Last updated November 6, 1997

  
INÉS:        Grande es, señora tu melancolía.
BEATRIZ:  ¿Cómo no ha de ser grande, y más si es mía?
          ¨Y harta razón no tengo,
          pues por Leonor con mi ascendiente vengo
          a padecer calumnias de que amo,
          cuando la misma ingratitud me llamo?
          ¿Yo, pensar que he escuchado a un hombre amores, 
          que admití un papel, que di favores,
          que entró en mi cuarto abriendo una fenestra,
          que fue el tacto la nube de mi diestra?
          Cosas son que el escrúpulo más leve
          dentro de mí, ni aun a pensar se atreve.
          Y así, aqueste retiro,
          donde la luz del sol apenas miro,    
          lúgubre será esfera
          en que, engañando lo que vivo, muera.
          Estancia será esquiva
          en que, burlando lo que muero viva. 
          El sol, Narciso de carmín y grana,  
          desde el primer fulgor de la mañana
          al paroxismo de la noche fría
          adonde espera el parangón del día,
          no me ha de ver la cara,
          si ya con luz no se penetra avara    
          a esta mansión adonde
          mi profanado pundonor me esconde.
          Lloren aquí mis ojos
          sinónimos neutrales, digo, enojos
          de torpes desvaríos,     
          que son ajenos, y parecen míos.
          Inés, ¿no me he quejado
          en bien humilde estilo, en bien templado?
          Si mi padre me oyera,
          ¡Oh, cuánta enmienda en mis discursos viera!
INÉS:     Mucha, aunque del tema reformado
          algunas palabrillas te han sobrado.
BEATRIZ:  Dime cuáles han sido.
INÉS:     "Lúgubres" y "crepúsculos" he oído,
          "equívocos", "sinónimos neutrales",      
          "fenestras", "paroxismos" y otros tales
          de que yo no me acuerdo.
BEATRIZ:  ¡Con la estulticica que hay, el juicio pierdo!
          Pues ¿ésas no son voces de cartilla,
          que un portero las sabe de la villa?    
          Mas desde aquí prometo
          que calce mi conceto
          a pesar de Saturno,
          vil zueco, en vez de trágico coturno.
INÉS:     (Enmendándose va).        Aparte 
BEATRIZ:                   Y tú, si me oyeres   
          frase negada a bárbaras mujeres,
          por ver si en esto topa,
          tírame de la manga de la ropa.
INÉS:     La concesión aceto,
          y ser fiscala de tu voz prometo.   

Salen LEONOR, don ALONSO y MOSCATEL

LEONOR: Ésta es Beatriz, y puesto que has venido a divertirla, su galán fingido, hablar aquí podrás seguramente; yo, atenta a que no haya inconveniente, con don Juan allí hablando, hoy las espaldas te estaré guardando.

Vase LEONOR

ALONSO: (¿Quién creerá que he tenido mudo el amor, aun siendo amor fingido? INÉS: Moscatel, ¿qué es aquesto? MOSCATEL: La droga introducir que se ha dispuesto. INÉS: ¿Para qué entras tú acá? MOSCATEL: ¿Para qué? Amo, y no has de estar a tiro de mi amo sin escucha. BEATRIZ: Inés, ¿qué es esto? INÉS: Un hombre, señora, es que hasta aquí se ha entrado. BEATRIZ: ¡Un hombre en mi cubículo! ¿Qué haces? INÉS: Tirarte de la manga. BEATRIZ: ¡Necio intento! Detén, que sólo digo en mi aposento.

ALONSO Hermosa Beatriz, la voz no des al aire, no des al cielo quejas, hüidas de la prisión del clavel. Oye piadosa mis ansias sin enojarte, porque no siempre fue de lo hermoso patrimonio lo crüel. BEATRIZ: ¿Andáis por antonomasias? INÉS: Dos veces tiro. BEATRIZ: ¡Está bien! Atrevido caballero, --que te has osado a romper la clausura donde el sol, que fénix y hoguera es, si tal vez entra atrevido, sale cobarde tal vez; y a no traer por disculpa que me viene el día a traer, no osara donde estoy yo a entrar en átomos él--, ¿qué atrevimiento, qué audacia rige tu alevoso pie? ¿Qué osadía, qué ardimiento te ha conducido, bajel derrotado, a investigar enjutos piélagos, que surcó tarde, mal o nunca racional piloto? Pues en Sirtes de mi recato, Escilas de mi desdén, en Caríbdis de mi honor, sólo has de hallar, has de ver o para que a fondo vayas, o para dar al través cuatro o seis desnudos troncos de dos escollos o tres. INÉS: (Aquí empiezan sus engaños). Aparte MOSCATEL: (Él mismo vaya con él) Aparte ALONSO: Peritísima Beatriz, Beatriz, dulce enigma en quien vive de más el hablar o de más el parecer, pues a una deidad le sobra que hermosa en extremo es ser en extremo entendida; no admires de salto que golfo navegue, ignorando --naufragio mi aliento, pues-- tu discreción, tu belleza; entre el mirar y el saber hurtar pude sitio al mar, y mucho agradable en él. INÉS: (También ha menester éste Aparte que le tire Moscatel). ALONSO: Yo soy aquel que dos años viviente girasol fue de la luz de tu beldad; fragrante al llegarte a ver cuanto mustio al ausentarse, que entre el morir y el nacer no hubo más distancia que entre si se ve o si no se ve. INÉS: (Atención, señoras mías; Aparte entre mentir o querer, ¿cuál será lo verdadero, si esto lo fingido es?) ALONSO: La causa hoy de este alboroto es haber hallado ayer tu padre el crïado mío que te traía un papel; y viendo la obligación que tengo a quien soy, osé, temeroso de tu riesgo, agora que ocasión halle, entrar hasta aquí. BEATRIZ: Deténte, que ya me incumbre saber, aunque mi riesgo derogue la más inviolable ley, qué papel o qué crïado aquése que dices fue. ALONSO: El crïado, este crïado; el papel, aquel papel que abrió Leonor, siendo tuyo, porque a ella se le dio Inés. INÉS: Yo no se le di, que ella me le quitó sin querer. BEATRIZ: ¿Tuyo era el crïado? ALONSO: Sí. BEATRIZ: ¿Y tuyo el papel? ALONSO: También. BEATRIZ: ¿Y para mí? ALONSO: Pues, ¿qué dudas? BEATRIZ: Antes no dudo, pues sé que mi muerte y mi homicida fuiste de mi paz, crüel tirano, que introdujiste enscrúpulos en mi fe. Vuelve, vuelve las espaldas de piadoso, o de cortés, que solicitas mi muerte si aquí mi hermana te ve, porque hará verdades hoy los fingimientos de ayer. INÉS: (¡Qué fácilmente creyó lo que él contó y yo afirmé!) Aparte MOSCATEL: (En fin, no hay cosa más fácil Aparte que engañar a una mujer.) BEATRIZ: Y no quieras más victoria, de mi vanidad, que ver que por ti lloran mis ojos, que puede, en efecto, hacer costar lágrimas un hombre sin quererle una mujer, que no las lágrimas siempre señas son de querer bien. Vete. ALONSO: (Más lo deseo yo, Aparte que estoy ya para perder el juicio, pensando modos para responderte). BEATRIZ: No des más escándalo en mi casa, que basta el primero ser que concupiscible oí.

Tírale de la manga INÉS

No tires más, déjame, que tienes traza, por Dios, de dejarme muda. ALONSO: En fe, dïámetro al menos serte no rehusa aquesta vez mi opuesto planeta; quiero obedeceros cortés, pero en sabiendo mi amor. BEATRIZ: Pues adiós, que ya lo sé. ALONSO: No se ha empezado muy mal. MOSCATEL: Ni se ha acabado muy bien; que viene gente. INÉS: ¡Ay, señora, ir no le dejes! BEATRIZ: ¿Por qué? INÉS: Porque al paso están hablando Leonor, don Juan, y también tu padre. MOSCATEL: El padre es el diablo de estos enemigos tres. BEATRIZ: Mi climatérico día es hoy, ¡ay de mí!, si os ven, porque contra mí los cielos han sabido disponer evidencias que acreditan culpas que no imaginé. Para el cuarto de mi padre el paso esta cuadra es; no podéis salir de aquí, ni allá dentro entrar podéis; y así, antes que aquí entren, fuerza el esconderos es. ALONSO: ¿Es comedia de don Pedro Calderón, donde ha de haber por fuerza amante escondido o rebozada mujer? BEATRIZ: Esto conviene a mi honor. ALONSO: ¿Yo me tengo de esconder: MOSCATEL: Inés, mala burla es ésta. INÉS: Y muy mala, Moscatel. BEATRIZ: Esto he de deberos. ALONSO: (Cielos Aparte considerad que no es bien darme tan fino el pesar, siendo tan falso el placer). BEATRIZ: ¿Qué esperáis? ALONSO: ¿Qué he de esperar? Saber adónde ha de ser donde tengo de esconderme. INÉS: Donde estar mejor podréis es en aquella alacena de vidrios. BEATRIZ: Has dicho bien. ALONSO: ¡Lindo búcaro del duque o de La Maya seré! ¿Yo en alacena de vidrios? ¡Voto a Dios! BEATRIZ: Preciso es. INÉS: Entrad. ALONSO: Sin un calzador no es posible. INÉS: Entra también. MOSCATEL: ¿Es alacena de dos como mula de alquiler?

Éntranse en una alacena, québranse vidrios y salen don PEDRO, LEONOR y don JUAN

INÉS: Mirad que quebráis los vidrios. PEDRO: Hola, unas luces traed a esta sala. JUAN: (¡Vive Dios, Aparte que no sé lo que he de hacer si halla a don Alonso aquí don Pedro! Que yo bien sé que no tiene el cuarto puerta por donde salir, y en fe de haberle empeñado yo, y ser mi amigo también, no sé, como llegue a verle, qué remedio puede haber). LEONOR: (¡Oh, nunca hubiera inventado Aparte la venganza que busqué, pues empezando de burlas, tan de veras viene a ser!) PEDRO: Aquestas noches, don Juan, ¿a qué hora os recogéis? JUAN: Temprano. (Aquesto es decirme que me vaya, y fuerza es. En grande peligro dejo a don Alonso, por ser mi amigo; el estarme aquí no es posible; lo que haré será estar siempre a la mira de lo que ha de suceder). Quedá a Dios. PEDRO: Adiós. Alumbra al señor don Juan, Inés. JUAN: No habéis de salir de aquí.

Va INÉS alumbrando, y vase don JUAN

PEDRO: Yo sé bien lo que he de hacer.

Vase don JUAN

LEONOR: (¿Adónde Beatriz habrá, Aparte pues yo no lo puedo ver, a don Alonso escondido?) BEATRIZ: (¡Que tantos sustos me dé Aparte un hombre que no conozco!)

Vuelven don PEDRO e INÉS con la luz; a tiempo que se quiebra un vidrio, déjase INÉS caer la luz

PEDRO: Entra aquesa luz, Inés, en mi cuarto. LEONOR: (Ahora sin duda Aparte da en su aposento con él). PEDRO: Entrad conmigo las dos, que os tengo que hablar...mas ¿qué es aquello?

Déjase caer el candelero INÉS

INÉS: El candelero se me cayó. PEDRO: ¡Que no estés nunca, Inés, en lo que haces! INÉS: Sí estoy, señor.

Vanse don PEDRO y LEONOR

BEATRIZ: Oye, Inés; pues mi padre se recoge tan presto, haz al punto que salgan de ahí aquestos hombres sin que lo llegue a entender Leonor. INÉS: No lo entenderá. Mas dime cómo ha de ser, que mi señor no bajó con don Juan por ser cortés tanto como por cerrar las puertas. BEATRIZ: Procura hacer que salgan como pudieren.

Vase BEATRIZ

INÉS: Ya por donde salgan sé. --Mis aprensados señores, bien desdoblaros podéis. ALONSO: ¡Vive Dios, que si no fuera, pícaro, por no sé qué, que te matara! MOSCATEL: No pude más, si los vidrios quebré, que eran vidrios, en efecto. INÉS: Venid conmigo. ALONSO: ¡Ay, Inés! Si fuera por ti el secreto, fuera empleado más bien. MOSCATEL: No fuera sino es más mal. ALONSO: ¿Qué ahora de temor estés? Vamos.

A INÉS

Mas, por no perder ocasión, toma un abrazo. MOSCATEL: (Cordero en brazos de Inés, Aparte el hombre le vio mil veces, pero sola aquesta vez es el abrazado el hombre y el cordero el que lo ve. INÉS: Salgamos presto de aquí. ALONSO: ¿Quién dice que no? INÉS: Que aunque mi señor cerró las puertas, bien salir los dos podréis; arrojaos sin que os sientan por este balcón. Ea, pues. ALONSO: ¿Eso tenemos agora, Inés? ¿Balconear, después de una alacena? INÉS: Esto es fuerza. MOSCATEL: Y digas, la tal Inés, ¿es muy alto? INÉS: Del segundo cuarto no más; no aguardéis. ALONSO: ¿Mas que me quiebro una pierna? Hombres que enamoráis, ved; si estos lances en quien ama se dejan aborrecer, en quien no ama, ¿qué será? ¡Mal haya quien quiere bien!

Vanse

FIN DEL ACTO SEGUNDO

No hay burlas con el amor part 7

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham