This file last updated July 18, 1999
JORNADA TERCERA
Salen don CÉSAR y LÁZARO de noche CÉSAR: Ya entre sus brazos me pinto. LÁZARO: Yo dibujando me voy en los de mi Elvira. CÉSAR: Hoy salgo de este laberinto. LÁZARO: Mas no entremos dentro de él; que es salir difícil cosa. CÉSAR: Siempre una industria ingeniosa vence la estrella crüel. No he visto al príncipe hoy, ni a don Félix he encontrado, a ningún amigo he hablado, y a su misma casa voy. LÁZARO: Así en este mundo pasa que con osada cautela quien más su peligro cela es quien le mete en su casa. Mil veces un retraído ir honrando el cuerpo veo; que es sagrado para el reo el lado del ofendido. Mil damas, por ocasión de qué en la calle dirán, meten en casa el galán, y vuelven por su opinión. CÉSAR: Yo, de padecer cansado las injustas sinrazones de perdidas ocasiones, este remedio he buscado. Nadie me ha visto venir; todo el día le he tenido, donde sabes, escondido. Pues, ¿cómo ha de prevenir la Fortuna siempre airada hoy industria contra mí? LÁZARO: ¿Hablaste a don Arias? CÉSAR: Sí. LÁZARO: Pues ves ahí la industria hallada. Señor, si darme el papel don Félix acaso viera, que le tenías supiera, mas no lo que dijo en él. Si quien se lo fue a decir hoy estorbarte desea, ¿qué importa que no te vea, si sabe que has de venir? Yo a ningún hombre señalo; pero que dirá, colijo, cualquiera cosa quien dijo lo de la espada de palo. CÉSAR: Don Arias es muy discreto, muy noble y amigo mío, que basta; y así le fío éste y cualquiera secreto. Sé que le sabrá guardar; que es el secreto un tesoro. LÁZARO: Pues tesoro que no es oro mejor le sabrá gastar. Y mira que este conceto has de conocer después; que el más avariento es liberal de su secreto. Santo llaman al callar su secreto el que es discreto; mas, por Dios, que San Secreto ya no es fiesta de guardar. Día de trabajo aguarde a quien tan caro le cuesta, y pues quebrantas la fiesta, no quieras que otro la guarde. CÉSAR: Repartida el alegría, el gusto suele doblar; pues ¿a quién se ha de fïar si a un amigo no se fía? LÁZARO: Que se dobla es argumento a mi opinión oportuno; pues lo que se dice a uno vienen a saberlo ciento. Y así que se dobla es cierto; mas cuando doblarle ves, doblez del amigo es, por el secreto que ha muerto.Pero mira, que a la puerta siento ruido. CÉSAR: ¡Advierte agora con qué industria la Fortuna hoy esta ocasión me estorba! Dentro de su casa estoy. LÁZARO: Es verdad, pero no pongas la seguridad en eso; que al fin se canta la gloria.
Sale ELVIRA ELVIRA: ¿Es don César? CÉSAR: Sí, yo soy. ELVIRA: Mientras sale mi señora, quiero cerrar esta puerta. CÉSAR: Mejor dirás que el aurora sale, a mi temor confuso desvaneciendo las sombras. Bien haya cuanto esperé, desdichas, llantos, congojas, si a costa de aquellas penas Amor estos gustos compra.Sale doña ANA ANA: No dudo que habrás culpado mi atrevimiento.Sale ELVIRA ELVIRA: Señora, mi señor está a la puerta. ANA: ¿Qué dices? CÉSAR: ¿Qué poco importa contra la estrella la industria? LÁZARO: ¿Qué hemos de hacer? ANA: Que te escondas será fuerza. CÉSAR: ¿Dónde puedo? ANA: Ésta es una cuadra sola donde él entra pocas veces. CÉSAR: Esconderéme, aunque ponga a mayor riesgo mi vida; que el verme es acción forzosa; porque amor es fuego, y es imposible que se esconda.Vanse don CÉSAR y LÁZARO. Sale don FÉLIX FÉLIX: Hermana, ¿en qué te entretienes? ANA: Aquí me divierto ociosa, corriendo en libres discursos imaginaciones locas. Pero, ¿qué novedad es venir, señor, a estas horas? FÉLIX: A estas horas me ha traído un negocio que me importa, y basta que esto te diga. Elvira, haz que al punto pongan la carroza y dala el manto a doña Ana. ANA: ¿Ahora carroza? ¿Dónde pretendes llevarme? FÉLIX: ¡Qué sin causa te alborotas! Hay un festín en palacio; mandóme Nísida hermosa convidarte de su parte; tanto su Alteza te honra. ANA: (¡Ay cielos! Sin duda, él sabe Aparte esta ocasión, y la estorba cuerdamente, pues cifradas dice sus sospechas todas. ¡Ay Amor! Todas tus penas se hicieron para mí sola, pues yo siento lo que pierdo, y otras sienten lo que gozan.)Vanse doña ANA, don FÉLIX y ELVIRA. Salen don CÉSAR y LÁZARO LÁZARO: Ya se fueron. ¿Qué suspiras? Pues, ¿no te basta y te sobra estar dentro de su casa? "Hoy", señor, si bien lo notas, "sales de este laberinto". Mas, ¿qué bien con sospechosas razones te dio a entender tu peligro y su deshonra! Con casamiento te advierte, y asegurarle te importa.Sale ELVIRA ELVIRA: Ahora puedes salir; que ya se fueron. LÁZARO: Acorta de cuidados, y salgamos de esta borrasca espantosa. CÉSAR: ¡Para mí solo se hicieron, Amor, tus desdichas todas; que yo siento lo que pierdo, y otros sienten lo que gozan!Vase LÁZARO: Y, ¿cómo estamos de cuenta? ELVIRA: A mí nadie me la toma. LÁZARO: (¿Qué va que en ella la alcanzo, Aparte si hago la prueba, aunque corra? No perdamos la ocasión.) ¡Elvirilla! ELVIRA: Si soy sombra, ¿no ves que me voy? LÁZARO: ¿Por qué? [ELVIRA]: Porque se fue mi señora.Vase LÁZARO: Yo quedaré cual tahur que, viendo su suerte, toma aliento para contar pintas--que mil fueran pocas-- y luego por una carta, que estaba encubierta sola, sobre su suerte, admirado la de su contrario topa. Y el cinco que le estorbaba, sirviendo de encaje ahora, espuela de su carrera, hace que las pintas corran. Así a mí espadas y bastos me turban, gústanme copas; y porque no salgo de oros, no tengo suerte con sotas.Vase. Salen ALEJANDRO y don ARIAS ARIAS: Bien la noche ha estado. ¿No alegró tu tristeza tanta gala y belleza, que junta has admirado? ALEJANDRO: Antes con su alegría doblé, don Arias, la tristeza mía. Si a doña Ana miraba las acciones que hacía, en su rostro leía que a César adoraba; y dije, "¿Quién vio, cielos, sin culpa agravio y sin agravio celos?" Disculpaba otras veces a César, porque, llena el alma de su pena, hizo a los ojos jueces, y aunque él la merecía, no trocara su pena por la mía. ARIAS: ¿En qué ha de parar esto? ALEJANDRO: Don Arias, en mi muerte; que en peligro tan fuerte tu secreto me ha puesto. ARIAS: Yo erré; mas no te espante que, lo que erré una vez, lleve adelante. Allí don César viene; ALEJANDRO: De este cancel cubierto, hoy de su boca advierto el ánimo que tiene, si tú se lo preguntas.Retírase ALEJANDRO. Sale don CÉSAR CÉSAR: (¿Quién en el mundo vio más penas juntas?) Aparte ARIAS: ¿Qué hay, don César? CÉSAR: Desdichas siempre de agravios llenas; que sólo para penas se inventaron mis dichas. Entré, y en breve espacio, llegó su hermano y trájola a palacio. Dio a entender que sabía todo lo que pasaba, y que escondido estaba. Al fin su cortesía de suerte me ha obligado que a pedírsela estoy determinado. Con esta recompensa le aseguro más sabio, hago gusto el agravio, obligación la ofensa y, a casarme dispuesto, el príncipe también se holgará de esto.Vase. Sale ALEJANDRO ARIAS: Señor, ¿hasle escuchado? ALEJANDRO: Como a Félix la pida, no habrá razón que impida dársela, y obligado, si a mí me la pidiera, presumo que, a ser mía, se la diera.Sale don FÉLIX ALEJANDRO: Don Félix, obligado estoy de vos, y quiero, por galardón primero, quitaros un cuidado, y no el menor que puedo. (Así aseguro a esta ocasión el miedo.) Aparte [U]n deudo mío en doña Ana su pensamiento ha puesto y, por hablaros presto, yo tengo a vuestra hermana casada de mi mano. FÉLIX: Dame tus pies por el honor que gano. ALEJANDRO: Por cartas he sabido su altivo pensamiento, y con mayor contento le tengo respondido, que yo lo trataría; basta decir que tiene sangre mía. Y desde aquí os prometo tomarla yo a mi cargo; solamente os encargo, don Félix, el secreto; y, pues queda tratado, no dispongáis de darla nuevo estado. FÉLIX: Guarde tu vida el cielo, para que el mundo vea honrar a quien desea servirte; hoy en el suelo pondré humilde la boca. ALEJANDRO: (¡Ay necio fin de una esperanza loca!) AparteVase FÉLIX: Diréla esta ventura del nuevo casamiento; y si mi pensamiento anima su hermosura y mi imposible allana, buenas albricias llevaré a mi hermana.Vase. Salen doña ANA y ELVIRA
Nadie fíe su secreto, part 8
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu