Last updated November 6, 1997
Sale MOSCATEL
MOSCATEL: (¡Qué mal descansa un celoso! Aparte
¡Qué mal un triste descansa!
Mis penas veré, que menos
es verlas que imaginarlas).
ALONSO: Inés bella, pues Beatriz
hoy de extremo a extremo pasa,
paso yo de extremo a extremo;
que aunque fineza no haga
de enamorado, de noble
la he de hacer. Aquí aguarda
a que el escriba un papel.
MOSCATEL: (Él se entra en esotra cuadra; Aparte
descanse mi corazón).
Tigre fregatriz de Hircania
vil cocodrilo de Egipto,
sierpe vil, león de Albania,
¿tendrá mi lengua razones,
tendrán mis labios palabras
para quejarse de ti?
INÉS: No.
MOSCATEL: Pues si voces me faltan,
tengan mis manos licencia
de darte de bofetadas
siquiera.
INÉS: No quiera hacer
tu mano tal, que ya bastan
las burlas, que todo ha sido
por sólo tomar venganza
de que dudases de mí
que soy casta.
MOSCATEL: ¿Qué haces casta?
Creeré primero traidora.
INÉS: No vine a ver...
MOSCATEL: Tú me engañas.
INÉS: ...a tu amo.
MOSCATEL: Pues, ¿por qué?
INÉS: A traerle...
MOSCATEL: ¿Qué?
INÉS: ...una banda.
MOSCATEL: ¿Cúya?
INÉS: De Beatriz, que ya
un poco más claro habla.
MOSCATEL: ¿Y el abrazo?
INÉS: Fruta fue
de palacio; eso no agravia,
que si él abrazó el cuerpo,
el alma tú.
MOSCATEL: Inés ingrata,
si le das el cuerpo al otro,
¡dale a Barrabás el alma!
INÉS: Picón fue.
MOSCATEL: Pues los picones,
si juegan, muden baraja
o truequen la suerte. Dame
los brazos.
INÉS: De buena gana.
Sale don ALONSO
ALONSO: ¿Qué es esto?
INÉS: ¿Esto? Abrazar,
en mi tierra.
MOSCATEL: Ha sido tanta
la alegría de haber visto
que ya esa fiera se ablanda
--La curiosidad perdona,
si he escuchado cuanto hablas--,
que le di a Inés este abrazo
en albricias de la banda.
ALONSO: Toma, Inés, este papel
que le has de dar a tu ama,
y para ti este diamante.
INÉS: ¡Vivas edades más largas
que...! Claro está que es el fénix
suegra mentira de Arabia.
Vase INÉS
MOSCATEL: ¿Diamante la diste?
ALONSO: Sí.
MOSCATEL: ¿Y de balde?
ALONSO: ¡Qué ignorancia!
MOSCATEL: Mil me lleven diablos hoy
heréticos, si no amas
a Beatriz.
ALONSO: ¿En qué los ves?
MOSCATEL: En que das sin esperanza.
No está en uso, ni está en rueca.
ALONSO: Quien agradece no ama,
y yo estoy agradecido,
no enamorado.
MOSCATEL: Esto basta,
que en el infierno de amor,
dicen que tiene más almas
la virtud, de agradecidas,
que no los vicios, de ingratas.
Y así, hagamos, señor, cuentas,
que no he de quedar en casa.
ALONSO: ¿Por qué, Moscatel?
MOSCATEL: Porque
amo no quiero que ama,
y que no me acuda a mí
por acudir a su dama.
ALONSO: Bien el haberte sufrido
tantas locuras me pagas.
MOSCATEL: Esto ha de ser.
Sale don JUAN
JUAN: ¿Qué ha de ser?
ALONSO: Irse quiere de mi casa.
JUAN: ¿Por qué, Moscatel?
MOSCATEL: Porque
ha hecho la mayor infamia,
la mayor ruindad, mayor
bajeza, mayor...
JUAN: ¡Acaba!
¿Qué ha sido?
MOSCATEL: ¡Hase enamorado!
Mira se tengo harta causa.
ALONSO: En esta locura ha dado
por haber visto con cuánta
fineza sirvo a Beatriz
por vuestro amor.
JUAN: A Amor gracias...
ALONSO: ¿Cómo?
JUAN: ...que ya de ese empeño
libre estáis, como se acaba
hoy mi amor.
ALONSO: Pues, ¿y Leonor?
JUAN: Leonor de mi pecho falta,
que como Amor es Fortuna,
sujeto vive a mudanzas.
¿Vuestra amada, don Alonso?
ALONSO: Yo no he ni de hablarla
ni de verla en mi vida.
Pues, ¿volveré yo a su casa
y a su calle a hablarla y verla,
por la tarde y la mañana,
siendo yo el descalabrado,
y vos, la cabeza sana,
no lo haréis?
JUAN: No, porque herida
más penetrante y tirana
son mis celos, porque son
mortal herida del alma.
ALONSO: Pues troquemos las heridas,
que yo primero tomara,
sea mortal o venial,
tener hoy descalabrada
el alma que la cabeza,
y esto bien claro se saca
del efecto, pues si curan
en falso una herida, mata,
y a los celosos da vida
cualquier cura, aunque sea falsa.
JUAN: En fin, don Alonso, sea
con poca o con mucha causa,
no he de volver a poneros
en la confusión pasada.
ALONSO: Ni por mí habéis de dejarlo,
que a mí no se me da nada.
JUAN: Por mí lo dejo, y por vos,
porque vuestra herida basta.
ALONSO: De una herida no escarmientan
caballos de buena casta.
JUAN: ¿Yo me volveré a llegar
allá? ¡Suerte excusada!
ALONSO: Pues cuando por vos no sea,
por ver si a saber se alcanza
quién me ha herido, he de volver.
JUAN: Cuando importe a vuestra fama
desde acá fuera podremos
hacer diligencias varias.
ALONSO: Yo más pretendo, don Juan,
buena opinión con las damas
que con los hombres, y no
es bien que mujer tan vana
como Beatriz, de mí piense...
JUAN: Yo sabré desengañarla
de todo.
ALONSO: Don Juan, don Juan,
hablemos verdades claras;
yo he de ir a ver a Beatriz.
MOSCATEL: ¡Hablara para mañana!
¡Y dirá que miento yo!
JUAN: Si eso os importa, ¿qué os falta?
Id vos muy en hora buena.
ALONSO: ¿Cómo, sin que las espaldas
me guardéis vos y Leonor?
JUAN: Yo no he de volver a hablarla.
ALONSO: Esto habéis de hacer por mí;
que no es cosa tan extraña,
por hacer tercio a un amigo,
volver a hablar a una dama.
JUAN: Por vos, don Alonso, haré
lo que en mi vida pensaba.
MOSCATEL: ¿Qué os andáis haciendo puntas,
nobles de capa y espada,
si ambos deseáis ir a verlas?
Y no hay cosa más usada
que ser amancebamientos
en los estrados y salas,
ad perpetuam rei memoriam
litigados, y se hallan
contra los celos fiscales
dos amigos y dos damas,
porque cuando el uno riñe,
el otro las paces trata.
JUAN: Ahora bien, por vos iré;
mas mirad, antes que vaya,
que hay alacena.
ALONSO: ¿Qué importa?
MOSCATEL: Que hay balconazo.
ALONSO: ¡Que haya!
MOSCATEL: Que hay cuchillada.
ALONSO: Eso no;
fuera de que si amor traza
que por sola una mentira
me sucedan cosas tantas,
vengan ya, por ser verdades,
alacena y cuchilladas.
Vanse. Salen don DIEGO y don LUIS
DIEGO: Ya sabréis la voluntad
con que siempre os he servido.
LUIS: Conozco vuestra amistad,
y sé, don Diego, que ha sido
con fineza y con verdad.
DIEGO: Pues no me tengáis a exceso
una reprensión.
LUIS: No haré.
DIEGO: Aquel pasado suceso...
LUIS: Queréisme decir que fue
locura, ya lo confieso;
porque haber a un hombre herido
que conmigo no ha tenido
lances de competidor
no trae disculpa mejor,
Diego, que no haberla habido.
Fuerza es remediarlo, pues
quien lleva ya en sus recelos
.................... [--és]
perdido el miedo a los celos,
no se le tendrá después.
DIEGO: Y ahora, ¿qué habéis de hacer
de lo que ya se trató?
Pues es cierto que a saber
vuestros intento llegó
don Pedro.
LUIS: ¿Qué hay que temer?
Deshácese un casamiento,
siendo santo sacramento,
después que se efectüó,
¿y no lo desharé yo
sin efectüarle?
Sale don PEDRO
PEDRO: (Atento Aparte
a este hielo que me abrasa,
a esto, que me hiela, ardor,
a lo que en mi agravio pasa,
y al respeto de mi honor,
salgo tan tarde de mi casa.
A don Luis pretendo hablar,
que mejor es acabar
de una vez con mi recelo,
que no esperar que un mozuelo
que es fábula del lugar
se me atreva. Él viene aquí.
¡Cuánto de verle me alegro
galán y noble! Éste sí.
DIEGO: Vuestro suegro viene allí.
LUIS: Pues huyamos de mi suegro.
PEDRO: ¡Señor don Luis! Informado
de deudos vuestros he estado
de que honrar habéis querido
mi casa, y agradecido
como es justo, os he buscado
para mostrar cuánto estoy
ufano de merecer...
LUIS: Señor don Pedro, yo soy
el que las dichas de ayer
tiene por disculpas hoy.
Confieso que me atreví
a tanto empeño, y que fui
venturoso en tanto empeño,
pues ser de estas honras dueño
por lo menos merecí.
Pero soy tan desdichado,
aun con las dichas, señor,
que para tomar estado,
un nuevo empeño de honor
lo ha deshecho y lo ha estorbado.
PEDRO: ¿De honor empeño (¡ay de mí!)
os retira de esto?
LUIS: Sí.
PEDRO: Pues ¿cómo? ¿En qué (¡estoy mortal!)
puede a Beatriz estar mal?
LUIS: Que no lo entendáis así,
que de vuestro enojo ha sido
el honor mal entendido.
Vos de mis disculpas no...
PEDRO: ¿De qué suerte?
LUIS: Porque yo,
señor, habiendo sabido
que su majestad --que el cielo
guarde por sol de esta esfera,
por planeta de este suelo--,
con su católico celo
sale aquesta primavera,
y sabiendo cómo hacía
gente un señor de quien fui
deudo, por ventura mía,
que me honrase le pedí
con alguna compañía.
Hámela dado. Éste ha sido
el empeño que he tenido
para no tomar estado,
que el que es marido y soldado,
no es soldado o no es marido.
Si yo volviese, señor,
entonces con más valor
me podéis hacer feliz,
porque hoy casar con Beatriz
no le está bien a mi honor.
Vanse don DIEGO y don LUIS
PEDRO: "Porque hoy casar con Beatriz..."
¡Válgame el cielo! ¿Qué ha sido
lo que he visto, lo que he oído?
Poco siento, ¡ay infeliz!
No me deja mi sentido...
Pero afligirme es error;
si en aquel caso consiste
su honor, miente mi temor,
que en fin, cuanto piensa un triste
siempre ha de ser lo peor.
Vase. Salen BEATRIZ e INÉS
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham