Last updated November 2, 1997

LEONOR: Salgo a misa antes del día, porque ninguno me vea en Sevilla, donde crea que olvido la pena mía. Mas gente hay aquí. ¡Ay Inés! El rey, ¡qué hará en esta casa? INÉS: Tápate en tanto que pasa. REY: Acción excusada es, porque ya estáis conocida. LEONOR: No fue encubrirme, señor, por excusar el honor de dar a tus pies la vida. REY: Esa acción es para mí, de recatarme de vos, pues sois acreedor, por Dios, de mis honras; que yo os di palabra, y con gran razón, de que he de satisfacer vuestro honor; y lo he de hacer en la primera ocasión.

Don GUTIERRE dentro

GUTIERRE: Hoy me he de desesperar, cielo crüel, si no baja un rayo de esas esferas y en cenizas me desata. REY: ¿Qué es eso? DIEGO: Loco furioso don Gutierre de su casa sale. REY: ¿Dónde vais, Gutierre? GUTIERRE: A besar, señor, tus plantas; y de la mayor desdicha de la tragedia más rara, escucha la admiración que eleva, admira y espanta. Mencía, mi amada esposa, tan hermosa como casta virtüosa como bella --dígalo a voces la Fama-- Mencía, a quien adoré con la vida y con el alma, anoche a un grave accidente vio su perfección postrada, por desmentirla divina este accidente de humana. Un médico, que lo es el de mayor nombre y fama, y el que en el mundo merece inmortales alabanzas, la recetó una sangría, porque con ella esperaba restituír la salud a un mal de tanta importancia, Sangróse en fin; que yo mismo, por estar sola la casa, llamé el barbero, no habiendo ni crïados ni crïadas. A verla en su cuarto, pues, quise entrar esta mañana --aquí la lengua enmudece, aquí el aliento me falta-- veo de funesta sangre teñida toda la cama, toda la ropa cubierta, y que en ella, ¡ay Dios!, estaba Mencía, que se había muerto esta noche desangrada. Ya se ve cuán fácilmente una venda se desata. ¿Pero para qué presumo reducir hoy a palabras tan lastimosas desdichas? Vuelve a esta parte la cara, y verás sangriento el sol, verás la luna eclipsada, deslucidas las estrellas, y las esferas borradas; y verás a la hermosura más triste y más desdichada, que por darme mayor muerte, no me ha dejado sin alma.

Descubre a doña MENCÍA, en una cama, desangrada

REY: ¡Notable sujeto! (Aquí Aparte la prudencia es de importancia; mucho en reportarme haré. Tomó notable venganza). Cubrid ese horror que asombra, ese prodigio que espanta, espectáculo que admira, símbolo de la desgracia. Gutierre, menester es consuelo; y porque le haya en pérdida que es tan grande con otra tanta ganancia, dadle la mano a Leonor; que es tiempo que satisfaga vuestro valor lo que debe, y yo cumpla la palabra de volver en la ocasión por su valor y su fama. GUTIERRE: Señor, si de tanto fuego aún las cenizas se hallan calientes, dadme lugar para que llore mis ansias. ¿No queréis que escarmentado quede? REY: Esto ha de ser, y basta. GUTIERRE: Señor, ¿queréis que otra vez, no libre de la borrasca, vuelva al mar? ¿Con qué disculpa? REY; Con que vuestro rey lo manda. GUTIERRE: Señor, escuchad aparte disculpas. REY: Son excusadas. ¿Cuáles son? GUTIERRE: ¿Si vuelvo a verme en desdichas tan extrañas, que de noche halle embozado a vuestro hermano en mi casa? REY: No dar crédito a sospechas. GUTIERRE; ¿Y si detrás de mi cama hallase tal vez, señor, de don Enrique la daga? REY: Presumir que hay en el mundo mil sobornadas crïadas, y apelar a la cordura. GUTIERRE: A veces, señor, no basta. ¿Si veo rondar después de noche y de día mi casa? REY: Quejárseme a mí. GUTIERRE: ¿Y si cuándo llego a quejarme, me aguarda mayor desdicha escuchando? REY: ¿Qué importa si él desengaña; que fue siempre su hermosura una constante muralla de los vientos defendida? GUTIERRE: ¿Y volviendo a mi casa hallo algún papel que pide que el infante no se vaya? REY: Para todo habrá remedio. GUTIERRE; ¿Posible es que a esto le haya? REY: Sí, Gutierre. GUTIERRE; ¿Cuál, señor? REY: Uno vuestro. GUTIERRE; ¿Qué es? REY: Sangralla. GUTIERRE: ¿Qué decís? REY: Que hagáis borrar las puertas de vuestra casa; que hay mano sangrienta en ella. GUTIERRE: Los que de un oficio tratan, ponen, señor, a las puertas un escudo de sus armas; trato en honor, y así pongo mi mano en sangre bañada a la puerta; que el honor con sangre, señor, se lava. REY: Dádsela, pues a Leonor, que yo sé que su alabanza la merece. GUTIERRE: Sí la doy. Mas mira, que va bañada en sangre, Leonor. LEONOR: No importa; que no me admira ni espanta. GUTIERRE: Mira que médico he sido de mi honra. No está olvidada la ciencia. LEONOR: Cura con ella mi vida, en estando mala. GUTIERRE: Pues con esa condición te la doy. Con esto acaba el médico de su honra. Perdonan sus muchas faltas.

FIN DE LA COMEDIA

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham