Last updated November 6, 1997

  

ACTO SEGUNDO


Salen don JUAN, don ALONSO y MOSCATEL

ALONSO: De buena salimos. MOSCATEL: Yo soy el que salí de buena y entré en mala, pues me vi ya de la muerte tan cerca. JUAN: Determinarme yo a entrar, viendo la ocasión tan cierta, tras don Pedro, fue tu dicha. MOSCATEL: Y aun la tuya, pues si dejas de entrar, confieso de plano. ALONSO: ¿Eso dices? MOSCATEL: Y aun lo hiciera mejor que lo digo. ALONSO: Mira, don Juan, si amando hay quien tema. JUAN: Pues ¿un amante es cobarde? MOSCATEL: Mucho más, por ver que arriesga una vida que no es suya, sino de su hermosa prenda; y si es deuda de un amante en su servicio perderla, ya es de amor estelionato hipotecarla a otra deuda. ALONSO: Ya que por don Juan te sufro esta locura, este tema, y hemos todo el día tratado de tus disgustos y penas, este rato que el pesar firma, si no paces, treguas, hablemos de tus amores otro poco; ya que es fuerza sufrirlos, hagamos de ellos entretenimiento. Cuenta, Moscatel, quién es tu dama, y en qué estado estás con ella. MOSCATEL: En qué estado diré; quién es, no. ALONSO: Pues ¿qué recelas? MOSCATEL: Tu condición. JUAN: ¿No soy yo seguro? MOSCATEL: No hay cosa cierta. ALONSO: Verdad es que yo he tenido por opinión siempre cuerda que, para una vez, no hay mujer mala, ni comedia, como ni para dos veces comedia ni mujer buena. Verdad es que, en mi concepto, todas, hay por qué quererlas, y todas, por qué dejarlas; y esto bien claro lo prueba el refrán: "no vivirás ni con ella ni sin ellas." Verdad es que la casada por fruta vedada, alegra bien, como también por fruta agridulce la doncella. Y pues que de frutas va, la viuda a mí me contenta, por fruta sin hueso, como me refrena la soltera, porque, a dos favores, es la soltera fruta injerta; la fregona, porque es fruta más barata, aunque más puerca; y a las demás del rebusco, ¡lavarlas para comerlas! Pero aunque esta condición tras su variedad me lleva, no por eso a los amigos falta la correspondencia. MOSCATEL: Aunque más digas ni hagas de esta fruta culebresca, el querubín es mi amor, que de ti me la defienda. ALONSO: Pues vaya, ¿en qué estado estás? MOSCATEL: Que venturoso merezca alguna esperanza, quiso mi amor. ALONSO: ¡Agora te diera más de dos mil bofetadas de buena gana! ¿Qué quieras, don Juan? ¿Que yo sufra un loco decir cosas como éstas? ¿Qué esperanza ni qué amor entre quien almohaza y friega? JUAN: Así se conserva el mundo. ALONSO: Sí, mas con malas conservas.

Sale INÉS, tapada, con un papel

INÉS: ¿Señor don Juan? JUAN: ¿Quién me llama? INÉS: Yo soy. JUAN: Vengas norabuena, Inés. INÉS: Para haberte hallado he dado en Madrid mil vueltas. JUAN: ¿Qué ha sucedido, que así vienes? MOSCATEL: (Inesilla es ésta; Aparte quiera el cielo que mi amo no la atisbe ni la vea). INÉS: A darte aqueste papel he venido. Adiós. JUAN: Espera; le leeré.

Lee don JUAN, y entretanto se pone MOSCATEL en medio de don ALONSO e INÉS

ALONSO: (No tiene, a fe, Aparte mala cara la mozuela). MOSCATEL: ¡Vióla! No daré un ochavo por mi honra toda entera. ALONSO: Oye, Moscatel. MOSCATEL: ¿Señor? ALONSO: Si como esta moza fuera la tuya, te disculpara, si hay disculpa que amor tenga. MOSCATEL: (Celos, vamos poco a poco; Aparte no matéis con tanta priesa). ¿Ésta te parece bien? ALONSO: Pues ¿no es bien hermosa ésta para fregona? MOSCATEL: No es sino muy mala y muy fea. Si vieras, señor, la mía, pondría el alma que dijeras que era el pecado nefando, si entraba en su competencia. ALONSO: ¡Viven los cielos, que mientes! JUAN: Ya he leído. ALONSO: ¿Y qué hay? JUAN: Mil quejas de Leonor, y en fin me avisa que bien puedo ir a verla, que no hay sospecha de mí por una industria--cuál sea no dice--. Después de todo, yo volveré a daros cuenta. Vamos, Inés.

Vase don JUAN

ALONSO: Moscatel, no la dejes ir, deténla. MOSCATEL: (¿Esto más, celos?) Aparte ALONSO: ¡Ah, hermosa! INÉS: ¿Qué quieres? ALONSO: Veros quisiera yo esa buena cara. MOSCATEL: (¡Ay, cielos!) INÉS: Hay mucho que ver en ella, y no vengo tan despacio. ALONSO: Yo la sabré ver apriesa. MOSCATEL: (Y aun dejar de verla y todo). Aparte

Salen don LUIS y don DIEGO

DIEGO: La crïada suya es ésta. LUIS: Desde su casa le he visto salir, y vengo tras ella por ver si para Beatriz darla un recado pudiera. INÉS: (No sé lo que Moscatel Aparte me quiere decir por señas). DIEGO: Con don Alonso de Luna habla. LUIS: Cierta es mi sospecha; que venir una crïada de Beatriz de esta manera a buscarle, estar él siempre en su calle y a sus rejas con el otro amigo suyo, mirar que cuando se aleja se quedan los dos hablando, no es posible que no sean lances de amor. DIEGO: ¿Qué queréis hacer? LUIS: Que aquí no me vean, que no tengo yo favores para que empeñarme pueda, y reñir un desvalido es valentía muy necia. DIEGO: Decís bien, y quizá mienten los viles celos que os cercan. LUIS: Nunca son viles los celos, don Diego. DIEGO: Opinión es nueva. LUIS: ¿Hay más nobleza que hablar verdad? Pues esta nobleza sólo los celos la tienen, porque no hay celos que mientan.

Vanse don DIEGO y don LUIS

INÉS: Bien está. Adiós, que es muy tarde. ALONSO: Dejas que vaya siquiera con vos aquese crïado. No vais sola. INÉS: Norabuena; venga el crïado conmigo. MOSCATEL: (¡Que esto escuche! ¡Que esto vea!) ALONSO: Moscatel. MOSCATEL: ¿Señor? ALONSO: Escucha: Inés me ha dado licencia para que en mi nombre vayas hasta su casa con ella; ve, y dirásla en el camino que como tal vez se venga a casa, no faltará algún regalo que hacerla. MOSCATEL: ¿Es posible que tal dices? ALONSO: Sí, que si en su amor ya es fuerza acompañar a don Juan, no es muy mala conveniencia tener quien aquel instante también a mí me entretenga. MOSCATEL: Yo se lo diré. ALONSO: En los trucos te aguardo con la respuesta.

Vase don ALONSO

MOSCATEL: (¡Quedamos buenos, honor!) Aparte INÉS: Vamos, Moscatel, ¿qué esperas? MOSCATEL: Vamos, Inés. INÉS: Pues, ¿tan triste conmigo vas, que aun apenas alzas a verme la cara? ¿Qué es aquesto? MOSCATEL: ¡Ay, Inés bella! ¡Ay, dulce hechizo del alma qué de cuidados me cuestas! INÉS: ¿Qué tienes? MOSCATEL: Amor y honor. Quiero y sirvo, y hoy es fuerza entre mi dama y mi amo, que no sirva o que no quiera. INÉS: No entiendo tus disparates. MOSCATEL: Pues yo haré que los entiendas. Don Alonso, mi señor, te vio, Inés, y a Dios pluguiera que antes cegase, aunque yo el mozo de ciego fuera. Vióte, Inés, ¡ay Dios!, y al verte fue precisa consecuencia quererte; no tanto, Inés, por tu infinita belleza, como por su amor finito, que eres, al fin, cara nueva. Conmigo a decirte envía... (Aquí se turba mi lengua, aquí la voz se suspende, y aquí los sentidos tiemblan). Con más afectos, que cuando Prado hizo al rey de Suecia dice que si vas, Inés, a verle, tendrás (¡qué pena!), si es por la mañana, almuerzo, si es por la tarde, merienda. Bien veo que es la mayor infamia y mayor bajeza de un amante ser tercero (¡un volcán soy, soy un Etna!) de su dama; mas también veo que es mayor afrenta ser desleal a su dueño. Y así, entre una y otra deuda, amigo, amante y leal, cumplo con que de mí sepas que él te quiere, y yo lo lloro, porque al fin, de esta manera, tu amor digan y mis celos tu alegría y mi tristeza. INÉS: ¡Grosero, descortés, loco! Detén esa aleve lengua, que no sé, no sé que has visto en mí para que te atrevas a hablar con tal libertad a una mujer de mis prendas. Dile a tu amo, villano, que soy quien soy, y no tenga pretensiones para mí; que de cualquiera manera iré a servirle a su casa, porque yo no soy de aquellas mujercillas que se pagan en almuerzos y meriendas, que soy moza de capricho, y eso le doy por respuesta. MOSCATEL: ¿Eso dices? INÉS: Eso digo; y presto de aquí te ausenta, no te vean en mi casa, mira que ya estamos cerca. MOSCATEL: En fin, ¿te vas enojada? INÉS: No me sigas, no me veas. MOSCATEL: Obedecerte es forzoso. Pues tan triste, Inés, me dejas, "Bien podéis, ojos, llorar, no lo dejéis de vergüenza."

Vase MOSCATEL

INÉS: Aquésta es mi casa; el manto me he de quitar a la puerta, que para esto solamente creo que en las faldas nuestras usamos los guardainfantes. Ahora, aunque mi ama la necia me haya echado un rato menos, no sabrá que he estado fuera. Nadie de ustedes lo diga, que los cargo la conciencia.

Vase y salen don JUAN y LEONOR. Luego vuelve a salir INES

LEONOR: Esta mentira ha sido la que nuestro cuidado ha divertido. JUAN: Fue del ingenio tuyo, que con eso que fue sutil arguyo. LEONOR: Ya del todo perdida la vida, restauré en parte la vida, pues lo que era evidencia puse con el engaño en contingencia; que no es pequeño aviso saber hacer dudoso lo preciso. JUAN: Tu padre, en fin, ¿de entrambas sospechoso quedó? LEONOR: Tanto, que anda cuidadoso, yendo a casa y viniendo, escuchando a la una, a la otra oyendo. Hasta aquí no ha sabido cúyo el papel, ni para quién ha sido, porque Inés, que tenía sola noticia de la culpa mía, sin que a decirlo acuda, dejó en su fuerza la primera duda. INÉS: Yo no dije que era el papel de Beatriz, porque pudiera el papel desmentirme, y así en lo que dijiste estuve firme. JUAN: Dicha fue que viniera el papel de manera que a entrambas convenía, que bien se acuerda le memoria mía de que no te nombraba y de que escrito de otra letra estaba. Pero dime, ¿qué ha hecho Beatriz al testimonio? LEONOR: Yo sospecho que, sujeta al indicio, si juicio tiene, ha de perder el juicio, pues sobre su melindre y su locura tan vana de su ingenio y hermosura, verse indiciada tanto de una sospecha, la convierte en llanto. Y estoy, don Juan, gustosa de manera de verla así, que diera porque fuera verdad y no fingido el amor que en su culpa he introducido la vida. INÉS: Piensa tú, señor, qué haremos por llevar adelante sus extremos. LEONOR: De nuestro amor industria lisonjera el divertirla y el culparla fuera, pues con eso dejara de perseguirme a mí, y ella callara. JUAN: Ahora bien: pues yo quiero de esta venganza tuya ser tercero, y trayendo conmigo para que la entretenga un cierto amigo, haré... pero ella viene después lo oirás, que aquí callar conviene. LEONOR: Pues vete, no te vea; que aunque aquesta sospecha en ti no sea a toda ley, bien creo que es mejor desvelar nuestro deseo. JUAN: Pues adiós, Leonor bella. INÉS: ¡Santiago y cierra, España! ¡A ella, a ella!

Vanse INÉS y don JUAN y sale BEATRIZ

No hay burlas con el amor part 5

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham