Last updated November 6, 1997
ACTO TERCERO
Salen INÉS y BEATRIZ
INÉS: Porque del balcón habiendo los dos Luzbeles caído... BEATRIZ: ¡Ay, Dios! ¿Cómo, Inés, ha sido? INÉS: ...llegaron con mucho estruendo unos hombres, pretendiendo conocerlos, y después repararon (tanta es de amo y mozo la destreza) el uno con la cabeza lo que el otro con los pies. BEATRIZ: ¿Qué dices? INÉS: Lo que ha pasado. BEATRIZ: ¿Quién, Inés, te lo contó? INÉS: Cuanto he referido yo relación es de un crïado del galán de pie quebrado, como copla, que por ti saltó del balcón. BEATRIZ: Y di: ¿quién le vulneró?... le ha herido, digo. INÉS: Eso no se ha sabido. BEATRIZ: ¿Doliente en fin yace? INÉS: Sí; pierna y cabeza llevó quebradas, aunque ya está mucho mejor. BEATRIZ: ¿Quedará claudicante? INÉS: ¿Qué sé yo que es claudicante? ¡Que no has de perder vicio tal! BEATRIZ: ¿Hay demencia? ¿Hay tosca igual? Di, ¿el claudicante no es hombre de alternados pies que se ambula desigual? INÉS: No sé lo que es ni que no; sólo sé, de temor llena, que ha estado herido. BEATRIZ: (Su pena, Aparte ¡ay de mí!, padezco yo. ¿Qué pócima que bebió --¡Qué delirio! ¡Qué ardimiento! ¡Qué ultraje! ¡Qué tormento!-- el alma por el oído que la concibe un sentido, y la aborta un sentimiento? ¿Qué es lo que pasa por mí? Pero si yo de mí sé, yo misma me lo diré. Conjurado contra mí al dios de los necios vi, por ver cuánto baldonaba su deidad; y cuando estaba más fiera en la ofensa mía, ya los efectos sentía de las causas que ignoraba. Un hombre en mi cuarto entró de mis ansias informado, resuelto y determinado. Acción fue que me obligó al compás que me ofendió, pues si ofensa el amor piensa, la acción ser en mi defensa la construye obligación. Luego compatibles son la obligación y la ofensa. Vino mi padre, y aquí trágica mi historia fuera si cortés no obedeciera los preceptos que le di. Por mí escondido, y por mí precipitado y caído, quedó de otra mano herido; pues si iguales llego a ver que sentir y agradecer, ¿cuál será lo preferido? Es decir que su mal siento ilícito a mi valor y lícito no a mi amor faltarme agradecimiento; sentir por mi parte intento que a mí se pueda atrever; por la suya, que a tener llegue por mí tal pesar; y temo acabar de amar donde empiezo a agradecer). INÉS: ¿Qué pena es ésta, señora? ¿Qué tienes, que triste estás? BEATRIZ: ¿Qué quieres que tenga más? INÉS: No le gastes a la aurora las blancas perlas agora que has de echar menos después. BEATRIZ: ¡Ay, Inés mía! ¡Ay, Inés! Si tú guardarme quisieras un secreto, tú supieras mi tormento. INÉS: Dile pues; que aunque siempre en mi lugar San Secreto esclarecido día de trabajo ha sido, le quiero canonizar y hacer fiesta de guardar. BEATRIZ: Pues si eso ha de ser así, yo he de fïarme de ti. A este galán caballero agradecer, Inés, quiero lo que ha pasado por mí. Pero no quisiera que él sepa que lo siento yo, porque ser piadosa, no es dejar de ser crüel. A mi obligación fïel, y fiel a mi honor, que intente saber de él mi fe consiente, no por él, sino por mí. INÉS: Claro está que será así. (¡Ay, señores, que ya siente!) Aparte BEATRIZ: Quisiera que te llegaras, como que de ti salía a visitarle, Inés mía, y de su mal te informaras. INÉS: ¿Y qué más? BEATRIZ: Que le llevaras una banda, y le dijeras que tú la ladrona eras del favor. INÉS: Está muy bien; y haré este papel tan bien como tú misma lo hicieras. Dame la banda, y verás cuál mi chinelita anda. BEATRIZ: Yo voy, Inés, por la banda; pero mira que jamás nada a Leonor le dirás. INÉS: Nada le diré a Leonor.
Vase BEATRIZ y sale LEONOR
¡Victoria por el Amor! LEONOR: ¿De qué es el contento, Inés? INÉS: Yo te lo diré después, aunque primero es mejor, que reviento, te prometo, porque en Dios y mi conciencia que hizo vuestra diligencia en Beatriz un grande efeto. LEONOR: ¿Qué fue? INÉS: Encargóme un secreto, y fue haberme encomendado que le cuente de contado; claro es, pues cuando no fuera por decirlo, lo dijera por habérmelo encargado. De Beatriz la fantasía ya don Alonso rindió; en tal lenguaje le habló que, a pesar de su porfía, conmigo una banda envía; en fin, en fin, ha de ser mujer cualquiera mujer. Por la banda quiero ir, y, pues te lo he de decir yo, tú no lo has de saber.
Vase INÉS
LEONOR: Digo que no lo sabré.
Sale don JUAN
JUAN: Pues ya yo lo tengo oído; ................... [--ido] ....................[--é]. ....................[--é] ahora veo que en amor número hay, pues en rigor, por no dejarte infeliz crece un afecto en Beatriz cuando ha faltado en Leonor. LEONOR: Pues, ¿en mí ha faltado? JUAN: Sí, en ti, Leonor, ha faltado; que aunque he sufrido y callado mis desdichas hasta aquí, fue porque pensé hoy de ti que averiguarlas pudiera sin que a ti te lo dijera; mas siendo fuerza sentirlas, no muera yo sin decirlas, ya que sin vengarlas muera. Don Alonso por tu gusto a hablar a Beatriz entró; ni arguyo ni pruebo yo si fue justo o no fue justo. Por excusar su disgusto a costa de su opinión se arrojó por un balcón; y ya que en la calle estaba a esperar en qué paraba su empeño, fue en ocasión el bajar, que habían entrado dos hombres en ella, y yo me desvié, porque no les diese el verme cuidado. Estando, pues, apartado, las cuchilladas oí, y a ellas al punto acudí; y por presto que llegué, ya los dos hombres no hallé y herido a mi amigo vi. Mira si de mis recelos puede haber causa mayor, pues en su fingido amor vi mis verdaderos celos. ............ [-elos] Quien acuchilla (¡Ay de mí, Leonor!) en tu calle así a quien sale de tu casa, bien dice que en ella pasa mi agravio. Por ti y por mí disimular he querido, como he dicho, hasta llegar (¡ay Leonor!) a averiguar quién ese galán ha sido; y viendo que no he podido y que son intentos vanos porque mis celos villanos no murmuren en mi mengua, quiero que diga la lengua lo que no han hecho las manos. ¡Quédate, ingrata, que no, pues que ya me he declarado, me has de ver desengañado en tu vida! LEONOR: Pero yo, ¿no tengo una hermana? JUAN: No; que si tú hermana tuvieras de quien amores supieras, no culparla procuraras ................... [--aras] ni de burlas ni de veras; y supuesto que has querido fingirla un galán, infiero que a tenerle verdadero no se le dieras fingido. LEONOR: ¡Plegue al cielo...! JUAN: No te pido satisfacciones, Leonor. LEONOR: Ni éstas lo son, que es error cuando nunca te he ofendido. JUAN: Pues que tú la causa has sido, deja que muera mi amor.
Vanse. Salen don ALONSO y MOSCATEL
MOSCATEL: Señor, ¿qué tienes? ¿Qué es eso? ¿En qué piensas? ¿En qué tratas? ¿En qué discurres? ¿En qué imaginas? ¿En qué andas? ¿Tú melancólico? ¿Tú divertido? ¿Qué mudanza es aquésta: ¿Tan valida ha sido una cuchillada? ¿Tanto poder ha tenido tu herida, tanta privanza un balcón, que han acabado contigo no hablar de chanza? ALONSO: ¡Ay de mí!, que no sé, no, qué es lo que siento en el alma, que es bien y parece mal, que es gusto y parece ansia, que es gloria y parece pena; dicha, y parece desgracia, contento, y parece agravio; lisonja, y parece rabia; porque es un loco accidente que a un tiempo da vida y mata, como veneno compuesto de calidades contrarias. MOSCATEL: ¡Hemos hecho buena hacienda! ALONSO: ¿De qué te ríes? MOSCATEL: No es nada. ALONSO: ¡Ay de mí! MOSCATEL: ¡Otra vez! ALONSO: ¿De qué es, Moscatel, la carcajada? MOSCATEL: Del suspiro, "ay de mí." ALONSO: ¿Por qué? MOSCATEL: Porque, señor mío, engañan los señores: "ay de mí" es, amor te cogió en su trampa. ALONSO: Sin duda que estás borracho. ¿Yo amor? MOSCATEL: Tú amor. ALONSO: Pues, ¿qué hallas en mí, para imaginar cosa de mí tan contraria? MOSCATEL: Unas cosas que se dicen, y otras cosas que se callan. ALONSO: ¿Yo enamorado? ¿De quién, si yo no he visto a otra dama sino a Beatriz? MOSCATEL: De Beatriz. ALONSO: ¿Yo, de un Ovidio con sayas? ¿Yo, de un Virgilio con ropa, y un Cicerón con enaguas? MOSCATEL: ¡Tú, señor! ¿No me dijiste que no era tan afectada como don Juan te había dicho? ALONSO: Es verdad. MOSCATEL: ¿Tú no la alabas de hermosa? ALONSO: Sí. MOSCATEL: Tú no sientes que hombres en su calle haya que acuchillen? ALONSO: No lo niego, pero tal tengo la causa. MOSCATEL: Luego son celos. ALONSO: No son; que no se me diera nada que hubiera hombres, como dieran celos y no cuchilladas; fuera de que, si yo fui a verla, fue por burlarla, de don Juan apadrinado, y fuera historia muy mala haberme llevado a ser el burlado yo. MOSCATEL: En la plaza un toricantano un día entró a dar una lanzada, de un su amigo apadrinado; y airoso terció la capa, galán se quitó el sombrero, y osado tomó la lanza viento pasos del toril. Salió un toro, y cara a cara hacia el caballo se vino, aunque pareció anca a anca, porque el caballo y el toro, murmurando a las espaldas, se echaron dos melecinas con el cuerno y con el asta. Cayó el caballero encima del toro, sacó la espada el tal padrino, y por dar al toro una cuchillada, a su ahijado se la dio; y siendo de buena marca, levantóse el caballero preguntado en voces altas: "¿Saben ustedes a quién este hidalgo apadrinaba? ¿A mí, o al toro?" Y ninguno le supo decir palabra. Aplícate: apadrinado de don Juan, fuiste a la casa de Beatriz, la suerte erraste, y nadie a saber alcanza si era don Juan tu padrino, o de Beatriz. ALONSO: ¡Calla, calla! ¡Qué mal aplicado cuento! MOSCATEL: Bien o mal, doy a Dios gracias de que ya no reñirás mi amor, pues que ya en la danza entras también. ALONSO Si es así, dime ya de aquesa dama qué es el nombre, enamorado. ¿De qué servicio es guardarla? MOSCATEL: Eso no, que no se pierde tan presto una mala maña.
Llama INÉS dentro
ALONSO: Mira quién llama a esa puerta. MOSCATEL: ¿Quién es?
Sale INÉS
INÉS: ¿Está tu amo en casa, Moscatel? MOSCATEL: (¡Cielos! ¿Qué miro? Aparte Inés es ésta). ¡Ay, ingrata! ¡Viven los cielos, que vienes a verle! INÉS: Pues, ¿qué pensabas? (Quiero decir que es verdad, Aparte porque lo que más me agrada es dar celos de poquito). Porque le importa a mi fama que don Alonso conozca que sé cumplir mi palabra. MOSCATEL: ¡Bien honrado pundonor! INÉS: Quita. MOSCATEL: No has de entrar. INÉS: Aparta. ALONSO: ¿Quién habla contigo? MOSCATEL: Nadie. INÉS: Miente, que alguien es quien habla. ALONSO: Y muy alguien. Inés mía, una y mil veces me abraza. INÉS: Mil veces te abrazo y una, por pagarte en otras tantas.
Pellízquela MOSCATEL
¡Ay! ALONSO: ¿Qué es eso? INÉS: Diome un golpe la guarnición de tu daga. ALONSO: No dudo que tu venida sea a darme vida y alma, que aunque tú con Moscatel me respondiste enojada, en fin sabes que te quiero, y no has de ser siempre ingrata. INéS: Nunca lo fui yo contigo, que a la primera palabra dije que a verte vendría. ALONSO: ¡Pícaro! Pues ¿tú me engañas? MOSCATEL: ¿Yo, señor? ALONSO: ¡Viven los cielos que he de matarte a patadas! MOSCATEL: (Cumplióse el refrán; mas no, Aparte que hacerme bailar les falta). INÉS: En sabiendo a lo que vengo, Moscatel se desengaña. Duren los celos un poco. MOSCATEL: ¡Voto a Dios! De una picaña... INÉS: Pícaro, hablad con respeto; mirad que soy vuestra ama.
A don ALONSO
A solas quisiera hablarte. MOSCATEL: ¿A solas? ALONSO: Salte allá, y guarda esa puerta. MOSCATEL: (¿Yo la puerta? Aparte ¡Viven los cielos!) ALONSO: ¿Qué hablas? MOSCATEL: Que soy leal, y no tengo de consentir tal infamia, que por una picarona exceso ninguno hagas y se aventure la vida. ALONSO: ¿De cuándo acá tanto guardas mi salud? Sale allá fuera. MOSCATEL: No me saldré, si me matas, que esto conviene a tu vida. ALONSO: Nunca te he visto con tanta lealtad. MOSCATEL: Guardéla otras veces para esta ocasión. ALONSO: Ya basta.
Échale a empellones
Ya estás sola; vuelve, Inés, a abrazarme. INÉS: Aunque culpada me has hecho en venir a verte, por la opinión de mi ama ha sido, no porque vengo, como dije, por tu causa. ALONSO: No sé qué quieras decirme. INÉS: Dirélo en breves palabras. Beatriz, habiendo sabido cómo hubo unas cuchilladas de donde herido saliste a las puertas de su casa, de tu herida condolida, de tu término obligada y de tu salud dudosa, te envía toda esta banda. Favor es suyo, aunque ella me mandó que no llegaras a saber que ella la envía. Con esto, adiós. ALONSO: Oye, aguarda. ¿Beatriz se acuerda de mí? ¿Beatriz siente mis desgracias? ¿Beatriz me envía favores? Novedad se me hace extraña. INÉS: A mí no, porque en sabiendo que era tu voluntad falsa, supe que sería dichosa; que por no acertar en nada, más con nosotras merece quien finge, que no quien ama.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham