This file last updated July 18, 1999
CÉSAR: A que el príncipe se fuera,
Lázaro, esperando estuve,
para hacer entre los dos
glorias y penas comunes.
Don Félix casa a doña Ana,
y no conmigo, ni pude
saber con quién. En efecto
mi bien de mi mal se arguye;
que esta noche, cuando el sol
en pavimentos azules
haga el tálamo de Tetis
sepulcro undoso a sus luces,
la he de sacar de su casa.
LÁZARO: Pues por todas estas cruces,
que no ha de saberlo Arias.
¿Posible es que no rehuses
el descubrir tu secreto?
De esta ocasión se concluyen
tu bien o tu mal.
CÉSAR: Es cierto.
LÁZARO: Pues cuando decirlo excuses,
¿qué pierdes? Cuando lo digas,
¿qué ganas?
CÉSAR: Porque no culpes
que no estimo tu consejo,
y porque del todo apure
amor mi desdicha, hoy quiero
callar mi secreto.
LÁZARO: Hoy suben
al cielo tus esperanzas,
para que de todas triunfes.
Habla a todos, está alegre,
e iremos, cuando las nubes
por la muerte de las flores
se vistan negros capuces.
Sale don ARIAS
ARIAS: ¡Don César!
A don CÉSAR, al oído
LÁZARO: No hay nada nuevo,
porque no nos lo pregunte.
ARIAS: ¿Qué tenéis?
LÁZARO: Aunque está triste,
no es pendencia, no te juntes;
que no ha menester tu lado.
ARIAS: ¿Qué ha sucedido?
CÉSAR: Que tuve
cultivada una esperanza
que, a tiempo de darme dulce
fruto, se secó en su flor,
siendo mi estrella el octubre.
Don Félix casa a doña Ana,
que así su quietud presume;
pedísela por mujer,
respondióme que propuse
tarde mi intento, y que está
casada y contenta. ¿Sufren
los celos mayores penas?
LÁZARO: Ya basta, señor. --Excuse
vuesa merced el hablarle,
porque le dan pesadumbre
unos vaguidos muy grandes
que a la cabeza le suben.
ARIAS: ¿En qué puedo yo serviros?
LÁZARO: (En callar.) Aparte
ARIAS: ¡Por Dios, que encubre
mi pecho harto sentimiento!
Vase
LÁZARO: (Porque cesan tus embustes.) Aparte
CÉSAR: Amor, si acaso te mueven,
por dios, tantas inquietudes,
ya es tiempo que con un bien
mil sentimientos disculpes.
Ya basta lo que he sufrido.
No es mucho que disimules
mis cortos merecimientos,
por la gloria a que me opuse.
Ya no ha de ser el perderla
lo que más mis dichas turbe,
mas ver que otro esté gozando
lo que yo esperando estuve.
Salen ALEJANDRO y don ARIAS, hablando entre sí
ALEJANDRO: ¿Eso ha pasado?
ARIAS: Aquí estaba.
ALEJANDRO: Pues porque no se asegure
que, cuando tuvo ocasiones
sólo, ocupado le tuve,
y no advierta la malicia,
esta noche es bien le ocupe,
porque no tiene que hacer,
y un día a otro se disculpen.
¡César!
CÉSAR: ¿Señor?
ALEJANDRO: Hasta el día
he de escribir, porque es lunes,
y he de despachar a Roma
y Nápoles.
CÉSAR: Yo voy. (Huyen Aparte
de mis manos las venturas.
Lunes fue, para que impugnen
los días como las horas.)
Don CÉSAR habla aparte a LÁZARO
¿"Mis dichas", Lázaro, "suben
al cielo mis esperanzas"?
LÁZARO: ¿Yo, señor, qué culpe tuve?
CÉSAR: Tú me dijiste que aquí
estuviese.
LÁZARO: No me culpes.
CÉSAR: ¿Quién te mete en dar consejos?
LÁZARO: Mi desdicha.
CÉSAR: ¡Que me ayude
tan poco el tiempo que sean
martes para mí los lunes!
Aquí está todo aderezo.
¡Plegue al cielo no me turbe,
que tengo el alma en doña Ana
llena de mil pesadumbres!
Sacan un bufete con escribanía, vanse don
ARIAS y LÁZARO, y escribe don CÉSAR
ALEJANDRO: Despejad. (Hoy de los celos Aparte
hacer experiencia pude,
y en perdidas esperanzas
veré los toques que sufren.)
Decid, "Yo estoy..."
CÉSAR: Estoy... (muerto de celos...) Aparte
ALEJANDRO: "...tratando con secreto..."
CÉSAR: "con secreto..."
(¡Aun no pude gozar la ocasión, cielos!)
ALEJANDRO: "...el casamiento..."
CÉSAR: El casamiento...(efeto Aparte
no ha de tener.)
ALEJANDRO: "Al fin vuestros desvelos
le tendrán."
CÉSAR: Le tendrán... (mas no los míos; Aparte
que vientos pueblo, cuando aumento ríos.)
ALEJANDRO: "Lo que yo os aseguro..."
CÉSAR: Os aseguro...
(...es mi muerte.) Aparte
ALEJANDRO: "...que vuestro honor procuro."
CÉSAR: Procuro... (divertirme, mas no puedo.) Aparte
ALEJANDRO: "Por ser doña Ana..."
CÉSAR: (Aquí rendido quedo.) Aparte
Doña Ana...
ALEJANDRO: "Castelví por su nobleza
y ángel por sus virtudes y belleza."
CÉSAR: ¿Dónde tu alteza aquesta carta envía?
ALEJANDRO: A Flandes.
CÉSAR: Para Flandes no es hoy día,
y así podrá dejarse hasta mañana.
ALEJANDRO: (Perdió el color al nombre de doña Ana.) Aparte
No importa que hoy no sea;
escrita se estará.
CÉSAR: (¿Quién hay que crea
tan tirano rigor, pena tan fiera?)
ALEJANDRO: Proseguid, repitiendo la postrera
razón.
CÉSAR: "Rendido quedo."
ALEJANDRO: Pues, ¿yo he dicho
tal razón? Dad acá.
CÉSAR: Lo dicho he dicho.
Toma ALEJANDRO la carta y lee
ALEJANDRO: "Yo estoy muerto de celos, tratando con
secreto, aun no pude gozar la ocasión;
el casamiento efeto no ha de tener;
al fin vuestros desvelos le tendrán, no
los míos; lo que yo os aseguro es mi
muerte; que vuestro honor procuro, por
ser doña Ana... Aquí rendido quedo."
¿Yo os he dicho que escribáis
de esta suerte?
CÉSAR: Si han podido
obligarte en algún tiempo,
Alejandro, mis servicios,
ahora le tienes de honrarme;
que no es de tu pecho digno
blasón que, por el ajeno
honor, me quites el mío.
Casado estoy con doña Ana;
casado no, pero digo
que a este fin habrá dos años
que la quise y que me quiso.
No diré las ocasiones
que por tu causa he perdido,
anteponiendo leal
a mi gusto tu servicio.
Mas sólo diré que hoy,
sabiendo que el cielo impío
su casamiento ordenaba,
trató casarse conmigo.
Pensando que me estorbaba,
negué el secreto a un amigo,
pero viendo que no tiene
en mí el secreto peligro,
sólo a algún planeta doy,
sólo atribuyo a algún signo
el querer con mala estrella,
pues ellas la causa han sido.
Pero si suelen vencerse
con reservados arbitrios,
para que en mi estrella juzgues,
hoy el cielo te previno.
ALEJANDRO: Si en perdidas ocasiones,
don César, has conocido
que fue culpa de tu estrella,
no condenes al amigo;
supuesto que no bastó
hoy para haberla perdido
haber callado el secreto;
que sucediera lo mismo
cuando siempre le guardaras;
pero yo estoy ofendido
de que tratases casarte
sin saber el gusto mío.
Dame la pluma; que yo
quiero escribir, que ya he visto
lo poco de que me sirves.
CÉSAR: De poco, señor, te sirvo,
pero ninguno...
ALEJANDRO: Ya basta.
Escribe
CÉSAR: (Si de la Fortuna ha sido Aparte
este juego, en solo un lance
al rey y dama he perdido.
¿Hay más tormento en el mundo?
¿Hay más pena en el abismo?
No, pues no la tengo yo.)
ALEJANDRO: Cerrad el papel que he escrito,
y llevádsele a don Félix,
que haga lo que en él le digo.
CÉSAR: ¿Hoy he de llevarle?
ALEJANDRO: Sí.
CÉSAR: Que no hay correo imagino.
ALEJANDRO: Llevadle vos a su casa;
que con un propio le envío.
CÉSAR: (Perdida he visto una dama, Aparte
y un señor airado he visto,
y no sé para otra vez
cuál de los dos he temido.)
Vase. Salen don FÉLIX y don ARIAS
ARIAS: Ya ha acabado de escribir.
ALEJANDRO: Don Félix, nuevas ha habido
de que hoy entra en Parma el novio,
y aun en vuestra casa han dicho.
FÉLIX: Beso mil veces tus pies,
y por doña Ana te pido
las manos. Yo voy a darla,
con tu licencia, el aviso,
para que esté prevenida.
Vase
ALEJANDRO: ¡Don Arias!
ARIAS: ¿En qué te sirvo?
ALEJANDRO: Tú has de jurar en la cruz
de aquesta espada que ciño
que jamás ha de saber
doña Ana que la he querido,
ni César que le he estorbado.
ARIAS: Así juro de cumplirlo
en la cruz de aquesta espada.
Y yo ahora te suplico
que no le digas a César
que soy el que te lo dijo.
ALEJANDRO: Yo lo prometo; partamos
a ser de su bien testigos,
que hoy a Alejandro, en grandeza
como en el nombre, le imito.
Vanse. Salen don FÉLIX, doña ANA y
ELVIRA
ANA: Esto es verdad.
FÉLIX: ¡Qué bien pagas,
hermana, el cuidado mío!
¿Promesa de religión?
ANA: No lo dije a los principios,
por pensar que no llegara
a efecto; mas ya que he visto
que le tiene, que no puedo
casarme, hermano, te digo.
FÉLIX: ¿Qué diré al príncipe yo?
ANA: (¡Que no haya César venido! Aparte
Mas ya viene; bien podré
irme con él.)
Salen don CÉSAR y LÁZARO
CÉSAR: (Mi mal sigo, Aparte
pues del rigor que padezco
soy instrumento yo mismo.)
LÁZARO: (¡Mas que para en casamiento!)
CÉSAR: Don Félix, no haber pedido
licencia es haberla dado
este papel que hoy ha escrito
el príncipe para vos.
FÉLIX: Y yo el cuidado os estimo.
CÉSAR: (¡Ay perdida gloria mía!) Aparte
ANA: ((Ay querido dueño mío!) Aparte
Lee para sí
FÉLIX: "Porque, prevenida la gloria, hace
menor el gusto, no os he dicho antes
de ahora que la persona que os tengo
propuesta es don César. En él
concurren todas las calidades que
podéis imaginar. Dadle a vuestra
hermana, que él solo la merece, si
deja merecerse tanta ventura."
César, el príncipe escribe
que para quien ha pedido
mi hermana sois vos.
ANA: ¡Ay cielos!
CÉSAR: ¿Qué decís?
FÉLIX: Que ya suspiro
con otra causa, pues nunca
hubo contento cumplido.
Que para que no os merezca,
doña Ana ahora me dijo
que no se puede casar
por una promesa que hizo.
ANA: Es verdad que yo lo dije.
CÉSAR: (¡Cielos! ¿Qué es esto que miro? Aparte
¿Doña Ana finge promesas
por no casarse conmigo?)
FÉLIX: Leed, don César, el papel.
Salen ALEJANDRO, NÍSIDA, y don ARIAS
ALEJANDRO: No le leáis; que si escribo
ausente, presente estoy,
y afirmaré lo que firmo.
FÉLIX: En buena ocasión me has puesto.
Danos tus pies.
NÍSIDA: Yo he venido
con mi hermano por tener
parte en vuestros regocijos.
ALEJANDRO: Don César, de esta manera
enseño a premiar servicios.
Dadle a doña Ana la mano;
que yo vengo a ser padrino.
Hablan aparte don FÉLIX y doña ANA
FÉLIX: ¿Qué he de decir?
ANA: No te aflijas;
que en tal fuerza es permitido
conmutarse en otra cosa
la promesa.
CÉSAR: Si rendido
a tus pies...
ANA: Alza del suelo;
que mi promesa he cumplido;
pues prometí no casarme,
no siendo, César, contigo.
LÁZARO: Ya, señor, casado estás.
¡Gracias a Dios que salimos
de esta empresa con victoria!
Mas, ¡por Dios! que no te envidio.
ALEJANDRO: Yo he de partir luego a Flandes
a servir al gran Filipo
segundo, donde Mastrique
venga a ser el blasón mío;
y por dejar en mi estado
gobierno, a Félix elijo,
que a Nísida dé la mano.
FÉLIX: Mil veces los pies te pido
por las honras que me ofreces.
NÍSIDA: Tu gusto fue mi albedrío.
LÁZARO: ¡Elvira!
ELVIRA: ¿Qué?
LÁZARO: Yo me voy;
que, si me tardo un poquito,
según que vienen casando,
te habrás de casar conmigo.
ARIAS: Nadie fíe su secreto
del más cuerdo y más amigo;
que en la más sana intención
está un secreto a peligro,
y no se queje de agravio
quien no calla el suyo mismo.
CÉSAR: Y aquí da fin la comedia,
por quien el perdón os pido.
FIN DE LA COMEDIA
Return to COMEDIA home page
Electronic text by Vern G. Williamsen
and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu