Last updated November 6, 1997

  
               
BEATRIZ:        Inés, ¿cómo el papel tomaste?
INÉS:                                        Como
          todo cuanto me dan, señora, tomo.
BEATRIZ:  Sin duda le dirías
          que de mi parte ibas.
INÉS:                         Desconfías
          de mí sin causa, porque yo he callado
          que era tuya la banda, y el recado 
          callé por tu respeto,
          como suelo callar cualquier secreto.
BEATRIZ:  Pues, Inés, ¿a qué efeto,
          si es así, me has traído
          papel?
INÉS:        (¡Vive el Señor, que me ha cogido!  Aparte
          Mas yo me soltaré).  Que le trajera,
          me dijo, y que si acaso hallar pudiera
          ocasión, te le diese.
          Yo lo tomé porque de mí creyese
          cuán de su parte estaba;    
          que, puesto que una banda le llevaba
          hurtada, que era tuya, bien creería
          que un papel, que es más fácil, te traería.
BEATRIZ:  Esta satisfacción algo me agrada.
INÉS:     (Aqueso es dar satisfacción honrada).        
          Leonor, señora, viene.

Sale LEONOR

BEATRIZ: Pues, que el papel me vea, no conviene.

Vase BEATRIZ

LEONOR: Bien pudiera yo agora decir con mayor causa --¿quién lo ignora?-- ¿qué idioma fue misivo el que en lineado papel ocultas en tu manga ajado? BEATRIZ: Y yo también pudiera decir que en vano preguntarlo fuera, pues quien saber no quiere lo que quiero decir, saber no espere lo que callarle quiero. LEONOR: ¡Inés, Inés! INÉS: ¿Pues no por hablar muero? LEONOR: Inés, oyes, ¿qué ha sido este papel? INÉS: ¡Qué poco te he debido! ¿No aguardaras siquiera a que sin preguntar te lo dijera? Que se me hace conciencia, te prometo, la pregunta llevar, pero ¡un secreto!

Al paño BEATRIZ

BEATRIZ: Mal segura, escuchar desde aquí quiero qué hablan las dos. INÉS: Fui a verle, y lo primero le dije que Beatriz me lo mandaba. LEONOR: Bien hiciste. BEATRIZ: Yo mal, pues me fïaba de crïada. ¡Ay, Leonor, que en ellas anda! INÉS: Lo segundo, en su hombre di la banda. BEATRIZ: ¡Ay, infeliz! ¿Qué he oído? LEONOR: En esa cuadra hay ruido. INÉS: Don Juan es el que ha entrado. LEONOR: Pues, ¿cómo, si de aquí se fue enojado, diciendo que en su vida no me había de ver? INÉS: ¡Que estés tan nueva todavía que no sepas que cuando está un amante diciendo más furioso y arrogante "No he de volver a verte, ingrata bella" es cuando muere por volver a ella! BEATRIZ: Ya que a escuchar mis penas he empezado, acabe de escucharlas mi cuidado.

Salen don JUAN, don ALONSO y MOSCATEL

JUAN: Pensarás que me han traído a verte, Leonor, y hablarte mis celos, porque los celos --perdona el civil lenguaje-- son ordinarios de amor, que así llevan como traen. Pues no, Leonor, no he venido para que me desengañes, porque el desaire de amor es hablar en el desaire. Con otra ocasión he vuelto a pisar estos umbrales, porque nunca les faltó ocasión a los pesares. Don Alonso, a quien tú hiciste de Beatriz fingido amante, desairado de tu casa salió con el primer lance, tanto, que porque no piensen de Beatriz las vanidades que el no volver aquí es de escarmentado y cobarde, me ha pedido que le traiga a verla. ¿Cómo negarle puedo yo lo mismo a él, que él no me negó a mí antes? BEATRIZ: ¡En notable obligación estoy, cierto, a estos galanes! JUAN: Él viene, Leonor, a esto; y porque en aquesta parte nunca piensen mis desdichas, nunca sospechen mis males, nunca imaginan mis penas que fue gana de buscarte, en la calle me estaré en tanto que a Beatriz hable y de este escrúpulo leve, y de esta malicia fácil desempeñe su opinión, su crédito desengañe. Don Alonso, entrad, y pues ya el sol, helado cadáver, agonizando entre sombras, en brazos de noche yace, hablad a Beatriz, y ved que aquí don Pedro no os halle. LEONOR: Aguarda, don Juan, espera. JUAN: ¿Qué quieres, Leonor, que aguarde? LEONOR: Desengaños. JUAN: Son en vano. LEONOR: Disculpas. JUAN: Serán en balde

Vase don JUAN

LEONOR: Tras él iré, don Alonso; luego vuelvo. Perdonadme, pues en cualquiera suceso, todo lo que es me era antes.

Vase LEONOR

ALONSO: ¿Mas que me voy sin hablar a Beatriz? MOSCATEL: ¿No dirás mas que nos vemos en otro aprieto al pasado semejante? ALONSO: Inés, dime dónde está, para que entretanto le hable, Beatriz.

Sale BEATRIZ

BEATRIZ: Aquí está Beatriz, escuchando los ultrajes de una vil hermana, de un falso amigo, de un infame crïado, una criada aleve, y de un cauteloso amante, porque entre Leonor, don Juan, Inés y Moscatel halle, si no consuelo a mis penas, disculpa a mis disparates. Y aunque pudiera de tantos agravios, tantos pesares, tantas ofensas y tantas bajezas vuestras quejarme, viendo que contra mí todos el falso motín firmasteis, porque en la corte del alma, donde en pacíficas paces reina el desdén, nunca tiene el amor comunidades, sólo en esta parte intento, sólo quiero en esta parte, como quejosa, ofenderme, como ofendida, quejarme, del mayor de mis agravios y no el menor de mis males; porque en las mujeres es el más sensible desaire que las ame la mentira y no la verdad las ame. ¿Tan pocas las partes son de mi hacienda y de mi sangre? ¿Tan pocas de mi persona --decirlo tengo--, las partes que hay, que si un hombre hubiera que atrevido me mirase, fuese con fingido amor? ¡Quiéreme a mí por burlarme, a mí por...! ALONSO: Beatriz hermosa, si de todos tus pesares sales tan airosa como de ése, que más sientes, sales, fácil es el desengaño. BEATRIZ: ¿Cómo el desengaño es fácil, cuando el quererme es por burla? ALONSO: Si atiendes, con escucharme: Tal vez por burla se atreve uno al mar, sin que presuma, viéndole jardín de espuma, viéndole selva de nieve, que hay peligro en él, y, en breve, selva y jardín son horror. Mar es amor en rigor; luego en placer y en pesar, si no hay burlas con el mar, no hay burlas con el amor. Tal vez, por burla o ensayo, polvorista artificial hace un rayo material, y forja contra sí el rayo, cuando con mortal desmayo muere a su violento ardor. Rayo es amor en rigor contra su artífice; luego, si no hay burlas con el fuego, no hay burlas con el amor. Tal vez desnuda un amigo la espada para esgrimir con otro, y le viene a herir como si fuera enemigo; su destreza es su castigo, y así, usar de ella es error. Espada amor en rigor es, luego; desenvainada, si no hay burlas con la espada, no hay burlas con el amor. Tal vez por burla, mirando doméstica y mansa ya una fiera, un hombre está con ella, Beatriz, jugando; cuando más la halaga blando, volver suele a su furor. Fiera es amor, en rigor, luego, si ya lisonjera, no hay burlas con una fiera, no hay burlas con el amor. Por burla al mar me entregué, por burla el rayo encendí, con blanca espada esgrimí, con brava fiera jugué; y así, en el mar me anegué, del rayo sentí el ardor, de acero y fiera el furor; luego, si saben matar fiera, acero, rayo y mar, no hay burlas con el amor. BEATRIZ: A ese argumento...

Sale INÉS de prisa, alborotada, y LEONOR

LEONOR: ¡Ay de mí! Huyendo salió a la calle don Juan, y cuando le daba voces, vi entrar a mi padre. Esconder me importa agora... BEATRIZ: No, Leonor, porque ya es tarde;... LEONOR: ...a don Alonso. BEATRIZ: ...que hoy ha de saber cuanto pase mi padre, pues tus engaños se han de saber. LEONOR: Cuando trates tú decirlo, yo sabré culparte a ti, y disculparme; y así, puesto que las dos corremos el riesgo iguales, iguales, Beatriz, busquemos el remedio. BEATRIZ: Por mostrarte a proceder bien, lo haré, que es fuerza estar de tu parte. MOSCATEL: Alacena, como iglesia, pido. ALONSO: Eso no haré, que es antes... INÉS: Él entra ya. BEATRIZ: Este aposento hoy de su vista te guarde. MOSCATEL: ¡Y a mí me guarde también! ALONSO: (¡Qué pesados son los lances Aparte de amor hijo de familias!) MOSCATEL: Inés, avisa en la calle que ya estamos escondidos; que haya quien nos descalabre.

Escóndense los dos, y sale don PEDRO

PEDRO: ¿Tan tarde, y no han encendido? Haz tú que unas luces saquen. INÉS: Ya las tengo prevenidas. PEDRO: (¡En mi casa tal desaire! Aparte ¡A mis ojos tal afrenta! Cielos piadosos, o dadme paciencia, o dadme la muerte. BEATRIZ: Señor, ¿qué tienes? LEONOR: ¿Qué traes? PEDRO: Tengo honor, y traigo agravios... aunque miento en esta parte, puesto que yo no los traigo; ellos vienen a buscarme dentro de mi misma casa. LEONOR: (¡Ay de mí!) Aparte INÉS: (Todo se sabe). Aparte BEATRIZ: Pues, señor, ¿no me dirás de qué estos extremos nacen? PEDRO: De tus locuras, Beatriz; que ya es fuerza declararme, viendo que por ti se atreve hoy un mozuelo arrogante al honor de aquesta casa. LEONOR: (Ya no hay cosa que no alcance). Aparte BEATRIZ: ¿Yo, señor?

MOSCATEL aparte al paño

MOSCATEL: Malo va esto. PEDRO: Sí, pues por ti don Luis hace desprecios de ella, y de mí. BEATRIZ: (Convaleciendo va el lance). Aparte LEONOR: (Eso bien, cobré mi aliento). Aparte

Sale don JUAN

JUAN: (Un caso bien puede errarse Aparte de una vez, pero de dos la una no le yerra nadie. No he de esperar a que cierren las puertas, y después baje por el balcón don Alonso. Remediarlo pienso antes). Señor don Pedro, si en vos hoy la amistad de mis padres, heredada obligación de mi casa y de mi sangre... LEONOR: (¿Qué es lo que intenta don Juan?) BEATRIZ: (Muerta estoy hasta escucharle). JUAN: ...os obliga en un aprieto a valerme y ampararme, de vuestra casa a las puertas me ha sucedido un desaire con tres hombres, y me importa no volver solo a buscarles. Muy bien sé que puedo a vos atreverme y declararme, porque sé que es vuestro pecho el Etna que dentro arde, aunque cubierto de nieve. PEDRO: No paséis más adelante; que ya sé que es ley precisa de mi honor y de mi sangre en esta edad no dejar a hombre que de mí se vale. Vamos. JUAN: En fin, sois quien sois. (En llevando yo a tu padre, Leonor, echa a don Alonso).

Habla ALONSO aparte al paño

ALONSO: (Éstos son los que matarme quisieron. No me está bien ir con ellos ni quedarme). PEDRO: Esperad, que ya es de noche, que de aquesa sala saque un broquel, prenda olvidada de mi mocedad. JUAN: Sacadle presto. BEATRIZ: (¡Él se ha empeñado más Aparte por donde pensó librarse!) PEDRO: ¿Quién esta aquí dentro? ALONSO: Un hombre.

Salen don ALONSO y MOSCATEL

MOSCATEL: Dice bien, porque no es nadie el otro que está con él. PEDRO: Don Juan, pues que yo a ayudarte iba contra tu enemigo, obligación es más grande el ayudarme tú a mí, cuando es la causa más grave. Este hombre ofende mi honor y a mí me importa matarle. ALONSO: Don Juan, de tan grande empeño la obligación tuya sabes. Mi vida y las de estas damas es preciso que yo ampare.

Riñen, y don JUAN en medio

LEONOR: ¡Ay de mí! BEATRIZ: ¡Infelice soy! JUAN: ¿Quién vio empeño semejante? PEDRO: ¿Te suspendes? ALONSO: ¿Ahora dudas? PEDRO: Mas soy bastante a vengarme sin ti. JUAN: Tente, don Alonso. Tente, señor. PEDRO: Pues, ¿tú paces pones? ALONSO: Pues, ¿tú contra mí tan viles extremos haces?

Hablan dentro

LUIS: Cuchilladas hay en casa de don Pedro. DIEGO: Más no aguardes; entremos, don Luis.

Salen don LUIS y don DIEGO

LUIS: ¡Teneos! PEDRO: Gente viene. ALONSO: ¡Duro trance! LUIS: ¿Qué es esto? PEDRO: Esto es, don Luis satisfacer el ultraje que te oí, pues si no está bien a tu honor el casarte con Beatriz, al mío está bien satisfacer y vengarme. LUIS: Ahí verás que no sin causa traté yo de disculparme, que ya, por haber tenido algún empeño en la calle... ALONSO: Sin duda que tú me heriste. LUIS: Es verdad. ALONSO: Yo he de vengarme. JUAN: Pues quiere el cielo que así hoy mis celos desengañen, viva Leonor en mi pecho.

A don PEDRO

Ya es forzoso que la guarde contra ti. PEDRO: Don Juan, don Juan, en aquesta casa nadie ha de defender mis hijas si no es con quien ellas casen. ALONSO: Esa palabra te tomo. JUAN: Pues el remedio es tan fácil yo soy de Leonor. ALONSO: Y yo de Beatriz. PEDRO: Fuerza es que calle; que, ya sucedido el daño, nada puede remediarse. MOSCATEL: En fin, el hombre más libre, de las burlas de amor sale herido, cojo y casado, que es el mayor de sus males. INÉS: En fin, la mujer más loca, más vana y más arrogante, de las burlas del amor, contra gusto suyo, sale enamorada y casada, que es lo peor. MOSCATEL: Inés, dame esa mano; si ha de ser no lo pensemos, y acaben burlas de amor, que son veras. ALONSO: No se burle con él nadie, sino escarmentad en mí; todos del amor se guarden, y perdonad al poeta que humilde a esas plantas yace.

FIN DE LA COMEDIA

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham