerte ofrezco
víctima el alma y la vida.
Pero ¿cómo me enternezco
de esta suerte? ¿Tú no eres
la que aquel hombre encubierto
en tu aposento tenías?
Pues ni aun desengaños quiero
tuyos, sino huir de ti,
ya que segura te dejo.
LEONOR: Vete, vete; que algún día
volverán por mí los cielos.
CARLOS: Si esa esperanza no hubiera,
me hubiera yo, Leonor, muerto
a manos de mi dolor.
LEONOR: Si airado una vez, si tierno
otra vez me hablas, ¿por qué,
más al mal que al bien atento,
no te pones de mi parte
y crees, Carlos, que puedo
estar sin culpa?
CARLOS: Porque
temo que en cualquier suceso
siempre es cierto lo peor.
LEONOR: Pues yo en mi inocencia espero
que ha de haber suceso en que
no siempre lo peor es cierto.
Vanse. Sale doña BEATRIZ leyendo un papel, y
tras ella INÉS
INÉS: (Leyendo mi ama un papel, Aparte
tan triste y confusa está
que mil deseos me da
de saber lo que hay en él.
Una vez le aja furiosa,
y al cielo elevada mira,
otra llora, otra suspira.)
BEATRIZ: ¿Hay suerte más rigurosa?
INÉS: (A leer vuelve. ¿De qué nace Aparte
ya el agrado y ya el furor?
Sin duda que es borrador
de alguna comedia que hace.)
BEATRIZ: Bien dicen que una crüel
pluma áspid es de ira lleno,
de quien la tinta es veneno
en las hojas del papel.
Dígalo yo, pues a mí
muerte su traición me dio.
¿Quién creerá mis penas?
INÉS: Yo.
BEATRIZ: Inés, ¿tú estabas aquí?
INÉS: A esta cuadra salí ahora
y, viendo la confusión
que tiene tu corazón,
te he de suplicar, señora,
digas qué causa te obliga
a tan grande extremo.
BEATRIZ: Es tal
que, por aliviar el mal,
es fuerza que te la diga.
Bien te acuerdas que don Diego
Centellas me galanteó
mucho tiempo.
INÉS: Sí.
BEATRIZ: Y que yo,
agradecida a su ruego,
a su amor y a su fineza,
le correspondí.
INÉS: Muy bien.
BEATRIZ: Bien te acordarás también
que, aunque es tanta su nobleza,
no se declaró jamás
con mi hermano, hasta salir
con pleito que a seguir
fue a la corte.
INÉS: Lo demás.
BEATRIZ: Pues Ginés, un criado suyo,
que de mí obligado vive,
aquesta carta me escribe,
de que claramente arguyo
que, en Madrid enamorado,
el pleito a que fue es de amor.
La carta dirá mejor
su traición y mi cuidado.
"Cumpliendo, señora, con la
obligación de lo que ofrecí, que fue
avisar de todo, hago saber a Vuestra Merced que en
casa de una dama de esta corte dejó por
muerto a mi señor un caballero de una
herida, de que estuvo dos días sin sentido
y preso. Ya, gracias a Dios, está mejor y
libre, y de partida para esa ciudad, adonde..."
No leo más, porque confieso
que me ahogan las ansias mías.
INÉS: ¿Qué más, señora, querías
leer, después de leído eso?
BEATRIZ: ¿Este es el pleito a que fue
don Diego?
INÉS: Era necesario;
que siempre es pleito ordinario
de Madrid amor.
BEATRIZ: No sé
con qué estilos, con qué modos
pueda explicar mi dolor.
INÉS: Quien vio partir al señor
--¡oh, fuego de Dios en todos!--
ofreciendo maravillas,
y como los alfareros
de amor, no sólo pucheros
hacen, sino cantarillas;
y al fin duran sus extremos
hasta que otra cara ven.
Pero, pícaros, también
nosotras lo mismo hacemos.
Y al cabo de la jornada
bien sabe mi santo Dios
que estamos en paz, y no os
quedamos a deber nada.
BEATRIZ: De rabiosos celos muerta
estoy.
INÉS: Tienes mil razones.
BEATRIZ: Y durarán mis pasiones
hasta que... Pero ¿a esa puerta
Inés, no han llamado?
INÉS: Sí.
BEATRIZ: Pues llega; mira quién es.
INÉS: (¡Ay de ti, pobre Ginés, Aparte
si otro escribiera de ti
que en Madrid descalabrado
mi casto honor ofendías!)
BEATRIZ: Locas confusiones mías,
ya que a ver habéis llegado
efectos de una mudanza,
haced, pues todo es del viento,
que me lleve el pensamiento
quien me llevó la esperanza.
Diera, por ver a la dama
que pudo empeñarle así,
el alma y la vida.
Salen INÉS y doña LEONOR vestida pobremente
con manto
INÉS: Aquí
está; entrad.
BEATRIZ: Inés, ¿quién llama?
LEONOR: Quien, si merece, señora,
besar vuestra blanca mano,
podrá desmentir, no en vano,
sus fortunas desde ahora,
pues de su golfo crüel
puerto toma en vuestro cielo.
Arrodíllase
BEATRIZ: Alcese, amiga, del suelo.
LEONOR: (¡Que mal me ha sonado el "él"!) Aparte
BEATRIZ: ¿Qué es lo que quiere?
LEONOR: Este aquí
carta de creencia es.
BEATRIZ: ¿Cúyo es?
LEONOR: De Violante.
BEATRIZ: (¡Inés, Aparte
qué buena cara!)
INÉS: (Así, así.) Aparte
LEONOR: (Fortuna, ¿a qué más extremo Aparte
puedes haberme traído?
Y aun lo que lloro no ha sido
tanto como lo que temo.)
BEATRIZ: Violante me escribe aquí,
sabiendo que una criada
que he tenido está casada,
que en su lugar...
LEONOR: (¡Ay de mí!) Aparte
BEATRIZ: ...la reciba, porque tiene
bastante satisfacción
que su virtud y opinión
a mi servicio conviene;
de que agradecida quedo
a la intercesión.
LEONOR: Los pies
me da otra vez.
BEATRIZ: ¿De dónde es?
LEONOR: Soy de tierra de Toledo.
BEATRIZ: Pues ¿a qué a Valencia vino?
LEONOR: Con una dama, señora,
de la virreina, que ahora
ha muerto. Y así previno
mi suerte buscar a quien
servir pueda en la ciudad.
BEATRIZ: Su buena gracia, en verdad,
y su persona también
me agradan. ¿De qué servía?
LEONOR: De doncella de labor.
INÉS: (Eso sí; que fuera error Aparte
esotra doncellería.)
LEONOR: Yo la tocaba, y no dudo
que daros gusto sabré
en esta parte, porque
abril inventar no pudo
flor que yo de tal manera
no imite, que ese cabello
competir hermoso y bello
le haré con la primavera.
Enaguas, valonas, tocas
no habrán menester salir
de casa para lucir;
pues como yo sabrán pocas
aderezallas ni hacellas
del uso que más se tray.
No hay labor blanca, no hay
puntas sutiles y bellas
que no haga con perfección
tanta que dirás, no en vano,
que allí no anduvo la mano
sino la imaginación.
Bordo razonablemente
broca, cañamazo y gasa.
BEATRIZ: Lo que ha menester mi casa
me ha venido cabalmente;
y así puede desde luego
quedarse en casa; que aunqué
dueño mío y de ella fue
mi hermano, a dudar no llego
que, siendo esto gusto mío,
él no lo embarazará.
LEONOR: Que no se disgustará,
señora, en quien es confío;
que hacer a un triste feliz
es de nobles como él.
BEATRIZ: ¿Cómo se llama?
LEONOR: Isabel.
BEATRIZ: Quítese el manto.
Sale don JUAN
JUAN: ¡Beatriz!
BEATRIZ: ¡Hermano don Juan!
JUAN: ¿Qué hacías?
BEATRIZ: Una fineza por ti
haciendo estoy.
JUAN: ¿Cómo así?
BEATRIZ: Porque sabiendo que habías
de agradecer, como amante,
dar gusto a tu dama bella,
recibí aquesa doncella,
por ser cosa de Violante.
JUAN: La buena cortesanía
y la malicia agradezco.
A LEONOR
Y así esta casa os ofrezco,
por vos y quien os envía;
porque si para los dos
tal encomienda traéis,
vos a Beatriz serviréis,
pero yo os serviré a vos.
LEONOR: Guárdeos el cielo, señor,
por la merced que me hacéis.
En mí una esclava tendréis.
JUAN: (¿Qué te parece, Leonor, Aparte
de la casa y Beatriz bella?)
LEONOR: (Que solamente con esto Aparte
que hoy la he debido, se ha puesto
en paz conmigo mi estrella.)
JUAN: Beatriz, hablarte quisiera
en una cosa que hoy
por mí has de hacer.
BEATRIZ: Tuya soy.
Idos las dos allá fuera.
Hablan don JUAN y doña BEATRIZ en secreto
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu