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FÉLIX: Sosiégate ya, y declara
qué ha sido.
LÁZARO: Ahí un poco era,
no es nada. Si esto no hiciera,
presumo que reventara.
Sobre el juego me encontré,
porque en efecto yo juego,
y, encontrado sobre el juego,
vida y dinero jugué.
Encontréme al encontrar
con un muy bellaco encuentro;
en efecto yo me encuentro...
(¡Cielos! ¿Dónde iré a parar?) Aparte
...con un hombre a quien doy nombre
de hombrecillo, así le nombro;
pues un hombre le da asombro,
aunque vive a sombra de hombre.
Y, viendo que siempre gano
otras veces que he reñido,
pidióme once de partido,
por no reñir mano y mano.
Yo, que los doce miré,
dije, "Armados, y en cuadrilla,
de pícaros en gavilla
libera nos, Domine."
Saqué la que me dio ayer
el príncipe--¡Dios le guarde!--
Al fin no la hice cobarde,
pues que los hice meter
a todos en un portal.
Luego los iba sacando
uno a uno, e iba dando
su recado a cada cual.
Juntos volvieron después
y dividiéronse en breve,
doce a este lado, a éste nueve,
y cara a cara los tres.
Para todos me acomodo.
FÉLIX: Pues los doce, nueve y tres
son veinte y cuatro.
LÁZARO: ¿No ves
que cuento sombras y todo?
A no quebrarse la espada,
cabo de año los hiciera.
FÉLIX: Pues, ¿cómo la traes entera?
LÁZARO: Entera está, y fue extremada
historia. Al uno tiré
la daga, y cuando saltó
la espada, hice daga yo
del pedazo que quebré.
Riñendo atrevido y ciego,
con saña y rabia crüel,
de un acerado broquel
saltaban chispas de fuego.
Yo, cuando la lumbre vi,
con gran presteza llegué,
y los pedazos soldé;
por eso la traigo así.
FÉLIX: ¿Cómo tiraste la daga
si en la pretina la tienes?
LÁZARO: Pues eso es fácil, si vienes
a que a eso te satisfaga.
A quien yo se la tiré
a tirármela volvió
y, viéndola venir yo,
a tan buena hora llegué
que quiso mi buena estrella,
porque todo venga junto,
que, estando la vaina a punto,
volviese a envainarse en ella.
Oí, "¡Justicia!" en los debates
y entréme corriendo acá.
FÉLIX: (Con la turbación está Aparte
diciendo mil disparates.)
ANA: Aquí verás que ésta fue
la pendencia que decía.
FÉLIX: ¿Y yo quien me parecía
a Lázaro?
ANA: No lo sé;
pero un hombre más lucido
vi en ella.
FÉLIX: (Su señor era.) Aparte
LÁZARO: Al fin, yo de esta manera
a vuestros pies he venido.
FÉLIX: (Sin duda es el que riñó Aparte
César y, con brevedad,
por no decir la verdad,
estas mentiras fingió.)
Lázaro, yo voy a ver
si está segura la calle.
Vase
ELVIRA: Ahora puedes hablalle.
ANA: No me puedo detener
en decir lo que quisiera;
pero ves aquí un papel.
LÁZARO: Y ves aquí el trueco de él,
trueco que premio no espera.
ANA: Dile que no deje de ir...
LÁZARO: Sospecho que me detengo.
ANA: ...donde le aviso; que tengo
muchas cosas que decir;
pero sólo te diré
que tu pendencia ha servido
para un desmayo fingido,
y que a propósito fue.
Da a entender que tu señor
estuvo en ella, que importa
a mi propósito.
ELVIRA: Acorta
de razones.
Sale don FÉLIX
FÉLIX: No hay rumor
alguno en toda la calle;
quieta está.
LÁZARO: Yo no lo estoy;
que a buscar a César voy,
y no lo estaré hasta hallalle.
¡Ay de mí! ¿Si estará herido?
ANA: Pues, ¿estuvo en la pendencia?
LÁZARO: No tengo tanta licencia;
que me perdones te pido.
Vase
FÉLIX: ¿Qué más claro ha de decir
que estuvo en ella?
ANA: Yo estoy
muy triste.
FÉLIX: Pues salte hoy
por el campo a divertir;
dame este contento.
ANA: El mío
es tuyo. (Y con tu licencia Aparte
será en fingida pendencia
verdadero el desafío.)
Vanse. Salen LAZARO, don CÉSAR y don ARIAS
LÁZARO: Pasáronme grandes cosas.
CÉSAR: Déjame abrir el papel;
que, en sabiendo lo que dice,
sabré lo demás después.
ARIAS: En fin, ¿cómo sucedió?
LÁZARO: Pues que vivo vuelvo, bien.
CÉSAR: Si el papel he de contaros,
oíd lo que dice en él.
Pónense a leer CÉSAR y ARIAS
LÁZARO: (¡Que se fíe mi señor Aparte
de este parlerón, sin ver
que es quien le dijo a Alejandro
la espada de palo fue!
¡Vive Dios, que éste le vende!
Que quien muere por saber
lo que no le importa es sólo
para contarlo después.)
ARIAS: Bien escribe.
CÉSAR: ¡Qué bien junta
casto amor con firme fe!
ARIAS: Yo más del papel alabo
una queja tan cortés.
Hoy, en efecto, os espera
en su quinta.
CÉSAR: Para el bien
fue cada instante una hora,
un día cada hora fue,
cada día una semana
y cada semana un mes,
cada mes un año entero,
cada año un siglo...
LÁZARO: ¡Detén!
Y éste siglo de los siglos,
por siempre jamás. Amén.
ARIAS: ¡El príncipe!
CÉSAR: Ya me pesa
haberle visto.
ARIAS: ¿Por qué?
CÉSAR: Porque temo que me estorbe
esta ocasión.
ARIAS: Temes bien.
Sale ALEJANDRO
ALEJANDRO: (Aquí está César, y yo, Aparte
deseoso de saber
en qué ha parado el estorbo
de mi celoso papel,
¿cómo le enviaré de aquí?)
CÉSAR: Danos a besar tus pies.
ALEJANDRO: ¿Qué se trata ahora?
ARIAS: Nada.
Hablan don CÉSAR y LÁZARO aparte
CÉSAR: Si pregunta lo que es,
mira, por Dios, lo que dices,
no haya desmayo otra vez.
ALEJANDRO: César, papeles quedaron
por despachar desde ayer.
LÁZARO: ¿No lo dije yo? ¿Mas que hay
otra ocupación?
CÉSAR: No fue
vano mi temor.
ALEJANDRO: Ahora
puedes mirarlos, y ven
con ellos luego.
CÉSAR: Eso sí,
luego al instante vendré.
(Que pues tú me dejas ir, Aparte
en este día he de ver
cómo me puede quitar
la Fortuna tanto bien.)
Vanse don CÉSAR y LAZARO
ALEJANDRO: Deseando que se fuera
estaba, para saber
qué ha sucedido.
ARIAS: Señor,
lo que sucedió no sé,
aunque Félix le halló en casa.
Sólo sé que dio el papel,
y que le trajo respuesta.
ALEJANDRO: ¿Hasle leído?
ARIAS: También.
ALEJANDRO: ¿Qué le escribe?
ARIAS: Que le espera.
ALEJANDRO: ¿Hay fortuna más crüel?
Lo mismo que ha de matarme
es lo que quiero saber.
¿Dónde?
ARIAS: En su quinta esta tarde.
ALEJANDRO: ¿Ya cómo le estorbaré
esta ocasión, si yo mismo
le di licencia y se fue?
¿Qué haré, don Arias?
ARIAS: Señor,
dando alguna causa, ve
a su quinta; y como en ella
toda aquesta tarde estés,
no tendrá lugar de hablarle.
ALEJANDRO: Bien dices; pero no es
noble acción, que para mí
quite a ninguno su bien.
Con más sutil invención
el estorbarle ha de ser.
ARIAS: Félix viene aquí.
ALEJANDRO: Pues vete;
déjame solo con él.
Vase don ARIAS. Sale don FÉLIX
Don Félix, mucho me huelgo
de que hayas venido.
FÉLIX: ¿En qué
te sirvo, señor?
ALEJANDRO: Por mí
hoy una cosa has de hacer.
Sabrás que ha tenido César
un gran disgusto; ya ves
lo que le estimo.
FÉLIX: Señor,
también el disgusto sé.
ALEJANDRO: (Siempre éste fue lisonjero. Aparte
¿Hay cosa como saber
ya lo que no ha sucedido?)
Pues que lo sabes, también
sabrás que no es la persona
muy segura.
FÉLIX: Bien se ve;
pues a un hombre y un crïado
embistieron ocho o diez.
ALEJANDRO: (¿Hay tan notable fingir? Aparte
¿Mas que me dice por qué
fue la pendencia y adónde,
de qué manera y con quién?)
Yo he sabido, después de esto,
que ha recibido un papel,
diciéndole que en el campo
--junto a tu quinta ha de ser--
le esperan. Él sale solo,
muy preciado de cortés.
La persona es sospechosa,
y hame dado que temer.
Sabe Dios que yo saliera
a su lado, pero el ver
que verme a su lado a mí
no le está a su opinión bien,
me ha hecho que a ti te elija
para esto.
FÉLIX: ¿Y qué he de hacer?
ALEJANDRO: No más, Félix, que buscarle
y, sin decirle por qué
ni darte por entendido,
andarte todo hoy con él.
Esto te encargo y, en todo,
que no le des a entender
que yo te envío.
FÉLIX: Verás
cómo te sirvo.
ALEJANDRO: (Y veré Aparte
si contra fuerzas de amor
tiene la industria poder.)
Vanse. Salen don CÉSAR y LÁZARO
LÁZARO: A mi pendencia acogido,
lindamente me escapé.
Díjome que había servido,
aunque no sé cómo fue,
para un desmayo fingido.
Mas ella lo dirá hoy.
CÉSAR: Con lo medroso que estoy,
no me puedo asegurar,
ni pienso que he de llegar,
aunque en tantas alas voy.
Sale don FÉLIX
LÁZARO: ¿No es don Félix? ¡Cosa brava!
FÉLIX: Don César, bésoos las manos.
CÉSAR: Guárdeos Dios.
LÁZARO: (Esto faltaba.) Aparte
CÉSAR: (No fueron mis miedos vanos.) Aparte
FÉLIX: ¿Qué os hacéis?
CÉSAR: Por aquí andaba,
sin tener qué hacer. Y vos,
¿dónde vais?
FÉLIX: No sé, por Dios.
Y puesto que os he encontrado
aquí tan desocupado,
vámonos juntos los dos.
LÁZARO: (Pegóse.) Aparte
FÉLIX: No hay día que pase
mejor que con un amigo,
si no hay que hacer.
CÉSAR: (¡Que llegase Aparte
a tal extremo conmigo
Amor y no me acabase!)
Bien suele pasarse así
una tarde; mas yo voy
a un negocio por aquí.
Adiós.
FÉLIX: Pues tan libre estoy,
yo iré también por ahí.
CÉSAR: Téngome yo de quedar
en una casa.
FÉLIX: Pues, ¿yo
qué os puedo en ella estorbar?
CÉSAR: El ser lejos me obligó.
FÉLIX: Poco me puedo cansar.
Vamos.
CÉSAR: No; quedaos con Dios.
FÉLIX: Mas con eso me ofendéis.
¿No iremos juntos los dos?
Y al fin, porque no os canséis,
no me he de apartar de vos
en todo el día.
LÁZARO: (¿Es cordel?)
CÉSAR: (¿Hay desdicha más crüel?) Aparte
Pues, ¿qué os mueve a honrarme?
FÉLIX: Digo,
César, que soy vuestro amigo...
CÉSAR: Es así.
FÉLIX: ...y amigo fiel;
y basta que hayáis sabido
que buscándoos he venido
para esto solo; y también...
CÉSAR: Declaraos más.
FÉLIX: No es bien
darme por más entendido;
basta haberme declarado
en decir que os he buscado
y que, por ser vuestro amigo,
vuelvo a decir, que hoy os sigo,
porque importa, a vuestro lado.
Yo sé que vos me entendéis;
no os hagáis, César, de nuevas,
pues vos dónde vais sabéis.
CÉSAR: (¡Ay cielos, y qué de pruebas Aparte
en un desdichado hacéis!)
FÉLIX: Basta, César, que he sabido
que un disgusto habéis tenido.
CÉSAR: ¿Yo disgusto? ¡Os engañáis,
por Dios!
FÉLIX: Que no me negáis,
César, que habéis recibido
de desafío un papel,
y que a mi quinta aplazado
hoy os llamaron en él.
Hartas señas os he dado
para este enojo crüel.
Témome de una traición,
porque de quien os espera
no tengo satisfacción;
y hallarme con vos quisiera
por quitarle la ocasión.
Si al campo habéis de salir,
decid, ¿con quién podréis ir
que os pueda servir mejor?
Pues, importando a mi honor,
sabré dejaros reñir.
Salgamos juntos los dos;
yo miraré y reñid vos,
procediendo como honrado;
mas, no yendo a vuestro lado,
¡no habéis de salir, por Dios!
CÉSAR: (¿Qué más se ha de declarar? Aparte
Impórtame asegurar
sus temores y, advertido,
responder también fingido.)
LÁZARO: (Él el papel me vio dar.) Aparte
CÉSAR: Don Félix, que yo he tenido
disgusto verdad ha sido,
que he recibido el papel,
que me llamaban en él,
y al fin cuanto habéis sabido.
Las mercedes que me hacéis
estimo, como es razón;
mas del contrario que veis,
tengo la satisfacción,
don Félix, que no tenéis.
Yo sé que solo estaría,
y que me esperaba a mí,
sin tener más compañía;
porque siempre estará así,
si nunca llega la mía.
Y porque os aseguréis
de ese temor que tenéis
y creáis que se acabó
ese desafío, yo
quiero que no me dejéis.
Que, haciendo paces, es llano
que así un noble amigo gano;
pues en quien honra profesa
cualquiera disgusto cesa
el día que da la mano.
Aquesta os ofrezco a vos,
en fe de esto.
FÉLIX: Guárdeos Dios,
que así me satisfacéis.
CÉSAR: Esperad.
FÉLIX: ¿Qué me queréis?
CÉSAR: Que hemos de ir juntos los dos.
Don CÉSAR habla aparte a LÁZARO
Lázaro, disimulado,
ve donde doña Ana espera
y dila lo que ha pasado.
Vanse don CÉSAR y don FÉLIX
LÁZARO: Yo iré; pero no quisiera
hallarle luego a mi lado.
Nunca he visto hermano tal;
como mala nueva llega,
está en todo como el mal,
como los vicios se pega,
y no es hermano carnal.
FIN DE LA JORNADA SEGUNDA
Nadie fíe su secreto, part 7
Electronic text by Vern G. Williamsen
and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu