Last updated November 6, 1997
ALONSO: Moscatel, ese papel
toma; en casa de don Pedro
Enríquez, con la invención
que te ofreciere tu ingenio,
entra, y dale a esa crïada
que ha dicho don Juan.
JUAN: ¿Tan presto
lo dispones?
ALONSO: Si ha de ser,
¿cuánto es mejor que sea luego?
Toma el papel; con nosotros
ven.
MOSCATEL: (Aunque aquí temer puedo Aparte
el peligro, pues Inés
--que es de mis sentidos dueño--
es la que voy a buscar,
amor me dé atrevimiento.
ALONSO: Guiad agora hacia la calle.
JUAN: (¡Qué amigo tan verdadero!) Aparte
ALONSO: (¡Qué amores tan enfadosos!) Aparte
"Sí me oyeron, no me oyeron."
¡Bien haya yo, que en mi vida
he enamorado con riesgo,
sino dama a todo trance,
sino moza a todo ruedo,
que a la primera visita
llamo recio y hablo recio!
Y el haber en mí o no haber
o temor o atrevimiento
no consiste en más razón
que haber o no haber dinero.
Vanse por una puerta y salen por otra
JUAN: Ésta es la calle. Porque
no nos vean, estaremos
en algún portal mejor.
Salen don LUIS y don DIEGO, y pasan quitándose los
sombreros
ALONSO: Decís bien; mas ¿quién son éstos
que parece que la casa
de Leonor miran atentos?
JUAN: Éste es un don Luis Osorio,
a quien muy continuo veo
en la calle aquestos días,
y ha dado, ¡viven los cielos!,
en cansarme.
ALONSO: Pues ¿hay más
de que también le cansemos
nosotros a él?
JUAN: Dejadle,
que no es de estas cosas tiempo.
Pasemos de largo, y no
demos qué decir.
ALONSO: Pasemos,
aunque con tantas figuras
pueda ser hombre.
Vanse don LUIS y don DIEGO
JUAN: [a MOSCATEL] Tú luego
darás la vuelta, y darás
el papel a Inés.
MOSCATEL: Me temo...
JUAN: No hay qué temer, que aquí estamos
a la vista. Éntrate presto.
Vanse don JUAN, MOSCATEL, y don ALONSO, y salen don LUIS y don DIEGO por
la otra puerta, mirando a las ventanas
LUIS: Ésta es la capaz esfera,
éste el abreviado cielo
de la más bella deidad
y del planeta más bello
que vio el sol desde que nace
en joven golfo de fuego
hasta que abrasado muere
en cana hoguera de hielo;
y con ser tal su hermosura,
en ella ha sido lo menos,
porque pudiera ser fea
en fe de su entendimiento.
DIEGO: Y en fin, ¿mujer tan discreta
servís para casamiento?
LUIS: Por conveniencia y amor
la sirvo y la galanteo,
para cuyo efecto ya
han de tratarlo mis deudos.
DIEGO: Pues no sé si lo acertáis.
LUIS: ¿Por qué no, si en ella veo
virtud, hacienda y nobleza,
gran beldad y gran ingenio?
DIEGO: Porque el ingenio la sobra;
que yo no quisiera, es cierto,
que supiera más que yo
mi mujer, sino antes menos.
LUIS: Pues ¿cuándo el saber es malo?
DIEGO: Cuando fue el saber sin tiempo.
Sepa una mujer hilar,
coser y echar un remiendo,
que no ha menester saber
gramática, ni hacer versos.
LUIS: No es ejercicio culpable
donde es tan noble el exceso
que no tiene inconveniente.
DIEGO: Ni yo que le tenga pienso,
pues antes sé lo contrario
del rigor y del desprecio
con que os trata.
LUIS: Ese desdén
adoro. La vuelta demos
a la calle; no otra vez
pasen esos caballeros
que ya miro con cuidado.
DIEGO: Vamos, pues.
LUIS: ¡Hermoso centro
de la ingratitud que adoro!
Presto a tus umbrales vuelvo,
porque el galán que en la calle
de su dama a todos tiempos
no vive, violento vive,
bien como vive violento
el pez fuera de las ondas,
el ave fuera del viento,
fuera de la tierra el bruto,
el rayo fuera del fuego,
la flor fuera de la rama,
la voz, fuera del aliento,
fuera del alma la vida,
y el alma fuera del cielo.
Vanse, y salen LEONOR e INÉS, criada
LEONOR: ¿Está mi hermana vestida?
INÉS: Tocándose ahora quedó,
y por no pudrirme yo
de ver cuán desvanecida
pide uno y otro consejo,
a su espejo la dejé.
LEONOR: ¡Qué necio con ella fue,
a todas horas, su espejo!
INÉS: ¿Cómo necio?
LEONOR: ¿No lo es
quien a gusto en un pesar
no sabe un consejo dar
a quien se le pide, Inés?
Pues si Beatriz le ha pedido
mil consejos cada día,
y a tan continua porfía
nunca a gusto ha respondido,
muy necio es.
INÉS: Ahora reparo
la causa.
LEONOR: ¿Cuál puede ser?
INÉS: No se deben de entender,
porque ella habla culto, él claro;
y así se están todo el día
porfiando los dos.
LEONOR: ¡Quién fuera
tan feliz que no tuviera
más cuidado! ¡Ay, Inés mía,
con cuánto temor estoy
de que aquestas melindrosa,
esta crítica enfadosa,
a mi padre cuente hoy
lo que anoche me escuchó
al balcón hablar!
INÉS: Supuesto
que haber salido hoy tan presto
mi señor de casa, dio
lugar para prevenir
el lance, y que no ha tenido
tiempo de haberlo sabido,
procuremos desmentir
su malicia con alguna
invención.
LEONOR: Ya he imaginado
y digo que no he hallado
a propósito ninguna,
porque ¿cómo la he de hallar,
si ella misma quién vio, fue,
a don Juan?
INÉS: Lo que se ve
es lo que se ha de negar,
con brío y con desenfado,
procurando deshacerlo;
lo que no llegan a verlo,
señor, se está negado.
LEONOR: El medio ¡ay de mí! mejor
que me ofrece el pensamiento
es, Inés, con rendimiento,
dueño hacerla de mi amor,
de mi empleo y mi esperanza,
pues es hacer en efeto
puerta de hierro a un secreto
el hacer de él confïanza.
INÉS: Y eso es lo que sucedió
a un galán que enamoraba
una dama donde estaba
un clérigo que los vio.
El clérigo no tenía
en materia del callar
buena fama en el lugar
y viendo el riesgo que había
de que a todos lo dijese,
haciendo del ladrón fiel,
se fue a confesar con él
porque hablarlo no pudiese.
LEONOR: Eso mismo intento yo.
INÉS: Sí, pero esta santa liga
a los clérigos obliga
pero a las clérigas, no.
LEONOR: Pues, ¿qué he de hacer, ¡ay de mí!
Inés, si esta industria sola
es la que me queda?
Sale BEATRIZ con un espejo, mirándose en él
BEATRIZ: ¡Hola!
¿No hay una fámula aquí?
INÉS: ¿Qué es lo que mandas?
BEATRIZ: Que abstraigas
de mi diestra liberal
este hechizo de cristal
y las quirotecas traigas.
INÉS: ¿Qué son quirotecas?
BEATRIZ: ¿Qué?
Los guantes. ¡Que haya de hablar
por fuerza en frase vulgar!
INÉS: Para otra vez lo sabré.
Ya están aquí.
BEATRIZ: ¡Cuánto lidio
con la ignorancia que hay!
¡Hola Inés!
INÉS: ¿Señora?
BEATRIZ: Tray
de mi biblioteca a Ovidio,
no el Metamorfosis, no,
ni el Arte amandi, pedí,
el Remedio amoris, sí,
que ése le investigo yo.
INÉS: Pues ¿cómo he de conocer
libro, si es que eso has pedido,
si aun el cartel no he sabido
de una comedia leer?
BEATRIZ: Oscura, idiota y lega,
¿no te medra cada día
la concomitancia mía?
LEONOR: (Agora mi papel llega). Aparte
Hermana...
BEATRIZ: ¿Quién me habla así?
LEONOR: Quien a tus pies obediente
viene a arrojarse.
BEATRIZ: Deténte;
no te apropincues a mí,
que empañarás el candor
de mi castísimo bulto,
y profanarás el culto
de las aras de mi honor;
porque mujer que fïó
del caos de la sombra fría
y, en descrédito del día,
nocturno amor aceptó,
no mirar consiga atento
mi semblante a voz profana,
pues víbora será humana
que con su, inficione, aliento.
LEONOR: Beatriz discreta y hermosa,
mi hermana eres.
BEATRIZ: Eso no,
que tener no puedo yo
hermana libidinosa.
LEONOR: ¿Qué es libidinosa, hermana?
BEATRIZ: Una hermana que al farol
trémulo, virrey del sol,
osa abrir una ventana,
y, susurrando por ella
a voz media y labio entero,
da qué decir a un lucero,
da qué callar a una estrella.
Pero yo minoraré
el escándalo que has hecho,
diciendo al paterno pecho
sacrilegios de tu fe.
Un devoto anoche vi...
LEONOR: ¿Y conocístele?
BEATRIZ: No,
ni pudo ser, porque yo,
¿Qué másculo conocí?
LEONOR: Pues yo te quiero decir
quién era, y con el intento
que me habló.
BEATRIZ: ¡Qué atrevimiento!
¿Tal insulto había de oír?
LEONOR: Pues aunque oírlo no quieras,
lo has de oír, porque también
no está a mi decoro bien
que tú con locas quimeras
te persuadas a que ha sido
liviandad lo que honor fue.
BEATRIZ: ¿Honor?
LEONOR: Oye.
BEATRIZ: No daré
direto a tu voz mi oído.
LEONOR: Pues direto o no direto,
todo has de escucharlo ya.
BEATRIZ: Oído por fuera, será
clandestino tu secreto,
y no puedo error tan mucho
cometer.
LEONOR: Si hablando estoy...
BEATRIZ: Aspid al conjuro soy;
no lo escucho, no lo escucho.
Vase BEATRIZ
LEONOR: ¡Oye!... Mas ¿quién ahí ha entrado?
INÉS: A mi señor buscar.
LEONOR: Mira quién es, mientras va
mi desdicha y mi cuidado
siguiendo una fiera.
Vase LEONOR y sale MOSCATEL
MOSCATEL: (Amor, Aparte
¡qué cobarde eres conmigo,
pues aun no valen contigo
las leyes de embajador!)
INÉS: ¿Es posible que has tenido,
Moscatel, atrevimiento
de entrar hasta este aposento?
MOSCATEL: Sin saber qué me ha movido
a haber entrado hasta aquí,
rigor es anticipado...
INÉS: Pues ¿no basta haber entrado?
MOSCATEL: Sí y no.
INÉS: Pues ¿cómo no y sí?
MOSCATEL: No, pues no sabes a qué;
sí, pues enojada estás;
no, pues presto lo sabrás;
sí, pues tarde lo diré;
y aunque pude haber venido
de tu hermosura llamado,
traído de mi cuidado
y del tuyo distraído,
a darte aqueste papel
vengo, que don Juan me envía,
ya que a mi cuidado fía
lo que a Leonor dice en él;
que por no ser conocido
por crïado suyo yo,
con el papel me envió
si ya la causa no ha sido
conocer de mi dolor,
saber de mi mal severo,
que de amor no es buen tercero
el que no sabe de amor.
INÉS: Pues di que el papel me diste
y que a Leonor le daré;
y vete presto, porque
temerosa, ¡ay de mí triste!,
de que Beatriz...
MOSCATEL: Yo me iré;
que aunque adoro tu presencia,
las leyes de tu obediencia
tan constante observaré
que a precio de su rigor
compraré el desprecio mío,
y a costa de tu desvío
mereceré tu favor.
INÉS: Bien pudiera responderte
que tan ingrata no he sido
como te habré parecido;
pero tiéneme de suerte
el temor de verte aquí
que dejo para después
la respuesta. Vete pues,
que tiempo... Mas ¡ay de mí!,
mi señor por la escalera
sube. Aquí no me ha de hallar,
viéndote conmigo hablar.
Vase corriendo INÉS, y sale don PEDRO, viejo
MOSCATEL: Oye, aguarda, escucha, espera.
PEDRO: ¿Quién ha de esperar y oír?
¿Quién aguardar y escuchar?
MOSCATEL: Quien me tuviere que hablar
o yo tenga que decir.
PEDRO: ¿Qué hacéis aquí?
MOSCATEL: ¿Qué he de hacer?
¿Ya vos no lo estáis mirando?
PEDRO: ¿Qué no habláis?
MOSCATEL: Estoy pensando
lo que os he de responder.
PEDRO: ¿Qué buscáis?
MOSCATEL: ¡Que aquesto pase!
A quien sea mi homicida.
PEDRO: ¿Por qué?
MOSCATEL: Porque yo en mi vida
hallé cosa que buscase.
PEDRO: ¿Quién sois?
MOSCATEL: Habéis preguntado
en propios términos hoy.
Un crïado honrado soy,
si hay un honrado crïado.
PEDRO: ¿A quién servís?
MOSCATEL: No serví,
aunque crïado me llamo.
PEDRO: ¿Cómo no?
MOSCATEL: Como mi amo
es el que me sirve a mí.
PEDRO: Ya es mucha bellaquería
hablarme de esa manera,
y ya más plazo no espera
la justa cólera mía.
MOSCATEL: (Malo va esto, ¡vive Dios! Aparte
Si me da con algo aquí,
¡miren qué se me da a mí
que en la calle estén los dos!)
PEDRO: Quién sois me habéis de decir,
qué queréis y qué buscáis,
y a qué en esta casa entráis,
o en ella habéis de morir
a mis manos.
MOSCATEL: Si firmado
habéis la sentencia ciego
con "ejecútese luego,"
yo soy Moscatel, crïado
de un don Alonso de Luna.
Salen al paño don JUAN y don ALONSO
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham