This file last updated July 16, 1999

FÉLIX:             Sosiégate ya, y declara
               qué ha sido.
LÁZARO:                      Ahí un poco era,
               no es nada.  Si esto no hiciera,
               presumo que reventara.
                  Sobre el juego me encontré,
               porque en efecto yo juego,
               y, encontrado sobre el juego,
               vida y dinero jugué.
                  Encontréme al encontrar
               con un muy bellaco encuentro;
               en efecto yo me encuentro...
               (¡Cielos!  ¿Dónde iré a parar?)   Aparte
                  ...con un hombre a quien doy nombre
               de hombrecillo, así le nombro;
               pues un hombre le da asombro,
               aunque vive a sombra de hombre.
                  Y, viendo que siempre gano
               otras veces que he reñido,
               pidióme once de partido,
               por no reñir mano y mano.
                  Yo, que los doce miré,
               dije,  "Armados, y en cuadrilla,
               de pícaros en gavilla
               libera nos, Domine."
                  Saqué la que me dio ayer
               el príncipe--¡Dios le guarde!--
               Al fin no la hice cobarde,
               pues que los hice meter
                  a todos en un portal.
               Luego los iba sacando
               uno a uno, e iba dando
               su recado a cada cual.
                  Juntos volvieron después
               y dividiéronse en breve,
               doce a este lado, a éste nueve,
               y cara a cara los tres.
                  Para todos me acomodo.
FÉLIX:         Pues los doce, nueve y tres
               son veinte y cuatro.
LÁZARO:                           ¿No ves
               que cuento sombras y todo?
                  A no quebrarse la espada,
               cabo de año los hiciera.
FÉLIX:         Pues, ¿cómo la traes entera?
LÁZARO:        Entera está, y fue extremada
                  historia.  Al uno tiré
               la daga, y cuando saltó
               la espada, hice daga yo
               del pedazo que quebré.
                  Riñendo atrevido y ciego,
               con saña y rabia crüel,
               de un acerado broquel
               saltaban chispas de fuego.
                  Yo, cuando la lumbre vi,
               con gran presteza llegué,
               y los pedazos soldé;
               por eso la traigo así.
FÉLIX:            ¿Cómo tiraste la daga
               si en la pretina la tienes?
LÁZARO:        Pues eso es fácil, si vienes
               a que a eso te satisfaga.
                  A quien yo se la tiré
               a tirármela volvió
               y, viéndola venir yo,
               a tan buena hora llegué
                  que quiso mi buena estrella,
               porque todo venga junto,
               que, estando la vaina a punto,
               volviese a envainarse en ella.
                  Oí, "¡Justicia!" en los debates
               y entréme corriendo acá.
FÉLIX:         (Con la turbación está            Aparte
               diciendo mil disparates.)
ANA:              Aquí verás que ésta fue
               la pendencia que decía.
FÉLIX:         ¿Y yo quien me parecía
               a Lázaro?
ANA:                     No lo sé;
                  pero un hombre más lucido
               vi en ella.
FÉLIX:                   (Su señor era.)      Aparte
LÁZARO:        Al fin, yo de esta manera
               a vuestros pies he venido.
FÉLIX:            (Sin duda es el que riñó       Aparte
               César y, con brevedad,
               por no decir la verdad,
               estas mentiras fingió.)
                  Lázaro, yo voy a ver
               si está segura la calle.

Vase
ELVIRA: Ahora puedes hablalle. ANA: No me puedo detener en decir lo que quisiera; pero ves aquí un papel. LÁZARO: Y ves aquí el trueco de él, trueco que premio no espera. ANA: Dile que no deje de ir... LÁZARO: Sospecho que me detengo. ANA: ...donde le aviso; que tengo muchas cosas que decir; pero sólo te diré que tu pendencia ha servido para un desmayo fingido, y que a propósito fue. Da a entender que tu señor estuvo en ella, que importa a mi propósito. ELVIRA: Acorta de razones.
Sale don FÉLIX
FÉLIX: No hay rumor alguno en toda la calle; quieta está. LÁZARO: Yo no lo estoy; que a buscar a César voy, y no lo estaré hasta hallalle. ¡Ay de mí! ¿Si estará herido? ANA: Pues, ¿estuvo en la pendencia? LÁZARO: No tengo tanta licencia; que me perdones te pido.
Vase
FÉLIX: ¿Qué más claro ha de decir que estuvo en ella? ANA: Yo estoy muy triste. FÉLIX: Pues salte hoy por el campo a divertir; dame este contento. ANA: El mío es tuyo. (Y con tu licencia Aparte será en fingida pendencia verdadero el desafío.)
Vanse. Salen LAZARO, don CÉSAR y don ARIAS
LÁZARO: Pasáronme grandes cosas. CÉSAR: Déjame abrir el papel; que, en sabiendo lo que dice, sabré lo demás después. ARIAS: En fin, ¿cómo sucedió? LÁZARO: Pues que vivo vuelvo, bien. CÉSAR: Si el papel he de contaros, oíd lo que dice en él.
Pónense a leer CÉSAR y ARIAS
LÁZARO: (¡Que se fíe mi señor Aparte de este parlerón, sin ver que es quien le dijo a Alejandro la espada de palo fue! ¡Vive Dios, que éste le vende! Que quien muere por saber lo que no le importa es sólo para contarlo después.) ARIAS: Bien escribe. CÉSAR: ¡Qué bien junta casto amor con firme fe! ARIAS: Yo más del papel alabo una queja tan cortés. Hoy, en efecto, os espera en su quinta. CÉSAR: Para el bien fue cada instante una hora, un día cada hora fue, cada día una semana y cada semana un mes, cada mes un año entero, cada año un siglo... LÁZARO: ¡Detén! Y éste siglo de los siglos, por siempre jamás. Amén. ARIAS: ¡El príncipe! CÉSAR: Ya me pesa haberle visto. ARIAS: ¿Por qué? CÉSAR: Porque temo que me estorbe esta ocasión. ARIAS: Temes bien.
Sale ALEJANDRO
ALEJANDRO: (Aquí está César, y yo, Aparte deseoso de saber en qué ha parado el estorbo de mi celoso papel, ¿cómo le enviaré de aquí?) CÉSAR: Danos a besar tus pies. ALEJANDRO: ¿Qué se trata ahora? ARIAS: Nada.
Hablan don CÉSAR y LÁZARO aparte
CÉSAR: Si pregunta lo que es, mira, por Dios, lo que dices, no haya desmayo otra vez. ALEJANDRO: César, papeles quedaron por despachar desde ayer. LÁZARO: ¿No lo dije yo? ¿Mas que hay otra ocupación? CÉSAR: No fue vano mi temor. ALEJANDRO: Ahora puedes mirarlos, y ven con ellos luego. CÉSAR: Eso sí, luego al instante vendré. (Que pues tú me dejas ir, Aparte en este día he de ver cómo me puede quitar la Fortuna tanto bien.)
Vanse don CÉSAR y LAZARO
ALEJANDRO: Deseando que se fuera estaba, para saber qué ha sucedido. ARIAS: Señor, lo que sucedió no sé, aunque Félix le halló en casa. Sólo sé que dio el papel, y que le trajo respuesta. ALEJANDRO: ¿Hasle leído? ARIAS: También. ALEJANDRO: ¿Qué le escribe? ARIAS: Que le espera. ALEJANDRO: ¿Hay fortuna más crüel? Lo mismo que ha de matarme es lo que quiero saber. ¿Dónde? ARIAS: En su quinta esta tarde. ALEJANDRO: ¿Ya cómo le estorbaré esta ocasión, si yo mismo le di licencia y se fue? ¿Qué haré, don Arias? ARIAS: Señor, dando alguna causa, ve a su quinta; y como en ella toda aquesta tarde estés, no tendrá lugar de hablarle. ALEJANDRO: Bien dices; pero no es noble acción, que para mí quite a ninguno su bien. Con más sutil invención el estorbarle ha de ser. ARIAS: Félix viene aquí. ALEJANDRO: Pues vete; déjame solo con él.
Vase don ARIAS. Sale don FÉLIX
Don Félix, mucho me huelgo de que hayas venido. FÉLIX: ¿En qué te sirvo, señor? ALEJANDRO: Por mí hoy una cosa has de hacer. Sabrás que ha tenido César un gran disgusto; ya ves lo que le estimo. FÉLIX: Señor, también el disgusto sé. ALEJANDRO: (Siempre éste fue lisonjero. Aparte ¿Hay cosa como saber ya lo que no ha sucedido?) Pues que lo sabes, también sabrás que no es la persona muy segura. FÉLIX: Bien se ve; pues a un hombre y un crïado embistieron ocho o diez. ALEJANDRO: (¿Hay tan notable fingir? Aparte ¿Mas que me dice por qué fue la pendencia y adónde, de qué manera y con quién?) Yo he sabido, después de esto, que ha recibido un papel, diciéndole que en el campo --junto a tu quinta ha de ser-- le esperan. Él sale solo, muy preciado de cortés. La persona es sospechosa, y hame dado que temer. Sabe Dios que yo saliera a su lado, pero el ver que verme a su lado a mí no le está a su opinión bien, me ha hecho que a ti te elija para esto. FÉLIX: ¿Y qué he de hacer? ALEJANDRO: No más, Félix, que buscarle y, sin decirle por qué ni darte por entendido, andarte todo hoy con él. Esto te encargo y, en todo, que no le des a entender que yo te envío. FÉLIX: Verás cómo te sirvo. ALEJANDRO: (Y veré Aparte si contra fuerzas de amor tiene la industria poder.)
Vanse. Salen don CÉSAR y LÁZARO
LÁZARO: A mi pendencia acogido, lindamente me escapé. Díjome que había servido, aunque no sé cómo fue, para un desmayo fingido. Mas ella lo dirá hoy. CÉSAR: Con lo medroso que estoy, no me puedo asegurar, ni pienso que he de llegar, aunque en tantas alas voy.
Sale don FÉLIX
LÁZARO: ¿No es don Félix? ¡Cosa brava! FÉLIX: Don César, bésoos las manos. CÉSAR: Guárdeos Dios. LÁZARO: (Esto faltaba.) Aparte CÉSAR: (No fueron mis miedos vanos.) Aparte FÉLIX: ¿Qué os hacéis? CÉSAR: Por aquí andaba, sin tener qué hacer. Y vos, ¿dónde vais? FÉLIX: No sé, por Dios. Y puesto que os he encontrado aquí tan desocupado, vámonos juntos los dos. LÁZARO: (Pegóse.) Aparte FÉLIX: No hay día que pase mejor que con un amigo, si no hay que hacer. CÉSAR: (¡Que llegase Aparte a tal extremo conmigo Amor y no me acabase!) Bien suele pasarse así una tarde; mas yo voy a un negocio por aquí. Adiós. FÉLIX: Pues tan libre estoy, yo iré también por ahí. CÉSAR: Téngome yo de quedar en una casa. FÉLIX: Pues, ¿yo qué os puedo en ella estorbar? CÉSAR: El ser lejos me obligó. FÉLIX: Poco me puedo cansar. Vamos. CÉSAR: No; quedaos con Dios. FÉLIX: Mas con eso me ofendéis. ¿No iremos juntos los dos? Y al fin, porque no os canséis, no me he de apartar de vos en todo el día. LÁZARO: (¿Es cordel?) CÉSAR: (¿Hay desdicha más crüel?) Aparte Pues, ¿qué os mueve a honrarme? FÉLIX: Digo, César, que soy vuestro amigo... CÉSAR: Es así. FÉLIX: ...y amigo fiel; y basta que hayáis sabido que buscándoos he venido para esto solo; y también... CÉSAR: Declaraos más. FÉLIX: No es bien darme por más entendido; basta haberme declarado en decir que os he buscado y que, por ser vuestro amigo, vuelvo a decir, que hoy os sigo, porque importa, a vuestro lado. Yo sé que vos me entendéis; no os hagáis, César, de nuevas, pues vos dónde vais sabéis. CÉSAR: (¡Ay cielos, y qué de pruebas Aparte en un desdichado hacéis!) FÉLIX: Basta, César, que he sabido que un disgusto habéis tenido. CÉSAR: ¿Yo disgusto? ¡Os engañáis, por Dios! FÉLIX: Que no me negáis, César, que habéis recibido de desafío un papel, y que a mi quinta aplazado hoy os llamaron en él. Hartas señas os he dado para este enojo crüel. Témome de una traición, porque de quien os espera no tengo satisfacción; y hallarme con vos quisiera por quitarle la ocasión. Si al campo habéis de salir, decid, ¿con quién podréis ir que os pueda servir mejor? Pues, importando a mi honor, sabré dejaros reñir. Salgamos juntos los dos; yo miraré y reñid vos, procediendo como honrado; mas, no yendo a vuestro lado, ¡no habéis de salir, por Dios! CÉSAR: (¿Qué más se ha de declarar? Aparte Impórtame asegurar sus temores y, advertido, responder también fingido.) LÁZARO: (Él el papel me vio dar.) Aparte CÉSAR: Don Félix, que yo he tenido disgusto verdad ha sido, que he recibido el papel, que me llamaban en él, y al fin cuanto habéis sabido. Las mercedes que me hacéis estimo, como es razón; mas del contrario que veis, tengo la satisfacción, don Félix, que no tenéis. Yo sé que solo estaría, y que me esperaba a mí, sin tener más compañía; porque siempre estará así, si nunca llega la mía. Y porque os aseguréis de ese temor que tenéis y creáis que se acabó ese desafío, yo quiero que no me dejéis. Que, haciendo paces, es llano que así un noble amigo gano; pues en quien honra profesa cualquiera disgusto cesa el día que da la mano. Aquesta os ofrezco a vos, en fe de esto. FÉLIX: Guárdeos Dios, que así me satisfacéis. CÉSAR: Esperad. FÉLIX: ¿Qué me queréis? CÉSAR: Que hemos de ir juntos los dos.
Don CÉSAR habla aparte a LÁZARO
Lázaro, disimulado, ve donde doña Ana espera y dila lo que ha pasado.
Vanse don CÉSAR y don FÉLIX
LÁZARO: Yo iré; pero no quisiera hallarle luego a mi lado. Nunca he visto hermano tal; como mala nueva llega, está en todo como el mal, como los vicios se pega, y no es hermano carnal.

FIN DE LA JORNADA SEGUNDA

Nadie fíe su secreto, part 7

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