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JORNADA SEGUNDA


Salen don ARIAS, don FÉLIX, don CÉSAR, ALEJANDRO, LAZARO, de noche
ARIAS: Buena noche. ALEJANDRO: El sol parece que quedó a la sombra negra en pedazos dividido, depositado en estrellas. FÉLIX: La luna, embozado el rostro entre pardas nubes, muestra trémulos rayos de plata, [haciendo] al sol competencia. LÁZARO: Cabal, sin faltarla un cuarto, y sin cercenar la oblea, por no ser luna vacía, hoy quiso ser luna llena. CÉSAR: (¡Ay de mí! ¿Quién creerá, cielos, Aparte que no siento que se pierda la ocasión, sino pensar que tendrá tan justa queja de mí doña Ana?) Señor, recójase vuestra Alteza; que el sereno le hará mal, y ya la noche refresca; basta lo que hemos andado. ALEJANDRO: Como yo, por mi grandeza, no puedo con libertad andar de día, quisiera ver, una noche que salgo, toda la ciudad. CÉSAR: (¡Paciencia! Aparte Pues, ¡vive Dios!, que he de ver si puedo con mi tristeza, divertido a su pesar, dejar de pensar en ella.) ¿Qué te pareció de Flora? ALEJANDRO: ¿No es la dama milanesa? Buen lejos tiene. LÁZARO: En verdad, mucho mejor es que el cerca; pero el lejos ha de ser tan lejos, que no se vea. ARIAS: Laura se prende muy bien. LÁZARO: Bien se prende, y bien se prenda. FÉLIX: Buenas manos. LÁZARO: Pues las tiene, bien hace en dárselas buenas. ARIAS: Aquí la doncella vive. LÁZARO: Ni la oigas ni la veas, señor, hasta que se haga; que son como las comedias, sin saber si es buena o mala. Ochocientos reales cuesta la primera vez; mas luego dan por un real ochocientas. Déjala imprimir primero; que comedias y doncellas, como estén dadas al molde, las hallarás por docenas. CÉSAR: (Ésta es la hora que estará Aparte doña Ana puesta en las rejas, diciendo entre sí, "Pues, ¿cómo, no es hora que venga César? ¿Yo, que pensé que tardaba, vengo a espararle?" Aquí es fuerza que se enoje. Mas, ¡ay, cielos! que no he de pensar en ella; olvidéme de olvidarme.) Por extremo cantó Celia. LÁZARO: Buena voz y mala cara pocas veces son opuestas. CÉSAR: Con el dote de la hermosa casaba Roma a la fea; y por no darla, la hizo de sus gracias heredera. LÁZARO: Laura vive aquí, que dijo, "Con lo que la casa cuesta, de alquiler he de hacer coche." Y, respondiéndole a ella dónde había de vivir, dijo, "Cuando coche tenga, en el coche todo el día, y la noche en la cochera." CÉSAR: (¿Qué he de hacer? Vuelvo a olvidarme.) Aparte Señor, la noche se aleja, y Nísida mi señora, cuidadosa de tu ausencia, te esperará desvelada. Ya sabes de su firmeza que como hermana te quiere y como dama te cela. No la des este cuidado. ALEJANDRO: Más el tuyo me atormenta. CÉSAR: ¿Qué dices? ALEJANDRO: Importa poco; que no sabe que estoy fuera. CÉSAR: (Pasóse fuerte ocasión.) Aparte LÁZARO: En esta casa pequeña viven dos hembras a quien ningún hombre, aunque más sepa, mientras con las dos hablare, hablará cosa a derechas. ALEJANDRO: Pues, ¿por qué? LÁZARO: Porque es la una corcovada y la otra tuerta. ARIAS: Pues una niña ceceosa y pobre vive aquí. LÁZARO: Ésa, cuando cecea, no llama, pues despide, aunque cecea. ARIAS: Tiene tía. LÁZARO: Arredro vaya, y más si bien se me acuerda de la vieja del conjuro. ALEJANDRO: ¿Cómo fue? LÁZARO: De esta manera; yo me enamoré, señor, un día, que no debiera, o que no pagara. En fin, consultando cierta vieja, pidióme, para el efecto, de su cabello una trenza. A fuer de Zaide, busqué ocasión para cogerla, y halléla, señor, un día en que, durmiendo mi prenda, prematicario barbero, la quité media guedeja; mas tal que, aunque avecindada vivió en su frente, no era natural de su copete, feligrés de su mollera. Guedeja heredada fue; y, haciendo el conjuro en ella, a la media noche entró en mi aposento una muerta. Troqué en miedos los amores, en responsos las ternezas; y aunque allí por fuerza vino, pienso que se fue por fuerza. CÉSAR: (¿De qué tanto olvido sirve, Aparte si nunca se olvidan penas, y ya se acuerda de amor el que de olvidar se acuerda? Paréceme a mí que ahora --mas ¿qué de locuras piensa un amante!--que doña Ana, no porque hablarme desea, sino por desengañarse, vuelve otra vez a la reja, y que, no viéndome, dice, --que la oigo pienso--, "Aunque vengas, no podrá hacer el amor que otra vez a verte vuelva." Mira, señora, mi bien... ¿Hay locura como ésta? ¿Viome alguno? No. Por Dios, que estaba hablando con ella.) ALEJANDRO: Don Arias, ¡qué mal encubre su divertimiento César! ARIAS: Harto procura por ti sacar fuerzas de flaqueza. ALEJANDRO: Pierda él la ocasión, no es mucho, pues yo callo, que él la pierda; que él padece ausencia, y yo padezco celos y ausencia. ARIAS: Mira que está aquí su hermano; habla quedo, no te entienda. ALEJANDRO: No importa; que un noble nunca de su honor tuvo sospecha.
Canta dentro un MÚSICO
MÚSICO: "Al despedirse de Anarda, dijo Eliso en triste voz, '¡Ay, que me muero de ausencia! ¡Ay, que me muero de amor!'"

CÉSAR: Buena voz. FÉLIX: Es extremada. ALEJANDRO: ¡Qué agradablemente suenan a un mismo tiempo conformes voz, tono, instrumento y letra! Ahora quiero probar, don Arias, de qué manera Lázaro en esta ocasión, pues la da el músico buena, disculpa su espada. ARIAS: ¿Cómo? ALEJANDRO: Aquí quiero que lo veas. ¡Lázaro! LÁZARO: ¿Señor? ALEJANDRO: Pretendo que cierto disgusto sepas. Todas las noches que salgo canta este hombre, y me pesa de que en esta calle cante. LÁZARO: Yo llegaré con prudencia de tu parte, y le diré que se vaya. ALEJANDRO: No es aquésa mi pretensión. LÁZARO: Pues será de la mía. (Si me aprieta, Aparte yo soy muerto.) ALEJANDRO: No es bastante. LÁZARO: Pues, ¿qué quieres hacer? ALEJANDRO: Llega, y dale una cuchillada. LÁZARO: Será superchería ésa; que estoy muy acompañado para un musiquillo. Deja que venga solo mañana, y te mando su cabeza. Fuera de eso, este hombre está inocente, y en conciencia debes primero avisarle; pues si culpado estuviera, con más cólera llorara, cantara con menos flema. ALEJANDRO: Haz lo que mando, o diré que de gallina lo dejas. CÉSAR: Lázaro, ¿por qué no haces lo que te manda su Alteza? FÉLIX: ¿Quiéres que le dé yo? ARIAS: O yo le daré. LÁZARO: ¡Brava sentencia! Yo voy (y pienso escaparme, Aparte por favor a la inocencia.)

Sale el MÚSICO
MÚSICO: "Rompió el silencio amoroso, diciendo con triste voz, '¡Ay, que me muero de ausencia! ¡Ay, que me muero de amor!'"

LÁZARO: Plegue a Dios que, si inocente estás, que aquí se me vuelva aquesta espada de palo, porque ofenderte no pueda. ¡Milagro, milagro! ALEJANDRO: Bueno anduvo. LÁZARO: Dios, que no deja de su mano al inocente, volvió por su causa mesma. Toma esta espada; que tú eres digno de tal prenda; y aunque sea milagrosa, me darás otra por ella. ALEJANDRO: Yo te la mando. FÉLIX: ¿Por dónde iremos? CÉSAR: Demos la vuelta hacia palacio, y allí te quedarás. ALEJANDRO: Tiempo queda para recogerme. CÉSAR: Mira que el día, señor, se acerca. ALEJANDRO: Poco importa, que ya el alba me hallará de esta manera. ¿Cómo te sientes? CÉSAR: Ya estoy muy alegre, aunque me cuesta el alegrarme muy caro. ALEJANDRO: También yo de mi tristeza estoy mejor. CÉSAR: Yo por ti digo, señor, que me pesa, y te juro de no estar triste en mi vida. ALEJANDRO: (Aunque sea Aparte villanía de amor, parece que se consuelan con otros gustos sus gustos, con otras penas sus penas.)

Vanse. Salen doña ANA y ELVIRA a la reja
ELVIRA: ¿Otra vez vuelves? ANA: No puedo de una vez determinarme; vengo por desengañarme, y más engañada quedo. Hasta verme despreciada, imaginé ser querida, y hasta verme aborrecida, no me he visto enamorada. De su descuido ha nacido en mí todo mi cuidado; mas para haberme olvidado, bastaba verse querido. ¡Ay, Elvira! No te asombres de verme hablar de esta suerte; el desprecio es el más fuerte hechizo para los hombres. ELVIRA: Quejosa con causa estás. Mas, ¿que otra vez no vendrías a la reja no decías? ANA: No pude sufrirlo más. ¡Ay agravio riguroso! Si esto llegara a advertir, bien le pudiera escribir papel menos amoroso. Ya mi desdicha crüel tarde el remedio me acuerda. Mas, ¿qué mujer fuera cuerda a solas con un papel? ELVIRA: Si ahora, señora, viniera, ¿hablárasle rigurosa o apacible y amorosa? ANA: No sé, Elvira, lo que hiciera. ¿No puede ser que haya estado en una ocasión forzosa de papeles u otra cosa de su señor ocupado? ELVIRA: ¿Le disculpas? ANA: Por buscar consuelo. ELVIRA: Quien le previene la disculpa, gana tiene... ANA: Di; ¿de qué? ELVIRA: ...de perdonar. ANA: Si viniera ahora--mira lo que es querer--y me diera disculpa, aunque lo supiera yo misma que era mentira, por mi respeto me holgara; y por verle disculpar hoy, me dejara engañar. Ojalá que él me engañara.
Salen don CÉSAR y LAZARO
LÁZARO: ¿Dónde vamos de esta suerte? ¿No ves que ya ha amanecido? CÉSAR: Voy, Lázaro, donde ha sido mi vida, a que vea mi muerte. Dejé al príncipe en palacio, y con un necio deseo vengo, por si acaso veo... LÁZARO: Tú vienes con lindo espacio. CÉSAR: ...alguien en las rejas. LÁZARO: Sí, una mujer hay, por Dios; y aunque digo una, son dos. CÉSAR: ¿Cómo llegaré? ¡Ay de mí! Llega tú, Lázaro, y mira si por ventura es mi bien. LÁZARO: ¿Cómo he de ir yo? Que también estará enojada Elvira. CÉSAR: ¿Sois vos, señora? ANA: Yo soy, César, la que os esperaba, que ajena entonces estaba de lo que advertida estoy. Pero soy la que ofendida tiene, ya desengañada, por culpas de declarada, castigos de arrepentida. ¿Al día venís? ¡A fe mía, que ha sido invención extraña! Harto es que quien engaña venga a engañar con el día. Quisisteis, hasta alcanzar un favor, que aun no tenéis; y ya os mudáis, porque os veis con algo que despreciar. Y si el desengaño toco que vuestro trato me ofrece, es poco lo que merece quien se contenta con poco. No penséis, por un papel, que fue liviano favor, César, que ya de mi honor tomáis posesión en él. No hagáis por eso desprecio de la ocasión y de mí; si como loca os la di, no la perdáis como necio. Aprended a ser cortés con las damas otro día; y si aprendéis cortesía, venidme a servir después.
Quítase de la ventana

Nadie fíe su secreto, part 5

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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